El año más violento del sexenio: los homicidios dolosos aumentan en 24 estados
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El año más violento del sexenio: los homicidios dolosos aumentan en 24 estados

Con casi 19 mil casos y más de 20 mil víctimas, 2016 ya es el año con el mayor número de homicidios en lo que va del sexenio de Peña Nieto.
Cuartoscuro Archivo
Por Arturo Angel
22 de diciembre, 2016
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El alza de los homicidios en 2016 se ha extendido a la mayor parte del país: en promedio tres de cada cuatro estados registra este año un incremento en el número de asesinatos, con repuntes hasta del 300 por ciento.

A nivel nacional, la incidencia de los homicidios se ha elevado este año más de 20 por ciento, lo que equivale a casi tres mil 500 crímenes más que los registrados en 2015.

Los datos oficiales actualizados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP)  arrojan que, de enero a noviembre de este año, se han registrado 18 mil 915 casos de homicidio dolosos. Se trata del año con el mayor número de asesinatos en lo que va del sexenio.

En 2013, primer año de la administración de Enrique Peña Nieto, la cifra durante los primeros once meses fue de 16 mil 890 homicidios; para 2014 los asesinatos bajaran  a 14 mil 382 casos; el 2015 en cambio, registró un primer repunte con 15 mil 566 homicidios dolosos, mientras que en 2016 el nivel ya se disparó a casi 19 mil casos.

En el balance mensual de noviembre dejó un saldo de mil 851 averiguaciones por homicidio dolosos. El dato es positivo si se compara con octubre y septiembre en donde hubo una mayor cantidad de asesinatos, sin embargo, es un alza del 25 por ciento respecto a noviembre del año pasado.

De hecho, una comparación mes a mes entre 2015 y 2016 revela que no ha habido un solo mes este año en que el registro de homicidios esté por debajo del registro del año pasado.

Los homicidios registrados en todo el país en 2016 equivalen a una tasa de 15.47 asesinatos por cada cien mil habitantes. Es en promedio de uno a dos casos más respecto a la tasa de homicidios de 2015.

En promedio los números arrojan que, de enero a noviembre del presente año, se cometieron al día al menos 57 asesinatos, un promedio 2.3 homicidios por hora.

Los homicidios de 2016 han dejado como saldo más de 20 mil 800 víctimas de asesinato en el país (cada investigación de un caso de homicidio puede incluir varias víctimas).

Dicha cantidad, pese a que aún no termina el año, ya supera al total de víctimas registradas en todo el 2015 que fue de 18 mil 673 personas asesinadas, y al de todo el 2014 que fue de 17 mil 324.

AABalance

Violencia en el 75% del país

El gobierno ha sostenido hasta ahora que el repunte de la violencia que se registra en 2016 no es un hecho generalizado sino una situación que se concentra en apenas 50 municipios. Pero los datos oficiales revelan que, en el balance general, los homicidios dolosos se han incrementado en el 75 por ciento de los estados, es decir en 24 de las 32 entidades federativas.

En términos porcentuales, entre los estados que registran un alza de violencia la situación menos grave es la de Hidalgo en donde el incremento es de 4.65 por ciento en los once meses de 2016, respecto al mismo periodo de 2015; en el otro extremo, el incremento más dramático es el de Colima con un alza de casi 300 por ciento de sus homicidios en 2016.

Los datos evidencian que en el caso de Colima la situación no mejora luego de que en noviembre pasado el estado registró 55 homicidios, la segunda cifra mensual más alta de esta entidad en lo que va del año.

Luego de Colima, el estado de Veracruz es la entidad con el mayor incremento de homicidios en 2016. De enero a noviembre acumula ya mil 126 casos, mientras que en el mismo periodo de 2015 la cifra era de 505 casos. El incremento es de 123 por ciento.

Desde 1997 – año más antiguo del registro oficial – Veracruz no había roto nunca la barrera mensual de los cien homicidios, hasta que en julio pasado se registraron 132. A partir de ahí ya son cinco meses consecutivos con más de un centenar de asesinatos. En noviembre la cifra fue de 133 homicidios.

El tercer estado con el mayor crecimiento de homicidios en 2016 es Zacatecas con un alza del 92 por ciento de 2015 a 2016. La lista de los cinco casos más graves la completa Michoacán con un alza en la incidencia de homicidios del 69 por ciento y Campeche con 64 por ciento.

Las únicas ocho entidades que no registran un incremento de los homicidios en 2016 son Aguascalientes, Chiapas, Coahuila, Durango, Estado de México, Nayarit, Querétaro y Quintana Roo.

En cuanto a las tasas de homicidio que son las que ponen en la misma proporción los casos y evidencian cuales son los estados más violentos,  Colima tiene la más alta con un promedio de 72 homicidios al menos por cada cien mil habitantes. Le sigue Guerrero con 57 homicidios por cada cien mil habitantes, Sinaloa con 35 homicidios, Chihuahua con 29 y Morelos con 28.

Para poner en proporción lo anterior, la tasa promedio de homicidios a nivel nacional es de 15 casos por cada cien mil habitantes.

Estrategia desconocida

En agosto pasado, en la sesión del Consejo Nacional de Seguridad, el presidente Enrique Peña Nieto aseguró que pondría en marcha una nueva estrategia en 50 municipios que concentraban más del 40 por ciento de los homicidios. Animal Político publicó, a partir de los datos  oficiales, cuáles eran los municipios con más casos de homicidio (sin tomar en cuenta las tasas).

El 20 de diciembre, en una nueva sesión del Consejo, el gobierno federal hizo énfasis en que esta estrategia ha permitido frenar el incremento de los homicidios en los dos últimos meses.

Pero hasta ahora no se ha hecho público ningún detalle oficial relacionado con esta estrategia. No se sabe en qué consiste, qué autoridades participan, y tampoco cuales son – oficialmente – los municipios en los que ya estaría funcionando.

María Elena Morera, presidenta de la Organización Causa en Común y que participó en las sesiones del Consejo Nacional de Seguridad de agosto y de este mes confirmó que ni siquiera a ellos les han dado detalles de la supuesta estrategia.

“Nos llama la atención porque dicen que las cifras van mejorando de homicidios cuando los números indican lo contrario. Han hablado de que se debe a esta estrategia pero no sabemos ni en que consiste ni cuáles son los municipios. Esto además de las dudas que nos genera que hayan seleccionado a estas localidades por el número total de homicidios sin tomar en cuenta otros factores”, dijo.

Secuestros, también con repunte

El 2016 también ha sido un mal año en materia de secuestros. Aunque en menor proporción que los homicidios, este delito registra un incremento del 6.45 por ciento a nivel nacional. De enero a noviembre suman mil 22 los caso, mientras que en el mismo periodo del año pasado eran 960 casos.

Estos casos de secuestro corresponden solo a los denunciados ante las procuradurías y fiscalías estatales. A ellos se sumarían los que en su momento reporte la Procuraduría General de la República a nivel federal.

Los cinco estados con las tasas más altas de secuestro en 2016 son Tamaulipas con 3.77 plagios denunciados por cada cien mil habitantes; le siguen Tabasco con una tasa de 3.11 casos, Zacatecas con 2.27, Morelos con 1.80 y Guerrero con 1.84 casos.

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Cómo se formará el próximo supercontinente en la Tierra

Lejos de estar fijos, los continentes no han estado organizados tal como los vemos hoy día en el pasado. ¿Es posible saber dónde estarán ubicados dentro de millones de años?
9 de abril, 2022
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Hace casi 500 años, el cartógrafo flamenco Geradus Mercator produjo uno de los mapas más importantes del mundo.

Ciertamente no fue el primer intento de crear un atlas mundial, y tampoco fue particularmente preciso: Australia está ausente y las Américas están dibujadas de forma aproximada.

Desde entonces, los cartógrafos han producido versiones cada vez más precisas de esta configuración continental, corrigiendo los errores de Mercator, así como los sesgos entre hemisferios y latitudes creados por su proyección.

Pero el mapa de Mercator, junto con otros producidos por sus contemporáneos del siglo XVI, reveló una imagen verdaderamente global de las masas terrestres de nuestro planeta, una perspectiva que, desde entonces, ha persistido en la mente de la gente.

Lo que Mercator no sabía es que los continentes no siempre han estado posicionados de esta manera. Él vivió alrededor de 400 años antes de que se confirmara la teoría de la tectónica de placas.

Al mirar las posiciones de los siete continentes en un mapa, es fácil suponer que están fijos. Durante siglos, los seres humanos han librado guerras y hecho la paz por conquistar estos territorios, bajo el supuesto de que su tierra, y la de sus vecinos, siempre ha estado allí y siempre lo estará.

Sin embargo, desde la perspectiva de la Tierra, los continentes son hojas a la deriva en medio de un estanque. Y las preocupaciones humanas son una gota de lluvia en la superficie de la hoja.

Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea. Y antes de eso, hay evidencia de otros que se remontan a más de tres mil millones de años: Pannotia, Rodinia, Columbia/Nuna, Kenorland y Ur.

Ilustración de la Tierra durante el Jurásico temprano

Getty Images
Los siete continentes alguna vez estuvieron reunidos en una sola masa, un supercontinente llamado Pangea.

Los geólogos saben que los supercontinentes se dispersan y ensamblan en ciclos: ahora estamos en la mitad de uno.

Entonces, ¿qué tipo de supercontinente podría existir en el futuro en la Tierra? ¿Cómo se reorganizarán las masas de tierra tal como las conocemos a muy largo plazo?

Un terremoto inusual

Resulta que hay al menos cuatro trayectorias diferentes que podrían seguir. Y muestran que los seres vivos de la Tierra algún día residirán en un planeta muy diferente, más parecido a un mundo alienígena.

Para el geólogo Joao Duarte de la Universidad de Lisboa, el camino para explorar los futuros supercontinentes de la Tierra comenzó con un evento inusual en el pasado: un terremoto que sacudió Portugal un sábado por la mañana en noviembre de 1755.

Fue uno de los terremotos más poderosos de los últimos 250 años, que dejó un saldo de 60.000 muertos y provocó un tsunami a través del océano Atlántico. Lo que lo hizo particularmente raro fue su ubicación.

“No debería haber grandes terremotos en el Atlántico”, dice Duarte. “Fue extraño”.

Ilustracion del terremoto de Lisboa

Getty Images
Ilustracion del terremoto de Lisboa de 1755.

Los terremotos de esta escala generalmente ocurren en o cerca de las principales zonas de subducción, donde las placas oceánicas se sumergen debajo de los continentes y se derriten y consumen en el manto caliente.

Involucran colisión y destrucción. El terremoto de 1755, sin embargo, ocurrió a lo largo de un límite “pasivo”, donde la placa oceánica que subyace al Atlántico se transforma suavemente en los continentes de Europa y África.

Proyecciones

En 2016, Duarte y sus colegas propusieron una teoría de lo que podría estar pasando: los puntos de sutura entre estas placas podrían estar deshaciéndose y podría estar avecinándose una ruptura importante.

“Podría ser una especie de mecanismo infeccioso”, explica. O como el vidrio que se astilla entre dos pequeños agujeros en el parabrisas de un automóvil.

Si es así, una zona de subducción podría estar a punto de extenderse desde el Mediterráneo a lo largo de África occidental y tal vez más allá de Irlanda y Reino Unido, generando volcanes, formación de montañas y terremotos en estas regiones.

Duarte se dio cuenta de que, si esto sucede, podría provocar el cierre del Atlántico. Y si el Pacífico continuara cerrándose también, lo que ya está ocurriendo a lo largo del “Anillo de Fuego” que lo rodea, eventualmente se formaría un nuevo supercontinente. Lo llamó Aurica, porque las antiguas masas de tierra de Australia y las Américas se ubicarían en su centro.

Se vería así:

Aurica

Davies et al
Aurica, el supercontinente que podría formarse si el Atlántico y el Pacífico se cerraran (Credit: Davies et al).

Luego de que Duarte publicara su propuesta para Aurica, se preguntó por otros escenarios futuros. Después de todo, la suya no era la única trayectoria supercontinental que habían propuesto los geólogos.

Entonces, comenzó a conversar con el oceanógrafo Matthias Green, de la Universidad de Bangor, en Gales. La pareja se dio cuenta de que necesitaban a alguien con habilidades computacionales para crear modelos digitales.

“Esa persona tenía que ser alguien un poco especial, a quien no le importara estudiar algo que nunca sucedería en escalas de tiempo humanas”, explica.

Esa resultó ser su colega Hannah Davies, otra geóloga de la Universidad de Lisboa. “Mi trabajo consistía en convertir dibujos e ilustraciones de geólogos anteriores en algo cuantitativo, georreferenciado y en formato digitalizado”, explica Davies. La idea era crear modelos que otros científicos pudieran desarrollar y perfeccionar.

Pero no fue sencillo. “Lo que nos ponía nerviosos es que se trata de un tema increíblemente nuevo. No es lo mismo que un artículo científico normal”, dice Davies. “Queríamos decir: ‘Está bien, entendemos mucho sobre la tectónica de placas después de 40 o 50 años. Y entendemos mucho sobre la dinámica del manto y todos los demás componentes del sistema. ¿Hasta dónde podemos llevar ese conocimiento al futuro?'”.

Esto llevó a cuatro escenarios. Además de modelar una imagen más detallada de Aurica, exploraron otras tres posibilidades, cada una de las cuales se proyecta hacia el futuro en aproximadamente entre 200 y 250 millones de años a partir de ahora.

El primero fue lo que podría pasar si continúa el statu quo: el Atlántico permanece abierto y el Pacífico se cierra. En este escenario, el supercontinente que se forma se llamará Novopangea. “Es el más simple y el más plausible según lo que entendemos ahora”, dice Davies.

Novopangaea

Davies et al
Novopangea se formará si la actividad tectónica conocida hoy continúa sin sorpresas (Crédito: Davies et al).

Sin embargo, también podría haber eventos geológicos en el futuro que conduzcan a situaciones diferentes.

Un ejemplo es un proceso llamado “ortoversión” donde el océano Ártico se cierra y el Atlántico y el Pacífico permanecen abiertos. Esto cambia las orientaciones dominantes de la expansión tectónica, y los continentes se desplazan hacia el norte, todos dispuestos alrededor del Polo Norte, excepto la Antártida.

En este escenario, se forma un supercontinente llamado Amasia:

Amasia

Crédito: Davies et al).
Si se forma Amasia, será porque los continentes se desplazaron hacia el norte (Crédito: Davies et al).

Finalmente, también es posible que la expansión del lecho marino en el Atlántico pueda disminuir. En el medio del océano, hay una cresta gigante que divide dos placas y atraviesa Islandia hasta el océano Antártico.

Aquí, se está formando nueva litosfera, que es como una cinta transportadora. Si esta expansión se ralentizara o se detuviera, y si se formara un nuevo límite de placa en subducción a lo largo de la costa este de las Américas, se obtendría un supercontinente llamado Pangea Ultima, que parece un enorme atolón:

Pangea Ultima

Crédito: Davies et al
Pangea Ultima se vería rodeado por un gran océano, pero tiene un mar central dentro (Crédito: Davies et al).

Estos cuatro modelos digitales ahora significan que los geólogos tienen una base para probar otras teorías. Por ejemplo, los escenarios podrían ayudar a los científicos a comprender los efectos de diferentes arreglos supercontinentales en las mareas, así como el clima del futuro profundo: ¿cómo sería el clima en un mundo con un océano enorme y una masa terrestre gigante?

Para modelar el clima de un supercontinente, “no se pueden usar los modelos del IPCC , y punto, porque no están diseñados para eso”, dice Duarte. “No puedes cambiar las variables que necesitas cambiar”.

Exoplanetas

Los modelos de los futuros supercontinentes de la Tierra también pueden servir como indicador para comprender el clima de los exoplanetas. “La futura Tierra es completamente ajena”, explica Davies. “Si estuvieras en órbita sobre Aurica, o Novopangea, probablemente no lo reconocerías como la Tierra, sino como otro planeta con colores similares”.

Esta idea llevó al trío a colaborar con Michael Way, físico del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA. Él y sus colegas buscan estudiar climas en mundos alienígenas modelando las variaciones del nuestro a lo largo del tiempo.

“Solo tenemos tantos ejemplos de cómo puede verse un clima templado. Bueno, tenemos un ejemplo para ser honesto: la Tierra, pero tenemos la Tierra a través del tiempo”, dice Way. “Tenemos los escenarios del pasado, pero al movernos hacia el futuro y usar estos maravillosos modelos tectónicos para el futuro, esto nos brinda otro conjunto para agregar a nuestra colección”.

Necesitas tales modelos porque puede ser difícil saber qué buscar al analizar exoplanetas potencialmente habitables desde lejos.

Planeta

Getty Images
¿Qué tipo de configuración continental podrían tener los mundos extraterrestres rocosos?

Lo ideal sería saber si un planeta tiene un ciclo de supercontinente, porque la presencia de vida y la tectónica de placas activas podrían estar entrelazadas. El posicionamiento continental también podría afectar la probabilidad de agua líquida.

A través de los telescopios, no se pueden ver los continentes y la composición atmosférica solo se puede inferir. Entonces, los modelos de variaciones climáticas podrían revelar alguna señal indirecta que los astrónomos podrían detectar.

Variaciones

El modelo de Way de los climas del supercontinente -que se demoró meses usando una supercomputadora- reveló algunas variaciones sorprendentes entre los cuatro escenarios.

Amasia, por ejemplo, conduciría a un planeta mucho más frío que el resto. Con la tierra concentrada alrededor del Polo Norte y los océanos menos propensos a llevar corrientes cálidas a latitudes más frías, se acumularían capas de hielo.

Aurica, por el contrario, sería más suave, con un núcleo seco pero con costas similares a las de Brasil hoy día, con más agua líquida.

Paisaje verde

Getty Images
Un planeta con una configuración continental diferente, tendría otro clima.

Es útil saber todo esto, porque si un exoplaneta similar a la Tierra tiene placas tectónicas, no sabremos en qué etapa del ciclo del supercontinente se encuentra actualmente y, por lo tanto, necesitaremos saber qué buscar para inferir su habitabilidad.

No debemos suponer que las masas terrestres se dispersarán, a mitad de ciclo, como la nuestra.

En cuanto al futuro de nuestro propio planeta, Davies reconoce que los cuatro escenarios de supercontinentes que han modelado son especulativos, y puede haber sorpresas geológicas imprevistas que cambien el resultado.

“Si tuviera una Tardis para ir a ver, no me sorprendería que, en 250 millones de años, el supercontinente no se pareciera en nada a ninguno de estos escenarios. Hay tantos factores involucrados”, dice.

Sin embargo, lo que se puede decir con certeza es que las masas de tierra que damos por sentadas algún día se reorganizarán en una configuración completamente nueva.

Los países que alguna vez estuvieron aislados unos de otros serán vecinos cercanos. Y si la Tierra aún alberga seres inteligentes, podrán viajar entre las antiguas ruinas de Nueva York, Pekín, Sídney y Londres sin ver un océano.

Este artículo se publicó en BBC Future. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


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