La Cruzada contra el Hambre ha fallado en sus objetivos: Coneval
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La Cruzada contra el Hambre ha fallado en sus objetivos: Coneval

A dos años de entrar en operación, la Cruzada “incumplió con el propósito central de empoderar a los beneficiarios”, indicó un reporte del Consejo Nacional de Evaluación.
Cuartoscuro Archivo
Por Nayeli Roldán
19 de diciembre, 2016
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La Cruzada Nacional contra el Hambre, el principal programa de combate a la pobreza alimentaria de la actual administración, no ha logrado “empoderar” a los beneficiarios ni convencer a todos los gobiernos locales a sumarse a la estrategia; incluso, hay estados y municipios que “compiten” con la estrategia federal creando estructuras similares a ésta.

Así lo concluye la Evaluación de la coordinación interinstitucional y de participación comunitaria en el marco de la Cruzada.

Esa evaluación forma parte del Balance de la Cruzada Nacional contra el Hambre 2013-2016, realizado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), presentado en marzo pasado.

Para hacer el análisis, el Coneval revisó los registros de la Secretaría de Desarrollo Social sobre la operación en 2014, e hizo trabajo de campo entre julio y octubre de 2015.

La Cruzada Nacional Contra el Hambre es la estrategia estrella del Gobierno Federal que busca, a través de un proceso participativo con los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal) y la autogestión de las propias comunidades, solucionar un problema existente en México: el hambre.

En su estudio Coneval concluye que la Cruzada “incumplió con el propósito central de empoderar a los beneficiarios, de responder a las necesidades identificadas por los comités, de hacerlos corresponsables ni de ejercer contraloría social sobre las acciones de la Cruzada”.

La Cruzada supuestamente estableció un componente de participación comunitaria que involucraba organizar comités y éstos priorizarían sus necesidades, pero “no se definieron los responsables, los espacios ni los procedimientos para incorporar esto en la toma de decisiones sobre la operación de los programas”.

El Coneval expone que “se generaron expectativas en los integrantes de los comités que no han podido ser satisfechas” y aunque se realizó un esfuerzo logístico para instalar comités y realizar los ejercicios de planeación, “no se activaron nuevos procesos”.

En 2013, casi todos los estados contaban con comités instalados con un diagnóstico de las necesidades y un plan comunitario, pero para 2015, en muchos comités el contacto con los promotores (del programa) se había perdido, éstos habían dejado de recibir su pago y los programas sociales que llegaban a los municipios no eran operados por medio de los comités.

Tanto en la Sedesol como en las delegaciones estatales, la áreas vinculadas con participación comunitaria “habían perdido importancia”, mientras que los gobiernos estatales y municipales “no veían en los comités una fuente de información útil para la toma de decisiones”.

Los estados  

La Cruzada ha logrado, en algunos casos, la concurrencia de esfuerzos con estados y municipios, gracias a que el diseño de la Cruzada es lo suficientemente flexible para que los gobiernos estatales puedan contribuir con ella de distintas formas. Sin embargo, esto también es una desventaja, pues “la implementación de la Cruzada depende de la voluntad del gobierno estatal para colaborar con ella”.

En otros casos, el gobierno local “compite con la Cruzada y crea estructuras paralelas, programas similares y compite por beneficiarios”, incluso, aunque el partido político sea el mismo que el gobierno federal, dice el Coneval.

Entre las “resistencias” identificadas por el Coneval está que las dependencias estatales no alienaban sus programas a la lógica de carencias, se duplicaban apoyos, no se compartía información y se creaban estructuras de participación comunitaria paralelas.

Esto ha afectado la operación de la estrategia porque si bien la Cruzada es suficientemente flexible para adaptarse a las características de un estado, “es insuficiente para compensar el desinterés o vencer la resistencia de un gobierno estatal”.

Otro obstáculo es la “poco clara” distribución de competencias en materia de política social entre ámbitos de gobierno ha provocado que haya programas estatales y municipales que se empalman, y realizan las mismas acciones para la misma población objetivo con los mismos propósitos.

Respecto a la planeación presupuestal, la Cruzada no toma en cuenta la información generada en la propia población para resolver sus necesidades. De acuerdo con el Coneval “no se encontró evidencia de que los programas utilicen la información que se genera en los estados y municipios (matrices de inversión), ni en los comités comunitarios (planes comunitarios) para orientar sus decisiones sobre inversión.

Simular coordinación

El Coneval encontró que la Cruzada es una estrategia poco institucionalizada que “depende mucho de las relaciones personales entre funcionarios, de acuerdos informales e incluso de funcionarios clave”, por lo tanto, ante cambios de personal los avances se hacen vulnerables.

“Esto explica que en algunos estados la Cruzada haya servido para potenciar el efecto de los programas y en otros haya sido fácil simular la coordinación”, dice el estudio, por ello recomienda propiciar la institucionalización.

Esto a través de modificar las reglas de operación para incorporar las decisiones de grupos de trabajo para que la atención integral de las carencias “no dependa de acuerdos”, sino de reglas del funcionamiento de los programas.

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Northwestern Medicine

Mayra, la primera persona en recibir un trasplante doble de pulmón por COVID-19

Cuando Mayra Ramírez despertó otra vez a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado. Esta es su historia.
Northwestern Medicine
7 de agosto, 2020
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Cuando Mayra Ramírez despertó a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado.

Estaba en una cama de un hospital de Chicago, conectada a decenas de cables, aparatos y monitores, una escena similar al último recuerdo que tenía, cuando fue ingresada con los síntomas inequívocos de COVID-19 a finales de abril.

Pero las marcas frescas de las cicatrices mostraban que algo había sucedido mientras ella estaba en un coma inducido, en un no-tiempo de inconsciencia y pesadillas recurrentes.

“No fue hasta semanas después de que desperté que me di cuenta de que me habían hecho un trasplante de pulmones el 5 de junio y de que era el primer caso en Estados Unidos que lo recibía como un paciente de coronavirus”, cuenta en entrevista con la BBC.

Los médicos de Ramírez -de 28 años y sin ninguna enfermedad conocida que pudiera agravar su estado- habían visto su salud deteriorarse progresivamente desde que ingresó.

La joven había llegado al hospital con falta de aire, pero unas semanas después sus pulmones ya estaban “como un queso gruyer“.

A inicios de junio, llamaron a la familia en Carolina del Norte para que se despidiera de ella: no le daban dos días de vida.

Pero casi a último minuto los médicos decidieron probar una técnica que, hasta donde se conoce, no se había practicado antes con un paciente de coronavirus en EU.

“Mayra, más allá de la enfermedad, estaba saludable y también es joven, por lo que si éramos capaces de arreglar sus pulmones, todo lo demás debería estar bien”, cuenta a la BBC el cirujano Ankit Bharat, uno de los responsables del trasplante.

Dos días después iniciaron el procedimiento, sin tener ninguna esperanza -o certeza- de cuáles serían los resultados.

El lugar del silencio

Mayra, que es originaria de Carolina de Norte, se había mudado en 2014 a Chicago, donde comenzó a trabajar como asistente legal.

Mantenía una vida saludable: le gustaba correr, viajar y en su tiempo libre solía visitar a sus amigos o su familia o jugar con sus perros.

Cuando la pandemia comenzó a golpear el estado de Illinois, el temor de enfermarse la llevó a reforzar las precauciones: comenzó a trabajar de forma remota y asegura que apenas salía de casa.

Mayra

Northwestern Memorial Hospital
Mayra todavía se recupera de su operación.

Pero en abril comenzó a sentirse inusualmente mal y algunos síntomas recurrentes se mostraron como un mal augurio.

“Es la cosa más difícil por la que he pasado en mi vida. Estaba trabajando desde casa cuando empecé a perder el olfato y el sabor. Estaba muy cansada, me faltaba el aire y no podía caminar grandes distancias”, recuerda.

Contactó con la línea nacional de COVID para seguir sus consejos. Le recomendaron que se aislara en casa y vigilara sus síntomas.

Pero cada día se sentía peor.

“El 26 de abril ya no pude soportar más y fui a emergencias. Tomaron mis signos vitales y mi oxígeno en sangre estaba muy bajo. A los 10 minutos ya me estaban pidiendo que designara a alguien para que pudiera tomar decisiones médicas por mí“, recuerda.

Fue su último recuerdo por más de un mes.

Una cama de hospital

BBC
La joven estuvo en un ventilador por más de un mes.

La joven fue sedada y conectada casi inmediatamente a un respirador y a una máquina ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), un dispositivo que brinda soporte cardíaco y respiratorio.

“Estuve durante seis semanas en el respirador”, dice.

De todo ese tiempo solo recuerda unos malos sueños que todavía la atormentan.

“Durante esas semanas tuve pesadillas que todavía me afectan hoy, mientras todavía sigo tratando de recuperar algunas capacidades mentales y cognitivas”, asegura.

El momento decisivo

Pero luego de un mes y medio en un respirador Mayra no mostraba mejoría y sus pulmones ya mostraban daños irreversibles.

“Entonces fue cuando le dijeron a mis padres que yo tenía un daño pulmonar agudo y les pidieron que vinieran al hospital a decir adiós porque yo no pasaría de la noche”.

El equipo médico del Chicago’s Northwestern Memorial Hospital, sin embargo, decidió tomar una decisión arriesgada: completaron una evaluación urgente, la consultaron con la familia y como último recurso decidieron someterla a un trasplante doble de pulmón.

Era un procedimiento que se había probado antes en países como Austria y China para pacientes de coronavirus, pero no existía referencia hasta ese momento de otro caso similar en EU.

“Inmediatamente después del trasplante su corazón comenzó a bombear sangre de forma correcta a todos los demás órganos”, afirma el doctor Bharat.

“Cuatro semanas después estaba fuera del hospital. Ahora está en casa, hablando bien, con niveles de oxígeno adecuado”, agrega.

Según un comunicado del hospital, el caso de Ramírez y de otro hombre sometido poco tiempo después a una intervención similar muestran que los trasplantes dobles de pulmón pueden ser también una opción para casos críticos de coronavirus.

Para Ramírez, tras la operación, no solo comenzó el largo proceso de la recuperación, en el que ha tenido que aprender a respirar e incluso a caminar de nuevo.

También, dice, ha tenido que lidiar con las profundas cicatrices emocionales y psicológicas que los últimos meses han dejado en su vida.

“Ahora me siento mucho mejor que cuando desperté tras el trasplante. Estuve durante tres semanas en un proceso de rehabilitación que me ha ayudado drásticamente a mejorar mis habilidades físicas, pero todavía estoy tratando luchar con esto desde un punto de vista mental”.

“Es un proceso lento, pero estoy mucho mejor”.

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