Tarjetas de derechos y lugares santuario: así se preparan ante deportaciones de Trump
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Tarjetas de derechos y lugares santuario: así se preparan ante deportaciones de Trump

Grupos a favor de migrantes iniciaron un movimiento para protegerlos de las iniciativas de Trump, desde ciudades que prometen ser "santuarios" hasta activistas que reparten "tarjetas de derechos".
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Por Gerardo Lissardy BBC Mundo, Nueva York
13 de diciembre, 2016
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Apenas un día después de las elecciones en Estados Unidos, una red de entidades que trabajan con hispanos en el país activó sus contactos para preguntarse: ¿qué hacer ante la amenaza de deportaciones masivas de inmigrantes por parte del presidente electo Donald Trump?

“Tuvimos que empezar muy rápido a preparamos”, relata Laura Vázquez, analista en temas de inmigración en el Consejo Nacional de la Raza, la mayor organización hispana de EU que coordinó la teleconferencia del 9 de noviembre.

Desde entonces, varias acciones se han anunciado por separado en procura de responder a los planes de Trump, quien tras la elección dijo que su gobierno comenzará expulsando hasta tres millones de indocumentados con antecedentes penales.

Las iniciativas involucran desde universidades y ciudades que prometen ser “santuarios” de inmigrantes hasta activistas que asesoran y reparten “tarjetas de derechos” a hispanos sin papeles, pasando por gobiernos latinoamericanos que se unen para proteger a sus ciudadanos en Estados Unidos.

La idea es “tener una estrategia lista, por si fuera necesario”, explica el canciller de Guatemala, Carlos Raúl Morales, a BBC Mundo.

La incógnita Trump

Qué piensa hacer realmente Trump con los inmigrantes sin papeles en EU es una incógnita incluso para los especialistas.

Estudiantes de secundaria protestan contra el presidente electo de Estados Unidos, el republicano Donald Trump, en Los Ángeles, California, el 14 de noviembre.Ni los especialistas tienen claro qué va a hacer el presidente electo de EU, Donald Trump, con los indocumentados.

El magnate llegó a manejar durante la campaña electoral la idea de deportar a los 11 millones de extranjeros indocumentados que viven en EU, en su gran mayoría latinoamericanos.

Pero luego de ser electo sostuvo que cuando llegue a la Casa Blanca deportará entre 2 y 3 millones de inmigrantes que tengan antecedentes judiciales.

Si lo cumple, podría quebrar el récord de 2,5 millones de deportados que registró el actual presidente, Barack Obama, en sus dos períodos (ocho años) de gobierno.

Una mujer guatemalteca, de espaldas a la cámara, frente a un albergue para migrantes en Tijuana, México, el 14 de noviembre de 2016.Donald Trump podría quebrar el récord de 2,5 millones de deportados que registró el actual presidente, Barack Obama.

Pero los expertos sostienen que los indocumentados en EU con pasaje por la justicia por distintos crímenes incluso delitos menores no llegan a 900.000, y se preguntan cómo hará Trump para alcanzar las cifras que anunció.

Ante la incógnita, muchos han resuelto subir la guardia.

“Estar preparados”

La semana pasada, Morales recibió en Guatemala a sus colegas cancilleres de México, El Salvador y Honduras para unir fuerzas ante la posibilidad de que sus ciudadanos comiencen a ser detenidos en grandes cantidades en EU para ser expulsados.

“Lo que hemos acordado es coordinar a cada uno de nuestros consulados en las distintas jurisdicciones en EU para que puedan acordar las acciones de protección migratoria”, señala Morales.

Explica que eso incluye realizar listas oficinas de abogados que puedan apoyar a inmigrantes, acercarse a autoridades locales y organizaciones religiosas en EU o visitar albergues y cárceles.

También decidieron que, si alguno de los cuatro países carece de consulado en una ciudad estadounidense, sus ciudadanos podrán recurrir a la ayuda consular de cualquiera de las otras tres naciones.

Morales dice que México se comprometió por ejemplo a permitir que los guatemaltecos utilicen el servicio telefónico de ayuda 1-800 que creó para responder dudas de sus ciudadanos en EU que se sientan amenazados.

Ernesto Vega, del ministerio hispano de la archidiócesis de Los Ángeles, escucha al arzobispo católico de Los Ángeles, José Gómez, dirigir una oración para la comunidad inmigrante después de que el republicano Donald Trump ganara las elecciones presidenciales de EE.UU. el 10 de noviembre.Organizaciones religiosas de EU también apoyan a los migrantes.

“La gran mayoría de guatemaltecos (en EU) son personas correctas. Sin embargo, tenemos que estar preparados ante cualquier eventualidad”, dice.

Y agrega que los embajadores de los cuatro países realizarán además un “lobby conjunto” ante las autoridades electas de EU que asumirán el 20 de enero y ante el Congreso, para defender sus intereses.

Detrás de todo esto no sólo hay inquietudes humanitarias, sino también económicas.

Las remesas que América Latina recibe de sus ciudadanos que emigraron a EU suman más de 65.000 millones de dólares por año y son una fuente clave de ingresos para muchos países de la región.

“Tarjeta de derechos”

Paralelamente, hay diversas entidades dentro de EU que también se preparan para proteger a inmigrantes indocumentados ante la perspectiva de que sean deportados.

Grupos hispanos están distribuyendo tras las elecciones una “tarjeta de derechos” para inmigrantes creada por el Centro Nacional de Derecho de Inmigración.

Si lo detiene un oficial de inmigración o la policía: Entregue esta tarjeta al oficial y permanezca callado. La tarjeta explica que usted está ejerciendo su derecho a rehusarse a contestar preguntas hasta que pueda consultar con un abogado”, lee gel material en español.

Carnet de identidad municipal de Nueva York.Nueva York y otras ciudades de EU ofrecen a sus residentes la posibilidad de solicitar una tarjeta de identidad, sin importar su estatus migratorio.

Además, el mismo centro advierte a los inmigrantes que eviten abrir la puerta de su hogar a agentes de inmigración y aduanas, a menos que cuenten con una orden judicial: “Si usted abre la puerta, es mucho más difícil no responder a sus preguntas”, advierte.

Vázquez, del Consejo Nacional de la Raza, dice además que están alentando a los inmigrantes sin papeles a realizarse un “chequeo migratorio” con abogados u organizaciones especializadas para saber si tienen una manera de lograr algún permiso de estadía en Estados Unidos.

Esto responde a estimaciones de que al menos el 10% de los 11 millones de indocumentados podría obtener algún beneficio que les permita permanecer legalmente en el país.

“Santuarios”

Por otro lado, autoridades de varias ciudades estadounidenses con gran cantidad de inmigrantes latinos, como Nueva York, Los Ángeles o Chicago, han manifestado su voluntad de resistir las deportaciones, incluso evitando cooperar plenamente con agentes federales de migración.

“Chicago siempre será una ciudad santuario” para inmigrantes, sostuvo el alcalde Rahm Emanuel.

Esto ocurre pese a que Trump ha amenazado con cortar la ayuda financiera federal a ciudades que no colaboren con los servicios de inmigración yaduanas.

Además, más de 350 universidades en el país pidieron al presidente electo que evite exponer al riesgo de deportación cientos de miles de estudiantes indocumentados, que se acogieron al programa “DACA” de Obama para regularizar su estadía, el cual Trump indicó que eliminaría.

La estudiante de la Universidad de Nuevo México, Luz Hilda Campos (izquierda), y la profesora de estudios chicanos de la misma universidad, Irene Vásquez, presentan el 18 de noviembre una un documento con miles de firmas con el que piden que el campus se vuelva un Estudiantes de todo el país han pedido a sus universidades que se vuelvan “santuarios” para migrantes.

La petición fue firmada por universidades prestigiosas como Harvard, Yale, Columbia, Stanford o UC Berkeley, después que estudiantes en todo el país reclamaran que los campus fueran “santuarios” que acojan a alumnos indocumentados.

“No dejaremos entrar a agentes de inmigración a nuestros campus sin una orden judicial”, sostuvo el rector de Columbia, John Coatsworth en un mensaje a los estudiantes.

Una encuesta realizada tras las elecciones entre cerca de 10.000 profesores y personal de centros educativos de EU encontró que ocho de cada 10 respuestas hablan de un aumento de la ansiedad en alumnos inmigrantes y de minorías, incluso por temor a deportaciones o separaciones de familias.

“Lo que nos dijeron es que chicos de color, estudiantes latinos, musulmanes, estaban viviendo en temor en sus escuelas”, dice a BBC Mundo Richard Cohen, presidente del Centro de Derecho de Pobreza del Sur, que administró la encuesta.

Vázquez señala que la incertidumbre que reina se debe a la falta de detalles sobre qué va a hacer Trump, cómo y cuándo.

“Vamos a intentar prepararnos todo lo posible”, sostiene, “pero esa inseguridad de no saber lo que va a pasar ha sido lo más difícil estos días“.

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Los momentos que pudieron haber terminado accidentalmente con la humanidad

En la historia reciente, algunas personas tuvieron el destino de todos en sus manos. Y puede repetirse.
20 de febrero, 2021
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A finales de la década de 1960, la NASA se enfrentó a una decisión que podría haber cambiado el destino de nuestra especie.

Después de la llegada del Apolo 11 de la Luna, los tres astronautas de la misión esperaban a ser recogidos dentro de su cápsula, flotando en el océano Pacífico, con mucho calor e incómodos.

Los trabajadores de la NASA decidieron asistir a sus tres héroes nacionales rápidamente. Sin embargo, existía una pequeña posibilidad de desencadenar una invasión de microbios alienígenas mortales en la Tierra.

Otro ejemplo sucedió un par de décadas antes, cuando un grupo de científicos y militares se encontraron ante un punto de inflexión similar.

Mientras esperaban para observar la primera prueba de arma atómica, se dieron cuenta de un resultado potencialmente catastrófico. Existía la posibilidad de que sus experimentos incendiaran accidentalmente la atmósfera y destruyeran toda la vida en el planeta.

En algunos momentos del siglo pasado, unos pocos grupos de personas tuvieron el destino del mundo en sus manos.

Fueron responsables de la posibilidad, pequeña pero real, de causar una catástrofe total. No solo el final de sus propias vidas, sino el final de todo.

¿Cómo se llegó a estas decisiones? ¿Y qué nos dice todo ello sobre nuestra actitud frente a los riesgos y crisis que enfrentamos hoy?

Contaminación

Cuando por primera vez la humanidad hizo planes para enviar sondas y personas al espacio a mediados del siglo XX, surgió el problema de la contaminación.

En primer lugar, existía el miedo a la contaminación “futura, es decir, la posibilidad de que la vida terrestre pudiera perjudicar el cosmos.

Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin Jr. en sus trajes espaciales en 1969.

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Una de las teorías que se estudió es que los astronautas podrían haber traído microbios alienígenas a la Tierra.

La nave espacial necesitaba ser esterilizada y cuidadosamente sellada antes del lanzamiento. Si los microbios se infiltraban a bordo, confundiría cualquier intento de detectar vida extraterrestre.

Y si hubiera organismos extraterrestres por ahí, podríamos terminar matándolos inadvertidamente con bacterias o virus terrestres, como el destino de los extraterrestres al final de la novela “La guerra de los mundos” (War of the Worlds).

Estas preocupaciones son tan importantes hoy como en la era de la carrera espacial.

Una segunda preocupación fue la contaminación “posterior”, la idea de que los astronautas, los cohetes o las sondas que regresaban a la Tierra pudieran traer vida que podría resultar catastrófica, ya sea superando a los organismos terrestres o algo mucho peor, como consumir todo nuestro oxígeno.

La contaminación posterior era un temor que la NASA debió tomar en serio durante la planificación de las misiones Apolo a la Luna.

¿Y si los astronautas traían algo peligroso?

En ese momento, la probabilidad no se consideraba alta, pocos pensaban que era probable que la Luna albergara vida, pero aun así, el escenario tenía que estudiarse, porque las consecuencias podrían ser muy graves.

Rescate de lo astronautas en el océano Pacífico en 1969.

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Se realizó una operación titánica para el rescate de los astronautas pero había riesgos.

“Tal vez haya un 99% de que el Apolo 11 no traiga organismos lunares”, dijo un científico influyente en ese momento, “pero incluso ese 1% de incertidumbre es demasiado grande para ser complacientes”.

La NASA implementó varias medidas de cuarentena, aunque en algunos casos las cumplió protestando.

Funcionarios del Servicio de Salud Pública de EE.UU. estaban preocupados y pidieron medidas más estrictas de las planeadas inicialmente argumentando que tenían el poder de negar la entrada a los astronautas contaminados en la frontera.

Después de las audiencias en el Congreso, la NASA acordó instalar una costosa instalación de cuarentena en el barco que recogería a los hombres de su amerizaje en el océano Pacífico.

También se acordó que los exploradores lunares pasarían tres semanas aislados antes de poder abrazar a sus familias o estrechar la mano del presidente.

El astronauta Edwin E. Aldrin Jr., piloto del módulo lunar, es fotografiado caminando en la Luna.

NASA
En 1969 hubo temor de que la misión a la Luna trajera a la Tierra material alienígena peligroso.

Sin embargo, hubo una brecha importante en el procedimiento de cuarentena, según el académico de Derecho Jonathan Wiener de la Universidad de Duke, quien escribió sobre el episodio en un artículo sobre percepciones erróneas del riesgo catastrófico.

Cuando los astronautas llegaron al agua, el protocolo original señalaba que debían permanecer dentro de la nave espacial.

Pero la NASA lo pensó mejor después de que surgieran preocupaciones sobre el bienestar de los astronautas en ese momento, esperando de un espacio caluroso y sofocante, azotado por las olas.

Pese al protocolo, se decidió abrir la puerta y rescatar a los hombres en balsa y helicóptero (así lo muestra la primera imagen de este artículo).

Mientras se ponían los trajes de biocontaminación y entraban a las instalaciones de cuarentena en el barco, el aire interior de la cápsula se esparció en el exterior.

Afortunadamente, la misión Apolo 11 no trajo vida extraterrestre mortal a la Tierra. Pero podría haber pasado en ese corto período, como consecuencia de esa decisión de priorizar el bienestar a corto plazo de los hombres.

Aniquilación nuclear

Veinticuatro años antes, los científicos y funcionarios del gobierno de EE.UU. llegaron a otro punto de inflexión que implicaba un riesgo pequeño pero potencialmente desastroso.

Antes de la primera prueba de armas atómicas en 1945, los científicos del Proyecto Manhattan realizaron cálculos que apuntaban a una posibilidad escalofriante.

Foto del físico estadounidense, "padre de la bomba higrógena", Edward Teller, señalando una fórmula en una pizarra. Teller trabajó en el Proyecto Manhattan en Los Alamos, Nuevo México entre 1943 y 1946 que desarrolló la bomba atómica y luego trabajó en el desarrollo de la bomba de hidrógeno.

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En los cálculos de las primeras armas atómicas hubo errores.

En un escenario que plantearon, el calor de la explosión de fisión sería tan grande que hubiera podido desencadenar una fusión descontrolada.

En otras palabras, la prueba podría haber incendiadoaccidentalmente la atmósfera y quemar los océanos, destruyendo la mayor parte de la vida en la Tierra.

Estudios posteriores sugirieron que probablemente eso era imposible, pero hasta el día de la prueba los científicos verificaron una y otra vez su análisis.

Finalmente llegó el día de la prueba Trinity y los funcionarios decidieron seguir adelante.

Cuando el destello fue más largo y brillante de lo esperado, al menos un miembro del equipo pensó que había sucedido lo peor.

Uno de ellos fue el presidente de la Universidad de Harvard, cuyo asombro inicial se convirtió rápidamente en miedo.

“No sólo no tenía confianza en que la bomba funcionara, sino que cuando funcionó él creyó que la habían arruinado con consecuencias desastrosas y que estaba presenciando, como él mismo dijo, ‘el fin del mundo'”, dijo su nieta Jennet Conant al diario The Washington Post después de escribir un libro sobre los científicos del proyecto.

Foto en exhibición en el Museo de Ciencias de Bradbury muestra la primera prueba de bomba atómica el 16 de julio de 1945, a las 5:29:45, en Trinity en Nuevo México, EE.UU.

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La primera prueba de armas atómicas marcó el comienzo de una nueva era.

Para el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford, ese momento fue un punto significativo en la historia de la humanidad.

Él menciona la fecha y hora específicas de la prueba Trinity -05:29 del 16 de julio de 1945- como el comienzo de una nueva era para la humanidad, marcada por un cambio radical en nuestras habilidades para destruirnos a nosotros mismos.

“De repente, estábamos liberando tanta energía que estábamos creando temperaturas sin precedentes en toda la historia de la Tierra”, escribe Ord en su libro The Precipice (“El precipicio”).

A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares, de una parte desinteresada, señala, y tampoco hubo evidencia de que se informara a ningún representante electo sobre el riesgo y mucho menos a otros gobiernos.

Los científicos y los líderes militares siguieron adelante por su cuenta.

Ord también destaca que, en 1954, los científicos obtuvieron un cálculo asombrosamente incorrecto en otra prueba nuclear: en lugar de una explosión esperada de 6 megatoneladas, obtuvieron 15.

“De los dos cálculos termonucleares principales realizados ese verano… obtuvieron uno correcto y otro incorrecto. Sería un error concluir que el riesgo subjetivo de incendiar la atmósfera era tan alto como un 50%. Pero ciertamente no era un nivel de confiabilidad en el que arriesgar nuestro futuro“, dijo.

Un mundo vulnerable

Desde nuestra posición informada en el siglo XXI, sería fácil juzgar estas decisiones específicas de su época.

El conocimiento científico sobre la contaminación y la vida en el Sistema Solar es mucho más avanzado hoy y la guerra entre los aliados y los nazis ya pasó.

Réplica a tamaño real de la bomba atómica 'Fat Man' que fue lanzada sobre Nagasaki, Japón el 9 de agosto de 1945, y que se encuentra entre las exhibiciones en el Museo de Ciencias Bradbury en Los Alamos, Nuevo México.

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A pesar del rigor de los científicos de Manhattan, los cálculos nunca fueron sometidos a la revisión de pares de ua parte desinteresada, señala el filósofo Toby Ord de la Universidad de Oxford.

En la actualidad, nadie volvería a correr riesgos así, ¿verdad?

Tristemente, no. Ya sea por accidente o por otro motivo, la posibilidad de una catástrofe es, en cualquier caso, mayor ahora que en ese entonces.

Es cierto que la aniquilación alienígena no es el mayor riesgo al que se enfrenta el mundo.

Si bien puede haber políticas de “protección planetaria” para cuidarnos contra la contaminación extraterrestre es una pregunta válida saber qué tan bien se aplicarán estas regulaciones y procedimientos a las empresas privadas que visitan otros planetas y lunas en el Sistema Solar.

Además de la amenaza de catástrofe extraterrestre, esparcir nuestra presencia por la galaxia puede arriesgarnos a un encuentro potencialmente funesto con extraterrestres, especialmente si son más avanzados. La historia sugiere que fenómenos adversos tienden a suceder a las poblaciones que se encuentran con culturas tecnológicamente más competentes (si no, mira el destino de los pueblos indígenas que se encuentran con los colonos europeos).

Más preocupante aún es la amenaza de las armas nucleares.

Una atmósfera ardiente puede ser imposible, pero un invierno nuclear similar al cambio climático que ayudó a hacer desaparecer a los dinosaurios no lo es.

En la Segunda Guerra Mundial, los arsenales atómicos no eran lo suficientemente abundantes o poderosos para desencadenar este desastre, pero ahora sí lo son.

Ord estima que el riesgo de extinción humana en el siglo XX fue de alrededor de 1 de 100. Pero él cree que ahora es mayor.

Además de los riesgos existenciales naturales que siempre estuvieron ahí, el potencial de una desaparición provocada por el hombre se ha incrementado significativamente en las últimas décadas, argumenta.

"Gadget", la primera bomba atómica explota en Alamogordo, Nuevo México, el 16 de julio de 1945.

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Los especialistas sostienen que el riesgo de extinción humana está cada vez más presente.

Aparte de la amenaza nuclear, ha surgido la perspectiva de una inteligencia artificial desalineada, las emisiones de carbono se han disparado y ahora podemos inmiscuirnos en la biología de los virus para hacerlos mucho más letales.

También nos volvemos más vulnerables debido a la conectividad global, la desinformación y la intransigencia política, como ha demostrado la pandemia de covid-19.

“Con todo lo que sé, pongo el riesgo de este siglo en alrededor de 1 de cada 6, una ruleta rusa“, escribió Toby Ord.

“Si no hacemos las cosas adecuadamente, si seguimos permitiendo que nuestro crecimiento en términos de poder supere al de la sabiduría, deberíamos esperar que el riesgo sea aún mayor el próximo siglo, y así sucesivamente”, añadió.

Otra forma en que los investigadores del riesgo existencial han caracterizado este peligro creciente es pidiendo que te imagines sacando bolas de una urna gigante.

Cada bola representa una nueva tecnología, descubrimiento o invención. La gran mayoría de ellas son blancas o grises.

Una bola blanca representa un buen avance para la humanidad, como el descubrimiento del jabón. Una bola gris representa un logro mixto, como las redes sociales.

Sin embargo, dentro de la urna hay un puñado de bolas negras. Son extremadamente raras, pero elige una y habrás destruido a la humanidad.

Esto se llama la “hipótesis del mundo vulnerable” y destaca el problema de prepararse para eventos muy raros y muy peligrosos en nuestro futuro.

Hasta ahora, no hemos elegido una bola negra, pero es muy probable que sea porque son muy poco comunes y nuestra mano ya ha rozado una o dos cuando la metimos en la urna.

En resumen: tuvimos suerte.

Astronautas del Apolo 11

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Los astronautas del Apolo 11 fueron puestos en cuarentena después del aterrizaje, pero hubo una brecha cuando fueron recogidos en el mar.

Hay muchas tecnologías o descubrimientos que podrían acabar siendo bolas negras. Algunos ya los conocemos, pero no los hemos implementado, como las armas nucleares o los virus de bioingeniería.

Otras son incógnitas conocidas, como el aprendizaje automático (machine learning) o la tecnología genómica. Y otras son incógnitas desconocidas: ni siquiera sabemos que son peligrosas, porque aún no fueron concebidas.

La tragedia de lo poco común

¿Por qué no tratamos estos riesgos catastróficos con la gravedad que merecen?

Wiener tiene algunas sugerencias. Él describe la forma en que la gente percibe erróneamente los riesgos catastróficos extremos como “tragedias de lo poco común”.

Probablemente hayas oído hablar de la tragedia de los comunes: describe la forma en que las personas interesadas en sí mismos administran mal un recurso comunal.

Cada uno hace lo mejor para sí mismo, pero todos terminan sufriendo. Es la base del cambio climático, la deforestación o la sobrepesca.

Una tragedia de lo “poco común” es diferente, explica Wiener. En lugar de que las personas administren mal un recurso compartido, aquí la gente está percibiendo mal un riesgo catastrófico poco común.

Sitio d prueba Trinity.

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El sitio de la prueba Trinity hoy, bajo una atmósfera que afortunadamente no se incendió.

Él propone tres razones por las que esto sucede:

La primera es la “falta de disponibilidad” de catástrofes raras.

Los acontecimientos recientes y destacados son más fáciles de recordar que los acontecimientos que nunca sucedieron.

El cerebro tiende a construir el futuro con un collage de recuerdos sobre el pasado. Si un riesgo encabeza las noticias (terrorismo, por ejemplo), aumenta la preocupación pública, los políticos actúan, se inventa la tecnología, etc.

Sin embargo, la dificultad especial de prever las tragedias de los infrecuentes es que es imposible aprender de la experiencia. Nunca aparecen en los titulares. Pero una vez que suceden, se acabó el juego.

La segunda razón por la que percibimos mal las catástrofes muy raras es el efecto “adormecedor” de un desastre masivo.

Los psicólogos observan que la preocupación de la gente no crece linealmente con la gravedad de una catástrofe.

O para decirlo más simple, si preguntas a las personas cuánto les importa que mueran todas las personas en la Tierra, no es 7.500 millones de veces más preocupante que si les dijeras que una persona moriría. Tampoco consideran las vidas de las generaciones futuras perdidas.

En grandes cantidades, hay cierta evidencia de que la preocupación de las personas incluso disminuye en relación con sus preocupaciones sobre la tragedia individual.

En un artículo reciente para BBC Future, la periodista Tiffanie Wen cita a la Madre Teresa, quien dijo: “Si miro a la masa, nunca actuaré. Si miro a uno, lo haré”.

Finalmente, Wiener describe un efecto de “subestimación” que fomenta una actitud de no actuar entre quienes toman los riesgos, porque no hay responsabilidad.

Si el mundo se acaba debido a tus decisiones, entonces no puedes ser demandado por negligencia. Las leyes y reglas no tienen poder para disuadir la imprudencia de acabar con las especies.

Foto de la Tierra tomada desde la Luna.

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Quizás lo más preocupante es que una tragedia poco común podría suceder por accidente ya sea por arrogancia, estupidez o negligencia.

“En igualdad de condiciones, no mucha gente preferiría destruir el mundo. Incluso las corporaciones sin rostro, los gobiernos entrometidos, los científicos imprudentes y otros agentes de la catástrofe necesitan un mundo en el que lograr sus objetivos de lucro, orden, tenencia u otras canalladas”, escribió una vez el investigador de Inteligencia Artificial Eliezer Yudkowsky.

“Si nuestra extinción avanza lo suficientemente lenta como para permitir un momento de horrorizada comprensión, los autores de la acción probablemente se sorprenderán bastante… si la Tierra es destruida, probablemente será por error”, añadió.

Podemos estar agradecidos de que los trabajadores del proyecto Apolo 11 y los científicos de Manhattan no fueran esos horribles individuos.

Pero en el futuro, alguien llegará a otro punto de inflexión en el que el destino de la especie estará en sus manos. O quizás ya están en este camino, lanzándose hacia el desastre con los ojos cerrados.

Con suerte, por el bien de la humanidad, tomarán la decisión correcta cuando llegue su momento.

Puedes ver aquí el artículo original en inglés


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