Odisea en el Mediterráneo: así cruzó el mundo un migrante para huir de la guerra en Siria
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Odisea en el Mediterráneo: así cruzó el mundo un migrante para huir de la guerra en Siria

Animal Político entrevistó en Suecia a Mohammed Al-Nasef, un refugiado que vivió una odisea para huir de las bombas y los francotiradores. Esta es la segunda parte de su historia.
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Por Manu Ureste
27 de diciembre, 2016
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En la primera entrega publicada ayer, Mohammed Al-Nassef, un profesor de inglés de la Universidad de Damasco, narró a Animal Político cómo su vida y la de su familia cambió tras perder su casa por las bombas del conflicto en Siria; una guerra civil que a la fecha ha dejado, al menos, 250 mil muertos, cinco millones de refugiados y un país en la ruina.

Esta es la segunda parte de su historia. 

5 mil migrantes ahogados en el Mediterráneo; la peor cifra de la historia

Mohammed cuenta con una sonrisa cansada que no tenía planes de ahorrar dinero y morir en el Mediterráneo; la tumba para 5 mil migrantes este 2016, la peor cifra de la historia según reportó la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

Así que desechó el ‘boleto’ de mil euros y una balsa de goma para cruzar las aguas turbulentas donde se ahogan 416 personas al mes, 14 cada 24 horas, y desembolsó al traficante 2 mil 500 euros -50 mil pesos mexicanos- para navegar en un barco “tipo yate” que, aunque llevaba 10 veces más tripulación de su capacidad, al menos tenía un capitán.

-En el viaje ‘barato’ a uno de los tripulantes le regresan el dinero y le dicen: ‘Ahora tú eres el capitán. Solo tienes que dirigir el bote siguiendo esa estrella durante una hora, luego giras a la derecha, y encontrarás la isla’.

El sirio vuelve a sonreír cansado mientras niega con la cabeza.

-Viajar en el bote era muy arriesgado.

No obstante, matiza a colación, su travesía a bordo del ‘yate’ no fue precisamente un crucero de verano: el barco con 72 hombres, mujeres y niños aplastados en la cubierta, tardó con todo y capitán, 12 horas en completar un trayecto que, se suponía, era de media hora.

Y la situación no mejoró en tierra.

Ya en la isla griega de Kos, Mohammed pasó “las peores horas” de su vida, al borde de la deshidratación, sin comida y sin señal de teléfono para pedir auxilio.

Pero a la mañana siguiente, les cayó “un regalo del cielo”. Tras caminar por las montañas de la isla, Mohammed y otros tres migrantes encontraron un bidón lleno de agua, como los que la organización civil Humane Borders deja para los migrantes que cruzan el desierto de Arizona, en la frontera entre México y Estados Unidos.

Y horas después, otro milagro: un solitario camión apareció por la zona y los llevó a un campo de refugiados.

-La policía nos dijo que ese camión solo pasa una vez a la semana para checar el bidón de agua. Tuvimos mucha suerte.    

En esta imagen de archivo, tomada el 5 de diciembre de 2016, un soldado del ejército sirio coloca una bandera del país durante una batalla contra combatientes rebeldes en el frente de Ramouseh, en el este de Aleppo, Siria.

En esta imagen de archivo, tomada el 5 de diciembre de 2016, un soldado del ejército sirio coloca una bandera del país durante una batalla contra combatientes rebeldes en el frente de Ramouseh, en el este de Aleppo, Siria.

“Mejor váyanse; en este país nadie ayuda a los migrantes”

Mohammed ya estaba en territorio de la Unión Europea. Las balaceras, los francotiradores, y los coches bomba de la guerra en Siria ya empezaban a ser un mal recuerdo. Sin embargo, la meta del refugio aún estaba lejos.

En el campo de refugiados, un integrante de la ONU habló con los migrantes, y fue muy franco con ellos en cuanto a las posibilidades reales de obtener refugio en Grecia; uno de los países más afectados por la crisis en la zona euro, con los niveles de desempleo más altos junto a España, y con partidos políticos neonazis y anti-inmigrantes como ‘Amanecer dorado’ en ascenso.

-Fueron muy honestos. Nos advirtieron que si aplicábamos para el asilo en Grecia, este país no nos iba a ayudar a encontrar trabajo, ni a aprender el lenguaje, ni nos daría ninguna ayuda –dice Mohammed sobre Grecia, nación que en este 2016 ya inició expulsión de refugiados a Turquía.

La mejor opción era continuar con el camino. En concreto a Gran Bretaña, donde podría buscar trabajo en alguna universidad, aprovechando su dominio del inglés y el árabe.

Mohammed se puso de nuevo en marcha. Subió a otro barco atestado de migrantes y en seis horas llegó a la capital griega, Atenas. Allí, tiró otra vez de contactos. Hizo un par de llamadas, apuntó en la libreta los nombres de unos cafés, y se dirigió a Aharnon, “un bazar lleno de traficantes”.

-Allí todo el mundo hablaba árabe. Escuchabas al traficante ofrecer un pasaporte falso por tanto dinero y a la otra persona contestarle que era demasiado dinero, y cruzar al café de enfrente buscando un precio mejor. Más que un café en Europa, aquello era un bazar de Arabia.

Sirios evacuando de la asediada ciudad siria de Aleppo durante un alto el fuego llegan al campo de refugiados en Rashidin, cerca de Idlib, Siria, el lunes 19 de diciembre de 2016.

Sirios evacuando de la asediada ciudad siria de Aleppo durante un alto el fuego llegan al campo de refugiados en Rashidin, cerca de Idlib, Siria, el lunes 19 de diciembre de 2016.

5 mil pesos por la nacionalidad polaca

El traficante, un palestino joven, puso sobre la mesa del café un ramillete de opciones: Mohammed podría viajar directamente desde Atenas a “cualquier destino” de Europa en avión y con pasaporte falso, a cambio de 3 mil 500 euros –unos 70 mil pesos-. Además, él tenía una gran ventaja: su piel es blanca, tiene los ojos azules, el pelo castaño, y habla perfecto inglés.

-Pareces británico –le dijo el traficante-. Si no lo parecieras tendrías que pagar los 3 mil 500 euros, más otros dos mil a nuestra gente en las aduanas para que pases sin problema.

La otra opción, la más económica, era pagar 250 euros -5 mil pesos- por una credencial robada y viajar por cuenta propia confiando en la calidad del documento y en que los nervios no jueguen una mala pasada.

-No era un documento falso –precisa Mohammed-, sino un documento robado. Ellos tienen una máquina con la que pueden cambiar la fotografía y pasar el control con una credencial 100 por ciento original.

Los fondos comenzaban a escasear y aún faltaba el vuelo a Inglaterra. Así que esta vez Mohammed optó por la opción más barata y riesgosa.

-Marek Podolski –dice el sirio con una sonrisa amplia-. Me dieron una credencial polaca con el nombre de Marek Podolski.

Sirios evacuados de la asediada ciudad de Aleppo durante un alto el fuego llegan a un campo de refugiados en Rashidin, cerca de Idlib, Siria, el martes 20 de diciembre de 2016.

Sirios evacuados de la asediada ciudad de Aleppo durante un alto el fuego llegan a un campo de refugiados en Rashidin, cerca de Idlib, Siria, el martes 20 de diciembre de 2016.

“Para llegar a Inglaterra necesitaba cruzar escondido en un camión”

Con su nueva nacionalidad metida en el bolsillo, ‘Marek’ llamó a otro tipo de la red de traficantes. Este era el ‘agente de viajes’ que le proporcionó por 90 euros –mil 800 pesos- un boleto de avión de Atenas a París; allí tendría que buscar de nuevo la forma para llegar a Londres.

Pero antes de preocuparse por eso, tenía que pasar por el control migratorio y poner a prueba la calidad de ‘su’ nueva credencial.

En el puesto de policía, Mohammed cuenta que un agente introdujo el documento en una máquina mientras lo observaba en silencio.

Luego de unos minutos eternos, el agente puso la credencial sobre una mesa y le hizo una pregunta sencilla: ¿Cómo te llamas?

Mohammed suelta una media carcajada recordando la escena.

-La primera respuesta que me vino a la cabeza fue decirle: soy sirio y quiero volver a casa. ¡Por favor, ayúdeme!

Pero en lugar de eso, lo que le respondió fue algo tan sencillo como la pregunta: “Mi nombre está en la credencial. Ahí lo puede leer”.

-Hay historias de que la policía te pregunta el nombre para ver si lo puedes pronunciar correctamente –expone el migrante-. Yo no sabía si el ‘mío’ se pronunciaba Mark o Marek. Por eso, lo que me salió responder fue lo más lógico: que lo podía leer en el documento de identidad.

Y funcionó.

El policía le regresó la credencial, y ‘Mohammed-Marek’ abordó el avión que lo dejó en Francia. Sin embargo, en el aeropuerto de Orly surgió otro imprevisto: cuando fue al mostrador de una aerolínea a comprar su boleto para Londres, le informaron que para abordar el avión los ciudadanos polacos necesitan mostrar la credencial y también el pasaporte.

Angustiado por el error de cálculo, Mohammed hizo de nuevo unas llamadas. La mejor opción, le plantearon sus ‘contactos’, era ir al campamento de refugiados ‘La Junga’, en Calais, al norte de Francia. Allí tendría que esperar unos días junto a otros 6 mil solicitantes de asilo, pagar más dinero a otro traficante, y pasar escondido en un camión que viaja hasta la frontera con Inglaterra, rezando para que la unidad canina de la policía no lo detectara.

-Ya era demasiado para mí –dice el sirio con los ojos glaucos muy abiertos-. Necesitaba otro lugar seguro al que huir.

Suecia, final del viaje

Descartado Londres, Mohammed pensó en Holanda. Pero uno de sus contactos lo desanimó contándole que allí podría obtener una residencia temporal de cinco años –no el estatus de refugiado permanente-, con la condición de pasar un examen de lenguaje, conseguir trabajo, y de que si el gobierno holandés consideraba que las cosas mejoraban en Siria tendría que abandonar el país de inmediato.

Demasiados condicionantes.

De nuevo, más llamadas a contactos repartidos por Europa, hasta que un amigo en Suecia le aconsejó solicitar refugio en este país escandinavo; nación famosa por ser un santuario para miles de personas perseguidas desde la Segunda Guerra Mundial.

Mohammed lo vio claro. A pesar de la dificultad que entrañaría aprender el idioma, soportar los fríos inviernos, y encontrar trabajo en un país remoto para un árabe, Suecia era su mejor oportunidad.  Tomó entonces otro avión gracias a su credencial polaca, y al llegar al aeropuerto de Arlanda, en Estocolmo, buscó a la policía para entregarse y pedir refugio.

La odisea, al fin, había terminado.

Ante la llegada masiva de migrantes buscando refugio en 2015, Suecia realizó cambios a su ley migratoria para endurecerla.

Ante la llegada masiva de migrantes buscando refugio en 2015, Suecia realizó cambios a su ley migratoria para endurecerla.

Postdata: el santuario de los refugiados cierra sus puertas

Tras entregarse a la policía, Mohammed fue alojado en un campamento de refugiados con comida y mantenimiento a cargo de Suecia; país que, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), dedicó este 2016 un total de 512 mil millones de euros a la atención de los refugiados y otros 5 mil 381 millones para la integración de los  migrantes.

Solo para entender esta inversión: en México, la Comisión de ayuda a los refugiados dedicará en 2017 unos 25 millones de pesos (un millón de euros) a los solicitantes de asilo. Aunque cabe matizar que el número de migrantes que buscan refugio en Suecia es muy superior al de México -160 mil frente a 3 mil 500 peticiones en México, en 2015-.

A los 11 meses, Mohammed obtuvo el permiso de residencia como refugiado. Y meses después, pudo reunificar a su familia en Estocolmo.

Ahora, a tres años de su odisea, no para de repetir que tuvo “mucha suerte”. Primero, porque a diferencia de miles de migrantes, él pudo viajar de manera más ‘segura’ gracias a sus ahorros como profesor universitario.

Y segundo, porque llegó a Suecia poco antes de que en noviembre de 2015 el primer ministro, Stefan Löfven, anunció en una conferencia de prensa que su país haría una reforma migratoria para frenar la llegada de más migrantes, como dar residencia temporal y no permanente a los refugiados, y que éstos no puedan traer su familia si no tienen ingresos.

“Me duele que Suecia no sea capaz de recibir solicitantes de asilo al nivel actual. Simplemente, no podemos hacer más”, dijo Löfven ante el ‘boom’ de migrantes del otoño de 2015, cuando recibieron 160 mil solicitantes de asilo; el doble de los 80 mil de 2014.

Todo es más complicado ahora –admite el sirio tras la reforma migratoria que entró en vigor el 1 de enero de 2016-. Y por eso sé que soy un tipo con suerte –dice de nuevo con una sonrisa franca-. Sí, un tipo con mucha suerte.

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Vacunas COVID: A qué se debe el secretismo que rodea los contratos entre los gobiernos y las farmacéuticas

Los detalles de los contratos entre algunas grandes farmacéuticas y los gobiernos son confidenciales, lo que ha provocado críticas y sospechas.
28 de enero, 2021
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El mundo entero se disputa una plaza para recibir la vacuna contra el coronavirus, un bien todavía demasiado escaso y producido por pocos laboratorios farmacéuticos.

Los gobiernos firman contratos con las compañías que han desarrollado esas vacunas en tiempo récord y, sin embargo, información crítica de esos acuerdos permanece oculta para el gran público debido a estrictas cláusulas de confidencialidad.

Cuánto cuestan o cómo se distribuirán son detalles que en la mayoría de los casos la ciudadanía desconoce, porque así lo exigen los acuerdos firmados.

En Perú, por ejemplo, las negociaciones entre el gobierno y la compañía Pfizer encallaron por este motivo. Y en Colombia el gobierno afirma que las cláusulas de confidencialidad le impiden ofrecer aún un cronograma claro de vacunación.

El problema es mundial.

En respuesta a una petición de información en el Parlamento Europeo a mediados de noviembre, la comisaria de Salud, Estela Kiriakides, afirmó: “Debido a la naturaleza altamente competitiva de este mercado, la Comisión está legalmente imposibilitada para desvelar la información que contienen estos contratos”.

Y la ministra belga de Presupuesto, Eva de Bleeker, tuvo que retirar poco después de publicarlo un mensaje en Twitter en el que recogía la lista de precios de los laboratorios con los que había negociado la UE.

A las quejas por el incumplimiento de los compromisos adquiridos por algunos fabricantes de vacunas, se suman ahora las de las voces que exigen mayor transparencia en un asunto de salud pública vital.

Y la polémica sigue subiendo de tono, sobre todo en la Unión Europea (UE), enojada después de que los laboratorios Pfizer y AstraZeneca le comunicaran que no estarán en condiciones de suministrar al bloque la cantidad de dosis iniciales acordadas.

Ello ha llevado a que, según fuentes de la UE citadas por la agencia Reuters, desde Bruselas se les exija a las farmacéuticas que hagan públicos los términos de los contratos y amenace con controlar las exportaciones de las vacunas producidas en Europa.

¿Por qué tanto secreto?

Una práctica habitual

Según Jonathan García, experto en salud pública en la Universidad de Harvard, en EE.UU., “esto no es nada nuevo; es frecuente que en los contratos entre los sistemas de salud de los países y las farmacéuticas se incluyan cláusulas de confidencialidad”.

“Los laboratorios buscan fraccionar el mercado para poder negociar precios distintos con los distintos países”, añade.

Esto les permite negociar con los países en función de sus recursos, ofreciéndoles precios más bajos a los países pobres o en desarrollo y exigiendo cantidades más altas a los más ricos.

La compañía AstraZeneca ha revelado que la vacuna que ha desarrollado en colaboración con la Universidad de Oxford tendrá un coste aproximado de entre 3 y 4 dólares por dosis (se requieren dos). Pero el suyo es por ahora un caso excepcional.

Además de los precios, se mantienen muchas veces en secreto la información relativa a la producción y logística, y las conocidas como cláusulas de responsabilidad.

En ellas se estipulan límites a la responsabilidad de los laboratorios en el caso de posibles efectos adversos de los medicamentos y se indica que si hay diferencias no las resolverán los tribunales nacionales, sino unas cortes especiales de arbitraje internacional.

Vacuna de Pfizer.

Reuters
Pfizer es una de las compañías señaladas por la exigencia de confidencialidad en los contratos.

Las voces que reclaman mayor transparencia alertan de que la urgencia por el desarrollo de una vacuna para una enfermedad que se ha cobrado ya más de dos millones de vidas en todo el mundo ha podido llevar a los gobiernos a aceptar limitaciones de responsabilidad aún mayores.

En la Estrategia para la Adquisición de Vacunas que hizo pública la Comisión Europea se decía que “la responsabilidad por el desarrollo y el uso de la vacuna, incluida cualquier indemnización específica requerida, recaerá sobre los Estados miembros que la adquieran”.

El caso de Perú

Un país de América Latina, Perú, se ha convertido en ejemplo destacado de los problemas que acarrea esta limitación de responsabilidad para las farmacéuticas.

Las negociaciones del gobierno peruano con la compañía Pfizer para la adquisición de la vacuna no cuajaron porque, según dijo la ministra de Salud, Pilar Mazzetti, “se identificaron algunas cláusulas que requerían un análisis más profundo para determinar la compatibilidad con las leyes peruanas y los alcances que puede asumir el Estado”.

BBC Mundo trató de contactar con Pfizer, pero no obtuvo respuesta.

La falta de acuerdo con Pfizer llevó a las autoridades peruanas a buscar otras opciones, como la vacuna del fabricante chino Sinopharm.

Mujer recibe la vacuna en Hungría.

EPA
El ritmo al que avanza la vacunación varía según los países.

Al contrario de lo que sucede en otros países de la región, como Argentina o Chile, la vacunación no ha comenzado aún en Perú y las autoridades no han podido ofrecer un cronograma seguro.

En Colombia, el gobierno ha sido objeto de fuertes críticas por no haber comenzado aún a vacunar a la gente y haber aludido a las cláusulas de confidencialidad para justificar por qué no podía ofrecer aún una fecha para comenzar a hacerlo.

La confidencialidad en los contratos, sin embargo, cuenta con defensores, con base, sobre todo, en los llamados “subsidios cruzados”. Al poder cobrarles más a los países ricos, los laboratorios se ven en condiciones de ofrecer precios asequibles a los países con menos recursos.

El economista David Bardey señala en conversación con BBC Mundo que si hubiera transparencia en los precios de los medicamentos, “sería más complicado para los laboratorios cobrar precios más altos a los países más ricos si estos pueden observar precios menores para otros países”.

“Si queremos que los países más desarrollados paguen más, es mejor que los precios no sean públicos“, indica el experto, que alerta además de que los países más avanzados están adquiriendo muchas más dosis de las que necesitan porque “sus gobiernos tienen una gran presión de su opinión pública y eso los está empujando a una especie de nacionalismo sanitario”.

Se suele aludir también al derecho que tienen las compañías a obtener un beneficio de las grandes inversiones que hacen en investigación.

Y un tercer factor son los derechos de propiedad intelectual. Un experto español en salud pública que prefirió no dar su nombre resume el papel que, a su juicio, están jugando los grandes laboratorios occidentales: “Están defendiendo su patente para evitar que otros la fabriquen en la India y se las vendan a menor coste a los países pobres”.

Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

EPA
Ursula Von Der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se enfrenta al problema de hacer que las farmacéuticas cumplan sus compromisos.

Jonathan García cree que los argumentos a favor de la transparencia ganan valor en el contexto de la pandemia.

“Estamos hablando de una emergencia sanitaria global, de algo que sucede cada 100 años, ante lo que uno esperaría que el sistema utilizara mecanismos mucho más transparentes y buscara un esquema más cooperativo. En cambio vemos que se sigue buscando un mercado monopólico y mantener ventajas en los precios”.

Las diferencias en el acceso a las vacunas han llevado al mundo a un riesgo de “fracaso moral catastrófico”, como definió el director de la Organización Mundial de la Salud, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, el hecho de que los países más necesitados vayan a tener que esperar años para inmunizar a su población.

La historia de las epidemias muestra que no sería la primera vez. Ya sucedió con la poliomielitis y la viruela, enfermedades erradicadas mucho antes en los países más avanzados.

O con el VIH, que todavía diezma a muchas poblaciones africanas cuando los pacientes en el llamado primer mundo han visto prolongada significativamente su esperanza de vida gracias al desarrollo de los tratamientos antirretrovirales.

“Los medicamentos están disponibles; el problema son los costos”, indica García.

Y los países de renta media, como la mayoría de los de América Latina, no pueden permitirse al negociar con los laboratorios la actitud exigente mostrada por la Unión Europea, un bloque formado por 27 estados entre los más prósperos del mundo.

*Con información adicional de Martín Riepl en Lima y Carlos Serrano en Miami.


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