El fiasco del iPhone de la bellota, teléfono móvil español que quería competir con Apple
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El fiasco del iPhone de la bellota, teléfono móvil español que quería competir con Apple

Quiso hacerle la competencia a Apple con un celular de alta gama "made in Spain", comercializado bajo su logo de la bellota mordida. Pero ha acabado convirtiéndose en un fiasco y en el centro de una polémica que ha sacudido al país: el caso "Bellotagate".
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Por BBC Mundo
21 de octubre, 2016
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Se llamaba Zetta en honor a Zafra, el pueblo extremeño de apenas 15.000 habitantes, en España, donde supuestamente nació.

Esta marca de teléfonos inteligentes, cuyo logo es una bellota mordisqueada al estilo de la manzana de Apple (también en homenaje a Extremadura, tierra de encinas), aseguraba vender celulares de alta gama, pero a menos de la mitad de precio que sus competidores.

Su eslogan, “el primer móvil extremeño” hacía referencia a la venta de “terminales de elaboración propia de alta calidad con las últimas prestaciones”, desarrollada en la región española.

Teléfonos ZettaImage copyrightZETTA SMARTPHONES
Image captionSu logo era una manzana mordisqueada al estilo de la manzana de Apple.

La empresa, Zetta Smartphone, fue fundada por dos extremeños, Unai Nieto y Manuel Muñoz, y por un inmigrante chino, Eric Cui, quien tenía una tienda de telefonía móvil.

“Tras más de 5 años en el sector, surgió la idea de crear nuestra propia marca desmartphones“, aseguran en su página web.

Los empresarios dicen que, tras visitar fábricas de teléfonos celulares en Shenzhen, China, “se dieron cuenta de casi todas las grandes marcas tienen su fábrica de montaje en el país asiático, e incluso de que iPhone y Samsung son montados por un mismo fabricante”.

Así fue como “llegaron a la conclusión de que podían realizar su sueño en común:fabricar su propio teléfono inteligente“, relatan.

Y, aunque dicen que han vendido más de 2.000 terminales y dicen tener seis puntos de distribución en toda España (además del local), todo parece indicar que ese sueño se está convirtiendo en pesadilla.

Teléfonos ZettaImage copyrightZETTA/FACEBOOK
Image captionLos teléfonos tienen un precio irrisorio comparado con los de Apple y son “made in Spain”.

Éxito inicial

Durante un tiempo, recibieron bastante atención mediática y pública.

El diario El Español lo definió en un extenso artículo (publicado el 15 de octubre) como “una de las aventuras empresariales más insólitas, valientes y emocionantesde la tecnología patria”.

“La crisis me dejó en paro”, le contaba Nieto al periódico, al tiempo que explicaba cómo conoció a Cui (al comprarse un celular a su tienda) y cómo tuvieron la idea de comenzar a fabricar móviles juntos.

Nieto dijo que, cuando lanzaron su primer celular (en diciembre de 2014), recibieron apoyo del público en general y también de la Junta de Extremadura, la institución que organiza el gobierno de esa región.

El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en noviembre de 2015 con Unai Nieto (izquierda).Image copyrightJUNTA DE EXTREMADURA
Image captionEl presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, en noviembre de 2015 con Unai Nieto (izquierda).

“Quisieron conocer el producto y estar con nosotros. Respaldarlo, interesarse por su desarrollo. Nos sorprendió mucho que la respuesta fuese tan multitudinaria”, dijo Nieto.

“A nivel técnico siempre hemos querido usar la última tecnología. Si las grandes marcas tienen cámaras de 13 megapíxeles, nosotros las montamos de 16. Si están utilizando 2GB de RAM, intentamos meter 3GB”, contaba el extremeño.

Muchos medios escritos y audiovisuales del país se hicieron eco de la noticia.

Pero, en cuestión de días, los titulares nacionales cambiaron de “el iPhone español” al caso “Bellotagate” y a las palabras “fraude” y “estafa”.

El caso “Bellotagate”

Al final, se descubrió que los Zetta podrían ser ,en realidad, teléfonos chinos Xiaomi (que cuestan US$87 menos) modificados en su aspecto exterior.

El supuesto fraude salió a la luz gracias a las comunidades web Forocoches yHTCManía, en donde algunos supuestos usuarios de la marca explicaron por qué creían que se trataba de una estafa.

Según tales informaciones, el “iPhone extremeño” no sería de fabricación propia, como aseguran sus fabricantes. El diseño de uno de sus terminales sería una copia de un modelo de Xiaomi, Redmi Note 2, al doble de su precio original, con el mismo hardware y con otro logo.

Según el testimonio de algunos usuarios, la copia era “de tan mala calidad que se les olvidó borrarle el logo”.

Supuesto terminal Zetta donde se aprecia el logo de Xiaomi.Image copyrightHTCMANÍA
Image captionSupuesto terminal Zetta donde se aprecia el logo de Xiaomi.

Y les acusan de ser tan sólo una marca comercial detrás de la empresa Movishark Europa S.L., la cual estaría registrada únicamente a nombre de Cui, quien después registró varias marcas comerciales, incluida BellotaPhone y, finalmente, Zetta.

La organización de consumidores Facua dijo en un comunicado que, según la Oficina Española de Patentes y Marcas, el propietario de la marca Zetta es, efectivamente el inmigrante chino, cuyo nombre completo es Bojun Cui.

“No hemos estafado a nadie”

Zetta dice que, efectivamente, se apoya en empresas asiáticas, pero rechaza estar vendiendo teléfonos Xiaomi con su marca.

Teléfono XiaomiImage copyrightXIAOMI
Image caption¿Son un plagio de los teléfonos Xiaomi? Zetta dice que no.

“El primer smartphone que sacamos a la venta, el Multiverso 5.5, fue diseñado y realizado por la propia empresa con el apoyo de cadenas de producción chinas“, explican los creadores en un comunicado oficial.

Pero admiten que “en otros modelos, la empresa comparte componentes electrónicos con algunas empresas del sector asiático”, los cuales “mejoran y adaptan para clientes europeos”.

“Nosotros en ningún momento hemos estafado a nadie, y esta polémica nos ha sorprendido“, contó Nieto este viernes en una entrevista radiofónica con Onda Cero Badajoz.

“De China nos viene el producto en bruto, pero la carcasa y el software se adaptan en Zafra para que funcione en el mercado español; se hizo un trabajo de diseñosobre él”.

“El proveedor del material nos dio permiso para modificarlo. De hecho nunca nos puso ningún problema”, agregó.

“Quienes nos acusan no son clientes nuestros. Nuestros clientes nos apoyan“, explicó Cui en ese mismo medio. “Somos una empresa pequeña y estamos intentando salir adelante como podemos”.

ZettaImage copyrightZETTA
Image captionDice ser “el primer smartphone extremeño”.

Por su parte, el fabricante de móviles chino Xiaomi niega tener vinculación alguna con la firma española.

Mientras tanto, las organizaciones de defensa del consumidor aconsejan a quienes compraron el celular que reclamen su dinero.

“Hemos remitido sendas denuncias contra la empresa Zetta Smartphone (Movishark Europa SLU). Y la asociación también espera que la fiscalía inicie actuaciones para investigar y determinar las dimensiones del fraude“, explican desde Facua.

Comentario de FACUA en TwitterImage copyrightFACUA/TWITTER

Según los empresarios, las informaciones “no contrastadas” vertidas en distintos foros y medios de comunicación son “inexactas”.

“Zetta es una pequeña empresa, con apenas 7 trabajadores, que humildemente están trabajando intensamente para ofrecer la tecnología asiática y su uso en España y en Europa para su correcto funcionamiento”, explicaron en un comunicado.

Por el momento, la firma ha tenido que detener la producción mientras el caso del “iPhone extremeño” es investigado por las autoridades.

“No ha habido ninguna sola devolución del equipo y no estamos engañando a nadie“, sostienen los empresarios.

Teléfonos ZettaImage copyrightZETTA
Image captionPor el momento, la compañía ha paralizado la producción de sus terminales hasta que finalice la investigación.
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Chernóbil: los guardias que cuidan a los perros abandonados en la Zona de Exclusión del desastre nuclear

Los descendientes de las mascotas abandonadas por quienes huyeron del desastre de Chernóbil están entablando una curiosa relación con los humanos encargados de proteger el área contaminada.
26 de abril, 2021
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No había pasado mucho tiempo desde su llegada a la Zona de Exclusión de Chernóbil cuando Bogdan se dio cuenta de que su nuevo trabajo incluía a algunos compañeros inesperados. Desde sus primeros días como guardia de control en Chernóbil, ha compartido el lugar con una jauría de perros.

Bogdan (no es su nombre real) está ahora en su segundo año de trabajo en la zona y ha llegado a conocer bien a los perros. Algunos tienen nombre, otros no. Algunos permanecen cerca, otros permanecen separados, van y vienen cuando les place. Bogdan y los otros guardias los alimentan, les ofrecen refugio y ocasionalmente les brindan atención médica. Los entierran cuando mueren.

Todos los perros son, en cierto sentido, refugiados del desastre del 26 de abril de 1986 —hace 35 años—en el que explotó el reactor número 4 en la Central Nuclear de Chernóbil.

Posteriormente, decenas de miles de personas fueron evacuadas de la ciudad ucraniana de Pripyat. Se les dijo que dejaran a sus mascotas.

Los soldados soviéticos dispararon a muchos de los animales abandonados en un esfuerzo por evitar la propagación de la contaminación. Pero algunos de los animales se escondieron y sobrevivieron.

Después de 35 años, cientos de perros callejeros ahora deambulan por la Zona de Exclusión de 2 mil 600 km establecida para restringir la circulación de personas dentro y fuera del área.

Nadie sabe cuáles de los perros descienden directamente de las mascotas varadas y cuáles pueden haber llegado desde otro lugar. Pero ahora todos son perros de la zona.

Sus vidas son peligrosas. Están en riesgo de contaminación radiactiva, ataques de lobos, incendios forestales y hambre, entre otras amenazas. La esperanza de vida promedio de los perros es de solo cinco años, según Clean Futures Fund, una organización no gubernamental que monitorea y brinda atención a los perros que viven dentro de la Zona de Exclusión.

Un perro callejero en la zona radioactiva de Pripyat, la ciudad que quedó abandonada luego del desastre.

Getty Images
Algunos perros que viven en la Zona de Exclusión pueden ser descendientes de las mascotas abandonadas durante la evacuación de 1986, pero otros pueden haber llegado de casualidad.

Es bien sabido que los perros habitan este lugar en ruinas. Algunos de ellos incluso se han convertido en celebridades menores en las redes sociales.

El cofundador de Clean Futures Fund, Lucas Hixson, quien abandonó su carrera de investigación para cuidar de los animales, ofrece recorridos virtuales por la Zona de Exclusión con los perros.

Pero se sabe menos sobre los trabajadores locales que interactúan con estos caninos a diario.

Apodos

Jonathon Turnbull, candidato a doctor en geografía en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, se dio cuenta de que valdría la pena recopilar las historias de estas personas.

“Si quería conocer a los perros”, dice, “tenía que acudir a las personas que mejor los conocían, y esos eran los guardias”.

Lo que descubrió es una conmovedora historia de la relación de los guardias con los animales de este entorno abandonado, una historia sobre el profundo vínculo entre humanos y perros.

Por ejemplo, los guardias han puesto apodos a varios de los perros.

Según Turnbull, está Alpha, cuyo nombre hace referencia a un tipo de radiación, y Tarzán, un perro muy conocido por los turistas de Chernóbil, que puede hacer trucos cuando se le ordena y que vive cerca de la famosa instalación del radar Duga.

Luego está Sausage, una perrita baja y gorda a la que le gusta recostarse sobre las tuberías de calefacción en invierno. Estas tuberías sirven a uno de los edificios utilizados por los trabajadores en la Zona de Exclusión que son parte de los esfuerzos en curso para desmantelar y descontaminar la planta de energía en ruinas.

“Cara de piedra”

El acceso a la Zona de Exclusión de Chernóbil requiere un permiso, por lo que los guardias tienen la tarea de vigilar los puntos de control de entrada y salida del área.

Las personas que esquivan estos puntos de control para entrar sin autorización en la Zona de Exclusión se conocen como “acosadores”. Los guardias los denuncian a la policía.

Cuando Turnbull, que vive en la capital de Ucrania, Kiev, comenzó a hacer visitas regulares a la zona, se encontró con Bogdan y otros guardias de los puestos de control.

Tenían cara de piedra y se mostraban reacios a hablar al principio, así que les llevó vodka y chocolates.

Luego les ofreció la oportunidad de participar en su investigación, que según él fue un “punto de inflexión”.

Los guardias tenían solo una solicitud: “por favor, por favor, traigan comida para los perros”. Eso fue lo que Turnbull hizo.

Sergey Shamray, trabajador de la planta nuclear de Chernóbil le da pedazos de pan a unos perros callejeros, en 2017.

Getty Images
Los guardias alimentan a los perros callejeros.

Turnbull entrevistó a uno de los participantes del estudio en nombre de BBC Future. El guardia en cuestión ha pedido no ser identificado para evitar una acción disciplinaria en el trabajo, por lo que aquí nos referimos a él con el seudónimo de “Bogdan”.

Lealtad

Cuando Bogdan camina por las calles abandonadas de la zona en busca de acosadores, los perros lo acompañan felices, dice. Siempre parecen ansiosos por ver si él o un turista podrían llevar comida. Si un perro de compañía se distrae o sale corriendo para perseguir a un animal, eventualmente regresa a Bogdan, agrega.

La lealtad va en ambos sentidos. Turnbull dice que a veces los guardias se toman la molestia de ayudar a los perros sacándoles las garrapatas incrustadas en la piel o poniéndoles inyecciones contra la rabia.

Monitorear quién entra y sale de la Zona de Exclusión a veces resulta en una ocupación aburrida. Pero siempre hay perros cerca.

En algunos puestos de control, los guardias han adoptado más o menos a algunos de los animales. Los alimentan y les dan cobijo. Pero no todos son tan mansos. Durante su investigación, un guardia le dijo a Turnbull: “No podemos inyectar a Arka porque muerde”.

Otro participante habló de una perrita que era aún más difícil de abordar. Se niega a ser tocada en absoluto. “Debes darle una sartén y marcharte. Ella espera hasta que te vayas y luego come”, explicó el guardia.

Guardias de Chernóbil con un perro callejero en 2017.

Getty Images
Algunos guardias dicen que los perros los alertan de la presencia de intrusos.

Los perros a veces ladran a los extraños a primera vista, esa es su naturaleza, cuenta Bogdan. Pero mientras no se sientan amenazados, a veces se calman y mueven la cola. De vez en cuando, incluso parece que están sonriendo, agrega.

Peligro de radiación

En general, se aconseja a los visitantes de Chernóbil que no toquen a los perros, por temor a que los animales puedan llevar polvo radiactivo. Es imposible saber dónde deambulan los animales y algunas partes de la Zona de Exclusión están más contaminadas que otras.

Además de los perros, hay vida silvestre en la Zona de Exclusión de Chernóbil. En 2016, Sarah Webster, una bióloga del gobierno de EU que trabajaba en la Universidad de Georgia en ese momento, y sus colegas publicaron un artículo en el que revelaron cómo los mamíferos, desde lobos hasta jabalíes y zorros rojos, habían colonizado la Zona de Exclusión.

Los datos de cámaras ocultas mostraron que el número de animales no necesariamente era más bajo en aquellas áreas donde la contaminación radiactiva es mayor.

Los animales que viven en la Zona de Exclusión no están necesariamente confinados allí. Un estudio posterior de Webster y sus colegas, publicado en 2018, detalló los movimientos de un lobo monitoreado con un dispositivo GPS. Viajó 369 km desde la zona, siguiendo un arco largo hacia el sureste, luego nuevamente hacia el noreste, y finalmente entró a Rusia.

Lobos en la zona de exclusión.

Getty Images
También hay lobos en la Zona de Exclusión.

En teoría, los lobos, perros y otros animales podrían transportar contaminación radiactiva, o mutaciones genéticas potencialmente transmitidas por reproducción, a lugares fuera de la Zona de Exclusión.

“Sabemos que está sucediendo, pero no entendemos el alcance o la magnitud”, dice Webster.

Turnbull dice que los guardias generalmente no se preocupan por la radiación, aunque ocasionalmente pueden usar dosímetros para revisar a un perro.

“Asistentes”

En realidad, parece que los perros, a través de la compañía que ofrecen, terminan tranquilizando a quienes interactúan con ellos regularmente, explica Greger Larson, un arqueólogo que estudia la domesticación animal en la Universidad de Oxford y que no participó en la investigación de Turnbull.

“Se están poniendo en la piel de los perros”, sugiere, refiriéndose a los guardias. “Si el perro está bien, eso significa que estás bien”.

Un perro callejero con ojos tristes pide comida en la zona de exclusión.

Getty Images
A pesar de vivir en un área donde los humanos todavía están en gran parte excluidos, los perros alrededor de Chernóbil llevan una vida “próspera”.

Pero en verdad, esto puede ser solo una falsa sensación de seguridad.

“Es un entorno extraño”, señala Turnbull. “No puedes ver el peligro. Estás constantemente consciente de que podría estar ahí, pero todo parece normal”.

A pesar de que los perros podrían representar un riesgo en términos de radiactividad, los guardias como Bogdan enfatizan en cambio los beneficios de tenerlos cerca.

Por ejemplo, afirma conocer perros que ladran de formas notablemente diferentes según lo que hayan visto en la distancia: un humano desconocido, un vehículo, un animal salvaje.

Debido a estas útiles señales de advertencia, Bogdan piensa en los perros como “asistentes”.

“Mundo postapocalíptico”

Lo que está sucediendo en la Zona de Exclusión es un eco de interacciones con perros que se sabe que han ocurrido dentro de las civilizaciones humanas durante miles de años, dice Larson.

Perros en un parque de diversiones de Prypiat, una ciudad abandonada después del desastre.

Getty Images
Los perros de Chernóbil se han vuelto casi tan famosos como la icónica noria del parque de atracciones de Pripyat.

“Vemos esto durante los últimos 15 mil años o más. Esto es lo que la gente hace, asociaciones muy cercanas no solo con perros sino con muchos animales domésticos […] para decir ‘este es nuestro apego al paisaje'”, explica.

En todo el mundo, hay perros que viven en un estado intermedio similar: no del todo domesticados ni del todo salvajes. Estos son los perros que deambulan por las ciudades y áreas industriales en busca de comida, los que pueden ser adoptados hasta cierto punto por las personas, pero que no llegan a considerarse mascotas.

Un cachorro callejero camina a lo largo de unas vías de tren cerca de la planta nuclear de Chernóbil, en 2017.

Getty Images
Un estimado de 900 perros viven en la Zona de Exclusión.

Los perros de Chernóbil también viven en este tipo de espacio, al borde de la domesticación, pero hay una diferencia, según Webster, quien anteriormente ha participado en un estudio distinto al de Turnbull.

“La Zona de Exclusión es muy diferente porque está abandonada por humanos”, relata. “Las únicas personas en ese paisaje en el día a día, en realidad, son los guardias”. Como tal, las oportunidades de los perros para hacerse amigos de los humanos son muy limitadas.

Si bien el mundo exterior sigue fascinado por los perros y su historia, para muchos guardias la conexión es mucho más profunda.

Bogdan dice que a menudo se le pregunta por qué se debe permitir que los perros permanezcan en la Zona de Exclusión.

“Nos dan alegría”, responde. “Para mí, personalmente, esto es una especie de símbolo de la continuación de la vida en este mundo radiactivo y postapocalíptico”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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