Los dos países que pactan hoy la paz en Colombia (y el que se queda por fuera)
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Los dos países que pactan hoy la paz en Colombia (y el que se queda por fuera)

Hoy es una fecha histórica: dos países que están en desacuerdo en casi todo, Colombia y las FARC pactan dejarse de matar, después de décadas.
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Por Juanita León / La Silla Vacía
26 de septiembre, 2016
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La de hoy será una ceremonia un poco artificial. Se firmará el Acuerdo de Paz con las FARC que ya fue firmado hace un mes. Y tampoco se podrá celebrar porque todavía falta que gane el Sí el dos de octubre. Aún así, y aún a pesar de que hay una porción significativa de colombianos que no está de acuerdo, es una fecha histórica: es el día en que dos países muy diferentes –que están en desacuerdo en casi todo- pactan dejarse de matar.

Los países que se dan la mano

Puede ser que no sea exacto que hoy se acabe la guerra como lo han dicho el presidente Santos y su Alto Comisionado de Paz. Como lo ha mostrado La Silla, en sitios del Catatumbo, del Magdalena Medio y de Córdoba, la opresión de los grupos armados ilegales como el ELN y las bacrim sigue rigiendo la vida de los que viven allí.

Sin embargo, tras la firma de hoy, y asumiendo que gane el Sí el próximo domingo, sí se acaba la guerra con las FARC, que existe desde 1964 y ha sido letal para Colombia.

La guerra con las FARC ha sido tan larga y tan de baja intensidad que nadie ha podido calcular con certeza el daño infligido.

Pero ha sido mucho. Estás son las cifras aproximadas: 13,001 víctimas de minas antipersonales, la mayoría de ellas sembradas por las FARC; 21,900 secuestrados, según el ex secuestrado y líder de víctimas de ese flagelo Herbin Hoyos; más de 3,500 niños reclutados, según el Informe Basta Ya de Memoria Histórica; decenas de pueblos destruidos, torres derribadas, oleoductos bombardeados; más de 30 mil campesinos despojados por las FARC, según los casos que ha recibido la Unidad de Restitución de Tierras.

Son 220 mil colombianos los que perdieron la vida entre 1958 y 2013 por cuenta del conflicto armado, según el informe de Memoria Histórica. Solo una fracción de ellos a manos de las FARC, pero la mayoría de los otros -los de los paramilitares, los de las fuerzas del Estado- también justificados en aras de su existencia.

No se pueden cuantificar las capturas masivas que injustamente se hicieron para encontrar a los supuestos auxiliadores de las FARC. Ni los torturados por las fuerzas de seguridad para sacar información que condujera a los guerrilleros. Ni las familias que se quebraron pagando un secuestro o que se rompieron porque no pudieron superar el trauma. Ni los que se enfermaron de la angustia ni los que en cambio de ser una cosa terminaron siendo otra por el odio, el miedo o incluso la ilusión que desencadenó en ellos la revolución fariana.

La guerra contra las FARC es una cicatriz –grande- en la historia de Colombia y lo que se pacta hoy es que comience a sanar.

Es también el encuentro primerizo y –quizás fugaz- de dos países, que si bien no se sienten del todo y en algunos casos prácticamente nada representados por Juan Manuel Santos o las FARC, sí son los que están detrás del Acuerdo logrado. Son los que ya dijeron Sí.

Los dos países

De un lado está el país que expresa la coalición santista-verdes- independientes-una parte de la izquierda, formada por colombianos urbanos que ven la Paz como el fin del conflicto armado con las FARC y como inclusión social pero no necesariamente como una rebarajada estructural de la participación política y de los presupuestos de gasto público.

Del otro, la coalición FARC-movimiento social de izquierda que tiene sus raíces en las zonas apartadas, que tiene un enfoque rural, y que maquilla viejas consignas marxistas y anticapitalismo con nuevos ropajes ‘mileniales’ de defensa del territorio, del agua, y de participación de las comunidades.

El país que interpretaron las FARC ve la política como una forma de tramitar la revolución por otros medios: no reconoce o se ha beneficiado poco de los avances democráticos del país desde 1991. Sobrestima el poder de la participación y la movilización social y tiende a subestimar la hechura e implementación de las políticas públicas.

El país de Santos, por el contrario, desprecia las posibilidades electorales del país de las FARC y subestima la entrada de una nueva agenda pública a partir del posacuerdo: tierras,participación comunitaria, rescritura de la historia del conflicto.

El país de las FARC ve la firma de hoy como una reivindicación histórica de su agenda y está convencido de la idea de Timochenko de que en este conflicto no hubo “vencedores ni vencidos”. El país de Santos ve en el posacuerdo un país sin FARC.

El país de Santos –o por lo menos un sector importante- maneja preocupaciones post-materialistas: identidad sexual, ambientalismo, anticorrupción, mientras el país de las FARC moverá agendas “estructurales”.

Son dos países que muy probablemente chocarán de frente en 2018, un poco antes o un poco más adelante. Pero será otro tipo de choque porque lo que se pacta hoy es que sin importar lo lejos que se encuentran el uno del otro, la diferencia no justifica matarse.

En el largo plazo, el reto de ambos países es convencer a la porción significativa de colombianos que se siente excluido de ese pacto de que ahí también hubo una ganancia para ellos.

Es el país que se siente interpretado por Álvaro Uribe y que teme que lo que se firme hoy no sea el adiós a las FARC –que promueve el Establecimiento de Santos- sino el regreso de la guerrilla, como lo siente la gente de Chalán, Sucre, con la que habló La Silla.

Que lejos de creer –como las FARC- que en esta guerra no hubo vencedores ni vencidos, está convencida de que la Seguridad Democrática de Uribe sí había derrotado a la guerrilla y que por lo tanto todas las concesiones del acuerdo son exageradas.

Que ve en el Acuerdo una rendición a la extorsión de las FARC y una fuente de inequidad para con tantos colombianos –seguramente como ellos- que han progresado a punto de esfuerzo y que no han recibido ningún premio por ello.

Pero el reto inmediato de los dos países que aplauden hoy la firma del Acuerdo es convencer a los más de tres millones de colombianos que, si uno le cree a las encuestas, siguen indecisos; y a los otros tres millones que dudan que haga alguna diferencia salir a votar el 2 de octubre. Solo entonces estos dos países podrán dejar de reprimir las ganas de celebrar y por primera vez y si tienen suerte no por última, celebrar juntos.

Lee más sobre la firma de la paz entre Colombia y las FARC en La Silla Vacía.

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Cómo tu personalidad cambia a medida que cumples años

Por mucho tiempo se ha pensado que nuestra personalidad se fija, aproximadamente, para cuando alcanzamos los 30 años de edad. Investigaciones recientes revelan que no es así.
1 de febrero, 2021
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“Señor presidente, quiero plantearle un tema que creo que ha estado rondando durante dos o tres semanas y presentarlo específicamente en términos de seguridad nacional… “, dijo el periodista Henry Trewhitt, mientras miraba fija y seriamente al presidente estadounidense Ronald Reagan.

Era octubre de 1984, y Reagan estaba en el circuito de debates, luchando por permanecer en el cargo por un segundo mandato.

Unas semanas antes había tenido un mal desempeño frente a su rival principal. Entonces se rumoreaba que, a los 73 años, simplemente era demasiado mayor para el trabajo.

En ese momento, Reagan ya era el presidente más mayor en la historia de Estados Unidos, un récord que ha sido superado por Donald Trump (74) y ahora por el actual presidente Joe Biden, de 78 años.

Trewhitt quería saber si Reagan tenía alguna duda de si podría funcionar en circunstancias estresantes.

“No, ninguna, Trehwitt”, respondió Reagan, conteniendo una sonrisa.

Expresidente de EE.UU. Ronald Reagan en 1984

Getty Images
En 1984, Reagan era el presidente de mayor edad que había gobernado EE.UU. hasta la fecha.

“Y quiero que sepa que tampoco voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

Su respuesta fue recibida con risas estridentes y aplausos, que precedieron a una victoria aplastante en las elecciones.

La broma de Reagan, sin embargo, contenía más verdad de lo que sabía entonces.

No solo tenía la experiencia de su lado, también tenía una “personalidad madura”.

Cambio misterioso

Todos estamos familiarizados con la transformación física que conlleva el envejecimiento: la piel pierde su elasticidad, las encías retroceden, nuestra nariz crece, los pelos brotan en lugares peculiares -a la vez que desaparecen por completo de otras partes- y esos preciosos centímetros de altura a los que nos aferramos comienzan a desaparecer.

Ahora, después de décadas de investigación sobre los efectos del envejecimiento, los científicos han comenzado a descubrir cambios más misteriosos.

“La conclusión es exactamente esta: que no somos la misma persona durante toda nuestra vida“, señala René Mõttus, psicólogo de la Universidad de Edimburgo.

Mujer mayor disfrutando de una piscina de agua caliente.

Getty Images
Si bien nuestras personalidades cambian constantemente, lo hacen en relación a quienes nos rodean.

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar en nuestra personalidad como algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida. Pero diversas investigaciones sugieren que este no es el caso.

Nuestros rasgos cambian constantemente, y para cuando entramos en la década de los 70 y 80 años, hemos experimentado una transformación significativa.

La modificación gradual de nuestra personalidad tiene algunas ventajas sorprendentes. Nos volvemos más conscientes, agradables y menos neuróticos.

Los niveles de los rasgos de personalidad de la llamada “Tríada Oscura” -el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía- también tienden a disminuir, y con ellos, nuestro riesgo de caer en comportamientos antisociales como el crimen y el abuso de sustancias.

Las investigaciones han demostrado que nos convertimos en personas más altruistas y confiadas. Nuestra fuerza de voluntad aumenta y desarrollamos un mejor sentido del humor.

Finalmente, los adultos mayores tienen más control sobre sus emociones.

Es sin duda una combinación ganadora, y una que indica que el estereotipo de que las personas mayores son gruñonas y cascarrabias necesita ser revisada.

Nuestras personalidades son fluidas y maleables

Lejos de asentarse en la infancia, o alrededor de los 30 años -como pensó la comunidad científica durante años-, parece que nuestras personalidades son fluidas y maleables.

“Las personas se vuelven más agradables y más adaptadas socialmente”, dice Mõttus.

“Son cada vez más capaces de equilibrar sus propias expectativas de vida con las demandas de la sociedad”.

Los psicólogos llaman al proceso de cambio que ocurre a medida que envejecemos “maduración de la personalidad”.

Mujer mayor

Getty Images
Aquellos con mayor autocontrol serán probablemente más saludables de mayores.

Es un cambio gradual e imperceptible que comienza en nuestra adolescencia y continúa al menos hasta nuestra octava década en el planeta.

Curiosamente, parece ser universal: la tendencia se observa en todas las culturas humanas, desde Guatemala hasta India.

“Generalmente es controvertido hacer juicios de valor sobre estos cambios de personalidad”, dice Rodica Damian, psicóloga social de la Universidad de Houston, en Estados Unidos.

“Pero al mismo tiempo, tenemos evidencia de que son beneficiosos”.

Por ejemplo, la falta de estabilidad emocional se ha relacionado con problemas de salud mental, tasas de mortalidad más altas y divorcios.

Entretanto, Damian explica que la pareja de alguien con un grado elevado de conciencia probablemente sea más feliz, porque es más probable que estas personas laven los platos a tiempo y sean menos propensos a engañar a su pareja.

Un lado más estable de nuestra personalidad

Resulta que, si bien nuestra personalidad cambia en cierta dirección a medida que envejecemos, lo que somos en relación con otras personas del mismo grupo de edad tiende a permanecer bastante estable.

Por ejemplo, es probable que el nivel de neurosis de una persona vaya bajando en general, pero los niños de 11 años más neuróticos siguen siendo, en general, los ancianos de 81 años más neuróticos.

“Hay una base de quiénes somos en el sentido de que mantenemos nuestro rango en relación con otras personas hasta cierto punto”, dice Damian.

“Pero en relación a nosotros mismos, nuestra personalidad no está escrita en piedra, podemos cambiar”.

¿Cómo se desarrollan estos cambios de personalidad?

Dado que la maduración de la personalidad es universal, algunos científicos piensan que, lejos de ser un efecto secundario accidental de haber tenido más tiempo para aprender las normas sociales, las formas en que cambia nuestra personalidad podría estar genéticamente programada, tal vez incluso moldeada por fuerzas evolutivas.

Por otro lado, otros expertos creen que nuestra personalidad está en parte forjada por factores genéticos y luego esculpidas por presiones sociales a lo largo de nuestra vida.

Por ejemplo, una investigación de Wiebke Bleidorn, psicóloga de la personalidad de la Universidad de California, concluyó que, en culturas donde se esperaba que las personas maduraran más rápido (en términos de casamiento, empezar a trabajar, asumir responsabilidades adultas), sus personalidades tienden a madurar a una edad más temprana.

Niño con traje

Getty Images
Las personas de culturas donde se espera que se casen o empiecen a trabajar más jóvenes, tienen personalidades que maduran antes.

“Las personas simplemente se ven obligadas a cambiar su comportamiento y, con el tiempo, a volverse más responsables. Nuestras personalidades cambian para ayudarnos a enfrentar los desafíos de la vida”, dice Damian.

¿Pero qué ocurre cuando nos volvemos muy mayores?

Hay dos formas posibles de estudiar cómo cambiamos a lo largo de nuestra vida.

La primera es tomar un grupo grande de personas de muchas edades diferentes y luego observar en qué se diferencian sus personalidades.

Un problema con esta estrategia es que es fácil confundir accidentalmente los rasgos generacionales que han sido esculpidos por la cultura de un período de tiempo particular -como la mojigatería o una adoración inexplicable por las natillas y el jerez- con los cambios que ocurren a medida que uno envejece.

Estudio de largo plazo

La alternativa es tomar un mismo grupo de personas y estudiarlas a medida que crecen.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Lothian Birth Cohort (estudio de cohorte de Lothian), un grupo de personas en Escocia a quienes se les examinaron sus rasgos de personalidad e inteligencia en junio de 1932 o junio de 1947, cuando aún estaban en la escuela.

En ese momento, las personas tenían cerca de 11 años de edad.

Junto con colegas de la Universidad de Edimburgo, Mõttus rastreó a cientos de las mismas personas cuando tenían 70 u 80 años, y les hizo dos pruebas idénticas más, con varios años de diferencia.

Señor mayor en un parque

Getty Images
Un famoso estudio con personas en Escocia mostró resultados notablemente diferentes para dos generaciones de personas.

“Debido a que teníamos dos grupos diferentes de personas, y ambas fueron medidas en dos ocasiones, pudimos utilizar ambas estrategias a la vez”, dice Mõttus.

Fue una suerte, porque los resultados fueron notablemente diferentes para las dos generaciones.

Si bien las personalidades del grupo más joven permanecieron más o menos iguales en general, los rasgos de personalidad del grupo mayor comienzan a cambiar, de modo que, en promedio, se volvieron menos abiertos y extrovertidos, así como menos agradables y concienzudos.

Los cambios beneficiosos que habían estado ocurriendo a lo largo de sus vidas comenzaron a revertirse.

“Creo que esto tiene sentido, porque en la vejez las cosas comienzan a pasarle a la gente a un ritmo más rápido”, dice Mõttus, quien señala que la salud de estas personas podría haber estado en declive y es probable que hayan comenzado a perder amigos y familiares.

“Esto tiene cierto impacto en su participación activa en el mundo”.

Nadie ha investigado aún si esta tendencia continuaría después de los 100 años.

Investigaciones sobre japoneses centenarios han descubierto que tienden a obtener una puntuación alta en la conciencia, la extroversión y la apertura, pero es posible que hayan tenido más de estas características para empezar, y tal vez esto incluso contribuyó a su longevidad.

Mujer mayor asiática

Getty Images
Nuestra personalidad está muy ligada a nuestro bienestar.

De hecho, nuestra personalidad está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar a medida que envejecemos.

Por ejemplo, aquellas con un mayor autocontrol tienen más probabilidades de ser saludables en la edad adulta, las mujeres con niveles más altos de neurosis tienen más probabilidades de experimentar síntomas durante la menopausia, y cierto grado de narcisismo se ha asociado con tasas más bajas de soledad, que en sí mismo es un factor de riesgo para una muerte más temprana.

En el futuro, comprender cómo ciertos rasgos están vinculados a nuestra salud -y cómo podemos esperar que nuestra personalidad evolucione a lo largo de nuestra vida- podría ayudar a predecir quién está en mayor riesgo de padecer ciertos problemas de salud y poder intervenir.

El conocimiento de que nuestra personalidad cambia a lo largo de nuestra vida, lo queramos o no, es una prueba útil de lo maleables que son.

“Es importante que sepamos esto”, considera Damian. “Durante mucho tiempo, la gente pensó que no”.

“Ahora estamos viendo que nuestra personalidad puede adaptarse, y esto nos ayuda a enfrentar los desafíos que nos presenta la vida”, agrega.

Al menos, nos da a todos algo que esperar a medida que envejecemos y la posibilidad de descubrir en quiénes nos convertiremos.


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