Estos son cinco datos nuevos de la investigación de PGR sobre Nochixtlán
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Cuartoscuro

Estos son cinco datos nuevos de la investigación de PGR sobre Nochixtlán

Ayer la PGR dio a conocer que durante el operativo de Nochixtlán, Oaxaca, policías estatales encabezaron el grupo armados y que civiles realizaron disparos con armas de fuego.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
12 de agosto, 2016
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El seis de julio pasado, la Procuraduría General de la República (PGR) atrajo la investigación sobre el operativo en Nochixtlán, Oaxaca, que pretendía liberar la autopista federal México-Oaxaca y tuvo como saldo ocho personas muertas y más de una centena de heridos.

Después de un mes de trabajo, la PGR no ha informado avances de su investigación y las interrogantes sobre lo ocurrido el 19 de junio siguen abiertas. Aunque este jueves, la procuradora Arely Gómez tuvo una reunión con los legisladores que integran la Comisión de seguimiento al caso, fue cerrada.

En conferencia de prensa posterior, el subprocurador de Control Regional y Procesos Penales y Amparo de la PRG, Gilberto Higuera Bernal, explicó algunos datos referente a la investigación. Estos son los elementos nuevos para explicar qué ocurrió, según la versión oficial:

1. Los policías estatales encabezaron el operativo e iban armados.

De acuerdo con la PGR, el operativo estuvo integrado por 850 elementos (400 de la Policía Federal, 400 de la Policía estatal y 50 de la Agencia estatal de investigaciones de Oaxaca). Al frente iban “seis policías estatales a bordo de una patrulla”, portaban “5 armas largas calibre .223 milímetros y 6 armas cortas, tipo pistola calibre 9 milímetros”.

Esto difiere de la primera versión oficial. Mientras se desarrollaba el operativo, circularon fotografías de agencias internacionales donde se observaba a elementos de la policía federal con armas largas apuntando hacia los manifestantes; en un comunicado de prensa, la Comisión Nacional de Seguridad aseguró que se trataban de imágenes falsas. Horas después, el comisionado general de la Policía Federal, Enrique Galindo, aseguró que las armas fueron utilizadas “sólo al final” del operativo.  

La PGR analiza las armas de los elementos que participaron en el operativo: 5 largas y 6 cortas de la policía estatal; 22 armas largas y 32 cortas de la División de Gendarmería y las 15 armas cortas y 9 armas largas de la División Vial de la policía estatal.

2. 10 disparos mataron a seis personas

De los seis fallecidos durante el operativo, uno de ellos recibió tres impactos de bala; otro recibió dos impactos y los cuatro restantes murieron a causa de un disparo. “Y tenemos totalmente identificados los tipos de calibres de los proyectiles con los cuales se dispararon. (…) algunos fallecieron producto de las heridas ocasionadas por proyectiles de arma larga y algunos de arma corta. Las ojivas están siendo analizadas en peritajes, dijo el subprocurador Higuera.

La PGR realiza peritajes para determinar si los impactos de bala en el cuerpo de las víctimas provinieron de alguna de las armas utilizadas por los elementos de la policía estatal y Gendarmería.

3. Disparos de civiles

La PGR confirmó que “sí hubo disparos de parte de civiles; hay testimonios, hay pruebas que así lo demuestran”. Además, dijo que un helicóptero de la Policía Federal presentaba dos orificios causados por armas y un segundo helicóptero resultó dañado por impactos de cohetones.

 4. Las víctimas sin declarar 

A casi dos meses del operativo, las víctimas aún no rinden declaración en la investigación de la PGR. El subprocurador informó que con junto con organismos de derechos humanos acordarán el mecanismo y personal de la Procuraduría acudirá las instalaciones de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca para practicar ahí las diligencias y recibir las denuncias y realizar las entrevistas.

 5. Numeralia

La primera investigación estuvo a cargo de la Procuraduría estatal de Oaxaca con tres carpetas de investigación, pero del 8 al 27 de julio, la PGR ha integrado otras 32 carpetas de investigaciones por siete delitos: Robo de uniformes, armas y equipo antimotines; ataque a las vías generales de comunicación; daño en propiedad ajena e incendio de instalaciones y vehículos oficiales; lesiones; privación ilegal de la libertad; resistencia de particulares y homicidio.

Se han realizado 249 entrevistas a mandos policiales y servidores públicos estatales y federales que acordaron y realizaron el operativo. Existen ya 166 dictámenes periciales en medicina forense, balística, fotografía, audio, video, incendios y explosivos e informática, entre otros.

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Chile vota en plebiscito histórico: 4 claves para entender qué está en juego

La votación definirá el destino político institucional de Chile para los próximos años. Más allá del "apruebo" o "rechazo", varios analistas explican qué está en juego.
25 de octubre, 2020
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Por primera vez en la historia de Chile, este 25 de octubre se pregunta a la ciudadanía si aprueba o rechaza la redacción de una nueva Constitución.

El referendo chileno, aprobado en un acuerdo político en el Congreso tras un ciclo de manifestaciones que comenzó con las marchas estudiantiles el 2006 y culminó en octubre del 2019, definirá el destino político institucional de Chile en los próximos años.

De ganar el “apruebo”, será la primera vez desde 1833 que la Constitución es redactada por una convención ciudadana elegida en votación popular.

Qué está en juego en el referéndum, más allá del “apruebo” o “rechazo” y del tipo de convención que eventualmente surja para redactarla es lo que responden a BBC Mundo aquí analistas chilenos y latinoamericanos.

1. Generar una Constitución “sin traumas”

Pese a que sufrió numerosas reformas, la Constitución vigente hasta hoy en Chile fue redactada y aprobada en 1980 bajo el régimen militar del general Augusto Pinochet y, según afirma el politólogo Gabriel Negretto, “simbólica y políticamente, nunca superó ese defecto congénito”.

Por eso, lo que está en juego en el proceso constituyente que podría comenzar con el triunfo del “apruebo” es la legitimidad de origen de una eventual nueva Constitución para Chile, le dice a BBC Mundo Negretto, quien ha sido consultor de Naciones Unidas en procesos de reforma constitucional en distintos países latinoamericanos.

Augusto Pinochet votando en el referéndum en 1980.

Getty Images
La Constitución vigente fue aprobada y redactada durante el gobierno militar del general Augusto Pinochet.

“¿Qué rodeó a la Constitución de Pinochet?: que nació de un acto de fuerza, de violencia; que se hizo en un clima de miedo, de terror”, describe el académico. “Para marcar un contraste con el origen de la vieja Constitución, la nueva debe nacer de un amplio respaldo ciudadano y en un entorno pacífico”, precisa.

“En ese sentido, hay un llamado a la atención de quienes apoyan el ‘apruebo’ de llamar a la calma… El estallido social, que incorporó gran cantidad de demandas legítimas, también estuvo asociado a actos de violencia injustificados que hasta hoy no están claros. No se puede eliminar toda la violencia, pero tiene que quedar claro que corresponde a grupos aislados”, plantea.

Para que Chile efectivamente cuente con una Constitución que no arrastre los traumas de la actual, argumenta Negretto, se requiere además que una de las dos opciones gane por una mayoría suficientemente amplia y en una votación con una participación importante, ojalá mayor a los promedios de las últimas elecciones chilenas.

“No es lo mismo un referéndum como el que se hizo por el acuerdo de paz en Colombia que uno sobre las reglas fundamentales con las que queremos vivir como sociedad, como se definirá en Chile. En este caso, si la diferencia entre la opción que gana y la que pierda es pequeña, es problemático”, advierte el académico.

“Sería un mal comienzo que el ‘apruebo’ ganara por un margen pequeño: el trauma que vive Chile respecto a los legados de la dictadura provienen del plebiscito de 1988, cuando la dictadura militar terminó cediendo la transición a la democracia con un altísimo poder político (el “Sí” a Pinochet obtuvo un 43% y el “No” un 54.7%). Aquí no debe quedar duda de la posición mayoritaria”, sostiene Negretto.

Simpatizante de la opción de "apruebo", durante una manifestación.

Getty Images
El estallido social de octubre de 2019 incorporó entre sus demandas la redacción de una nueva Constitución.

“Si el resultado fuera 51 para el ‘apruebo’ y 49 por el ‘rechazo’, estaría muy preocupado por el futuro de Chile”, agrega Negretto.

“Porque eso querría decir que el cambio constitucional no lo rechaza una minoría, sino la mitad de la población. Y eso es preocupante en un contexto polarizado, porque aquí no hay medias tintas: se cambia la Constitución o no”.

2. Recuperar legitimidad de la política

Vicky Murillo, directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia en Nueva York, precisa que el plebiscito en Chile emergió como respuesta a la movilización social, “síntoma de la crisis de representación del sistema político” en el país.

“La toma de la calle y los gritos buscaban que los políticos escucharan a la ciudadanía, incluso cuando esta demanda de atención requiriera romper la puerta del salón donde se toman las decisiones, como dice la canción de ‘Hamilton'”.

La académica se refiere a “The room where it happened” uno de los temas del popular musical estadounidense que describe las negociaciones secretas donde la élite negocia fuera del ojo de la opinión pública, una práctica que en Chile se describe como “la cocina”.

“Es importante recordar las expectativas que conlleva el proceso constituyente y la importancia de mantener esa puerta abierta. Esto implica que no solo el resultado, sino también el proceso constitucional será clave para la recuperación de la legitimidad política”, dice Murillo.

De ganar el “apruebo”, la politóloga advierte que es importante “asegurar la entrada de nuevos actores como agentes de representación ciudadana y, al mismo tiempo, que tanto viejos como nuevos representantes garanticen su atención a la ciudadanía incluso cuando no grite o esté en las calles”, dice.

Disturbios durante una manifestación en el aniversario del inicio de las protestas antigubernamentales.

Getty Images
El pasado 18 de octubre se cumplió un año del inicio del estallido social en Chile.

¿Cómo lograr ese objetivo? Estableciendo una conexión humana, basada en la empatía y la experiencia compartida, propone.

“Que la ciudadanía se reconozca en sus representantes y pueda confiar en ellos. El proceso no podrá ser participativo hasta las últimas instancias, requerirá de esperas, y puede involucrar errores. Por ello, la confianza en quienes están en el salón donde se tomen las decisiones depende tanto de una puerta abierta como de la empatía entre estos y quienes han estado ya por demasiados años pidiendo ser oídos”, describe la politóloga.

3. Redistribuir poder y bienes públicos

“Las constituciones definen las reglas del juego”, describe Miriam Henríquez, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado.

“La etiqueta mayor que yo pondría al proceso chileno sería la opción de cambiar las reglas del juego sobre la distribución del poder y los bienes públicos valiosos para la existencia de toda la sociedad. No sólo los derechos civiles, las libertades, también los sociales, como agua, vivienda, educación”.

Henríquez plantea que, si se lleva adelante el proceso constituyente, una de las opciones es que se remuevan los obstáculos que hoy impiden cambiar algunas políticas públicas en Chile a través del Congreso. Bajo la Constitución actual, incluso si una ley es aprobada por una súper mayoría parlamentaria, puede ser impugnada ante el Tribunal Constitucional (TC).

“Si uno establece en la Constitución que los asuntos se regularán por ley simple, por ejemplo, y se modifica el TC, el efecto será que los cambios de políticas públicas serán más sencillos”, dice la académica.

Partidarios de la opción del "rechazo".

Getty Images
En la opción del “rechazo” también hay personas que creen que se necesitan cambios profundos.

“El ‘rechazo’ supondría que la ciudadanía no tiene voluntad de cambiar la Constitución, porque las cosas como están, están bien. Pero eso no obsta que se pueden hacer reformas. Hay personas del ‘rechazo’ que creen que se necesitan cambios profundos y se han comprometido a emprenderlos”, dice Henríquez.

“La diferencia es que en el apruebo hay un itinerario, un camino claro, un órgano específico. Las reformas que se hicieran en el caso del ‘rechazo’, se harían a través del actual Parlamento, y los cambios no tendrían tanta legitimidad como los que tendría un órgano especialmente elegido para ello”, agrega.

“Es posible que una nueva Constitución se parezca bastante a la actual, y las expectativas pueden quedar frustradas, pero insisto en la importancia del hecho de sentarse a conversar. Esa diferencia ya debería satisfacer muchas expectativas: tener un pacto social que sintamos propio”, concluye.

4. Generar un proceso constituyente único en Latinoamérica

Tanto la realización del plebiscito como el proceso constituyente que derive de sus resultados se normarán por la Constitución vigente, que fue especialmente reformada por el Congreso con este fin. Eso marca una de las diferencias del referéndum constitucional chileno con otras experiencias latinoamericanas.

“No es tan habitual que una Constitución vigente se modifique para su reemplazo. Es excepcional que Chile siga este cauce, este proceso, con procedimientos y plazos establecidos. Y es un desafío máximo que los cumplamos”, precisa Henríquez.

Trabajadora del Servicio Electoral chileno, durante un ensayo para el referendo.

Getty Images
El referendo tendrá lugar siguiendo las restricciones impuestas por la pandemia de coronavirus.

Además, en este caso no es el gobierno el que definirá el cambio constitucional ni el órgano que podría redactar la nueva Constitución, sino la ciudadanía.

“En Chile, además, no hay una fuerza hegemónica que se imponga en el debate. Varios de los procesos latinoamericanos han sido marcados por la existencia de fuerzas políticas muy preponderantes, donde se impone una mayoría. Eso no ocurre en Chile porque las fuerzas están fragmentadas. Y eso, que podría ser complejo y lo es, nos obliga a hacer pactos” dice la politóloga.

“Cada proceso en Latinoamérica tiene algo que lo hace único. En el caso chileno que todas, o gran parte de las fuerzas políticas hayan acordado un cauce institucional a la crisis es algo que lo hace único”, remata Henríquez.


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