Gasolina subirá hasta 20% en enero de 2017; estos son los nuevos precios
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Gasolina subirá hasta 20% en enero de 2017; estos son los nuevos precios

A partir del 1 de enero, la gasolina subirá en todo el país. Los incrementos van del 14 al 20% respecto a los costos actuales, debido a la liberalización del precio.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
27 de diciembre, 2016
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A partir del 1 de enero el precio de la gasolina tendrá aumentos de hasta 20% en todo el país. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) dio a conocer los precios y el esquema de aumentos que tendrá el combustible durante 2017.

Los incrementos de las gasolinas serán de 14.2% en el precio de la Magna; 20.1% para la Premium y de 16.5% para el diésel, con respecto al precio máximo observado en diciembre de 2016.

Con estos ajustes, los precios promedio a nivel nacional del 1 de enero al 3 de febrero de 2017 serán de 15.99 pesos para la gasolina Magna; 17.79 para gasolina Premium y 17.05 para diésel.

Sin embargo Hacienda recuerda que cada una de las 90 regiones en las que fue dividido el país tendrá sus propios niveles; los precios máximos para cada región están disponibles en la página de la Comisión Reguladora de Energía (www.cre.gob.mx).

Hacienda explicó en un comunicado que el año comenzará con un solo precio máximo durante enero y hasta el 3 de febrero; en las primeras dos semanas de ese mes habrá dos actualizaciones en el precio, y a partir del sábado 18 de febrero los ajustes al precio serán diarios.

Fuente: SHCP

Fuente: SHCP

Señala que estos cambios en los precios “responden al aumento en los precios internacionales de los combustibles y no implica ninguna modificación o creación de impuestos”.

La dependencia explica que los precios de las referencias internacionales para las gasolinas Magna y Premium, y el diésel, se elevaron de manera importante en el último cuatrimestre de 2016.

precios febrero

Diferentes regiones, varios precios

El gobierno federal dividió el país en 90 regiones (7 en frontera y 83 al interior), correspondientes a las zonas que abastece la infraestructura existente de almacenamiento y reparto de Pemex, detalló Hacienda en un comunicado.

De acuerdo al listado de costos por estados y municipios, Guerrero, Puebla, Ciudad de México y Jalisco tendrán los precios más altos.

En Guerrero el precio de la gasolina Magna será de 16.59 pesos; la Premium en 18.36 y el diésel en 17.66. Mientras que en Jalisco la Magna alcanzará los 16.52 peros; la Premium 18.41 y el diésel 17.26.

En Puebla la Magna costará 16.59; la Premium se venderá en 18.36 y el diésel en 17.66. Para la Ciudad de México la Magna estará en 16.33; la Premium en 18.20 y el diésel en 17.07 pesos por litro.

Aquí puedes revisar el listado completo de regiones y municipios y los precios de la gasolina.

“Durante 2017, para continuar con este proceso, los precios máximos se determinarán por región y reflejarán los costos logísticos de Pemex, en los términos aprobados por la Comisión Reguladora de Energía (CRE)”, explica la SHCP.

Los precios máximos serán diferentes entre las distintas regiones del país, reflejando los costos de llevar los combustibles a cada una de ellas. “La diferencia en costos obedece a la distancia de cada localidad a las refinerías de Pemex o a los puntos de importación, así como a los diferentes tipos de infraestructura para el transporte y distribución del combustible”, informó la dependencia.

En las siete zonas ubicadas en la frontera con Estados Unidos, el precio máximo se establecerá para limitar la diferencia en precios entre la ciudad mexicana y la ciudad estadounidense ubicada del otro lado de la frontera.

Para obtener los precios máximos regionales se sumaran tres componentes: Los precios de referencia internacional de cada combustible; los costos de transporte, internación, flete y distribución de Pemex y otros conceptos, incluyendo los impuestos aplicables y el margen comercial para las estaciones de servicio.

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Burnout: qué es el síndrome de estar ‘quemado’ por el trabajo y cómo combatirlo

Fruto del estrés laboral crónico, el síndrome es uno de los principales problemas de salud mental y la antesala de muchas patologías psíquicas que puede empeorar con la pandemia.
16 de julio, 2021
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¿Se ha encontrado en alguna ocasión de su vida agotado física y mentalmente? ¿Ha tenido una actitud de indiferencia y desapego en el trabajo? ¿Se ha sentido desmotivado, frustrado y ha disminuido su productividad laboral?

Si la respuesta a estas preguntas es afirmativa entonces ha sufrido el síndrome de burnout o síndrome del “quemado”.

Catalogado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un riesgo laboral en 2019, se incluyó en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Conexos (CIE-11), cuya entrada en vigor se ha fijado para el 1 de enero de 2022.

Se trata de un trastorno cada vez más conocido y diagnosticado.

Combina factores de riesgo personales con factores de riesgo relacionados con la organización.

De hecho, es uno de los principales problemas de salud mental y la antesala de muchas patologías psíquicas.

Un chico tapándose la cara

Getty Images

Origen del síndrome

El término “burnout” fue descrito por primera vez en 1974 por el psicoanalista Herbert Freudenberger.

Observó en una clínica para toxicómanos en Nueva York cómo la mayoría de los voluntarios tenía una pérdida de energía progresiva hasta llegar al agotamiento.

También detectó síntomas de ansiedad, depresión y desmotivación en el trabajo, además de agresividad hacia los pacientes al cabo de un año de estar trabajando.

Su descripción fue la siguiente: “Una sensación de fracaso y una experiencia agotadora que resulta de una sobrecarga por exigencias de energía, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador”.

Doctora en su oficina

Getty Images

Principales características

El síndrome es consecuencia de un estrés laboral crónico.

Suele aparecer en personas cuya profesión demanda entrega y dedicación a los demás, como es el caso de la enseñanza, la salud o los servicios sociales.

Afecta especialmente a los profesionales de la salud, dado que se encuentran expuestos al sufrimiento humano y a la muerte.

Además tienen un alto nivel de exposición laboral, con largas jornadas de trabajo y un nivel elevado de exigencia y sobrecarga de tareas.

Esta exposición a largo plazo genera una pérdida de energía, un sentimiento de falta de realización personal y una despersonalización que pueden ocasionar trastornos de salud y poca motivación para el trabajo, generando errores y deterioro de la calidad del servicio.

Hombre en la cama, mirando el celular durante la noche

Getty Images

Tres componentes significativos caracterizan al síndrome del quemado:

  1. Estado de agotamiento emocional: sentimiento de estar sobrepasados emocionalmente y exhausto en el trabajo.
  2. Actitud cínica o distante frente al trabajo: percepción deshumanizada de las personas con las que nos relacionamos en el trabajo.
  3. Sensación de ineficacia, de no hacer bien las tareas: insatisfacción en el trabajo con sentimientos de descontento y desmotivación.

Instrumentos de evaluación

Existen varios instrumentos para medir el desgaste profesional por parte de los médicos.

Uno de los más conocidos es la escala de Maslach o Maslach Burnout Inventory, que consta de 22 ítems en forma de afirmaciones sobre los sentimientos y actitudes del profesional.

Otra escala es el inventario de burnout de Conpenhague, compuesto por 19 preguntas divididas en tres escalas para medir el agotamiento personal.

Ambos instrumentos son de utilidad para poder determinar si un trabajador sufre el síndrome del quemado.

Pero los tiene que utilizar un profesional, para realizar una correcta interpretación.

Edificio de oficinas con muchas personas trabajando de noche

Getty Images
Algunas sociedades glorifican el exceso de trabajo hasta el punto de agotamiento.

Otros factores que influyen

Existen varios factores que influyen en este síndrome.

Estos son los más destacables:

  1. Los turnos laborales y el horario de trabajo. Tienen influencias biológicas y emocionales claras: alteraciones del ritmo cardiaco, ciclo sueño-vigilia, etc.
  2. La seguridad y estabilidad del trabajo, especialmente en época de crisis. Perder el trabajo o estar bajo la presión de perderlo durante un tiempo prolongado.
  3. Falta de formación profesional para desempeñar las tareas y falta de asertividad. No estar preparado y, por lo tanto, no poder hacer correctamente el trabajo. No saber decir no y asumir más carga de trabajo de la que podemos llevar a cabo.
  4. La estructura y clima organizacional: organizaciones complejas, con muchos requerimientos, exceso de burocracia y responsabilidades que pueden afectar al grado de control del individuo, incluyendo un alto nivel de estrés, carga de trabajo excesiva o poca autonomía profesional.
  5. Las relaciones interpersonales con otros compañeros de trabajo basadas en la falta de confianza, poca o escasa cooperación o destructivas, con altos niveles de tensión.

Además de lo anteriormente expuesto, a nivel personal hay una serie de factores de riesgo, como son: el deseo de destacar y ser brillante, la autoexigencia, una baja tolerancia al fracaso, el perfeccionismo, la ambición, creerse indispensable, tener pocos intereses fuera del trabajo o ser excesivamente idealistas.

Bañistas sentados frente a la playa

Getty Images

¿Cómo lo podemos prevenir?

Existen algunas medidas eficaces:

  • Dar información sobre el síndrome de burnout, sus síntomas y consecuencias, de manera que lo podamos detectar de forma rápida.
  • Permanecer atentos a las condiciones del ambiente laboral.
  • Impartir formación sobre habilidades sociales y estrategias para enfrentarse a los cambios.
  • Fomentar actividades extralaborales.

Es muy importante no estar centrados en temas de trabajo siempre, dentro y fuera, sino romper y mantener una vida activa desconectados del trabajo.

Mejor tratamiento

El tratamiento se centra principalmente en la atención a la disminución del estrés o el desarrollo de nuevos hábitos positivos que reduzcan la aparición del mismo.

Trabajar la resiliencia es muy importante, para que la persona pueda aprender, mejorar y recuperarse.

La mejora de la autoestima, el ajuste de las expectativas a la realidad o el fomento de hábitos saludables, además de contar con herramientas para combatir el estrés, nos darán la llave del éxito frente a una enfermedad que ha crecido durante la pandemia.

*Fernando Díez Ruiz es profesor doctor en la Facultad de Psicología y Educación de la Universidad de Deusto y Pedro César Martínez Morán es director del Máster en Recursos Humanos de ICADE Business School de la Universidad Pontificia Comillas.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons.

Lee el artículo original aquí.


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