Anatomía de la corrupción: 43% de las empresas en México han dado sobornos
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Luis Pérez de Acha

Anatomía de la corrupción: 43% de las empresas en México han dado sobornos

El IMCO y el CIDE presentan este miércoles la reedición del libro ‘Anatomía de la corrupción’ que revela que 43% de los empresarios mexicanos han sobornado a la autoridad alguna vez para conseguir un beneficio.
Luis Pérez de Acha
Por Manu Ureste
26 de octubre, 2016
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Sobornos para agilizar trámites, para ganar contratos, o para obtener permisos. O simplemente para que la policía no moleste. Estas son algunas de las principales razones por las cuales los empresarios mexicanos admiten haber recurrido en alguna ocasión a la corrupción para que sus negocios prosperen en México.

Así lo advierte el estudio Anatomía de la corrupción –en su segunda edición- que presenta la mañana de este martes Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) y la autora del informe, María Amparo Casar.

De acuerdo con el informe, el principal motivo por el que se corrompen las empresas mexicanas es para agilizar trámites. Así lo admitió en una encuesta el 43% de los empresarios, quienes dijeron que el exceso de ‘tramitología’ los “obligó” a hacer pagos indebidos a funcionarios. En segundo lugar, el 32% pagó sobornos para obtener permisos y licencias. El 21% lo hizo para impedir abusos de autoridad. El 16% para ganar contactos e influencias. Y el 11% para poder participar en procesos de licitación con el gobierno.

“Esto indica que los emprendedores se enfrentan a altos costos de entrada al mercado y explica el rezago de México en la creación de nuevas empresas en comparación con otros países de América Latina”, apunta la investigadora Casar en el informe.

En lo que a trámites y servicios se refiere, el 18% de los empresarios consultados dijo que hizo ‘pagos extraoficiales’ –es decir, ‘mordidas’- para agilizar la obtención de permisos y licencias; el 11% para no ser molestados por la policía municipal; otro 11% para obtener concesiones del gobierno; 8% para obtener contratos no licitados y subsidios gubernamentales; y 6% para evitar que inspectores federales lo molesten.

¿Y qué pasa si no acceden a la corrupción?

Bien, de acuerdo con la encuesta Fraude y Corrupción en México, citada en el estudio de Casar, el 47% de los empresarios dijo que sus trámites se hicieron más lentos. El 27% dijo que recibió “multas injustificadas”; el 21% que perdió contratos y aumentó los costos de operación; y el 7% se sintió más inseguro.

“Falta de ética y codicia”

No obstante, el libro Anatomía de la corrupción advierte que “no es posible considerar a las empresas únicamente como víctimas de la corrupción, sino también como beneficiarias”.

En este sentido, el informe apunta que la corrupción en las empresas no siempre se da por “necesidad o temor” a las consecuencias de no acceder a un soborno. También se da por “falta de ética y codicia”, para obtener lo que no pueden por ley. Por ejemplo, no tienen derecho a una concesión pero pagan una ‘mordida’ y se la otorgan. No cubren con los requisitos para concursar por un contrato, pero se lo dispensan. O no hacen la mejor oferta pero descalifican a los rivales a través de argucias legales.

De hecho, la Encuesta Global de Fraude –citada en el informe-, subraya que el 82% de los ejecutivos encuestados en México “están de acuerdo” con que las prácticas corruptas “suceden ampliamente” al hacer negocios en el país, y el 70% estuvo de acuerdo con llevar a cabo algún “acto ilegal” con tal de cumplir los objetivos financieros.

Pero, no solo existe corrupción entre empresarios y funcionarios de gobierno, sino también entre empresarios.

El estudio Lineamientos para combatir la colusión entre oferentes en licitaciones públicas de la OCDE –también citado por el estudio- refiere que las principales prácticas corruptas entre empresas son: la emisión de ofertas ficticias para aparentar competencia, sabiendo de antemano cuál de ellas ganará; retirar ofertas presentadas con el fin de que la licitación quede adjudicada al proveedor “pre-acordado”; rotación de ofertas, que supone el pacto entre empresas para ganar escalonadamente en el tiempo el contrato público; y la asignación de mercado, en la que, a la manera de las líneas aéreas o ciertas cadenas de supermercados, se dividen el territorio y respetan zonas en las que cada proveedor, contratista o licitantes, puede presentar ofertas.

Gastan más en combatir a la corrupción, pero no hay avances en transparencia

Por otra parte, Anatomía de la corrupción advierte que a pesar de que el dinero destinado a dependencias públicas para combatir la corrupción ha crecido 94% desde el año 2004, México continúa siendo uno de los países peores calificados en materia de transparencia y rendición de cuentas.

Por ejemplo, el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) pasó de 215 millones de pesos en 2004 a casi 938 en 2016 –aumento de 335%-; la Auditoría Superior de la Federación pasó de 613 millones en 2014 a 2 mil 120 millones -245% al alza-; y la Unidad Especializada en Investigación de Delitos cometidos por Servidores Públicos de la PGR, el aumento fue de 211%, ya que pasó de 8 millones y medio a casi 26 millones y medio.

A pesar de este desembolso, México ha sido constante en la mala puntuación que obtiene en el índice de Transparencia Internacional desde hace 20 años: 35 sobre 100 –cuanto más cerca esté un país de la calificación de 100, menos corrupto-. Y en 2015 ocupó el lugar 95 de 168 en el ranking de percepción de la corrupción, siendo considerado más corrupto que países como Suriname, Panamá o El Salvador.

Consulta aquí el estudio completo:

Anatomía de la Corrupción 2da. EdiciónOK-2 by mureste4878 on Scribd

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Julia "Butterfly" Hill

Julia, la mujer que pasó 738 días en la cima de una secuoya milenaria para evitar que la talaran

La activista se comprometió a ocupar el árbol, ubicado en un bosque del norte de California, pensando que pasaría allí como máximo un mes.
Julia "Butterfly" Hill
16 de agosto, 2020
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¿Qué harías tú para evitar que un majestuoso árbol de 1,500 años fuera víctima de las sierras de una maderera?

¿Arriesgarías tu vida, habitando un espacio en las alturas no más grande que una cama sencilla, a la intemperie, pasando frío, hambre, dolor y aislamiento?

¿Cuánto aguantarías?

Pues Julia “Butterfly” Hill, una activista medioambiental, vivió en la cima de una milenaria secuoya en el norte de California durante 738 días para evitar que la talaran.

Sólo aceptó ponerle fin a su increíble protesta y bajar del árbol después de ganar su batalla para protegerlo, así como el área que lo rodeaba.

Varios activistas han ocupado árboles, pero se cree que la protesta de Julia es la que más ha durado.

“Creo que a quien quiera talar un árbol de estos debería ordenársele vivir en él durante dos años”, dijo al programa Witness del Servicio Mundial de la BBC sobre su hazaña.

“Bellos y sagrados”

Una mujer abraza el tronco de un enorme secuoya en el Parque Nacional Secuoya, California

Getty Images
Las secuoyas son árboles monumentales.

Las secuoyas son árboles monumentales, oriundos de California, Estados Unidos..

Pueden crecer hasta alcanzar los 75 metros de altura, tener troncos de nueve metros de diámetro y vivir miles de años.

“Cuando llegué a California por primera vez y entré en el primer bosque ancestral, quedé muy conmovida e impactada por lo bellos y sagrados que son y se sienten”, comentó Julia a la BBC.

Desafortunadamente, desde la colonización del territorio californiano por culturas occidentales, la continua tala de este recurso natural diezmó los bosques.

“Al inicio de mi activismo, tomé conciencia de que el 97% de los bosques de estas secuoyas milenarias ya se había destruido“, explicó.

Aserradores a finales del siglo XIX trabajando en una de las madederas en California

Getty Images
A lo largo de los siglos, la industria maderera en California ha arrasado con los bosques de secuoyas.

En California se inició una forma de protesta a finales de los 70 conocida como la ocupación de árboles (tree sitting, en inglés), viviendo en ellos para protegerlos de la tala.

Julia Hill, a quien apodaron Butterfly (Mariposa) a los siete años, había estado viviendo con unos activistas del medioambiente en el condado de Humboldt, en el norte de California.

El grupo estaba enfrentado a una empresa maderera que talaba las secuoyas de la región.

Necesitaban a alguien que ocupara un árbol para atraer atención a la causa.

Julia se ofreció voluntaria, pensando en que sólo tendría que estar subida al árbol unas dos semanas, tal vez un mes.

La complicada vida en un árbol

Julia Butterfly Hill en su refugio arriba de un secuoya

Getty Images
El refugio de Julia consistía de una plataforma de dos metros por uno y medio, cubierto de una lona de plástico.

El 10 de diciembre de 1997, trepó a un árbol de 55 metros de altura al cual le dio el nombre de Luna. Ahí fue cuando se dio cuenta en qué se había metido.

“Estás atada a una soga de escalar, usas tus manos y pies para lentamente ir subiendo al árbol. A unos 25 metros de altura, cometí el error de mirar hacia abajo. Entré en pánico y me paralicé. Cuando abrí lo ojos otra vez, mantuve la vista fija en Luna a medida que subía”.

Sin embargo, el entorno también le tenía reservadas sorpresas agradables.

“El olor en el bosque es extraordinario. El aire es tan dulce que realmente lo puedes saborear”, describió.

El hogar de Julia en el árbol era una plataforma de dos metros por uno y medio. Más o menos del tamaño de una cama sencilla.

Después de pasar un año subido a ella, pudo armar una segunda plataforma. Se protegía bajo una lona de plástico, su cama se reducía a un saco de dormir y le subían la comida con un lazo.

Julia Butterfly Hill hablando por un teléfono celular dentro de su refugio en el árbol

Getty Images
Julia se comunicaba con los medios por medio de un teléfono celular cargado con energía solar.

Durante ese tiempo tuvo contacto humano, daba entrevistas a los medios a través de un teléfono que funcionaba con energía solar. Pero cuando llegó el momento de enfrentar el mal tiempo, estuvo completamente sola.

“Había mucha humedad y frío. Aun con la lona de plástico que me servía de techo y paredes, hasta la niebla penetraba y la lluvia encontraba pequeños agujeros por donde gotear desde las ramas a la plataforma”, relató

Tuvo que soportar tormentas con vientos de hasta 150 kilómetros por hora, lluvia congelada, granizo y finalmente nieve que destruyeron su refugio, con lo que quedó completamente expuesta a la intemperie.

Las condiciones meteorológicas fueron tan intensas que sufrió congelación severa porque no podía secarse ni calentarse durante semanas.

“Soportar el peor invierno registrado en la historia a 18 pisos de altura, en una pequeña plataforma en el cielo, me desafió en todos los aspectos. Mi deseo de sentir calor y secarme, el miedo a morir. Fue llevada al borde de todos los posibles temores que tenía. Y fue a través de esa experiencia que evolucioné como un ser humano”, afirmó.

Oposición, dudas y nuevo aliento

La empresa maderera Pacific Lumber Company

Getty Images
La empresa maderera hizo todo lo posible para obligar a Julia a bajar del árbol.

Pero no todos estaban igualmente impresionados.

Debido a que realizaba un acto de desobediencia civil -pues estaba en territorio que alguien reclamaba que le pertenecía- se había ganado el disgusto de la empresa maderera.

Estaba determinada a sobrevivir, aunque había algunas personas con igual determinación para obligarla a bajar.

“Intentaron varias formas de forzarme a bajar: desde cortar mis suministros y alimentos, dejarme con hambre, hasta sonar bocinas a alto volumen durante toda la noche y el día, durante muchos días, para que no pudiera dormir”.

Hubo momentos de duda en que casi se da por vencida.

“Soy un ser humano. Hubo momentos en los que dije ‘no aguanto más’. Momentos en los que me enrosqué en la posición fetal a llorar, ‘no puedo más, ni un minuto más'”, confesó, pero algo siempre pasaba que el daba nuevo aliento.

“Ya fuera una respuesta de la naturaleza, o alguien llegando inesperadamente con algún tipo de obsequio, o un oso que pasaba por el bosque comiendo bayas -es increíble ver un animal así de grande-. Hubo pequeños incidentes como esos, en momentos en que ya no podía más algo ocurría que me decía puedes aguantar. Un respiro más, un momento más”.

Julia arriba de un secuoya con el panorama de un bosque atrás

Getty Images
A pesar de soportar momentos difíciles, la naturaleza le brindó espectáculos maravillosos.

Con el tiempo algunas cosas de la vida en un árbol se volvieron más fáciles, otras más difíciles.

“Después de las tormentas recolectaba ramas y las tejía con los trozos de lona destrozados y mi techo se convirtió en algo parecido a un cesto de ramas, plástico y cinta adhesiva”.

Constantemente tuvo que rehacer su refugio porque el mal tiempo se lo llevaba cada tanto. Aun así persistió.

“No bajé porque había dado mi palabra que no lo haría antes de hacer todo lo que pudiera”, aseguró.

Victoria

La impresionante protesta de dos años de Julia atrajo la atención a lo largo de todo Estados Unidos y más allá. Le dedicaron varias canciones.

El 18 de diciembre de 1999, la protesta de Julia finalmente terminó. Se había llegado a un acuerdo con la compañía maderera.

Julia y los otros activistas habían logrado recaudar US$50.000 y efectivamente pagaron a la maderera para rescatar el árbol y un área aledaña de unos 12.000 metros cuadrados.

Las cámaras captaron el momento dramático cuando la defensora del medio ambiente descendió en lágrimas.

“Fue una sensación extraordinaria cuando toqué tierra por primera vez. La gente pensó que había caído al suelo porque mis músculos no eran lo suficientemente fuertes. Pero, en realidad, caí al suelo porque las emociones, la energía y todas las sensaciones eran tan profundas que no me podía mantener en pie”.

Activismo continuo

Julia Butterfly Hill está convencida de las repercusiones de su acción en la protección de uno de los tesoros naturales de California y el mundo.

Julia es esposada por la policía durante una protesta en Ilinois en 2001

Getty Images
Después de bajar del árbol, Julia continuó con sus protestas ecologistas que resultaron en arrestos.

“Como nada sucede en un vacío, es científicamente imposible no tener algún impacto”, aseguró a la BBC.

Un año después de que Julia bajara de Luna,lasecuoya fue atacada por un vándalo, quien le hizo al tronco un corte de 80cm de profundidad con una sierra.

Tras una intervención delicada de especialistas que lograron estabilizar el árbol, este sigue en pie, así como los demás que lo rodean.

Y a Julia le queda la inigualable experiencia de haber vivido en él durante casi dos años.

“Hubo tantos momentos profundos y bellos”, recuerda.

“Uno de ellos fue cuando la niebla cubrió el valle completamente. Me desperté temprano en la mañana y vi que nada más estaba yo por encima de la niebla y a medida que salía el sol la niebla se convirtió en una laguna de color dorado, rosado, naranja, azul clarísimo. Una laguna arcoíris”.

No obstante, su activismo no terminó con esas impactantes imágenes.

Julia Butterfly Hill cofundó la Circle of Life Foundation (Fundación Círculo de la Vida), que aboga por la transformación de las interacciones humanas con la naturaleza.

De su experiencia ocupando árboles escribió el libro “El legado de Luna: la historia de un árbol, una mujer y la lucha para salvar los secuoyas”.

Julia Butterfly Hill ocupa un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

Getty Images
En 2006, Julia Butterfly Hill ocupó un árbol en protesta contra el desalojo de agricultores de sus tierras en el área metropolitana de Los Ángeles

En 2002, Hill fue deportada de Ecuador, donde había participado en una protesta contra los planes de la petrolera Occidental de construir un oleoducto que atravesaría territorios indígenas.

Su trabajo en defensa del medioambiente y de los pequeños agricultores continúa, dando charlas, participando en simposios y dictando talleres.


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https://www.youtube.com/watch?v=6kQ0oCfV43I

https://www.youtube.com/watch?v=PpyNdI_pg38&t=42s

https://www.youtube.com/watch?v=d1kdOny_ufM

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