Mi padre me inyectó VIH cuando yo era un bebé
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Bailey e Kinney

Mi padre me inyectó VIH cuando yo era un bebé

Cuando el padre de Brryan Jackson le inyectó sangre infectada con VIH esperaba nunca verlo crecer. Más de dos décadas después, sigue lleno de vida y dispuesto a hacer justicia.
Bailey e Kinney
Por Lucy Hancock / BBC
19 de octubre, 2016
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Cuando el padre de Brryan Jackson le inyectó sangre infectada con VIH esperaba nunca verlo crecer. No imaginó que 24 años después estaría enfrentándolo en tribunales, los que han debido escuchar los detalles de su impactante y devastador crimen.

Es hora de almuerzo en el Departamento de Cárceles de Misuri. Brryan Jackson está nervioso y es es llevado desde la ruidosa entrada de la sala de espera hasta una sala blanca y tranquila.

Del otro lado, un hombre que viste un uniforme blanco de prisionero lo está esperando. Es su padre, Bryan Stewart, a quien no ve desde que era un bebé.

Jackson está aquí para leer una declaración que asegure que su padre permanezca tras las rejas por el mayor tiempo posible. Un conjunto de palabras que no creía iba a tener la oportunidad de leer desde que, en 1992, fuera diagnosticado con sida avanzado y desahuciado.

Aferrándose a una sola hoja de papel impreso, Jackson se ubica calmadamente al lado de su madre, a cinco asientos del hombre. “Traté de mantener la mirada hacia delante, no quería hacer contacto visual con él”, cuenta.

Sin embargo, lo puede ver de reojo y por un segundo visualiza su cara.

“Lo reconocí por su foto de prontuario, pero no tengo ninguna conexión con él”, dice Jackson. “Ni siquiera lo reconozco como mi padre”.

La comisión de libertad bajo palabra lo llama a leer su declaración de víctima. Jackson hace una pausa.

“En ese momento me pregunté si estaba haciendo lo correcto, pero mi madre siempre me enseñó a ser valiente”.

“Traté de recordarme que Dios siempre está conmigo. Cualquiera sea el resultado de la audiencia. Dios es más grande que yo, más grande que mi padre, más grande que esa sala e incluso más grande que el Departamento de Justicia”.

Respira hondo, fija sus ojos en la comisión y comienza su relato.

Lo que el desierto se llevó

Comienza hablando sobre cuando sus padres se conocieron en dependencias militares en Misuri, donde ambos estudiaron medicina.

Se mudaron a vivir juntos y cinco meses después, en 1991, su madre quedó embarazada.

“Cuando nací, mi padre estaba muy entusiasmado. Pero todo cambió cuando se fue a la operación ‘Tormenta del desierto’ (la ofensiva aliada en la Guerra del Golfo) y cuando volvió de Arabia Saudita su actitud era completamente distinta”, asegura Jackson.

Stewart comenzó a desconocer a Jackson como su hijo, pidió pruebas de ADN ycomenzó a maltratar verbal y físicamente a su madre.

Cuando finalmente ella lo dejó, la pareja se enfrascó en un amargo conflicto por la manutención de sus hijos, la que Stewart se negó a pagar. Durante esas peleas, Stewart hacía siniestras amenazas.

“Solía decir cosas como: ‘Tu hijo no vivirá más allá de los 5 años’ y ‘Cuando te deje, no va a quedar ningún vínculo entre nosotros'”.

Por esa época Stewart, quien consiguió trabajo tomando muestras para un laboratorio, comenzó secretamente a guardar en su casa muestras de sangre infectadas, algo que los investigadores descubrirían tiempo después.

Brryan Jackson con su padreJackson, a la derecha, con su padre.

“Solía bromear con sus colegas y decir: “Si quisiera infectar a alguien con estos virus, nunca sabrían quién lo hizo“, contó Jackson.

Para cuando Jackson tenía 11 meses, sus padres habían perdido completamente contacto. Pero cuando Jackson cayó en el hospital por un ataque de asma, su madre tomó el teléfono.

“Mi madre llamó a mi padre y le contó. Asumió que le interesaría saber que su hijo estaba enfermo. Cuando lo llamó, sus colegas le dijeron: ‘Bryan Stewart no tiene hijos'”.

El día que estaba siendo dado de alta, Stewart se apareció inesperadamente.

“No era un padre muy presente, así que a todos les extrañó que apareciera”, dice Jackson.

“Mandó a mi mamá a la cafetería por un café, así podía estar a solas conmigo”.

Y cuando no hubo moros en la costa, Stewart tomó una jeringa con sangre contaminada con VIH y se la inyectó.

“Esperaba que me muriera, así no tenía que pagar mi mantención”, dice Jackson.

Su madre volvió y lo encontró gritando en los brazos de su padre. “Mis signos vitales estaban todos alterados porque no sólo me inyectó sangre contaminada con VIH, sino también incompatible con mi grupo sanguíneo“.

Los doctores no entendían nada. Sin tener idea del virus mortal que corría por sus venas, le restablecieron el pulso, la temperatura, la respiración y lo mandaron a casa.

Pero en las semanas que siguieron, la madre de Jackson vio cómo el cuerpo de su hijo comenzó a deteriorarse frente a sus ojos.

Desesperada por un diagnóstico, durante cuatro años “me llevó a un sinnúmero de citas médicas rogándoles averiguar por qué me estaba muriendo”, relata Jackson.

Ninguna de las pruebas que le hacían arrojaba alguna pista.

Si bien era un niño, Jackson se daba cuenta de que la situación era aterradora. “Me acuerdo de despertar en medio de la noche gritando: ‘Mamá, por favor, no dejes que me muera'”, cuenta.

El terrible diagnóstico

Una noche, después de haberle realizado todas las pruebas habidas y por haber, su pediatra despertó de una pesadilla, llamó al hospital y les pidió que le hicieran un test de VIH.

“Cuando llegaron los resultados fui diagnosticado con sida avanzado y tres infecciones oportunistas”.

Los doctores llegaron a la conclusión de que no había posibilidad de que sobreviviera.

“Querían que tuviera la vida más normal que pudiera”, dice. “Así que me dieron cinco meses de vida y me mandaron a casa”.

A pesar del diagnóstico, los médicos siguieron tratando a Jackson con todos los medicamentos disponibles.

Bryan Jackson con su madre.Bryan Jackson con su madre.

Durante su infancia, mantenerse vivo ya era un gran logro. “Un día estaba bien y a la hora siguiente me tenían que llevar de urgencias al hospital por otra infección”, relata.

Quedó con deficiencias auditivas producto de los medicamentos.

Pero mientras otros niños que Jackson había conocido en el hospital no sobrevivían, la salud de Jackson comenzó a mejorar, ante la sorpresa de sus doctores.

De pronto estaba lo suficientemente saludable como para ir al colegio, así que comenzó a ir a clases media jornada, con la mochila llena de remedios y una sonda intravenosa a cuestas.

Como el niño sociable que era, no se daba cuenta del estigma que rodeaba su enfermedad.

“En los ’90 la gente pensaba que podías pegarte el sida por usar el mismo baño. Una vez leí un texto que decía que podías contagiarte incluso por hacer contacto visual”.

No eran los niños los que le tenían miedo, sino sus padres. No lo invitaban a sus cumpleaños, de hecho, no invitaban ni siquiera a su media hermana. Pero a medida que fueron creciendo, los niños empezaron a adoptar los prejuicios de sus padres.

“Me decían cosas como ‘el sidoso, el gay’. Fue entonces cuando comencé a sentirme aislado y solo. Sentía que no había lugar en el mundo para mí”.

El crimen se revela

Cuando tenía 10 años, los cabos sueltos de su enfermedad comenzaron a atarse. Y apuntaron a su padre.

Le tomó años darse cuenta de la magnitud de lo que su padre había hecho.

“Al principio estaba enojado, amargado. Crecí mirando películas donde los padres aman a sus hijos. No podía dejar de pensar en cómo mi propio padre había sido capaz de hacerme algo así“.

“No sólo trató de matarme, sino que cambió mi vida para siempre. Él es el responsable de los abusos, de las burlas, de todos los años de hospital. Él es la razón por la que debo estar constantemente preocupado de mi salud”.

Cuando tenía 13 años y estudiando solo la Biblia en su habitación se dio cuenta de que a través de la fe podía perdonar a su padre.

Perdonar no es fácil, pero no quiero rebajarme a su nivel“.

A pesar de que nació como Bryan Stewart junior, el año pasado le agregó una “R” a su nombre y adoptó el apellido de su madre.

VIH36,7 millones de pesonas viven con VIH, según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud de 2015.

Justicia

“Durante la audiencia él se refirió a mí como su hijo. Traté de alzar mi mano para pedir que se refiriera a mí como su víctima. ¿En qué momento había sido yo su hijo? ¿Era su hijo cuando intencionalmente me inyectó VIH?

En julio, Jackson recibió una carta de la Oficina de Cárceles de Misuri. Le informaba que, considerando la audiencia, se le había negado la libertad bajo palabra a su padre por otros cinco años.

“Todo lo que podía hacer en la audiencia era leer mi declaración y rogar porque se hiciera justicia. Pero ese veredicto me da mucha fuerza”.

“A veces tengo pesadillas con que vendrá a terminar el trabajo que empezó”, cuenta. “Puede que lo haya perdonado, pero creo que debe pagar por lo que hizo”.

Su padre argumentó en su defensa que sufría de trastorno por estrés postraumático luego de su paso por Arabia Saudita. Sin embargo, Bryan no le cree. Dice que él estuvo en reservas militares y que nunca vivió el combate.

La paternidad

Por ahora, Jackson sigue superando todas las expectativas médicas.

“¡Estoy sano como un caballo! ¡Más que un caballo!”, dice.

“En este momento mi conteo de células T es superior a la media. Eso significa que prácticamente no hay ninguna posibilidad de que transmita el virus. Pasé de tomar 23 pastillas al día a una sola. No sé lo que hice, pero por ahora mi VIH es ‘indetectable'”.

“Igual todavía tengo sida”, comenta sin perder la alegría. “Un diagnóstico de VIH es siempre un diagnóstico de VIH”.

Y a pesar de haber tenido un mal padre, no pierde la esperanza de ser uno bueno él mismo.

Me gustaría ser un padre“, dice.

“Un padre es una de las cosas en la vida para las que siento que estoy destinado”.

Me gustaría criar a mis hijos con esperanza. Darles una visión de que el mundo es un lugar lleno de paz y que siempre estaré allí para protegerlos”, asegura.

“De las cosas malas pueden surgir grandes cosas”.

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Getty Images

Coronavirus: cuán agresiva es la variante india y por qué se sabe tan poco sobre ella

India está sumida en una feroz segunda ola d COVID y científicos de todo el mundo estudian la variante surgida allí y cómo de agresiva puede ser.
Getty Images
26 de abril, 2021
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Científicos de todo el mundo investigan una variante del coronavirus identificada en India.

Sin embargo, desconocen hasta dónde se ha extendido o si es la que está impulsando la segunda ola de COVID en el país.

Estas son las principales preguntas en torno a ella:

¿Cuál es la variante de India?

Los virus mutan todo el tiempo, produciendo diferentes versiones o variantes de sí mismos.

La mayoría de estas mutaciones son insignificantes, y algunas incluso pueden hacer que el virus sea menos peligroso, pero otras pueden convertirlo en más contagioso y más resistente a las vacunas.

Esta variante, oficialmente conocida como B.1.617, se detectó por primera vez en India en octubre.

Gente haciendo cola para un test de covid en la región de Jammu y Cachemira.

EPA
Gente haciendo cola para un test de COVID en la región de Jammu y Cachemira.

¿Qué está provocando la segunda ola en India?

India ha estado reportando alrededor de 200,000 casos de COVID al día desde el 15 de abril, muy por encima del pico de 93.000 casos diarios que registró el año pasado.

Y ahora también han aumentado las muertes.

“La sobrepoblación y la densidad de India hace que sea una incubadora perfecta para que este virus registre mutaciones”, dice Ravi Gupta, profesor de microbiología clínica en la Universidad de Cambridge (Reino Unido).

Sin embargo, la ola de casos en India podría haber sido causada por grandes concentraciones de personas y la falta de medidas preventivas como el uso de máscaras o el distanciamiento social.

Una mujer llora la muerte de su marido.

Reuters
India ha reportado unos 200,000 casos de COVID al día desde mediados de abril.

¿Por qué la segunda ola de COVID está siendo tan devastadora?

El doctor Jeffrey Barrett, del Wellcome Sanger Institute (Reino Unido), dice que es posible que también haya una relación de causa y efecto con la nueva variante, pero faltan evidencias.

Señala que se conoce la existencia de la variante desde finales del año pasado: “Si está detrás de la ola en India, le ha costado varios meses llegar a este punto, lo que sugiere que probablemente sea menos transmisible que la variante Kent B117″.

¿Seguirán funcionando las vacunas para esta variante?

Los científicos creen que las vacunas existentes ayudarán a controlar la variante cuando se trate de prevenir que alguien enferme gravemente.

Laboratorio en India

BBC
Un consorcio de 10 laboratorios en India está secuenciando muestras de coronavirus.

Según un artículo publicado en Nature por el profesor Gupta y sus colegas de investigación, algunas variantes conseguirán escapar inevitablemente a las vacunas actuales

Como resultado, se necesitarán cambios en el diseño de las vacunas para hacerlas más efectivas.

Sin embargo, es probable que las vacunas que hay ahora disponibles ralenticen la propagación de la enfermedad.

“Para la mayoría de las personas, estas vacunas pueden significar la diferencia entre ser asintomáticos o sufrir la enfermedad levemente y terminar en el hospital con riesgo de muerte”, dice el doctor Jeremy Kamil, virólogo de la Universidad Estatal de Luisiana (EU).

“Por favor, tome la primera vacuna que le ofrezcan. No cometa el error de dudar y esperar una vacuna ideal”, añade.

¿Hasta dónde se ha extendido?

Las muestras no están lo suficientemente extendidas en todo el país para determinar qué tan lejos o rápidamente se está propagando la variante.

Se detectó en 220 de las 361 muestras recolectadas entre enero y marzo en el estado de Maharashtra, en el oeste del país.

Además se ha detectado en al menos 21 países, según la base de datos global GISAID.

Test de covid

Getty Images
Hay una grave escasez de oxígeno y el sistema de salud se encuentra saturado.

Por ejemplo, en Reino Unido se identificaron 103 casos de esta variante desde el 22 de febrero.

La mayoría de los viajeros procedentes de India tienen prohibida ahora la entrada en Reino Unido.

Y aunque el sistema sanitario de Inglaterra ha incluido la variante de la India como una de varias “variantes bajo investigación”, por ahora no la considera lo suficientemente grave como para ser clasificada como una “variante preocupante”.

¿Es más infeccioso o peligrosa?

Los científicos aún no saben si esta variante es más infecciosa o resistente a las vacunas.

El virólogo Kamil dice que una de sus mutaciones es similar a las observadas en otras identificadas en Sudáfrica y Brasil.

Esas dos mutaciones pueden ayudar al virus a evadir los anticuerpos del sistema inmunológico que combaten el coronavirus según la experiencia de una infección previa o una vacuna.

Calles de la India

EPA
La segunda ola se produce tras la vuelta a la normalidad en la mayoría de las ciudades.

De todas la variantes descubiertas, la más preocupante ahora mismo es una identificada en Reino Unido, que es dominante en el país y se ha extendido a al menos otros 50.

Dudo que la variante india sea más infecciosa que la variante de Reino Unido, y no debemos entrar en pánico”, dice Kamil.

¿Por qué se sabe tan poco sobre ella?

Gran parte de los datos sobre la variante de India están incompletos, dicen los científicos, que disponen de muy pocas pocas muestras de ella: 298 en India y 656 en todo el mundo, en comparación con las más de 384.000 de la variante de Reino Unido.

Y después de los primeros casos registrados en India, se han detectado menos de 400 casos de la variante en todo el mundo, dice Kamil.


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