Lo mejor de 2016: Acoso en el transporte público: las mujeres llevan las de perder al denunciar
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Cuartoscuro

Lo mejor de 2016: Acoso en el transporte público: las mujeres llevan las de perder al denunciar

Las cifras oficiales de violencia sexual contra usuarias del transporte han bajado, pues se promueve que la víctima otorgue el perdón a su agresor y no siga un proceso ante las autoridades.
Cuartoscuro
Por Eréndira Aquino
31 de diciembre, 2016
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Era diciembre de 2014, Ana caminaba por un puente peatonal cerca del Metro Taxqueña, en la Ciudad de México, cuando un hombre se le acercó por la espalda y le tocó las nalgas. Ella gritó pidiendo ayuda. Dos señores se acercaron y retuvieron al sujeto, mientras ella corría a buscar un policía. Los oficiales le preguntaron si quería denunciar y ella contestó que sí.

A pesar de que fue atacada en Taxqueña, en el sur de la ciudad, Ana y su agresor fueron conducidos hasta la agencia del Ministerio Público de la delegación Venustiano Carranza, ubicada en el oriente. “Íbamos en el mismo vagón él y yo, el agresor y la víctima, después supe que por protocolo no se puede viajar en el mismo vagón. Yo iba muy nerviosa, era la primera vez que me pasaba, tenía miedo”, recuerda.

“En cada proceso que pasaba, en cada oficina, me decían que si quería continuar con la denuncia y que si no, podíamos llegar a un arreglo. Me decían que me ofreciera una disculpa y ahí quedara la cosa”, dice Ana acerca de cómo las autoridades de Inmujeres, del Metro y de la PGJ de la Ciudad de México trataron de convencerla de desistir.

“No te motivan a querer denunciar. No es agradable pasar ahí tanto tiempo. Estuve en el proceso desde las 6:00 de la tarde hasta las 3:00 de la mañana del día siguiente”, recuerda. “La cotidianidad de estos actos los vuelve invisibles, incluso tú como mujer los pasas por alto. Dices ‘ah, es normal que me digan tal o cuál cosa’. Incluso cambias tus hábitos por miedo, como la vestimenta que usas a diario,es como una forma de autodefensa”.

Ana ignora si la persona que la atacó fue castigada. “No quise regresar a ese lugar (el Ministerio Público). La verdad, lo único que quería era que mi agresor sintiera un poco de miedo. Que supiera qué es sentirse vulnerable. Saber que había estado detenido, que tenía una denuncia en su contra, que pasó la noche encerrado, fue suficiente para mí”.

Usted disculpe

Las agresiones sexuales que se comenten en el transporte público de la Ciudad de México, como la que sufrió Ana, no se denuncian debido a que las autoridades promueven que la víctima acepte una disculpa de su atacante. Así lo reconoce Teresa Incháustegui, directora general del Instituto de las Mujeres (Inmujeres) de la Ciudad de México, quien agrega que eso ha permitido disminuir las cifras oficiales de violencia sexual contra usuarias, aunque eso no significa que se cometan menos abusos de este tipo.

Señala que eso ha aumentado tras la reforma al sistema penal de la Ciudad de México que entró en vigor en enero del año pasado: “El sistema penal acusatorio lo primero que señala es que, en el Ministerio Público, debe de haber un acuerdo antes de que se vaya la denuncia. Entonces, lo que ha pasado es que se han dado arreglos sin llegar siquiera a la denuncia”.

Como ya no se levanta la denuncia, agrega, ese caso no se registra en el Módulo Viajemos Seguras (en los que Inmujeres recibía las denuncias de violencia sexual en el transporte público) y tampoco en el Ministerio Público.

Gracias a este cambio de procedimiento en el manejo de las denuncias que presentan las víctimas de ataques sexuales en el transporte público, las autoridades capitalinas reportan un descenso de 72% en un solo año: pasaron de 311 casos registrados en 2014 a 86 casos en 2015, según los registros del Inmujeres. Esto no implica una disminución de la violencia sexual en el transporte público, sino sólo en las estadísticas.

La funcionaria describió de la siguiente manera el nuevo procedimiento de “conciliación” que se aplica para evitar que las víctimas presenten una denuncia formal: “A la mujer se le pregunta: ‘A ver, ¿usted se sintió ofendida?’. Y después al hombre: ‘Y usted, joven, ¿la agredió? ¿Lo acepta?¿Si?’.  Para al final decirle a la mujer: ‘Bueno, entonces, ¿qué quiere?, ¿que el hombre le pida disculpas o que le dé tres mil pesos, o cuánto dinero quiere que le dé por la reparación del daño?’”.

Con este nuevo procedimiento, de las denuncias que se recibieron en los módulos de Inmujeres en 2015, ninguna de ellas llegó de manera formal a la Procuraduría General de Justicia (PGJ) capitalina.

Factor de vulneración: ser mujer

El estudio denominado “El porqué de la relación entre género y transporte”, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo en 2015, señala que 40% de las mujeres entrevistadas en la Ciudad de México modifica su vestimenta para evitar algún tipo de violencia en el Metro. Y que 4.5%, incluso, que ha dejado su trabajo o estudio por causa de la violencia en el Sistema de Transporte Colectivo.

El mismo estudio ubica a la Ciudad de México como la urbe con el sistema de transporte más peligroso para las mujeres en América Latina y el Caribe. Le siguen Bogotá, en Colombia,  y Lima, en Perú.

En contraste, las estadísticas oficiales de las autoridades mexicanas reconocen la existencia de este problema, pero en una dimensión mucho menor: la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2015), señala que sólo 4% de las mujeres capitalinas se siente insegura de vivir y/o transitar por la Ciudad de México.

Debido a estos índices de violencia en 2008 el gobierno de la Ciudad de México puso en marcha el Programa Viajemos Seguras, que articula diversas medidas y acciones de “prevención, atención y acceso a la justicia” para las mujeres que transitan por la ciudad.

Estas acciones son la separación entre hombres y mujeres en el transporte en “horas pico”, el acompañamiento de las víctimas en el proceso de denuncia por cualquier tipo de violencia sexual y la atención psicológica posterior a la denuncia.

Las conductas denunciables van desde los tocamientos, palabras obscenas, insinuaciones sobre el cuerpo o apariencia, acosos, intimidación, amenazas con fines sexuales, exhibición de genitales, miradas lascivas e incómodas al cuerpo de las mujeres, persecución y que tomen fotografías o video sin el consentimiento de la persona.

casos atendidos

Esto no siempre se cumple. En el caso de Karina, a quien en enero pasado un hombre le mostró sus genitales dentro de un vagón del Metro, para después darse a la fuga mientras ella gritaba, no hubo denuncia. No sabía, dice, que podía presentar una denuncia formal aún cuando el agresor -“un chavito de 17 o 18 años”, recuerda- hubiese huido. Lo único que hizo en el momento fue denunciarlo por redes sociales.

Según la ONU-Mujeres, en la Ciudad de México una de cada dos mujeres ha sido agredida sexualmente en espacios púbicos. Las formas más frecuentes son las frases ofensivas, tocamientos e incluso, la violación; en la mayoría de los casos, no existe denuncia.

¿Sabes qué hacer en caso de ser agredida sexualmente?

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Las empresas de Japón que ayudan a la gente a desaparecer

Cada año, algunas personas optan por "esfumarse" y abandonar sus vidas, trabajos, hogares y familias. En Japón se les conoce como "jouhatsu" y hay empresas que les ayudan a llevarlo a cabo.
17 de septiembre, 2020
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En todo el mundo, desde Estados Unidos a Alemania o Reino Unido, hay cada año personas que deciden desaparecer sin dejar rastro, abandonando sus hogares, trabajos y familias para comenzar una segunda vida.

A menudo lo hacen sin siquiera mirar atrás.

En Japón, a estas personas se les conoce como los jouhatsu.

El término significa “evaporación”, pero también se refiere a personas que desaparecen a propósito y ocultan su paradero, a veces durante años, incluso décadas.

“Me harté de las relaciones humanas. Cogí una maleta pequeña y me esfumé“, dice Sugimoto, de 42 años, que en esta historia solo usa el apellido de su familia.

“Simplemente escapé”.

Afirma que en su pequeña ciudad natal todos lo conocían por su familia y su próspero negocio local, que se esperaba que Sugimoto continuara.

Pero que le impusieran ese papel le causó tanta angustia que de repente se marchó de la ciudad para siempre y no le dijo a nadie adónde iba.

Desde una deuda ineludible hasta matrimonios sin amor, las motivaciones que empujan a los jouhatsu a “evaporarse” varían.

Las calles de Japón

Getty Images
El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el jouhatsu durante más de una década.

Pero muchos, independientemente de sus motivos, recurren a empresas que les ayuden en el proceso.

Estas operaciones se denominan servicios de “mudanzas nocturnas”, un guiño a la naturaleza secreta del proceso de quienes quieren convertirse en un jouhatsu.

Estas compañías ayudan a las personas que quieren desaparecer a retirarse discretamente de sus vidas y pueden proporcionarles alojamiento en ubicaciones desconocidas.

“Normalmente, los motivos de las mudanzas suelen positivos, como entrar a la universidad, conseguir un nuevo trabajo o un matrimonio. Pero también hay mudanzas tristes, cuando la razón es haber dejado la universidad, perder un trabajo o cuando lo que quieres es escapar de un acosador“.

Así lo cuenta Sho Hatori, quien fundó una empresa de “mudanzas nocturnas” en los años 90 cuando estalló la burbuja económica de Japón.

Segundas vidas

Cuando empezó en ello, creía que la razón por la que la gente decidía huir de sus problemáticas vidas era la ruina financiera, pero pronto descubrió que también había “razones sociales”.

“Lo que hicimos fue ayudar a las personas a comenzar una segunda vida”, dice.

El sociólogo Hiroki Nakamori ha estado investigando el fenómeno de los jouhatsu durante más de una década.

Dice que el término comenzó a usarse en los años 60 para describir a las personas que decidían desaparecer.

Las tasas de divorcio eran (y siguen siendo) muy bajas en Japón, por lo que algunas personas decidían que era más fácil levantarse y abandonar a sus cónyuges que afrontar los procedimientos de divorcio elaborados y formales.

“En Japón es más sencillo esfumarse” que en otros países, dice Nakamori.

La privacidad es algo que se protege con uñas y dientes.

Mujer sacando dinero en un cajero automático

Getty Images
¿Desaparecerías sin dejar rastro?

Las personas desaparecidas pueden retirar dinero de los cajeros automáticos sin ser descubiertas, y los miembros de la familia no pueden acceder a videos de seguridad que podrían haber grabado a su ser querido mientras huía.

“La policía no intervendrá a menos que exista otra razón, como un crimen o un accidente. Todo lo que la familia puede hacer es pagar mucho a un detective privado. O simplemente esperar. Eso es todo”.

Me quedé impactada

Para quienes son dejados atrás, el abandono y la búsqueda de su jouhatsu puede ser insoportable.

“Me quedé impactada”, dice una mujer que habló con la BBC pero decidió permanecer en el anonimato.

Su hijo de 22 años desapareció y no la ha vuelto a contactar.

“Se quedó sin trabajo dos veces. Debió haberse sentido miserable por ello”.

Cuando dejó de tener noticias suyas, condujo hasta donde vivía, registró el sitio y luego esperó en su automóvil durante días para ver si aparecía.

Nunca lo hizo.

Dice que la policía no ha sido muy útil y que le dijeron que solo podían involucrarse si existía la sospecha de que se había suicidado.

Pero como no había ninguna nota, no investigarán nada.

“Entiendo que hay acosadores y que la información puede ser mal utilizada. Quizás la ley es necesaria, pero los criminales, los acosadores y los padres que quieren buscar a sus propios hijos son tratados de la misma manera debido a la protección. ¿Cómo puede ser?”, afirma.

“Con la ley actual y sin disponer de dinero, todo lo que puedo hacer es verificar si mi hijo está en la morgue. Es lo único que me queda”.

Mujer en Tokio

Getty Images
La policía no suele a ayudar a las familias que buscan a sus seres queridos.

Los desaparecidos

A muchos de los jouhatsu, aunque hayan dejado atrás sus vidas, la tristeza y el arrepentimiento les sigue acompañando.

“Tengo la sensación constante de que hice algo mal”, dice Sugimoto, el empresario que dejó a su esposa e hijos en la pequeña ciudad.

“No he visto en un año. Les dije que me iba de viaje de negocios”.

Su único pesar, dice, fue dejarlos.

Sugimoto vive escondido en una zona residencial de Tokio.

La empresa de “mudanzas nocturnas” que lo aloja está dirigida por una mujer llamada Saita, quien prefiere no confesar su apellido por mantener el anonimato.

Ella misma es una jouhatsu que desapareció hace 17 años.

Huyó de una relación físicamente abusiva, y dice: “En cierto modo, soy una persona desaparecida, incluso ahora”.

Tokio

Getty Images
Tokio es una ciudad con más de 9 millones de habitantes.

Tipos de clientes

“Tengo varios tipos de clientes”, continúa.

“Hay personas que huyen de la violencia doméstica grave y otras que lo hacen por ego o interés propio. Yo no juzgo. Nunca digo: “Su caso no es lo suficientemente serio”. Todo el mundo tiene sus luchas”.

Para personas como Sugimoto, la compañía le ayudó a abordar su propia batalla personal.

Pero a pesar de que logró desaparecer, eso no significa que los rastros de su antigua vida no permanezcan.

“Solo mi primer hijo sabe la verdad. Tiene 13 años”, dice.

“Las palabras que no puedo olvidar son: ‘Lo que papá hace con su vida es cosa suya, y no puedo cambiarlo’. Suena más maduro que yo ¿no?”.


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