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Archivo Cuartoscuro

Tras 8 años de cárcel por un aborto accidental, Miriam queda libre por falta de pruebas

La mujer perdió al bebé por una fuerte caída, pero fue acusada de asesinarlo. Un juez ordenó la reposición del procedimiento y finalmente su absolución.
Archivo Cuartoscuro
Por Erendira Aquino
19 de agosto, 2016
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Después de 8 años y 9 meses en prisión preventiva, Miriam Hernández, una mujer que tuvo un aborto accidental y que fue acusada de homicidio de su hijo, fue liberada al no haberse comprobado su culpabilidad.

Una fuerte caída provocó que Miriam -quien ya tenía 7 meses de embarazo – sufriera un parto fortuito en su domicilio, lo que provocó que el bebé fuera expulsado, al momento de salir se golpeó la cabeza y murió. Ella fue trasladada al Hospital General de Acapulco, mientras su familia cubrió el cuerpo del bebé.

En el hospital un médico pidió a la familia que llevaran el cuerpo del bebé –acto indebido, porque los familiares no están autorizados ni capacitados para esta labor–. El médico observó el cuerpo y notó que tenía cinco heridas en el pecho y ombligo, por lo que dieron aviso a las autoridades.

Por el aviso de las autoridades hospitalarias, el Ministerio Público envió un oficio informando que Miriam estaba siendo investigada por el delito de homicidio, por lo que la dieron de alta inmediatamente para que rindiera su declaración, sin que hubiera recibido toda la atención médica necesaria –que requiere de cuidados que van desde 24 a 48 horas–.

Estando en el Ministerio Público, relata Miriam, “me enseñaron unas fotos del bebé y pues yo me puse a llorar, porque no era ese el bebé que yo había dejado. Les dije que yo así no lo dejé, el cuerpo del bebé estaba completo, estaba intacto”.

Proceso por homicidio

El 25 de noviembre de 2008 se inició el juicio en contra de Miriam por homicidio calificado en agravio de un recién nacido. Desde su ingreso al Penal de Las Cruces en Acapulco, Guerrero, sufrió agresiones por parte del personal, e incluso fue amenazada de muerte por “asesinar a su propio hijo”.

La familia de su concubino fue quien inicialmente la acusó de ser culpable de la muerte de su hijo. “Al momento de que se presenta todo este problema, se ponen en contra mía, me empiezan a calumniar, que soy mala, que soy culpable de algo que realmente uno como madre, ¿cómo vas a permitir que le pase algo a un bebé?”, cuenta Miriam.

Asimismo, Miriam y su familia tuvieron dificultades con la defensa en el caso, pues el abogado que inicialmente la asesoró cobró 10 mil pesos para no volver a aparecer, por lo que, sin asistencia jurídica, Miriam fue obligada a firmar su Auto de Formal Prisión, teniendo como pruebas únicamente los testimonios iniciales y contradictorios de su concubino, su cuñada y su suegra.

Con estos fundamentos, Miriam fue condenada en 2012 a 20 años de prisión; sin embargo, en noviembre de ese mismo año se ordenó la reposición del procedimiento y fue hasta el 16 de agosto de 2016 que Miriam pudo conseguir su absolución.

Criminalización por aborto

“Detectamos muchas violaciones en cuanto a violencia institucional y violencia obstétrica, porque el día en que ocurrieron los hechos, ella sufrió un accidente y a partir de este accidente fue criminalizada”, comenta el abogado José de Jesús Rivas, de Asistencia Legal por los Derechos Humanos (ASILEGAL), quien llevó el caso , ya que la institución pública de salud no le brindó la atención necesaria para enviarla al Ministerio Público, donde la regresan al no encontrarse apta para declarar.

Además, “la prisión preventiva fue excesiva”, considera el abogado, “puesto que tiene desde 2008”, además “hubo muchas violaciones por parte de las instituciones judiciales, ya que se tardó aproximadamente 4 años en tomar las declaraciones de seis testigos, lo cual resulta totalmente ilógico para llevar un proceso”.

A partir de la liberación de Miriam, explica Rivas, buscarán la reparación del daño integral, que incluye la garantía de no repetición, una disculpa por parte del Estado, así como la atención psicológica de la afectada.

Salí libre y la sentencia fue una libertad absolutoria, porque no hubieron pruebas en mi contra”, explica Miriam, quien se alegra de estar nuevamente con su familia, aunque lamenta el error de las autoridades sentenciando “no me van a devolver el tiempo que yo desperdicié”.

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Islas Marshall, donde los niveles de radiación son más altos que en Chernóbil y Fukushima

Estados Unidos condujo en el país insular más de 60 detonaciones de armas nucleares, una de ellas 1.000 veces más potente que la de bomba de Hiroshima.
20 de julio, 2019
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“El cielo se volvió rojo como la sangre”. Tony de Brum tenía 9 años en 1954 cuando pescaba con su abuelo en las Islas Marshall, un archipiélago de más de mil islas en el Pacífico, a medio camino entre Hawái y Australia.

A unos 200km de donde estaba su bote, Estados Unidos hizo explotar una bomba de hidrógeno 1.000 veces más potente que la de Hiroshima.

“Varias islas se vaporizaron. Muchas personas murieron, sufrieron defectos de nacimiento y batallan el cáncer como resultado de la contaminación”, afirmó De Brum en un testimonio en 2016.

La explosión a que se refería De Brum tuvo lugar en el atolón Bikini y es conocida como Castle Bravo. Fue la mayor de las 67 explosiones realizadas por Estados Unidos en las Islas Marshall entre 1946 y 1958 para medir el poder de las armas nucleares.

Explosión nuclear en las Islas Marshall

Getty Images
La detonación de Castle Bravo, el 1 de marzo de 1954, fue 1.000 veces más potente que la de la bomba de Hiroshima.

Seis décadas después de las detonaciones, su legado tóxico sigue presente en el archipiélago de cerca de 70.000 habitantes.

Tres nuevos estudios de la Universidad de Columbia en Estados Unidos constataron que los niveles de radiación en algunos puntos de las Islas Marshall siguen siendo más altos que en Chernóbil y Fukushima.

La radiación en algunos sitios de las Islas Marshall es tan alta, que de acuerdo a la Universidad de Columbia, que será imposible durante mucho tiempo el regreso de los pobladores locales a sus hogares ancestrales.

Suelo radioactivo

Las Islas Marshall fueron ocupadas por Japón durante la Segunda Guerra Mundial, y pasaron en 1944 a estar bajo control administrativo de Estados Unidos durante más de 40 años. El archipiélago es actualmente una nación independiente con la categoría de estado asociado de Estados Unidos.

De todos los test nucleares realizados en las islas Marshall, 23 fueron realizados en el atolón Bikini y 44 cerca del atolón Enewetak, pero partículas radiactivas se esparcieron en todo el archipiélago.

Atolón Bikini

Getty Images
Los niveles de radiación en los sitios analizados en el atolón Bikini superan ampliamente los límites que habían sido acordados entre los gobiernos de Estados Unidos y de las Islas Marshall, de acuerdo al estudio.
Explosión nuclear en las Islas Marshall en 1954

Getty Images
Un testigo de la explosión de Castle Bravo señaló que “el cielo se volvió rojo como la sangre”.

Los tres nuevos estudios fueron realizados por un equipo liderado por Emlyn Hughes, Malvin Ruderman e Ivana Nikolic, del Centro de Estudios Nucleares de la Universidad de Columbia.

El primer estudio midió la radiación gama en muestras de suelo tomadas de cuatro atolones entre 2017 and 2018: Bikini, Enewetak, Rongelap, y Utirik.

Los niveles superan ampliamente los límites que habían sido acordados entre los gobiernos de Estados Unidos y de las Islas Marshall, según el estudio.

En Bikini, los niveles llegaban a 648 millirems por año y en Naen a 460 millirems por año. El acuerdo entre ambos gobiernos estipula un nivel seguro de exposición de 100 millirems por año, de acuerdo a los investigadores.

Traslado de la población del atolón Bikini

Getty Images
La población del atolón Bikini fue trasladadas a otros sitios en las Islas Marshall antes de las detonaciones.

Estos niveles son “significativamente más altos que los hallados en áreas afectadas por los accidentes nucleares en Chernóbil y Fukushima”. (El reactor nuclear de Chernóbil, en Ucrania, explotó en 1986, y la central de Fukushima fue destruida tras el terremoto y tsunami que devastó esa zona de Japón en 2011).

Antes de las pruebas nucleares se trasladó forzadamente a los habitantes de Bikini a otras islas en el archipiélago.

El estudio señala que “los niveles de radiación en el atolón de Bikini, que era la principal sede para los pobladores antes de las pruebas, son demasiado altos para que pueda volver a ser habitado“.

Sedimentos oceánicos y frutas

El segundo estudio de la Universidad de Columbia analizó la radiación en el cráter de Castle Bravo, donde la explosión de 15 megatones fue tan potente que vaporizó el suelo y formó un cráter de 15 km de ancho y 75 metros de profundidad.

Trazas de partículas radioactivas fueron detectadas en India, Europa y Estados Unidos.

El material radioactivo producto de Castle Bravo se depositó en los sedimentos oceánicos, donde seis décadas después los niveles de radiación son “varios órdenes de magnitud” por encima de lo normal.

Domo de cemento de un cráter con restos radiactivos

Getty Images
Soldados estadounidenses colocaron restos radiactivos en un cráter que fue sellado con cemento en 1980.

Las pruebas de armas nucleares causaron un cambio dramático en la composición de los sedimentos. “Pruebas adicionales para determinar el impacto en la vida en las lagunas del cráter, especialmente a mayores profundidades, serían muy valiosas”, de acuerdo a los investigadores.

El tercer estudio analizó frutos, especialmente cocos y una fruta local llamada pandano.

En 11 islas las frutas tienen niveles de radiación que exceden tanto los niveles en Chernobil y Fukushima como los límites establecidos por organizaciones internacionales como Médicos Internacionales por la Prevención de una Guerra Nulear, IPPNW por sus siglas en inglés.

Cáncer y defectos de nacimiento

Entre 1977 y 1980 Estados Unidos llevó soldados a las Islas Marshall para limpiar sitios contaminados. Los soldados colocaron suelo contaminado y materiales en un cráter dejado por una de las explosiones, que fue sellado con cemento.

El sitio de este domo es conocido localmente como “La Tumba”.

Doctor examinando un bebé mientras la madre observa

Getty Images
El gobierno estadounidense envió médicos a realizar exámenes en la población local expueta a la radiación. (Foto gentileza del Departamento de Energía de Estados Unidos).

La Comisión Nuclear Nacional de las Islas Marshall, un comité creado con un mandato oficial para obtener justicia para las víctimas de las explosiones, asegura que Washington debe hacer mucho más por los habitantes locales.

Un estudio de la Sociedad Estadounidense del Cáncer de 1998 estableció que los niveles de cáncer en las Islas Marshall eran alarmantes, y atribuyó a la radiación particularmente los casos de leucemia, cáncer de tiroides y de mama”, afirmó la comisión en un comunicado a BBC Mundo.

“Las Islas Marshall tienen el mayor índice en el mundo de cáncer cervical, aunque se reconoce que son necesarios más estudios para determinar las causas y el papel de la radiación en este tipo de cáncer”.

Además de casos de cáncer, “hay enfermedades relacionadas con la radiación que son probablemente intergeneracionales, y la investigación sobre esto continúa”.

Ivana Nikolic, directora del Centro de Estudios Nucleares de la Universidad de Columbia, señaló a BBC Mundo que luego de las detonaciones “hubo índices elevados de cáncer en personas expuestas a la radiación durante las pruebas, especialmente de tiroides y otros tipos. También hubo un alto índice de abortos espontáneos, y de defectos de nacimiento”.

Falta de fondos

El gobierno de Estados Unidos estableció fondos para reubicar a los habitantes de los atolones de Bikini, Rongelap y Enewetak, aunque Bikini y Rongelap permanecen deshabitados por los altos niveles de contaminación.

Un acuerdo entre Estados Unidos y las Islas Marshall estableció un tribunal de arbitraje, el Tribunal Nuclear de Reclamos (Marshall Islands Nuclear Claims Tribunal), para decidir las demandas de indemnización en relación a las detonaciones.

Explosión nuclear en las Islas Marshall

Getty Images
Las Islas Marshall pidieron al Congreso de Estados Unidos fondos adicionales para compensar a la víctimas y para operaciones de limpieza.
La presidenta de las Islas Marshall, Hilda Heine, junto a miembros del Comisión Nuclear Nacional

Gentileza Comisión Nuclear Nacional
La presidenta de las Islas Marshall, Hilda Heine (sentada), junto a miembros del Comisión Nuclear Nacional, revisa la lista de reclamos de víctimas que aún no recibieron pagos.

Si bien el tribunal adjudicó compensaciones, muchas no han sido pagadas porque se agotaron sus fondos aportados por Estados Unidos.

Las Islas Marshall pidieron al Congreso de Estados Unidos fondos adicionales sobre la base de “cambios de circunstancias”, pero el gobierno respondió a la petición de 2005 rechazando la existencia de circunstancias nuevas que ameriten financiación adicional.

Las Islas Marshall siguen exigiendo fondos para compensaciones y nuevas operaciones de limpieza.

“El gobierno de Estados Unidos debe aceptar que no ha cumplido sus obligaciones de restaurar la salud de los habitantes de las Islas Marshall y de nuestro medio ambiente. Los pagos permitirían que la gente pueda tratar enfermedades causadas por la radiación”, afirmó a BBC Mundo la Comisión Nuclear Nacional.

“Raspar el suelo”

Las Islas Marshall no solo lidia con las consecuencias de las explosiones nucleares de Estados Unidos.

“También enfrentamos la amenaza del cambio climático y el aumento en el nivel del mar que tiene consecuencias drásticas para las comunidades de atolones bajos, que también batallan la erosión costera y sequías extremas por el calentamiento global”, afirmó la Comisión Nuclear Nacional.

Niños en las Islas Marshall

Getty Images
Los pobladores de las Islas Marshall enfrentan el doble desafío del legado de las explosiones nucleares y del cambio climático.

La Universidad de Columbia señaló en sus estudios: “Basados en nuestros resultados, concluimos que para permitir la reubicación segura en los atolones de Bikini y Rongelap parece necesario realizar acciones para remediar la situación ambiental, para evitar la potencial exposición dañina a la radiación”.

“Esas acciones para remediar pueden tener muchas formas”, explicó Nikolic a BBC Mundo.

Se puede por ejemplo raspar la capa superior del suelo para retirar isótopos radioactivos y aplicar fertilizantes con potasio para evitar que las plantas absorban cesio137“, señaló la investigadora de la Universidad de Columbia.

“Personalmente, yo tengo esperanza de que será posible limpiar las islas afectadas en los atolones de Bikini y Rongelap. Japón ha hecho un trabajo extraordinario limpiando áreas contaminadas en torno a Fukushima”.


https://www.facebook.com/BBCnewsMundo/posts/10157613595709665


https://www.youtube.com/watch?v=WHVHsbI4oYs&t=

https://www.youtube.com/watch?v=d4L-tZXPhxY

https://www.youtube.com/watch?v=GFJ_N84JzUI&t=


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