Lo mejor de Animal Político en 2016: Hospitales llenos y sin medicinas, el calvario de pacientes
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Cuartoscuro

Lo mejor de Animal Político en 2016: Hospitales llenos y sin medicinas, el calvario de pacientes

En los hospitales públicos no hay jeringas ni gasas, los pacientes convalecen en sillas de metal en los pasillos y los doctores atienden a 70 pacientes al mismo tiempo. Este es solo un ejemplo de lo que pasa en esos sitios.
Cuartoscuro
Por Por Manu Ureste
28 de diciembre, 2016
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cintillo-2016

Nota del editor: Este texto fue publicado el 7 de julio de 2016. La fecha se actualizó para presentarlo como uno de los mejores materiales de Animal Político este año.

“Lo siento señora. No sé de qué paciente me habla”, dice la doctora en tono neutro y observa el rostro de otra mujer de unos 50 años que le pregunta irritada cuándo piensa atender a su hermana.

–Mire, de verdad que lo siento –la médico cambia el tono frío por una sonrisa al ver los ojos hinchados y enrojecidos de la mujer–. Pero ya no puedo hacer más de lo que hago. Estoy yo sola para atender a 70 pacientes.

La doctora observa el pasillo repleto de camillas que esperan acomodo en algún lugar. Esboza otra sonrisa y comienza a caminar rápido para mezclarse de nuevo entre las enfermeras y canastos de sábanas sucias.

La mujer la observa alejarse y su rostro, más que enfado, refleja un profundo cansancio.

–No te preocupes –le dice a su hermana, quien camina arrastrando el gotero de suero–. Seguro que la doctora pronto nos atiende.

Mucho dinero, pocos doctores

“No hay duda: México ha destinado más recursos para la atención de la salud en los últimos diez años”, dijo el secretario de Salud, José Narro, el pasado 24 de junio en una rueda de prensa.

Ese mismo día recordó que la inversión en Salud entre el año 2000 y el 2016 ha crecido de manera constante en el país. De acuerdo con Hacienda, el dato es certero: solo en los últimos seis años, el presupuesto destinado al Ramo 12 Salud aumentó 47%: pasó de 89 mil 892 millones en 2010 a 132 mil 216 este año. Una diferencia de 42 mil 324 millones de pesos al alza.

Incluso, desde que el presidente Enrique Peña Nieto llegó a Los Pinos, la inversión en Salud subió más de 10 mil millones de pesos: de 121 mil 856 millones en 2013 a 132 mil 216 este año.

Por el otro lado, miles de médicos marcharon apenas el pasado 22 de junio en 82 ciudades en protesta por la falta de medicamentos y seguridad para ejercer su profesión. Y la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) recibió, de 2013 a mayo de 2016, 8 mil 498 quejas contra personal de instituciones públicas de salud, siendo precisamente el IMSS el que más acumula con el 72% de los casos.

Y ahora, en este hospital del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en el Estado de México, una enfermera me dice que la siga para mostrarme cómo es que trabajan en realidad los hospitales en el país.

Nos falta todo”

Gladys no se llama Gladys. Pero hace unos minutos, después de identificarme como periodista aprovechando que ningún guardia de seguridad pasa por la zona, llegamos a un acuerdo: yo protejo su identidad para evitar represalias laborales, y ella me introduce con sigilo al dispensario de medicamentos.

Una vez dentro de la habitación, un cuarto con paredes amarillentas que rezuma olor a desinfectante, Gladys me muestra un panorama muy parecido al que otros doctores y enfermeros de estados como Chiapas, Jalisco, Nuevo León, Durango, Veracruz, o el mismo Estado de México, describieron en esta nota.

–Mire, aquí es donde deberíamos tener las jeringas –me muestra un enorme hueco vacío en una de las estanterías–. Y en esta otra estantería deberíamos tener las agujas y nada, está vacío. Tampoco tenemos antibióticos, que es lo más básico en un hospital. Ni vendas, ni sondas, ni guantes. Ni catéteres. Nada.

–¿Esto ya lo han reportado? –pregunto.

–Claro, las autoridades ya saben lo que pasa aquí.

–¿Y qué le dicen al paciente cuando no tienen nada que ofrecerle?

La enfermera casi suelta una carcajada, pero se contiene.

–¿Qué qué le decimos? Pues que trabajamos con lo que hay.

De acuerdo con el IMSS, la situación es distinta. Al menos en el papel, todo son buenas noticias exceptuando retos como mejorar la atención de enfermedades crónicas, tales como la diabetes. Por ejemplo, según el informe que acaba de enviar al Congreso sobre su situación financiera, se consiguió sanear las cuentas; la simplificación de trámites; la modernización de la infraestructura; la construcción de hospitales; y reducir tiempos y costos en trámites.

Además, en 2016 se logró un “nivel histórico en el abasto de medicamentos” con la compra consolidada, en la que se adquirió mil 760 claves de medicamentos y material de curación, con una inversión de casi 48 mil millones de pesos, “convirtiéndose en la más grande del sector público”,

Y dato muy importante: según el IMSS, el número de quejas por “negativa de medicamentos” bajaron 40.2% en 2015 (9 mil 197 quejas en 2014 frente a 5 mil 502) y hasta 84.6% entre enero y junio de este año, lo que refleja que las acciones para mejorar el abasto “han impactado en la satisfacción de la derechohabiencia”.

Es más, el grado de satisfacción en este rubro es tal, que el IMSS asegura que “no se tiene conocimiento de quejas por parte del personal médico relacionado al tema de falta de medicamentos (aquí puedes leer en pdf la respuesta del IMSS ante los cuestionamientos de falta de medicinas).

“Lo normal es que el paciente la pague con el médico y lo agreda”

Gladys abre la puerta del dispensario y se cerciora de que no hay guardias, ni ningún supervisor que nos pueda delatar.

–Ya puede salir –me dice entre susurros.

La enfermera cierra con llave la habitación y antes de despedirse con una mueca cómplice, me comenta que no hay problema si quiero hablar con las otras compañeras de la planta, “porque todas estamos hartas de trabajar en estas condiciones”.

No obstante, su recomendación final es que platique con la doctora que hace unos minutos le dijo a una mujer que atendía a 70 pacientes.

Una hora más tarde, rozando las 12 del mediodía, la médico aparece de nuevo por la sala de espera.

La abordo con cautela. Le explico que no soy familiar de ningún paciente y que, en realidad, busco documentar las condiciones en las que trabajan.

La doctora me estudia en silencio durante unos segundos.

-Está bien, pero no hablemos aquí –me contesta mirando desconfiada hacia el pasillo-. Vayamos a otra planta que esté más tranquila.

Subimos las escaleras –sólo uno de los tres ascensores funciona y se le da prioridad a las camillas-, hasta que encontramos un sitio apartado y comenzamos a conversar.

-Doctora, antes la escuché decir que usted atiende a toda una planta. ¿Eso es cierto? –le pregunto a quemarropa.

La médico, a la que llamaremos Carmen también para evitar represalias laborales, mete ambas manos a los bolsillos de la bata blanca.

-Lo que pasa es que no tenemos médicos internos, que somos los héroes anónimos que sacamos el trabajo en los hospitales –explica-. Y por eso ahorita estoy yo sola para 70 pacientes.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la escasez de médicos no es algo exclusivo de un solo hospital. Según el Estudio sobre el Sistema Mexicano de Salud 2016, aunque el número de médicos per cápita se ha incrementado en México, pasando de 1.6 doctores por mil habitantes en el 2000 a 2.2 en 2013, la cifra sigue siendo inferior al promedio de la OCDE, de 3.2.

De hecho, de los 34 miembros que integran la organización, México está dentro del ‘top 10’ de naciones con menos médicos por mil habitantes, superado por países como Corea, Polonia, Eslovenia o Irlanda.

En cuanto a las enfermeras, la situación es aún peor: hay 2.6 enfermeras por cada mil habitantes, dato muy alejado del promedio OCDE de 9.1. De hecho, México es el lugar siete dentro del grupo de 10 países con menos enfermeras.

-¿Cómo se le explica esta escasez de personal médico a un ciudadano que paga sus cuotas al seguro social? –le vuelvo a preguntar a Carmen.

-Bueno, lo normal es que el paciente se enoje y la pague con nosotros, agrediéndonos con insultos, amenazas o golpes. Porque no hay suficiente personal para tanta población, ni suficiente material, ni las condiciones del hospital son tampoco las idóneas.

-Dígame un ejemplo: ¿qué es lo que más falta en este hospital?

En este punto, la doctora ríe abiertamente.

-¡Uy! –exclama-. Esa es una pregunta difícil. Creo que sería más fácil decirte qué es lo que sí hay, porque nos faltan muchas cosas.

A continuación, a la lista recitada por la enfermera Gladys, Carmen añade que les faltan tubos para extraer sangre, situación que los obliga a retrasar la obtención de muestras, provocando a su vez que el paciente tenga que esperar más días hospitalizado.

Incluso, la doctora dice que es común que se reprogramen varias veces las intervenciones quirúrgicas porque no tienen lo mínimo para operar.

-Nos falta hasta el agua y el jabón. Es decir, algo tan básico para un cirujano como poder lavarse las manos previo a una cirugía, algo tan básico –remarca la médico-, no existe en este lugar.

1.6 camas de hospital por cada mil habitantes

Decir que bajar al área de Urgencias es como descender al averno, sería una exageración y además un tópico muy manoseado.

Sin embargo, no es exagerado describir que nada más enfilar la ruta que lleva hasta esta área, el ambiente contrasta con el del resto de plantas. Aquí -anoto en la libreta-, el aire es más pesado. Y los aromas a heces, alcohol cutáneo, yodo, y a los fluidos que brotan de las heridas, se intensifican hasta provocar una leve sensación de mareo.

-Se supone que deberíamos tener entre 20 y 25 pacientes, pero a veces hemos tenido hasta 80 en primer contacto –me confiesa Fernanda, otra doctora que aceptó darme “un tour” por Urgencias a cambio de no revelar su identidad.

-Por eso hay personas que se quedan hasta tres días sentadas en una silla, porque no hay camas suficientes –dice ahora, mientras ambos caminamos lentamente observando filas de personas que nos miran con los rostros apagados.

-¿Pero cómo? ¿Lo normal es que estén en sillas? –le insisto a la doctora, tras hacerle ver que entre esas personas hay ancianos.

-Sí, sí, es lo normal –encoge los hombros-. O si tienen suerte, en alguna camilla que ya esté rota y nadie la esté usando.

Sobre este punto, el informe de la OCDE también deja mal parado a México: en el país sólo hay 1.6 camas de hospital por cada mil habitantes. De hecho, México es el segundo lugar en el ranking de países de la OCDE con menos camas de hospital junto con Colombia, superando solo a India, con 0.5 camas.

No obstante, advierte Fernanda a continuación, lo peor no es tanto que haya pacientes sin camas. Sino los riesgos que corren, tanto el personal médico, como los propios pacientes, de contraer alguna bacteria en un área tan sobrepoblada de enfermos.

-Aquí abajo, el paciente tiene riesgo de venir con una enfermedad y salir con otra distinta –explica la médico-. Porque en esta área tenemos pacientes de todo tipo y de todas las enfermedades, y por eso algunos necesitan estar aislados del resto.

El problema, dice, es que solo cuentan con una o dos camas de aislados, que además tienen que usar para atender a otros pacientes de Urgencias.

-Por eso, si la persona no viene muy grave, tratamos de darle algún medicamento y le aconsejamos que mejor se vaya a su casa. Porque, aunque suene paradójico, allí va a estar mucho más seguro que aquí.

Tras culminar el ‘tour’, la médico me pide que vayamos a otra planta para platicar alejados de la mirada de sus supervisores.

Una vez en el lugar que ella escoge, le pregunto por esos miles de millones de pesos que, cada año, el gobierno mexicano invierte en la salud y en la compra de miles de medicamentos e insumos para los hospitales públicos.

La doctora escucha la pregunta con el ceño fruncido. Se sienta sobre una mesa vacía en la que debería haber computadoras y una impresora para imprimir recetas y documentos, y a continuación dibuja una mueca de desaprobación en el rostro.

-Pues la verdad, yo no sé si a este hospital esté llegando ese dinero –dice aún con el ceño fruncido.

-Porque como has podido ver, no tenemos ni jeringas. De hecho, para las curaciones solo nos dan un paquete de gasas y con eso arréglatelas como puedas. En realidad –concluye Fernanda mientras observa a los enfermeros correr por los pasillos-, los médicos tenemos que hacer milagros con lo poco que tenemos.

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BBC THREE

“Mi novio murió por culpa de teorías conspirativas sobre el cáncer”

La desinformación en internet puede ser peligrosa. Aimee cree que en el caso de su novio Sean llegó a ser mortal. Aquí cuenta cómo ambos terminaron atrapados en un mundo de terapias alternativas contra el cáncer con un triste final.
BBC THREE
28 de julio, 2020
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Aimee, de 23 años, conoció a su novio Sean en una organización juvenil en Liverpool, Inglaterra. Le gustaba mucho cantar y acababa de unirse al coro.

“Solíamos hacer juntos pequeños conciertos con mi coro y la banda de música de Sean”, dice ella. “Nos lo pasábamos en grande, así fue como lo conocí: a través de la música”.

Aimee describe a Sea como la persona más divertida que ha conocido nunca: “Él era el alma de la fiesta. Le encantaba estar en el escenario y tocar su guitarra. Era conocido en Liverpool por su banda. Siempre feliz y amable”.

Aimee solo llevaba unos meses saliendo con Sean cuando a él le diagnosticaron un linfoma de Hodgkin por segunda vez. Ella sabía que Sean había tenido cáncer a los 17 años y que había estado meses con quimioterapia, pero aún así fue chocante cuando se lo volvieron a diagnosticar.

En ese momento, los médicos que trataban a Sean le dijeron que tenía al menos el 50% de posibilidades de sobrevivir a largo plazo si se sometía a quimioterapia. Pero tras leer mucho en internet, Sean creyó que podría curarse del cáncer haciendo una desintoxicación y cambiando su estilo de vida, evitando así los agotadores efectos secundarios que recordaba de la quimioterapia.

Sean

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Sean tocaba en una banda de música. Aimee lo recuerda como la persona más divertida que llegó a conocer.

Sean también confió en “escáneres termográficos” (imágenes que muestran mapas de calor del cuerpo). Los tomó como una garantía de que los tratamientos alternativos estaban funcionando, aunque el sistema de salud británico (NHS) advierte de que no existen evidencias de que la termografía sea una manera efectiva de detectar o controlar el cáncer.

Aimee dice que para ella los escáneres, que se promocionaban como “libres de radiación”, le estaban dando una falsa esperanza: “Me tranquilizaron un poco, así que hasta que no ingresó en el hospital yo pensaba que estaban funcionando”.

Por desgracia, ambos se equivocaron. El autotratamiento de Sean no funcionó, y en enero de 2018 fue trasladado de urgencia al hospital.

Estaba muy, muy enfermo, visiblemente enfermo. Pero como yo había estado junto a él tanto tiempo no podía verlo. Una amiga me dijo: ‘Aimee, Sean no tiene muy buen aspecto'”.

“Yo solía responder cosas como, ‘¡oh! es la reacción de Herxheimer’, lo cual significa que vas a peor antes de ir a mejor. Eso es lo que se decía en muchos foros de medicina alternativa”.

“Hasta que no llegamos al hospital y nos dijeron, ‘a lo largo de este año, cuando pensaban que se estaba reduciendo, en realidad estaba creciendo’, no me di cuenta de que no había funcionado”.

Los médicos encontraron un tumor del tamaño de un pomelo en el estómago de Sean y otros tres más por su cuerpo. Sean murió en enero de 2019. Tenía 23 años.

"Yo no lo apoyaba ni su madre tampoco, pero poco a poco nos absorbimos por completo en ese mundo de terapias alternativas".", Source: , Source description: , Image:

“Los memes eran una fuente de ideas para tratamientos”

Poco después de que a Sean le dijeran que su cáncer había regresado, decidió rechazar la quimioterapia. Él y su novia comenzaron a ver incontables videos de YouTube y documentales, y a escuchar conferencias.

Aimee dijo que ella y Sean se sumergieron en foros y comunidades de internet dedicadas a “curar el cáncer de forma natural”.

“Al principio yo pensaba: ‘¿Cómo te vas a curar tu propio cáncer?’ Me impactó tanto que le dije: ‘La verdad es que no creo que debas hacer esto'”.

“Yo no lo apoyaba ni tampoco su madre, pero poco a poco nos absorbimos por completo en este mundo”.

Sean se hizo vegano, probó el aceite de cannabis y comenzó a hacerse enemas de café para tratar de curarse a sí mismo. Empezó a documentar su experiencia en Facebook Lives y obtuvo un gran número de seguidores.

“Hablábamos entre nosotros sobre teorías de la conspiración, discutíamos sobre ellas y consolidábamos nuestras creencias”, agrega Aimee.

Memes sin referencias sobre su origen compartidos en la comunidad online se convirtieron en fuente de ideas para tratamientos, reforzando sus puntos de vista.

Meme sobre la industria farmacéutica

INSTAGRAM
“La industria farmacéutica no crea curas; crea CLIENTES”, se lee en este meme.

“Creo que la gente no se daba cuenta del papel tan importante que jugaron los memes y ese tipo de cosas; verlos sin pensar en la pantalla del celular nos hacía reforzar de cierta manera lo que pensábamos día tras día”.

Por ejemplo: “Las cerezas neutralizan la acidez en el cuerpo y matan células cancerígenas”, se lee en una publicación de Instagram.

En cuanto a por qué se creían información de internet no respaldada científicamente, Aimee dice que era “en parte porque queríamos tener esa esperanza”.

“De cierta manera nos estábamos agarrando a ello. Era tan convincente la forma en la que estaba escrito y cómo hablaban de ello personas carismáticas… Eran muy buenos y simplemente parecía verdad“.

“Me sentí traicionada por ese mundo de terapias alternativas”

Aimee dice que siente mucha rabia por los dos años en los que su novio pudo haber recibido tratamiento en el hospital y no lo hizo.

“Lamentaba la vida que podríamos haber tenido juntos, pero también trataba de ser fuerte por él y de no mostrar que me sentía triste”.

“El mundo de las terapias alternativas se aprovecha de las personas cuando están en su punto más vulnerable“.

“Me sentí tan traicionada por ese mundo… Cuando me di cuenta por primera vez de que había sido radicalizada, fue como una crisis de identidad. No podía creer lo que acababa de ocurrir”.

Meme sobre cómo acabar con el cáncer

BBC THREE
“Mata de hambre al cáncer”, se lee en esta infografía. En los gráficos se recomienda no comer carne procesada, ni azúcar, ni edulcorante, ni lácteos, ni organismos genéticamente modificados, ni aceites hidrogenados.

No fue hasta que Sean no se estaba muriendo que Aimee no pensó que las terapias alternativas no curarían su cáncer.

“No le vi durante un mes -a petición de él- porque él se sentía un poco abatido y le avergonzaba lo débil que estaba y no quería que lo viéramos así. Obviamente, a mí no me importaba. Pero recuerdo ir a verle y cómo me impactaba”.

Ella rememora cómo se sentaba junto a Sean cuando él estaba en cuidados paliativos: “Tenía una cama de hospital en casa, yo le agarraba la mano y trataba de hablar sobre cualquier cosa para distraer su mente”.

“Él siempre solía pedirme que le diera masajes porque estaba muy muy dolorido. Y yo bromeaba preguntándole cuándo me iba a dar masajes él a mí”.

En julio del año pasado, seis meses después de la muerte de Sean, Aimee escribió un mensaje privado en Instagram: “Mis opiniones sobre los tratamientos alternativos contra el cáncer han cambiado, creo que le costaron la vida a Sean“.

Aimee y su novio Sean

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Sean murió con tan solo 23 años.

Layla, una amiga de la universidad de Aimee, recuerda haber seguido la experiencia de Sean a través de internet y le escribió para averiguar más sobre tratamientos alternativos contra el cáncer.

Ahora que ha hecho un documental para BBC Three sobre Sean, dice: “Parece que todo el mundo en Liverpool estaba siguiendo la historia de Sean. Siempre era algo positivo, el periódico local publicó un artículo diciendo que había superado su pronóstico”.

“Pero de repente Sean desactivó todas sus cuentas en redes sociales y solo hubo silencio”.

Layla recuerda pensar que un día, como periodista, le gustaría compartir la historia de Sean: “Pensé que el mundo sabría que puede que logres curarte sin el método convencional, pero la trágica realidad es que esa no fue la historia que aquí se contó, y cuando el propio Sean se dio cuenta ya era demasiado tarde“.

Aimee quiere advertir a otros sobre los peligros de la desinformación, especialmente para quienes han sido diagnosticados recientemente con cáncer.

“Solo quiero que la gente realmente piense en la historia de Sean . Este es el documental que Sean hubiera necesitado ver hace dos años”.

Es demasiado tarde para Sean, pero Aimee cree que el gobierno podría evitar que otros pierdan a sus seres queridos de la misma manera.

“Hay que hacer algo sobre las terapias alternativas y la información falsa en internet porque es muy peligroso”.

Lee el artículo original en inglés en BBC Three


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https://www.youtube.com/watch?v=Sgamt2D5CMs

https://www.youtube.com/watch?v=OPBtbIkRIUc

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