Base de EU enterrada en Groenlandia en riesgo de quedar expuesta por calentamiento global
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Ejército de Estados Unidos

Base de EU enterrada en Groenlandia en riesgo de quedar expuesta por calentamiento global

Debido al rápido descongelamiento del hielo en el Ártico, una antigua base subterránea estadounidense construida durante la Guerra Fría podría quedar en la superficie y contaminar con residuos biológicos y radiactivos toda la región.
Ejército de Estados Unidos
Por Redacción BBC Mundo
3 de octubre, 2016
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El cambio climático ha sido especialmente drástico en la región del Polo Norte, donde el aumento de la temperatura de la Tierra ha causado el proceso de descongelamiento más rápido del que se tenga registro.

Y en los últimos años se convirtió en la principal amenaza del hábitat de la zona: focas, osos polares, orcas.

Pero ahora el deshielo también amenaza revelar uno de los secretos de Estados Unidos que se encuentra enterrado en el norte de la isla de Groenlandia.

Esta semana, investigadores de la Universidad de York, en Canadá, señalaron que la rápida desaparición de la capa de hielo en el Polo Norte podría causar una fuerte contaminación en la región por desperdicios nucleares.

“En los años 60, Estados Unidos intentó construir una base militar subterránea que llamó Camp Century, que tenía como objetivo el lanzamiento de misiles nucleares en caso de una guerra con la Unión Soviética”, explica el documento enviado a BBC Mundo y que fue firmado por los investigadores liderados por el profesor William Colgan.

Sin embargo, la crudeza del campo congelado obligó a cancelar el proyecto, que era considerado ultrasecreto. Pero los residuos, muchos de ellos biológicos y radiactivos, quedaron enterrados allí.

Groenlandia.Image copyrightJOE RAEDLE
Image captionEl descongelamiento del Polo Norte se está produciendo a una mayor velocidad cada año.

“El cambio del clima en la región sugiere que esos desperdicios, que son una seria amenaza para el medio ambiente, no pueden seguir siendo considerados ‘conservados para la eternidad‘”, se lee en el informe.

De acuerdo a la investigación de la Universidad de York, el descongelamiento en el círculo polar ártico entre 2003 y 2010 durante el verano fue el doble del que ocurrió en todo el siglo XX y eso llevaría a que los residuos de Camp Century queden expuestos en el mediano plazo.

En la década del 60 no existía el término ‘cambio climático’ y creyeron que el hielo y la caída de nieve constante iba a enterrar para siempre esos residuos tóxicos, pero no es así. Pueden salir a la superficie si el nivel de descongelamiento sigue”, explicó Colgan al diario británico The Guardian.

El proyecto “Gusano de hielo”

Los resultados de la investigación de Colgan y el grupo de científicos de la Universidad de York se conocen después de que el ejército de Estados Unidos desclasificara toda la información sobre Camp Century y su proyecto “Iceworm” (Gusano del hielo).

De acuerdo con los documentos revelados, cuando crecía la tensión con la Unión Soviética después de la II Guerra Mundial, EE.UU. decidió construir una base militar en el norte de Groenlandia.

En 1951, Groenlandia hacía parte de Dinamarca, que a su vez le permitió a EE.UU. construir esas bases militares, aunque no queda claro qué tanta información sobre “Iceworm” compartió con el gobierno danés.

BBCImage copyrightEJÉRCITO DE EE.UU.
Image captionLos científicos de la Universidad de York, en Canadá, afirmaron que en menos de 75 años la base podría quedar expuesta y contaminar toda la región.

Lo cierto es que la intención estadounidense era ambiciosa: una base para el lanzamiento de misiles nucleares hacia la Unión Soviética (estaba ubicada a menos de 4.000 kilómetros de Moscú, al alcance de un misil).

En 1960, en medio de la crisis de los misiles en Cuba, el ejército de EE.UU. presentó el proyecto y comenzaron los trabajos.

La base tendría una red de tres kilómetros de túneles subterráneos, albergue para 200 soldados, un hospital, laboratorios, un cine y tiendas.

En 1961 se iniciaron las obras. Se alcanzaron a construir algunos túneles y alojamiento para los soldados. Y para el suministro de energía eléctrica se instaló un reactor nuclear.

Pero mientras avanzaban sobre la capa de nieve, los ingenieros comenzaron a notar que no estaban construyendo en tierra firme.

El desmonte de Camp Century

Tanto los documentos del gobierno de EE.UU. (que incluye una película sobre el proceso de construcción) como las investigaciones hechas por los científicos posteriormente señalan que los ingenieros notaron que el hielo sobre el que estaban construyendo se movía más rápido de lo que habían calculado.

Cubierta de metal sobre una excavación de hielo.Image copyrightEJÉRCITO DE ESTADOS UNIDOS
Image captionLa primera fase fue la de construir túneles bajo el hielo.

Se dieron cuenta que en dos años lo que habían construido estaría aplastado por el hielo. Así que decidieron acabar con el proyecto”, explicó Wolgan.

Al retirarse, dejaron enterrados residuos físicos (túneles y otras estructuras), biológicos (combustibles y suministros para el trabajo de investigación) y radiactivos como consecuencia del uso del reactor que fue retirado de la base antes de su cierre. Creyeron que la nieve que caía continuamente sobre la isla sepultaría para siempre una iniciativa fallida.

En 1966 se dio por concluida la tarea. En 1979, Groenlandia se convirtió en territorio autónomo de Dinamarca. Y a finales de la década de los 90 se comenzó a hablar de cambio climático.

El 2015 es considerado el año más caliente en la historia. Y la nieve que se esperaba que cayera ese año sobre Groenlandia se redujo a la mitad.

La construcción de Camp Century fue legal dentro de un tratado entre dos países, pero ahora hay que remover esos residuos y eso se puede convertir en un problema político”, le explicó Wolgan a BBC Mundo.

Hasta ahora el Pentágono sólo ha dicho en un comunicado que Estados Unidos va a trabajar con los otros dos países para resolver los posibles inconvenientes que podrían causar los residuos abandonados en el norte de la isla.

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Chernóbil: los guardias que cuidan a los perros abandonados en la Zona de Exclusión del desastre nuclear

Los descendientes de las mascotas abandonadas por quienes huyeron del desastre de Chernóbil están entablando una curiosa relación con los humanos encargados de proteger el área contaminada.
26 de abril, 2021
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No había pasado mucho tiempo desde su llegada a la Zona de Exclusión de Chernóbil cuando Bogdan se dio cuenta de que su nuevo trabajo incluía a algunos compañeros inesperados. Desde sus primeros días como guardia de control en Chernóbil, ha compartido el lugar con una jauría de perros.

Bogdan (no es su nombre real) está ahora en su segundo año de trabajo en la zona y ha llegado a conocer bien a los perros. Algunos tienen nombre, otros no. Algunos permanecen cerca, otros permanecen separados, van y vienen cuando les place. Bogdan y los otros guardias los alimentan, les ofrecen refugio y ocasionalmente les brindan atención médica. Los entierran cuando mueren.

Todos los perros son, en cierto sentido, refugiados del desastre del 26 de abril de 1986 —hace 35 años—en el que explotó el reactor número 4 en la Central Nuclear de Chernóbil.

Posteriormente, decenas de miles de personas fueron evacuadas de la ciudad ucraniana de Pripyat. Se les dijo que dejaran a sus mascotas.

Los soldados soviéticos dispararon a muchos de los animales abandonados en un esfuerzo por evitar la propagación de la contaminación. Pero algunos de los animales se escondieron y sobrevivieron.

Después de 35 años, cientos de perros callejeros ahora deambulan por la Zona de Exclusión de 2 mil 600 km establecida para restringir la circulación de personas dentro y fuera del área.

Nadie sabe cuáles de los perros descienden directamente de las mascotas varadas y cuáles pueden haber llegado desde otro lugar. Pero ahora todos son perros de la zona.

Sus vidas son peligrosas. Están en riesgo de contaminación radiactiva, ataques de lobos, incendios forestales y hambre, entre otras amenazas. La esperanza de vida promedio de los perros es de solo cinco años, según Clean Futures Fund, una organización no gubernamental que monitorea y brinda atención a los perros que viven dentro de la Zona de Exclusión.

Un perro callejero en la zona radioactiva de Pripyat, la ciudad que quedó abandonada luego del desastre.

Getty Images
Algunos perros que viven en la Zona de Exclusión pueden ser descendientes de las mascotas abandonadas durante la evacuación de 1986, pero otros pueden haber llegado de casualidad.

Es bien sabido que los perros habitan este lugar en ruinas. Algunos de ellos incluso se han convertido en celebridades menores en las redes sociales.

El cofundador de Clean Futures Fund, Lucas Hixson, quien abandonó su carrera de investigación para cuidar de los animales, ofrece recorridos virtuales por la Zona de Exclusión con los perros.

Pero se sabe menos sobre los trabajadores locales que interactúan con estos caninos a diario.

Apodos

Jonathon Turnbull, candidato a doctor en geografía en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, se dio cuenta de que valdría la pena recopilar las historias de estas personas.

“Si quería conocer a los perros”, dice, “tenía que acudir a las personas que mejor los conocían, y esos eran los guardias”.

Lo que descubrió es una conmovedora historia de la relación de los guardias con los animales de este entorno abandonado, una historia sobre el profundo vínculo entre humanos y perros.

Por ejemplo, los guardias han puesto apodos a varios de los perros.

Según Turnbull, está Alpha, cuyo nombre hace referencia a un tipo de radiación, y Tarzán, un perro muy conocido por los turistas de Chernóbil, que puede hacer trucos cuando se le ordena y que vive cerca de la famosa instalación del radar Duga.

Luego está Sausage, una perrita baja y gorda a la que le gusta recostarse sobre las tuberías de calefacción en invierno. Estas tuberías sirven a uno de los edificios utilizados por los trabajadores en la Zona de Exclusión que son parte de los esfuerzos en curso para desmantelar y descontaminar la planta de energía en ruinas.

“Cara de piedra”

El acceso a la Zona de Exclusión de Chernóbil requiere un permiso, por lo que los guardias tienen la tarea de vigilar los puntos de control de entrada y salida del área.

Las personas que esquivan estos puntos de control para entrar sin autorización en la Zona de Exclusión se conocen como “acosadores”. Los guardias los denuncian a la policía.

Cuando Turnbull, que vive en la capital de Ucrania, Kiev, comenzó a hacer visitas regulares a la zona, se encontró con Bogdan y otros guardias de los puestos de control.

Tenían cara de piedra y se mostraban reacios a hablar al principio, así que les llevó vodka y chocolates.

Luego les ofreció la oportunidad de participar en su investigación, que según él fue un “punto de inflexión”.

Los guardias tenían solo una solicitud: “por favor, por favor, traigan comida para los perros”. Eso fue lo que Turnbull hizo.

Sergey Shamray, trabajador de la planta nuclear de Chernóbil le da pedazos de pan a unos perros callejeros, en 2017.

Getty Images
Los guardias alimentan a los perros callejeros.

Turnbull entrevistó a uno de los participantes del estudio en nombre de BBC Future. El guardia en cuestión ha pedido no ser identificado para evitar una acción disciplinaria en el trabajo, por lo que aquí nos referimos a él con el seudónimo de “Bogdan”.

Lealtad

Cuando Bogdan camina por las calles abandonadas de la zona en busca de acosadores, los perros lo acompañan felices, dice. Siempre parecen ansiosos por ver si él o un turista podrían llevar comida. Si un perro de compañía se distrae o sale corriendo para perseguir a un animal, eventualmente regresa a Bogdan, agrega.

La lealtad va en ambos sentidos. Turnbull dice que a veces los guardias se toman la molestia de ayudar a los perros sacándoles las garrapatas incrustadas en la piel o poniéndoles inyecciones contra la rabia.

Monitorear quién entra y sale de la Zona de Exclusión a veces resulta en una ocupación aburrida. Pero siempre hay perros cerca.

En algunos puestos de control, los guardias han adoptado más o menos a algunos de los animales. Los alimentan y les dan cobijo. Pero no todos son tan mansos. Durante su investigación, un guardia le dijo a Turnbull: “No podemos inyectar a Arka porque muerde”.

Otro participante habló de una perrita que era aún más difícil de abordar. Se niega a ser tocada en absoluto. “Debes darle una sartén y marcharte. Ella espera hasta que te vayas y luego come”, explicó el guardia.

Guardias de Chernóbil con un perro callejero en 2017.

Getty Images
Algunos guardias dicen que los perros los alertan de la presencia de intrusos.

Los perros a veces ladran a los extraños a primera vista, esa es su naturaleza, cuenta Bogdan. Pero mientras no se sientan amenazados, a veces se calman y mueven la cola. De vez en cuando, incluso parece que están sonriendo, agrega.

Peligro de radiación

En general, se aconseja a los visitantes de Chernóbil que no toquen a los perros, por temor a que los animales puedan llevar polvo radiactivo. Es imposible saber dónde deambulan los animales y algunas partes de la Zona de Exclusión están más contaminadas que otras.

Además de los perros, hay vida silvestre en la Zona de Exclusión de Chernóbil. En 2016, Sarah Webster, una bióloga del gobierno de EU que trabajaba en la Universidad de Georgia en ese momento, y sus colegas publicaron un artículo en el que revelaron cómo los mamíferos, desde lobos hasta jabalíes y zorros rojos, habían colonizado la Zona de Exclusión.

Los datos de cámaras ocultas mostraron que el número de animales no necesariamente era más bajo en aquellas áreas donde la contaminación radiactiva es mayor.

Los animales que viven en la Zona de Exclusión no están necesariamente confinados allí. Un estudio posterior de Webster y sus colegas, publicado en 2018, detalló los movimientos de un lobo monitoreado con un dispositivo GPS. Viajó 369 km desde la zona, siguiendo un arco largo hacia el sureste, luego nuevamente hacia el noreste, y finalmente entró a Rusia.

Lobos en la zona de exclusión.

Getty Images
También hay lobos en la Zona de Exclusión.

En teoría, los lobos, perros y otros animales podrían transportar contaminación radiactiva, o mutaciones genéticas potencialmente transmitidas por reproducción, a lugares fuera de la Zona de Exclusión.

“Sabemos que está sucediendo, pero no entendemos el alcance o la magnitud”, dice Webster.

Turnbull dice que los guardias generalmente no se preocupan por la radiación, aunque ocasionalmente pueden usar dosímetros para revisar a un perro.

“Asistentes”

En realidad, parece que los perros, a través de la compañía que ofrecen, terminan tranquilizando a quienes interactúan con ellos regularmente, explica Greger Larson, un arqueólogo que estudia la domesticación animal en la Universidad de Oxford y que no participó en la investigación de Turnbull.

“Se están poniendo en la piel de los perros”, sugiere, refiriéndose a los guardias. “Si el perro está bien, eso significa que estás bien”.

Un perro callejero con ojos tristes pide comida en la zona de exclusión.

Getty Images
A pesar de vivir en un área donde los humanos todavía están en gran parte excluidos, los perros alrededor de Chernóbil llevan una vida “próspera”.

Pero en verdad, esto puede ser solo una falsa sensación de seguridad.

“Es un entorno extraño”, señala Turnbull. “No puedes ver el peligro. Estás constantemente consciente de que podría estar ahí, pero todo parece normal”.

A pesar de que los perros podrían representar un riesgo en términos de radiactividad, los guardias como Bogdan enfatizan en cambio los beneficios de tenerlos cerca.

Por ejemplo, afirma conocer perros que ladran de formas notablemente diferentes según lo que hayan visto en la distancia: un humano desconocido, un vehículo, un animal salvaje.

Debido a estas útiles señales de advertencia, Bogdan piensa en los perros como “asistentes”.

“Mundo postapocalíptico”

Lo que está sucediendo en la Zona de Exclusión es un eco de interacciones con perros que se sabe que han ocurrido dentro de las civilizaciones humanas durante miles de años, dice Larson.

Perros en un parque de diversiones de Prypiat, una ciudad abandonada después del desastre.

Getty Images
Los perros de Chernóbil se han vuelto casi tan famosos como la icónica noria del parque de atracciones de Pripyat.

“Vemos esto durante los últimos 15 mil años o más. Esto es lo que la gente hace, asociaciones muy cercanas no solo con perros sino con muchos animales domésticos […] para decir ‘este es nuestro apego al paisaje'”, explica.

En todo el mundo, hay perros que viven en un estado intermedio similar: no del todo domesticados ni del todo salvajes. Estos son los perros que deambulan por las ciudades y áreas industriales en busca de comida, los que pueden ser adoptados hasta cierto punto por las personas, pero que no llegan a considerarse mascotas.

Un cachorro callejero camina a lo largo de unas vías de tren cerca de la planta nuclear de Chernóbil, en 2017.

Getty Images
Un estimado de 900 perros viven en la Zona de Exclusión.

Los perros de Chernóbil también viven en este tipo de espacio, al borde de la domesticación, pero hay una diferencia, según Webster, quien anteriormente ha participado en un estudio distinto al de Turnbull.

“La Zona de Exclusión es muy diferente porque está abandonada por humanos”, relata. “Las únicas personas en ese paisaje en el día a día, en realidad, son los guardias”. Como tal, las oportunidades de los perros para hacerse amigos de los humanos son muy limitadas.

Si bien el mundo exterior sigue fascinado por los perros y su historia, para muchos guardias la conexión es mucho más profunda.

Bogdan dice que a menudo se le pregunta por qué se debe permitir que los perros permanezcan en la Zona de Exclusión.

“Nos dan alegría”, responde. “Para mí, personalmente, esto es una especie de símbolo de la continuación de la vida en este mundo radiactivo y postapocalíptico”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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