CFE gastó 7 veces más de lo debido en liquidaciones de directores que renunciaron
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CFE gastó 7 veces más de lo debido en liquidaciones de directores que renunciaron

El Manual de trabajo de la CFE establece que todo mando que renuncie tiene derecho a una compensación, pero no a una indemnización. Los exdirectores se rigen con otra norma, que les brinda liquidaciones aun cuando ellos renuncien.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
26 de septiembre, 2016
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En los últimos cinco años, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) pagó 5.2 millones de pesos por las liquidaciones de cuatro exdirectores que estuvieron menos de tres años en el cargo y renunciaron: Antonio Vivanco, Jaime González, Francisco Rojas y Enrique Ochoa.  

El de menor antigüedad es Jaime González Aguadé, actual director de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Dirigió la CFE sólo cinco meses y recibió 687 mil pesos de liquidación. Es decir, por renunciar obtuvo un monto equivalente al salario por cuatro meses de trabajo.

Los cálculos de la CFE revelan que la salida de los exfuncionarios fue tratada legalmente como un despido por parte de la empresa y, por tanto, recibieron “indemnizaciones” económicas, aunque en todos los casos fueron de renuncias.

El cálculo por concepto de “separación voluntaria” (renuncia) para los cuatro exfuncionarios sumaría sólo 732 mil pesos de compensación económica; es decir, siete veces menos de lo que finalmente la CFE pagó por concepto de liquidaciones.

A partir de documentos enviados a la alianza Méxicoleaks https://mexicoleaks.mx, de la que Animal Político es parte,  se comprobó que Enrique Ochoa Reza, presidente nacional del PRI, consiguió 1.2 millones de pesos como liquidación tras su renuncia a CFE el pasado 8 de julio. 

Representantes de la Comisión aseguraron que el monto calculado para el priista fue correcto y se ha aplicado el mismo método para todos los exdirectores, según lo establece el reglamento que rige los contratos de altos mandos de empresa productiva del Estado.

Según documentos obtenidos por los medios que conforman Méxicoleaks, la CFE ha repetido el procedimiento administrativo para dar millones de pesos de recursos públicos a quienes dejan el cargo de la empresa.

Sin embargo, abogados laborales consultados, aseguran que se trata de un “pago indebido”, toda vez que una “liquidación” sólo aplica cuando el trabajador es despedido. Según la Ley Federal del Trabajo, cualquier trabajador que renuncia a su empleo sólo tiene derecho a la parte proporcional de sus prestaciones con base en su antigüedad.

Pero estos funcionarios públicos han tenido un trato distinto.

CFE

Renuncias de exdirectores con cargo al erario público

Antonio Vivanco Casamadrid fue director de la CFE durante un año y cuatro meses. Fue nombrado por el expresidente Felipe Calderón el 18 de febrero de 2011, pero por motivos de salud renunció al cargo el 29 de junio de 2012.

Su liquidación ascendió a un millón 326 mil pesos brutos. Sin impuestos, el monto fue de 957 mil 552 pesos. Si su salario por día era de seis mil 807 pesos, prácticamente ganó cuatro meses de salario sin trabajar.

Esto se explica, según el abogado general de la CFE, Roberto Martínez, porque los contratos de los directores están regidos por el Manual de trabajo para los servidores públicos de mando, mientras que el resto de empleados se rigen bajo el Contrato colectivo de trabajo.

El Manual para mandos prevé dos supuestos para las “separaciones”, según el artículo 33. El primero se refiere a los casos de separación por “voluntad propia”, donde el trabajador recibe una serie de beneficios económicos como “compensación” y sólo incluye el pago de 20 días por año y un pago por antigüedad mínima de tres años

En el segundo supuesto, por “liquidación”, el empleado recibe una “indemnización” que incluye 120 días de salario, más 35 días por cada año de servicio y 20 días más por cada año de servicio. Por tanto, el cálculo para la separación por “liquidación” es mayor que la de “voluntad propia”.

Si Vivanco Casamadrid hubiera recibido la compensación económica por “separación por voluntad propia”, el monto ascendía a 185 mil 358 pesos brutos. En cambio, la cantidad que recibió por concepto de “liquidación” fue cinco veces mayor.

Jaime González Aguadé fue el de menor tiempo laborado (cinco meses); por lo tanto, el monto de compensación sólo por la parte proporcional ascendía a 55 mil 520 pesos. Pero al considerarse como “liquidación”, recibió 687 mil 741 pesos. Esto significa un monto 12 veces mayor.  

Al salir de CFE, fue nombrado presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, un órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda que regula el sistema financiero del país. Antes fue subsecretario de Electricidad en la Secretaría de Energía y trabajó en el Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB). 

Francisco Rojas Gutiérrez fue el primer director de la CFE en la administración de Enrique Peña Nieto. Sólo estuvo en el cargo un año y 66 días (del 1 de diciembre de 2012 al 5 de febrero de 2014).

Con dicha antigüedad, su liquidación bruta calculada fue de un millón 258 mil pesos, pero restándole impuestos, se llevó 878 mil 973 pesos libres.

Con el cálculo por renuncia, el monto hubiera sido de 160 mil 743 pesos de compensación económica acorde a su antigüedad. Una cifra cinco veces menor de lo que realmente consiguió.

Rojas Gutiérrez fue coordinador de la bancada priista en la Cámara de Diputados entre 2009 y 2012 y dirigió Petróleos Mexicanos por siete años, hasta 1994. En el PRI ha encabezado distintos cargos presidente de la Fundación Colosio y posiciones en el Consejo Político Nacional.

La Ley del beneficio

Los altos mandos de la CFE firman un contrato bajo los términos del Manual de trabajo para los servidores públicos de mando y no del Contrato colectivo de trabajo, aplicado para el resto de empleados de la empresa.

Dicho instrumento es aprobado por el Consejo de Administración de CFE, integrado por los secretarios de Energía, Hacienda, Pedro Joaqúin Coldwell; José Antonio Meade Kuribreña, secretario de Hacienda y Crédito Público; Ildefonso Guajardo Villareal, secretario de Economía y Rafael Pacchiano, secretario de Semarnat, entre otros independientes.

Según el director de administración de la CFE, Héctor de la Cruz, un director siempre recibirá el beneficio económico de “liquidación” y no renuncia porque “todos los directores se separan del cargo. A diferencia del contrato colectivo donde si hay causales, aquí no opera ningún tipo de causal, precisamente pensando en la volatilidad que puedan llegar a tener las designaciones y los movimientos del personal de mando, se les otorga la liquidación que podría haber con este tipo de cargos”.

Para Ochoa Reza, es importante modificar los reglamentos con base en una visión de “competitividad”, pero no lo referente a las liquidaciones de exdirectores, sino a las condiciones de trabajo de los empleados de base.

“Los trabajadores sindicalizados que a partir de las revisiones laborales incrementan prestaciones y salario, ya ganan en muchos casos más que sus jefes. Ese es un elemento que debemos revisar con puntualidad porque al final del día lo que sucede es una distorsión dentro de la organización de la empresa”, dijo en entrevista.

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Georgia Meloni: qué es el neofascismo, por qué avanza en Italia y qué consecuencias puede tener para el resto de Europa

La posible llegada al poder por primera vez desde Benito Mussolini de un partido de ultraderecha en Italia preocupa a la comunidad internacional.
28 de septiembre, 2022
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El 28 de octubre de 1922, los “camisas negras” de Benito Mussolini marchaban sobre Roma e Italia inauguraba el régimen fascista.

Un siglo después, casi día por día, y por primera vez desde la Segunda Guerra mundial, el partido mas votado en Italia hunde sus raíces en el posfascismo, y ha recuperado un lema que popularizó “Il Duce”: “Dios, patria y familia”.

En apenas una década, Giorgia Meloni, la gran vencedora del los comicios que ha celebrado Italia, ha conseguido llevar a su partido, Hermanos de Italia, desde la marginalidad al centro político e, inexorablemente, al palacio Chigi, sede del Ejecutivo. Se prevé que el presidente de la república, Sergio Mattarella, le encargue formar gobierno en las próximas semanas.

¿Cómo ha sido esa progresión?

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania llevó a cabo un proceso de “desnazificacion” y un doloroso ajuste de cuentas con su pasado. En Italia, sin embargo, se decidio mirar para otro lado.

BEnito Mussolini y otros dirigentes fascistas marchan sobre Roma.

Getty Images
La Marcha sobre Roma dio paso a la dictadura fascista de Benito Mussolini.

Por aquel entonces, el Partido Comunista italiano era el mayor de toda Europa occidental y los aliados, inmersos en la dinámica de la Guerra Fría, tenían un objetivo principal: que los comunistas no llegaran al poder.

Por miedo a que las purgas de antiguos fascistas pudieran generar inestabilidad, las potencias aliadas hicieron la vista gorda ante la creación de nuevos partidos herederos de “Il Duce” y sus ideas. No solo eso, muchos símbolos y monumentos fascistas siguieron -y siguen- presentes en las calles italianas, como los fascios que adornan aún muchas de las tapas de alcantarilla de Roma.

Así surgió en 1946 Movimiento Social Italiano (MSI), fundado por Giorgio Almirante, que había sido jefe de gabinete del último ministerio de Propaganda fascista.

Giorgia Meloni no ha escondido nunca su admiración por Almirante. En 2018, ella misma difundió un fotomontaje que tituló “De Giorgio a Giorgia”, en el que se presentan uno al lado del otro con idénticos eslóganes: “Podemos mirarte a los ojos”. En 2020, cuando se cumplían 32 años de su muerte, la ahora vencedora de los comicios en Italia homenajeó a Almirante en Twitter con estas palabras: “Un gran hombre, un gran político, un patriota”.

Con la caída del bloque comunista, surgieron nuevos partidos de derecha. Uno de ellos, Forza Italia, liderado por el multimillonario Silvio Berlusconi, incluyó en su coalición de gobierno en 1994 al MSI, liderado entonces por Gianfranco Fini. El posfascismo entró en el gobierno, y ante los ojos de los italianos, argumenta Luciano Cheles, de la Universidad de Grenoble, “le dio respetabilidad”.

Gianfranco Fini.

Getty Images
Gianfranco Fini fue el primer líder posfascista en entrar en un gobierno en Italia.

El partido pasó a llamarse Alianza Nacional y una joven Giorgia Meloni, que con 15 años había militado en el MSI, se convirtió en la líder de sus juventudes.

Hermanos de Italia nace de ese caldo de cultivo. “Han cambiado muchos postulados, han cambiado algunos aspectos, aunque son, por supuesto, un partido de derechas que tiene sus raíces en el movimiento posfascista”, analiza Lorenzo Pregliasco, profesor de Ciencias Políticas de la universidad de Bolonia.

Los orígenes del partido, argumenta Cheles, están estrechamente conectados con los partidos neofascistas, pero Hermanos de Italia y Giorgia Meloni se encuentran con una disyuntiva: “por una parte, quieren presentar una imagen respetable, de moderación y modernidad, y por ello han dicho que han cortado el cordón umbilical con el fascismo. Pero, por otra parte, no quieren perder una parte del electorado que cree que una forma moderna del fascismo es aún válida y aceptable”.

Simbología fascista

Esas raíces están presentes en toda la simbología del partido.

La más evidente es la llama tricolor, el símbolo del Movimiento social Italiano que Hermanos de Italia ha mantenido. Una llama que, por cierto, también adoptó el Frente Nacional en Francia -aunque con los colores de la bandera gala- y que, más estilizada, conserva la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen.

“Pero en su propaganda hay muchísimas más referencias al fascismo, algunas más o menos escondidas porque están hechas para ser comprendidas por los fascistas y aquellos que están familiarizados con su simbología”, explica Cheles, experto en iconografía política.

Uno de los ejemplos que ha encontrado Cheles es el mismo himno de las juventudes de Alianza Nacional, que Meloni dirigió durante años: “se trata de ‘Mañana me pertenece’, que es una canción que canta un joven nazi en la película “Cabaret” de Bob Fosse (1972). Aún sigue siendo un eslogan que aparece en gran parte de la propaganda de Giorgia Meloni”.

El propio Giorgio Almirante, al que Meloni admira tanto, es otro de los ejemplos: cada nuevo número de la newsletter de Hermanos de Italia lleva su foto, que también está en la página web de la formación, revela el experto.

Giorgio Almirante.

Getty Images
Giorgio Almirante fundó Movimiento Social Italiano, el primer partido posfascista de Italia.

Cuáles son sus postulados

Hermanos de Italia hunde sus raíces en el posfascismo pero, ¿qué conserva de esa filosofía?

Umberto Eco consideraba que el fascismo “no tenía esencia” y que Mussolini no había tenido una filosofía particular: “solo tenía retórica”. El fascismo, aseguró el célebre semiólogo, filósofo y escritor italiano en un discurso en 1995, “era un totalitarismo confuso, un collage de distintas ideas políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones”.

No había, por lo tanto, una filosofía particular detrás del fascismo, pero “emocionalmente estaba firmemente fijado a ciertos cimientos arquetípicos”, como el culto a la tradición, el miedo a la diferencia, el populismo selectivo o el machismo.

Hermanos de Italia conserva algunas de estas raíces culturales, como detalla a BBC Mundo la periodista italiana Annalisa Camilli: “tienen un discurso fuerte contra la inmigración y contra los derechos de las mujeres, están en contra del aborto y quieren aumentar la tasa de natalidad en Italia, que es la más baja de Europa. En este sentido, son muy tradicionalistas, de ahí su lema, “Dios, patria, familia”.

Sin embargo, apunta Camilli, ” se han emancipado de ese pasado. Ahora son un partido moderno de ultraderecha, más parecido a otros partidos como la Reagrupación Nacional de Marine Le Pen, Vox en España o el partido de Victor Orban en Hungría. Buscan un consenso en torno a ciertos pilares como la lucha contra la inmigración ilegal, la promoción de una identidad nacional y las políticas de apoyo a la natalidad”.

Obelisco.

Getty Images
Aún quedan en Italia numerosos monumentos fascistas, como este obelisco dedicado a Benito Mussolini en Roma.

Como tantos otros líderes ultraderechistas, desde Orbán al republicanismo de Donald Trump en EE.UU., la ideología de Meloni arremete contra la “izquierda globalista”, contra los supuestos “lobbies LGTBI”, habla de cómo la “inmigración masiva” acabará sustituyendo a los italianos “de toda la vida”, es decir, a los blancos y cristianos, en línea con la teoría del “gran reemplazo” del polemista francés Renaud Camus.

“El neofascismo”, reflexiona Cheles, “no lleva necesariamente camisas negras. El fascismo hoy tiene una forma más sutil, es una forma de autoritarismo cuyos elementos se resumen en no respetar las diferencias ni a las minorías, y que mantiene actitudes intolerantes hacia ciertos grupos de personas”.

Dónde se alimenta el neofascismo

En un país como Italia, indica Camilli, “el fascismo es algo endémico. De alguna forma, 100 años después, los testigos han muerto y la memoria que queda no es lo suficientemente fuerte para evitarlo”.

La base electoral, además, se ha vuelto mucho más líquida. Y, si algo han demostrado los italianos en los últimos años, es que siempre votan por el cambio.

Los sucesivos gobiernos han generado una desafección entre los ciudadanos y el populismo parece haber llegado para quedarse. “El Movimiento 5 Estrellas ya preparó ese terreno asegurando que no había diferencias entre la izquierda y la derecha, que todo era corrupción”, señala la periodista del semanario “Internazionale”.

Ese discurso de indignados contra la casta y contra las élites, contra los partidos tradicionales y la política clientelar de la que muchos italianos están hartos, el mismo que abanderaban los populistas del Movimiento 5 Estrellas, ahora lo ha recogido Giorgia Meloni y Hermanos de Italia.

La coalición de ultraderecha se ha nutrido de “las clases trabajadoras que han perdido sus ahorros por la inflación, y de las clases medias que cada vez se empobrecen más y les ha prometido una ‘nueva era”, dice Camilli. Hace 100 años, el fascismo también prometió “una nueva era”, un nuevo comienzo.

Cómo afecta a Europa

El auge de partidos de ultraderecha en toda Europa, como recientemente el de los Demócratas de Suecia, Vox en España, Ley y Justicia en Polonia o la Hungría de Orbán, de la que recientemente el Parlamento Europeo declaró que no se puede considerar una democracia plena, tienen una misma raíz, según Cheles: el aumento de la inmigración.

Viktor Orbán y Giorgia Meloni.

Getty Images
Viktor Orbán es el gran referente europeo de Giorgia Meloni.

“Estas ideas neofascistas se han introducido a través de este tipo de argumentos, los que dicen que Italia u otros países no se pueden permitir tener tantos extranjeros”, indica el académico.

En Bruselas, aunque la Comisión Europea asegura que va a trabajar con cualquier gobierno que salga de las urnas, la preocupación es palpable.

Tanto Hermanos de Italia como La Liga, el partido de Matteo Salvini que forma parte de la coalición de ultraderecha, han llevado a cabo una fuerte retórica euroescéptica, aunque con diferencias.

En los últimos meses, Meloni ha moderado su discurso. Ha recalcado que no quiere que Italia salga ni de la Unión Europea ni de organizaciones como la OTAN. Durante la guerra de Ucrania, la líder apoyó la decisión del gobierno de Mario Draghi de mandar armas a Kiev.

La postura de sus socios de coalición, sin embargo, choca frontalmente con la de Bruselas. Salvini tiene una estrecha relación con Rusia y su partido está bajo sospecha de haber recibido financiación de Moscú. El tercer socio de la coalición, Silvio Berlusconi, también amigo íntimo de Putin, justificó recientemente la invasión rusa de Ucrania.

Pero, más allá del asunto de la guerra, lo que realmente preocupa en Bruselas es la posibilidad de que Italia, país fundador de la Unión Euroepa y su tercera economía, se convierta en otra Hungría o Polonia que ponga en peligro sus valores fundamentales.

“Existen preocupaciones a nivel internacional”, reconoce Pregliasco, que también dirige la revista digital de periodismo de datos “YouTrend”, “pero yo creo que la democracia italiana es más fuerte de lo que parece y, por supuesto, más fuerte de lo que lo era en 1922”.

Meloni

Reuters

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