El hallazgo sobre la contaminación en cerebros de personas que vivieron y murieron en CDMX
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BBC Mundo

El hallazgo sobre la contaminación en cerebros de personas que vivieron y murieron en CDMX

Investigadores de la Universidad de Lancaster analizaron muestras de tejido cerebral de 29 personas que vivieron y murieron en la capital mexicana. Mira lo que encontraron.
BBC Mundo
Por BBC Mundo
11 de septiembre, 2016
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Los desechos tóxicos de la contaminación del tráfico pueden, literalmente, llegar a tu cerebro.

Al menos eso se desprende de la evidencia presentada en un estudio realizado en muestras de tejido cerebral.

Investigadores de la Universidad de Lancaster, Inglaterra, descubrieron que pequeñas partículas de metal que se desprenden de los gases de escape de la combustión pueden introducirse por la nariz y viajar hasta el cerebro humano.

Una vez allí, sugieren los científicos, pueden causar daños en el cerebro y contribuir, por ejemplo, a la enfermedad de Alzheimer.

El hallazgo, afirman los investigadores, presenta una nueva serie de preguntas sobre los riesgos de la contaminación ambiental en la salud.

“Impactante”

Varios estudios en el pasado se han centrado en el impacto del aire contaminado en los pulmones y el corazón.

Pero ésta es la primera vez que una investigación se centra en el efecto en el cerebro.

Ciudad de MéxicoAP
Se estudiaron cerebros de gente que había vivido y muerto en la Ciudad de México, una de las urbes más contaminadas del mundo.

Para el estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Science (PNAS), los científicos analizaron muestras de tejido cerebral de 37 personas: 29 de ellas, de entre 3 y 85 años, habían vivido y muerto en la Ciudad de México, una zona notoriamente contaminada.

Las otras ocho personas habían vivido en Manchester, Inglaterra, tenían entre 62 y 92 años, y algunos habían muerto a causa de enfermedades neurodegenerativas de diversos grados de gravedad.

Ya se sabía que las nanopartículas de hierro pueden estar presentes en el cerebro, pero por lo general se asume que éstas provienen del mineral que se encuentra de forma natural en nuestro organismo y que se deriva del alimento.

Pero lo que los investigadores encontraron ahora son partículas de otro tipo de mineral, la magnetita.

Gases contaminantesGETTY IMAGES
Los investigadores encontraron nanopartículas de magnetita, un mineral que se desprende de los gases de escape de la combustión.

La profesora Barbara Maher, principal autora del estudio, ya había identificado partículas de magnetita en muestras de aire recogidas junto a una calle transitadaen Lancaster y frente a una planta de energía.

Sospechaba que estas mismas partículas podrían encontrarse en las muestras de cerbero. Y eso fue lo descubrió.

“Fue muy impactante”, le dijo la científica a la BBC.

“Cuando estudiamos el tejido vimos las partículas distribuidas entre las células y cuando hicimos una extracción de la magnetita había millones de partículas, millones en un solo gramo de tejido cerebral”.

Esas son millones de oportunidades para causar daños”, afirma.

Orígenes

Para comprobar que las nanopartículas provenían de los gases de escape de la combustión, los investigadores analizaron la forma de la magnetita.

Este mineral también puede estar presente en el cerebro de forma natural, pero en pequeñísimas cantidades, y tiene una forma distintivamente dentada.

Las nanopartículas que se encontraron en el estudio, sin embargo, no sólo eran más numerosas, sino también lisas y redondas.

Según los investigadores, son características que sólo pueden crearse en las altas temperaturas del motor de un vehículo o los sistemas de freno.

“Son formas esféricas y tienen pequeñas cristalitas alrededor de su superficie, aparecen junto con otros metales, como el platino, que surgen de los convertidores catalíticos”, explica la profesora Maher.

“Es la primera vez que vemos estas partículas de contaminación dentro del cerebro humano. Es un hallazgo que plantea toda una nueva área de investigación para entender si estas partículas de magnetita están causando o acelerando enfermedades neurodegenerativas”, agrega.

Gráfica que muestra las placas amiloides rodeando a las neuronas en el cerebroALFRED PASIEKA/SCIENCE PHOTO LIBRARY
No se ha logrado encontrar evidencia que de la contaminación conduzca a enfermedades neurodegenerativas como Alzheimer.

El estudio no mostró resultados concluyentes al respecto.

Los cerebros de los donantes de Manchester, especialmente los que habían muerto de trastornos neurodegenerativos, tenían niveles elevados de magnetita.

En las víctimas de la Ciudad de México se encontraron niveles similares o más altos.

El nivel más alto de magnetita se descubrió en un hombre mexicano de 32 años que murió en un accidente de tráfico.

¿Riesgo de Alzheimer?

Las partículas grandes que desecha la contaminación, como el hollín, pueden quedar atrapadas dentro de la nariz. Otras más pequeñas pueden entrar a los pulmones, y las más pequeñas pueden llegar hasta la corriente sanguínea.

Pero se piensa que las nanopartículas de la magnetita son tan diminutas que pueden pasar desde la nariz y el bulbo olfatorio hacia el sistema nervioso y hasta la corteza frontal del cerebro.

Contaminación en Ciudad de MéxicoAP
En meses recientes las autoridades en México emitieron varias advertencias de alerta de contaminación en la capital.

Algunos expertos creen que esto podría ser un “riesgo importante” de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer, pero por ahora, subrayan, no se ha comprobado que exista un vínculo.

“Este estudio ofrece evidencia convincente de que la magnetita procedente de la contaminación ambiental puede entrar al cerebro, pero no nos dice qué efecto tiene esto en la salud de nuestro cerebro o en trastornos como la enfermedad de Alzheimer”, afirma la doctora Clare Walton, de la organización Alzheimer’s Society.

“Las causas de la demencia son complejas y hasta ahora no ha habido suficientes estudios que muestren si vivir en ciudades y en áreas contaminadas incrementa el riesgo de demencia“.

“Se necesitan más investigaciones al respecto”, asegura la experta.

Prevención

La profesora Barbara Maher -que dirigió el estudio de Lancaster- afirma que su hallazgo la ha forzado a llevar cambios en su estilo de vida para evitar, en lo posible, la contaminación.

“Debido a que la magnetita es tan tóxica para el cerebro, me ha hecho ver la atmósfera que respiro de forma diferente”, le dijo la investigadora a la revistaNew Scientist.

“Si camino en una calle muy transitada me alejo todo lo que puedo del borde del andén”.

“Si camino una calle inclinada, cruzo hacia el lado donde el tráfico va hacia abajo. “Los vehículos que van de subida generan más materia particulada”.

“Si estoy manejando, nunca me paro justo detrás de un auto. En tráfico pesado la mejor opción es tener un aire acondicionado en modo de recircular. Y siempre elijo mi ruta para transitar por las calles alternativas”, afirma la investigadora.

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@LaPatataPaTato

"¿Cómo este señor tan chingón iba a vender papitas?"

A Cristian Maya la crisis por COVID le quitó su trabajo, acabó con sus ahorros y con el sueño de migrar, pero también le dio la oportunidad de emprender.
@LaPatataPaTato
Por Dalila Sarabia
30 de mayo, 2021
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“Yo no hubiera sobrevivido sin mi esposa Erika”, dice Cristian Maya de 42 años, pues en un lapso de nueve meses la pandemia del COVID-19 les arrebató todo lo que habían construido juntos.

En 2012 se reencontró con Erika, una amiga de la universidad y exnovia de uno de sus amigos. Para ese tiempo ella ya se había separado de su pareja y tenía un niño, mientras que Cristián había terminado una relación de varios años.

Rápidamente su amistad acompañada con responsabilidades laborales se transformó en amor por lo que ambos se mudaron a Tecámac, en el Estado de México, donde Erika vivía. Cristian dejó su casa en la colonia Clavería, en Azcapotzalco.

Lee: “La pandemia me enseñó a reinventarme”: Chef Emmanuel Zúñiga

Ambos son capacitadores certificados y se dedicaban a impartir cursos -principalmente de redacción- a empresas, sin embargo, cuando Cristian se muda al Estado de México la situación se complica porque le quedaba retirado del lugar donde impartía sus actividades. Luego de mucho pensarlo decidieron emprender y tener su propia empresa. Ellos serían sus propios jefes y se organizarían como desearan.

Aunque Erika estaba muy emocionada y decidida a hacerlo, Cristian dudaba.

“Yo toda la vida he sido miedoso para ese tipo de cosas de poner un negocio, ‘no, cómo crees’”, comparte.

“Yo nunca he tenido sueños de grandeza en ese aspecto y mi esposa al ser administradora de carrera y de la UNAM ella quiere ser empresaria y no sé qué tanta cosa más, yo lo veía como sueños guajiros. Lo único que me coqueteaba de poner la empresa de capacitación con ella es que, por supuesto, los cursos los puedes cobrar más caros que si eres una sola persona, entonces, ‘híjole, era ganar más’”.

En ese tiempo, cuenta, él ganaba unos 250 pesos por hora, pero si ponía su empresa, fácilmente podría duplicar la ganancia.

En 2014 no sólo abrieron la empresa, sino que se convirtieron en papás de un niño.

Al inicio, recuerda, no fue fácil, pero poco a poco encontraron clientes que les pedían importantes cantidades de cursos de capacitación. No paraban y en la casa los frutos de la buena racha eran visibles.

Tres coches, todos los muebles imaginables, brincolín y casas de juegos para sus hijos…era tal la cantidad de cosas que poseían que tuvieron que comprar bodegas plegables que instalaron en el jardín para meter sus pertenecías. En la casa ya no cabía nada más.

Les iba tan bien que incluso adelantaron tres, cuatro, seis meses de renta a su casera.

Cristian explica que en todo ese tiempo decidieron no invertir en un terreno o casa porque su plan de vida era migrar a Canadá y preferían invertir en algún emprendimiento allá.

Sin embargo, desde los primeros días del 2020 comenzó la pesadilla.

“Estábamos a toda madre, y de repente, ‘¿viste lo de la epidemia?, sí, pero está súper lejos’”, comentaba Cristian con su esposa Erika.

“Lo veíamos lejos y decíamos que no nos iba a tocar, quizá un poco por ignorancia. Incluso tardamos en adoptar las medidas de seguridad entre la familia porque no creíamos que existiera (el virus)”.

Con el confinamiento todas las capacitaciones se cancelaron. Intentaron ofrecerlas en webinarios, pero no funcionó. El trabajo se acabó.

Entre junio y diciembre de 2020 no tuvieron ningún ingreso, vivían exclusivamente de sus ahorros. Ya no adelantaban meses de renta y las clases de krav maga -defensa personal- que toda la familia tomaba se cancelaron. Ya no era posible costear ese tipo de actividades.

En diciembre, su casera les advirtió que muy probablemente vendería la propiedad, por lo que les anticipó que tendrían que buscar un nuevo lugar donde vivir. Pasó enero y febrero y ante la incertidumbre de no saber qué hacer, decidieron comenzar a buscar a dónde mudarse.

“¿Con qué dinero nos íbamos a cambiar?, pero no había de otra y empezamos a buscar casa”, dice

La búsqueda los llevó hasta Pachuca, pero las rentas eran muy elevadas. Intentaron quedarse en Tecamac pero tampoco les alcanzó y donde podían costear eran zonas muy peligrosas. En marzo decidieron que se mudaría a Teotihuacán. Y de nuevo ¿con qué dinero iban a pagar la mudanza?

Entonces tomaron la decisión de vender dos de sus tres coches, solo se quedaron con la camioneta familiar que les serviría para llevar sus pertenencias. Cristian ya no recuerda cuántos viajes hicieron, pero con lo que obtuvieron por la venta de los autos pudieron pagar la gasolina y la despensa de un mes.

Coincidentemente el primer día que llevaron cosas a su nueva casa se percataron que en local comercial que estaba justo debajo ella se había desocupado. “¿Y si lo rentamos y ponemos un negocio?”, se preguntaron, sin embargo, volvían al comienzo: con qué dinero rentar y acondicionar el espacio si la primera renta de su nueva casa la pagaron gracias a que pidieron prestado dinero a sus familiares.

“Erika dijo ‘hay que poner algo’, y pues volvimos a pedir prestado -con todo el dolor de mi corazón- a mi familia. Le pedí más dinero a los que viven en Canadá, Estado Unidos, a un amigo que vive en Estocolmo… les decía que era para empezar un negocio”, detalla Cristian.

Luego de buscar qué negocios había a la redonda y teniendo claro que su propuesta debía ser venta de comida, decidieron que pondrían un local de papas a la francesa y malteadas. Según estimaron, para poder echar a andar su negocio necesitaban alrededor de 120 mil pesos. Era imposible.

“Ahí es que empezamos a hacer trueques. Una de las casitas (de juegos) la cambiamos por un horno y por una parrilla. Ahorita tenemos lo básico y mi familia nos sigue apoyando con dinero. Vimos que nos faltaba un refrigerador y le hablé a mis tíos de Las Vegas si nos apoyaban”, agrega.

Así, en abril pasado inauguraron su local de papas.

Ya que su casa está muy cercana al centro de Teotihuacán, Cristian tuvo que salir a entregar volantes y hacer promoción de su negocio para que la gente lo visite.

Luego de ser un profesionista que impartía cursos de capacitación tuvo que darle un vuelco a su vida para mantener a su familia, pues la crisis sanitaria por el COVID-19 no sólo le quitó su trabajo, sino que acabó con sus ahorros y con el sueño de migrar para empezar unan nueva vida fuera de México.

“Cómo voy a estar volanteando afuera de mi casa y en el centro de Teotihuacán que es un pueblo, no manches”, se repetía a sí mismo antes de abrir su negocio. “’Cómo ese señor tan chingón se iba a poner a vender papitas’ y esa fue una de las partes más difíciles para mi, el adaptarme”.

“Yo son una piedra, soy yeso, me cuesta cambiar, tiendo a la comodidad, soy un hombre de costumbres, lo tengo muy arraigado y eso te impide cambiar, te vuelve incrédulo… yo no hubiera sobrevivido si Erika no fuera mi esposa”, insiste.

A seis semanas de la apertura de su local al que bautizaron “la patata pa’tato” dice que no ha habido un día que no hayan vendido. Hace unas semanas quisieron tomarse un martes como descanso y la gente llegó pidiendo papas y malteadas.

“La idea es mantener el negocio y aunque vuelva a despegar lo de los cursos seguir con él, no echar todos los huevos a una sola canasta. La adaptabilidad es una habilidad invaluable en estos tiempos”, sentencia.

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