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De la barrera natural al doble muro: así ha crecido la separación fronteriza entre México y EU
Mientras que George W. Bush es el presidente que más millas de muro ha construido, en la administración Obama se han invertido 75 millones de dólares para el fortalecimiento de la frontera con México.
Por Guillermo Arias
7 de diciembre, 2016
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El muro fronterizo del candidato electo de Estados Unidos, Donald Trump, en realidad ya existe en una parte de la frontera y tiene más de veinte años.

En la década de 1990, autoridades estadounidenses comenzaron a levantar una valla metálica. Los primeros trazos de esa división fronteriza se hicieron colocando verticalmente las placas de acero que el ejército utilizó en la Guerra de Vietnam para asegurar que las aeronaves aterrizaran en terreno firme.

La división física inició entre 1993 y 1994 con una valla metálica de 22 kilómetros. Para 2009, en el Congreso ya se habían discutido y votado distintas leyes que permitieron ampliar el cerco fronterizo a mil kilómetros e incluso contar con zonas de ‘doble muro’ o dos tipos de vallas para frenar el paso entre los países.

Todavía en 2012, durante la carrera presidencial en Estados Unidos, la plataforma del partido Republicano incluyó la promesa de ampliar esa valla y multiplicar las zonas con doble cerco, aunque la propuesta no prosperó.

Siempre cambiante, el muro adopta múltiples formas de acuerdo al territorio por el que pasa. [/animalp-quote-highlight]

La frontera México-Estados Unidos es de 3 mil 152 kilómetros y divide a cuatro estados: California, Arizona, Nuevo México y Texas; de seis entidades mexicanas: Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

La valla que comenzó a construirse en la década de 1990, bajo la administración de Bill Clinton, sólo cubre mil de esos 3 mil kilómetros y se encuentra en los estados de California, Arizona y Nuevo México. En el resto de la frontera hay barreras naturales que hacen casi imposible el cruce ilegal.

Pese a ello, la principal promesa de Donald Trump sobre seguridad fronteriza es construir un muro de concreto a lo largo de todo el cruce fronterizo.

Ese muro se convertiría en una barrera física para los 1.4 mil millones de dólares en fuerza laboral y mercancía que cruzan la frontera diariamente, según los datos del Departamento de Estado y la Cancillería mexicana.

El muro representa una moneda de cambio en el discurso político, que se contradice con la cotidianidad de las comunidades divididas y paisajes interrumpidos. [/animalp-quote-highlight]

Dos décadas con una valla fronteriza

El muro metálico que divide los dos países se levantó para tener una separación física entre las ciudades de San Diego y Tijuana; y frenar la inmigración ilegal.

Autoridades estadounidenses implementaron entre 1993 y 1994 los Operativos Gatekeeper y Hold the Line en California y Texas, respectivamente, para frenar la migración ilegal y el cruce de drogas.

Al levantamiento de una valla metálica se sumó la instalación de iluminación tipo estadio, sensores de movimiento y herramientas de visión nocturna.

Lee: Una historia no contada de la frontera entre México y Texas, Estados Unidos.

Según datos de la Patrulla Fronteriza estadounidense, éstos operativos redujeron los cruces ilegales en 70% y motivaron el levantamiento de otras vallas en distintos puntos de la frontera.

Tras los atentados terroristas de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York, el entonces presidente George W. Bush creó el Departamento de Seguridad Interna que impuso mayores controles en la frontera.

La Patrulla Fronteriza y la Agencia de Aduana y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) quedaron bajo jurisdicción de ese nuevo Departamento y los agentes fronterizos aumentaron. Durante la administración Bush se pasó de 9 mil a 21 mil agentes.

Pero los cambios también pasaron por el Congreso. En octubre de 2006 el presidente Bush firmó una ley para tener una “valla segura” (Secure Fence Act).

Gracias a esta legislación es que se construyó el cerco de 700 millas (1,100 kilómetros) que separa actualmente a México de Estados Unidos con una barrera física.

Esta legislación aumentó la tecnología usada en la frontera para la detención de migrantes. El Congreso aprobó 1.2 mil millones de dólares para la construcción de la valla.

Para abril de 2009, Estados Unidos ya había construido 985 kilómetros de valla tanto para peatones como vehículos.

El costo es incierto. Al monto inicial aprobado se sumaron millones más. El primar cálculo contempló un millón de dólares por milla de valla, pero según los reportes del Departamento de Seguridad Interna el costo final fue de 3.8 millones por milla, monto que no incluye lo que llamaron “gastos por complicaciones en el terreno”.

Una de las últimas propuestas para aumentar la barrera física entre México y Estados Unidos se presentó en el Congreso en 2008, cuando se habló de aumentar la ley ‘Secure Fence’.

El entonces secretario de Seguridad Interna, Michael Chertoff, dijo en ese año que asegurar la frontera con una valla extendida por los 3 mil kilómetros tendría un costo de 4 mil millones de dólares dependiendo del material utilizado. Habló de utilizar una valla estándar con alambre y electrificada o un muro de 12 pies de alto.

A casi diez años de distancia, el candidato electo Donald Trump calcula que su muro para toda la línea fronteriza tendrá un costo de 8 mil millones de dólares.

Obama y el muro

El actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, también ha aumentado la seguridad en el cerco fronterizo.

Actores que convergen en ambos lados de la frontera coinciden en que el muro no significa necesariamente una seguridad efectiva, sino simplemente una primera línea que controla flujos de personas y vehículos.[/animalp-quote-highlight]

Un reporte al Congreso sobre seguridad fronteriza indica que durante la administración Obama se han invertido 75 millones de dólares para fortalecer la frontera con México.

Aunque la valla física no ha aumentado, el gobierno de Obama sí ha invertido en incrementar la seguridad en el paso fronterizo natural. Se han establecido al menos doce bases navales en ríos que dividen a los dos países.

 

*Guillermo Arias 
Vive en Tijuana. Es fotógrafo desde 1993  y se especializa en periodismo. En 2009 recibió mención honorífica  en el World Press Photo, en la categoría de Temas contemporáneos. Lo que aquí se presenta es una muestra del estado actual del muro fronterizo en los estados norteamericanos de California, Arizona, Nuevo México y Texas, y en los mexicanos de Baja California, Sonora y Chihuahua. El trabajo lo ha realizado a lo largo de 2015 y 2016 con el apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte.
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BBC
Infierno en casa: la pesadilla de los padres obligados a vivir con sus hijos adultos por razones económicas
Sue Elliott-Nicholls adora a su hijo de 23 años, pero la convivencia en la casa familiar puede ser una pesadilla. Él está de acuerdo.
BBC
10 de abril, 2019
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Es muy común en América Latina —y cada vez más en otras partes del mundo— que los hijos sigan viviendo en la casa familiar años después de que han empezado a trabajar, por la brecha que existe entre los alquileres y los salarios. Sue Elliott-Nicholls y su hijo Morgan Elliot concuerdan en que la convivencia puede ser una pesadilla. Esta es la historia, contada por Sue, con comentarios de Morgan.


Es un día particularmente cálido de primavera. Llego a la casa. He tenido un buen día en el trabajo y fue muy agradable regresar a la casa en bicicleta. Disfruto de las noches ahora que hay más luz.

Llego temprano. Apenas son las cuatro de la tarde. Quizás pueda tomarme una taza de te en el patio.

Y de repente, me azota.

Abro la puerta de la casa y me envuelve un aire caliente como si fuera un ventarrón del Sahara.

¡Tiene la maldita calefacción encendida!

Le cuento a una vecina. Ella saca un tapón de bañera de su bolsillo y me lo muestra.

“Lo saco así no puede pasarse toda la tarde en la bañera, mientras yo trabajo para asegurarme de que tengamos un techo”, dice.

Puede que estés pensando en que las dos estamos en relaciones amorosas disfuncionales. Y, de alguna manera, lo estamos… ¡Pero con nuestros hijos!

Tienen alrededor de 20 años y se ven obligados a vivir con nosotros porque sus salarios no les alcanzan para pagar una renta en Londres (y me refiero solo a la renta, olvídate de las cuentas).

Según el centro de investigación Civitas, el 49% de los jóvenes de 23 años vive con sus padres. En 1998, era el 37%.

Estos son nuestros hijos. Los que no son lo suficientemente privilegiados como para disfrutar los servicios del “banco de mamá y papá”, pero son lo suficientemente privilegiados como para disfrutar (o no) la vivienda de sus padres, a una renta muy subsidiada.

Debo decir que en este punto, mi hijo Morgan no es un vago. Es trabajador, motivado para hacer dinero y salir adelante en la vida.

Me da un poco de pena. Después de vivir tres años en Manchester, disfrutando de su independencia, dejando los platos sucios por días y toallas mugrientas por el suelo, tener que regresar a vivir en una pequeña habitación en una casa donde pueden escuchar todas tus conversaciones —y hasta tu respiración— debe ser desesperante.

¿Pero cómo hago para dejar de ser una madre pesada y dejar tranquilo a mi hijo?

Comentario de Morgan: esta chaqueta Moncler en la que gasté casi todo mi préstamo estudiantil no es lo suficientemente abrigada para las condiciones árticas en las que me he encontrado recientemente.

Creo que ni un oso polar podría sobrevivir las temperaturas que nos hace soportar mi madre. Es irónico que gaste literalmente US$13 por día en café, pero no pueda pagar por calentar la casa para su querido hijo.

Morgan

BBC
Morgan contribuye en las tareas domésticas, pero no hace las cosas del mismo modo que su madre.

Hay vasos en lavaplatos que está lleno de agua sucia porque lo cargaron mal. Él tiene un título universitario, ¿cómo es posible que no sepa poner un vaso en el lavaplatos?

El chorizo delicioso para la cena familiar desapareció. ¿Quizás pueda usar una pechuga de pollo para la cena? No, aparentemente no. ¿O las costillas de cordero? No, tampoco. No quedaron ninguna de estas cosas.


“¿Qué?”, dice. “No me dijiste que no las coma”.

Hemos retrocedido. Ha vuelto a ser un adolescente petulante y yo, una gritona.

Comentario de Morgan: dado que soy su hijo, tiene sentido que mi madre quiera alimentarme. Sin embargo, este no parece ser el caso. A veces, veo un pedazo de pollo en la nevera y puede que decida cocinarlo. El teléfono de mi madre está apagado, pero seguro que darle a su hijo algo de comer no puede ser un gran problema. No es así. Una pequeña decisión mía se ha transformado en una situación por la que me pueden echar de la casa. Y esto no es una exageración. “¡Eres un hombre de 23 años!“, me grita. “¡Exactamente! ¡Y un hombre de 23 años necesita comer!”.

Hablemos de la calefacción. ¿Mencioné antes lo de la calefacción?

Si hace frío y estoy trabajando en la casa, prendo le estufa en una habitación. Imagina mi furia cuando lo veo por la casa en camiseta y calzoncillos, con todos los radiadores encendidos.

¿Qué hago en esta situación?

  • Opción 1: le doy unos golpes. No, tiene 23 años. Esta no es una opción.
  • Opción 2: le digo que pague más de alquiler y me arriesgo a una discusión por dinero.
  • Opción 3: entro en modo zen y pago más por la calefacción e ignoro la voz dentro mío que me dice que es tremendo.
  • Opción 4 : le pido que se vaya si no puede hacer nada para que no aumenten las cuentas. Parece un poco drástico…

Es el gasto escondido lo que Morgan no ve. Cuesta dinero poner a andar el lavarropas solo por un par de cordones.

El horno encendido al máximo por una salchicha y que luego queda prendido todo el día cuesta dinero.

“He estado pensando en apagar el gas cuando estamos fuera”, se ríe mi marido. Yo también me río, hago una pausa y le pregunto. “¿Se puede?”.

Él le cuenta a nuestro hijo cómo, en su época, se esperaba que contribuyera con la mayor parte de su sueldo a las arcas familiares.

Tony, Morgan y Sue Elliott-Nicholls

BBC
Parece que hemos hecho una regresión, dice Sue.

“Pero eso fue hace 350 años y eran tiempos más difíciles”, digo, una vez más, desautorizándolo como cuando los niños eran pequeños. Toda la familia está haciendo una regresión.

Si fuésemos compañeros de casa, ya nos habríamos matado.

Pero más tarde, como suele pasar en las familias, nos reímos todos juntos en la cocina y nos olvidamos de los malos ratos.

Hasta la próxima vez…

Comentarios de Morgan: Desafortunadamente para mí, tengo muchos amigos ricos, por eso la idea de que mi mamá tome dinero mío en vez de darme dinero para ayudarme a pagar un alquiler me parece absurda. No es un problema en sí y entiendo que hay que pagar las cuentas, pero parece que mi alquiler aumenta casi todos los meses.

Mi mamá busca cualquier excusa para subirla y cuánto más gano, más quiere que pague. El sistema parece un engaño de esos de internet. Un contrato de seis meses al menos me permitiría hacerme una idea de qué presupuesto necesito para los próximos meses. Y eso, por supuesto, incluye la compra de zapatos deportivos.

Morgan dice que se siente juzgado por nosotros y, en cierto punto, es verdad.

Pero también siento que él nos juzga. Cuando nos tiramos en el sofá el viernes por la noche con unas cervezas y unas papitas fritas, y los chicos empiezan a salir en el momento en que estamos pensando en ir a dormir, me siento una fracasada.

Cuando salimos o cuando vienen a visitarnos amigos, se lo cuento orgullosa a mis hijos y me doy cuenta de que estoy esperando aprobación. “Mira tengo amigos, tengo una vida social, soy cool yo también”.

Comentarios de Morgan. Hablando de juzgar, imaginen este escenario que no es hipotético: acabo de llegar del trabajo y estoy completamente exhausto. Tengo ganas por una vez de fumar un porro. En el verano me iría muy feliz a fumar en el parque, pero en este preciso momento el jardín me parece lo más apropiado. Pero, si me descubre mi madre, va a pensar que son un drogadicto. Y, a juzgar por la conmoción que causa el hecho de que suba la calefacción, no creo que tenga el dinero suficiente como para mandarme a un centro de rehabilitación este año. Además, la ventana de mi hermano está abierta y si el viento empuja el humo hacia su cuarto, mi padre se dará cuenta y tendré que dejar de fumar. No que él haya sido mejor que yo a mi edad.

Sí es verdad, juzgo. Noto sus zapatillas nuevas.

“¿Por qué compras zapatos deportivos de US$200 cuando deberías estar ahorrando para el depósito de un departamento”, menciono casualmente.

Apenas estas palabras salen de mi boca me arrepiento. Cuando yo era joven, de hecho eso era cuando él era un bebé, yo me compraba ropa cara porque en ese entonces no tenía esperanzas de poder comprar una casa.

“Si pago renta, al menos debería poder traer chicas a casa”, dice Morgan.

Bueno, chicas sí, pero amigas. En última instancia, esta es aún una casa familiar.

Morgan y Spencer

BBC
Morgan y su hermano Spencer. Ambos viven aún con su familia.

Viviendo en una casa con todos hombres, no hay nada que me guste más que que venga una chica. Casi les suplico que no se vayan cuando las veo salir por la puerta.

Pero esta no es una casa de solteros, así que si vienen, me gustaría al menos verlas y hablar con ellas.

Ahora me siento como una mojigata. Una neurótica y miserable mojigata.

¿Otras culturas lo harán mejor? ¿Tienen reglas?

Comentarios de Morgan: Son las 3 de la mañana en Shoreditch (un lugar de salida de los jóvenes en Londres). Y puede que haya encontrado a mi posible futura esposa. Dimos vuelta por la zona como 10 veces tratando de encontrar un bar abierto pero no tuvimos suerte. Actúo como si no tuviera un lugar donde llevarla.

Claro que tengo, pero no sé cuán cómodo será que conozca a mi familia tan pronto. Ellos asumirán que es mi novia y empezarán a hacerle preguntas. O peor, ¿y si el baño está hecho un asco?

Me estoy empezando a preguntar si no sería bueno alquilar algo barato. Cuando era joven, era más fácil llevar chicas, pero ahora ya son mujeres.

“Apenas se vaya lo vas a extrañar”, dice una amiga.

“Y luego vuelven y tienes que acostumbrarte, y luego se van de nuevo”.

Morgan y Spencer

BBC
Aunque Morgan trabaja y está motivado para ganar dinero, su salario no alcanza para pagar una renta en Londres.

Un estudio llevado a cabo por la London School of Economics dice que este ir y venir de los hijos causa un deterioro en la salud mental de los padres.

Pero sé que lo extrañaré cuando se vaya. Mis hijos tienen ahora 17 y 23, y cuando estamos todos juntos charlando en la cocina o cuando los escucho reír en la sala, me emociona pensar en lo fantásticos que son.

Son una compañía excelente, graciosos, interesantes, considerados y divertidos.

Un día se irán. “Pero eso está bien”, me digo. “Regresarán muy pronto”.


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