Una bebé indígena murió en Puebla por la negligencia de 6 médicos
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Una bebé indígena murió en Puebla por la negligencia de 6 médicos

Médicos incurrieron en distintos actos de negligencia en sus respectivas áreas de especialidad, en la fase previa al parto, durante el alumbramiento, así como en los momentos posteriores al nacimiento, concluyó la Comisión.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
18 de diciembre, 2016
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A dos años de la muerte de una bebé recién nacida en el Hospital General de Cuetzalan, Puebla, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) concluyó que el deceso fue consecuencia de la negligencia de seis médicos, quienes incurrieron en distintos actos de negligencia en sus respectivas áreas de especialidad, en la fase previa al parto, durante el alumbramiento, así como en los momentos posteriores al nacimiento.

El 19 de agosto de 2014, Estefany, una joven indígena que en ese momento tenía 21 años de edad, acudió a los servicios médicos de su comunidad, Xiloxochico, en donde el médico local detectó que presentaba salida de líquido transvaginal, lo cual es un indicativo de que sufría una ruptura prematura de membrana, razón por la cual fue remitida al Hospital General de Cuetzalan, para recibir atención especializada.

A pesar del diagnóstico emitido en Xiloxochico, el primer médico que atendió a Estefany en Cuetzalan determinó que “no tenía suficiente dilatación y no se le habían roto las membranas”. No obstante, luego de analizar el expediente médico iniciado en el Hospital General, la CNDH determinó que este médico no realizó todos los procedimientos establecidos para determinar o descartar un eventual rompimiento de membanas.

En su lugar, este médico pidió a Estefany que acudiera a una clínica particular, para que ahí le terminaran de realizar los procedimientos establecidos.

Siguiendo esa indicación, la joven indígena acudió a una clínica particular y, con sus propios recursos, pagó los análisis que en el Hospital General omitieron practicarle. En este servicio particular, se determinó que el embarazo de Estefany seguía su curso normal, sin ninguna anomalía.

Con ese dictamen, Estefany volvió por tercera vez en el mismo día al hospital público de Cuetzalan, donde un segundo médico le indicó que no había nada anormal y le ordenaron “que se fuera a su casa porque todavía le faltaban 10 días” para el parto.

Al respecto, los médicos expertos de la CNDH concluyeron que este segundo doctor debió realizar al menos tres procedimientos para determinar si existía rompimiento de membranas, los cuales omitió y, por el contrario, “de manera inadecuada la dio de alta, pondiendo en riesgo al binomio materno-fetal”.

De hecho, la condición médica de Estefany obligaba a que permaneciera hospitalizada, en total reposo y en permanente observación. Contrario a ello, este segundo médico pidió a la joven embarazada que regresara a su casa.

La joven indígena volvió a su vivienda, aún cuando sufría dolores abdominales, los cuales la obligaron a presentarse nuevamente al área de Urgencias del Hospital de Cuetzalan pocas horas después, a las 4:00 de la madrugada del día 20 de agosto.

Esta vez, Estefany fue revisada por un tercer médico, quien le informó que ya estaba en labor de parto, pero que debía irse y volver diez horas después.

Tal como hicieron los dos médicos anteriores, este tercer especialista del Hospital General de Cuetzalan omitió registrar la presencia de líquido transvaginal y, aunque reconoció que Estefany ya estaba en labores de parto, “tampoco agotó los medios para confirmar o descartar la ruptura de membranas”, por lo cual, concluyó la CNDH, este médico puso en riesgo la vida de la madre y la bebé, al no integrar de manera adecuada sus observaciones en el expediente médico.

Siguiendo la orden del especialista, Estefany nuevamente se fue del hospital y volvió 10 horas después.

Una vez de vuelta, a las 14:00 horas del 20 de agosto, Estefany fue nuevamente puesta en espera.

Estefany debió soportar los dolores abdominales una hora más, y no fue sino hasta las 15:00 horas  (es decir, 24 horas después de que llegó por primera vez anunciando su malestar) que la joven indígena fue atendida, ahora por un cuarto médico, quien finalmente ordenó que fuera ingresada para su inmediata atención.

Para ese momento, Estefany tenía más de las 18 horas normales en labores de parto, lo cual, según la CNDH, era indicativo de sufrimiento fetal.

Luego de analizar los pasos seguidos por este cuarto médico, la CNDH concluyó que él también incurrió en negligencia, ya que detectó distintos factores de riesgo para la vida de la madre y de la bebé –lo cual él mismo reconoció al ser entrevistado por Derechos Humanos–, sin haberlos inscrito en el expediente de atención del parto.

Además, este médico omitió un paso fundamental en la atención de toda mujer en labores de parto, que es la redacción del expediente conocido como “partograma”, en el cual deben establecerse todos los pasos de atención que requieren tanto la madre como el bebé.

Esta omisión básica provocó “una inadecuada vigilancia del binomio materno-fetal, situación que derivó en la falta de detección temprana de complicaciones, tales como sufrimiento fetal o alteraciones en la evolución del trabajo de parto”.

Luego de que Estefany fue ingresada al quirófano, un quinto doctor se encargó de practicar los procedimientos para que la bebé naciera, pero Estefany no pudo ver a su hija, sólo escuchó un leve llanto y luego le informaron que sería conducida con el pediatra.

Al ser interrogado por autoridades estatales, este quinto médico reveló un hecho clave: él no es ginecobstetra, sino sólo cirujano general, razón por la cual pudo atender el parto, durante el cual detectó que existían complicaciones médicas que ponían en riesgo a la bebé, por lo cual pidió que la madre en labores fuera conducida al área de ginecología.

No obstante, en ese momento le fue informado al médico que no había ya personal en el área, y que él debía encarar el parto. Y así lo hizo: rompió la membrana y siguió los procedimientos para un parto natural.

Un día después, el 21 de agosto, Estefany fue informada que su bebé había muerto poco después de nacer, por “paro cardiaco”, luego de presentar varios cuadros de asfixia por aspiración de residuos biológicos del parto.

Según los expertos de la CNDH, la bebé aspiró estos residuos, como consecuencia de que los cinco médicos que recibieron a Estefany no atendieron la ruptura temprana de membranas que ella presentaba.

La bebé fue atendida por un sexto médico, el cual también incurrió en negligencia, ya que no realizó a la bebé los estudios suficientes, cuando aún estaba viva, para determinar cuál era la causa de los cuadros de asfixia que presentaba y que, finalmente, derivaron en su muerte.

Aunque este caso fue investigado por la Comisión de Arbitraje Médico y por la Secretaría de Salud de Puebla, ambos organismos determinaron que no había ninguna irregularidad en el proceder de estos servidores públicos.

Sin embargo, luego de atraer este caso para su investigación la CNDH concluyó que estos seis médicos del sector público, cuyo nombre mantuvo en secreto, violaron el derecho a la vida de la bebé recién nacida, además de que violaron el derecho de la bebé y su mamá a una adecuada atención médica, a lo cual estaban obligados estos médicos, en su calidad de servidores públicos.

La responsabilidad, sin embargo, no se restringe a estos seis médicos, ya que la CNDH también concluyó que se trataba de “médicos residentes” (es decir, en fase formativa), que nunca recibieron supervisión de doctores titulares, lo cual es una obligación de ley para todas las instituciones de salud, tanto públicas como privadas.

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Yuri Gagarin: los peligros ocultos en el primer vuelo tripulado al espacio hace 60 años

Hace seis décadas, Yuri Gagarin se convirtió en la primera persona en llegar al espacio, pero es probable que ni siquiera él supiera cuánto se arriesgó durante la misión.
12 de abril, 2021
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Yuri Gagarin con un casco espacial

Getty Images
Yuri Gagarin fue el primer ser humano en llegar al espacio.

“Porque aquí estoy sentado en una lata. Muy por encima del mundo. El planeta Tierra es azul, y no hay nada que pueda hacer”.

Estas líneas de la canción Space Oddity, de David Bowie, resumen cómo debe haberse sentido Yuri Gagarin cuando realizó el primer viaje de un humano al espacio exterior.

En su diminuta nave espacial, de poco más de dos metros de diámetro, Gagarin partió hacia el espacio más como pasajero que como un cosmonauta.

En ese momento, el “piloto” ni siquiera podía tocar los controles de la nave.

Según una transcripción de la comunicación con el control de tierra, Gagarin quedó impresionado por la vista a través de la ventana de la cápsula, mencionando la “hermosa aura” de nuestro planeta y las sorprendentes sombras proyectadas por las nubes en la superficie de la Tierra.

El viaje de Gagarin al espacio el 12 de abril de 1961, hace exactamente 60 años, fue una victoria de la Unión Soviética sobre Estados Unidos en la carrera espacial. Y su regreso a la Tierra fue un triunfo innegable.

Pero para hacer historia, Gagarin asumió un peligroso desafío que requería una inmensa valentía.

Partió hacia el espacio, un lugar misterioso que era prácticamente desconocido en ese momento, en una nave que no tenía controles de rescate.

El cohete que lo lanzaría había tenido tantos vuelos fallidos como exitosos.

Gagarin estaba asumiendo el papel de un conejillo de indias y su misión estaba diseñada a responder varias preguntas.

¿Puede un humano sobrevivir en el espacio? ¿Puede la nave espacial sobrevivir al viaje? ¿Puede esa nave espacial comunicarse de manera efectiva con la Tierra, a fin de garantizar un aterrizaje seguro?

Yuri Gagarin

Getty Images
Con 27 años, Gagarin asumió el reto de viajar al espacio.

En ese momento, nadie confiaba en la seguridad de los cohetes, las naves espaciales, los controles y los sistemas de comunicación, ni siquiera en que los humanos pudieran sobrevivir en el espacio.

“Si la nave espacial Vostok se presentara a los científicos de hoy, nadie votaría a favor de lanzar una cosa tan improvisada como esa al espacio“, dijo el ingeniero Boris Chertok casi medio siglo después de la misión, en su libro Rockets and People.

“ firmé documentos declarando que todo me parecía bien y que garantizaba la seguridad de la misión. Nunca lo habría firmado hoy. He ganado mucha experiencia y me he dado cuenta de cuánto nos arriesgamos”.

Fallos del Vostok

El vehículo de lanzamiento Vostok, en el que se instaló la nave espacial del mismo nombre, se basó en el cohete R-7, un misil balístico intercontinental de dos fases que fue lanzado por primera vez en agosto de 1957.

Ese mismo año, el Sputnik 1, el primer satélite terrestre artificial, fue transportado en el R-7.

El diseño del cohete resultó ser muy exitoso: los misiles de esta familia siguen siendo los únicos en Rusia para vuelos espaciales tripulados. Aunque está desactualizado, ha demostrado ser confiable para poner naves espaciales en órbita.

Sin embargo, en 1961, las cosas eran bastante diferentes.

Primer plano de las llamas de escape del cohete que puso en órbita a Yuri Gagarin

Science Photo Library
El cohete R-7 fue creado con fines balísticos, pero adaptado para la exploración espacial.

“De acuerdo a los estándares modernos para la seguridad de los cohetes, no teníamos ninguna razón para ser optimistas antes de 1961. Ese año tuvimos al menos ocho lanzamientos exitosos seguidos”, dijo Chertok en su libro.

“ de los cinco lanzamientos de satélites en 1960, cuatro lograron despegar. De estos, solo tres lograron salir de la órbita de la Tierra, y solo dos aterrizaron. Y de los dos que regresaron a la Tierra, solo uno aterrizó con normalidad”.

El primer lanzamiento del programa Vostok fue el 15 de mayo de 1960, menos de un año antes de la misión de Gagarin. A bordo de la nave satélite había un maniquí apodado Ivan Ivanovich.

La nave salió de la órbita de la Tierra pero no regresó. Sus sistemas de orientación fallaron.

El 19 de agosto, los perros Belka y Strelka volaron al espacio y regresaron, en lo que fue el único lanzamiento completamente exitoso en 1960.

Los intentos posteriores tuvieron menos éxito.

La cápsula espacial en la que viajó Gagarin

Getty Images
La diminuta nave espacial en la que viajó Gagarin tenía unos dos metros de diámetro.

El 1 de diciembre, otro lanzamiento, que también transportaba perros, Mushka y Pchelka, no pudo regresar sobre su trayectoria calculada y comenzó a descender fuera de las fronteras de la URSS.

Toda la nave fue destruida, con los animales a bordo, para evitar que otros países obtuvieran la tecnología soviética.

Casi perfecto

Durante el vuelo de Gagarin, el 12 de abril de 1961, el cohete funcionó casi a la perfección. Pero no hay nimiedades en la tecnología espacial y este “casi” podría haberle costado la vida al cosmonauta ruso.

Entre muchos fallos técnicos, su nave entró en órbita a una altitud superior a la prevista.

Tenía frenos, pero si no hubieran funcionado, Gagarin habría tenido que esperar a que la nave espacial descendiera por sí sola para regresar a la Tierra.

Aunque el Vostok tenía oxígeno, comida y agua para más de una semana, la altitud a la que llegó habría hecho que la nave tardara más en comenzar a descender.

Es probable que Gagarin se hubiera quedado sin suministros y hubiera muerto. Afortunadamente, los frenos funcionaron.

Un monumento a Yuri Gagarin en Moscú

Reuters
Los monumentos a Gagarin se mantienen hasta hoy en Rusia.

Luego, los cables que conectan la cápsula espacial con el módulo de servicio no se separaron antes del regreso de Gagarin a la Tierra. Así que la cápsula de Gagarin arrastró inesperadamente un módulo adicional cuando aterrizó.

Las temperaturas en la cápsula se volvieron peligrosamente altas y Gagarin dio vueltas frenéticamente, casi perdiendo el conocimiento.

“Estaba en una nube de fuego cayendo hacia la Tierra”, recordó más tarde el cosmonauta. Pasaron 10 minutos antes de que los cables finalmente se quemaran y el módulo de descenso, que contenía a su pasajero humano, se soltara.

Gagarin saltó antes de que su cápsula cayera al suelo, con un paracaídas en un aterrizaje seguro cerca del río Volga.

Esto violó el requisito de la Federación Aeronáutica Internacional (FAI) que contempla que astronautas y cosmonautas deben aterrizar en la nave espacial; de lo contrario, el vuelo al espacio no cuenta.

Los funcionarios se negaron a admitir que Gagarin no viajó los últimos kilómetros hasta el suelo en su nave.

Sus registros de vuelos espaciales fueron certificados por la FAI, que también cambió sus reglas para reconocer que los pasos importantes eran un lanzamiento seguro, su paso por la órbita y el regreso del piloto.

¿Lo haría un cosmonauta moderno?

El servicio ruso de la BBC preguntó a tres cosmonautas rusos si volarían al espacio en la nave espacial Vostok en el estado en el que se encontraba en 1961.

Pavel Vinogradov, quien viajó al espacio tres veces en 1997, 2006 y 2016, dijo que volaría a pesar de todo el peligro, pero solo por su carácter aventurero.

Yuri Gagarin en un desfile

Getty Images
Gagarin se convirtió en un héroe nacional soviético después de su exitoso viaje.

Sin embargo, Gagarin estaba en una posición diferente, dice, y es poco probable que estuviera al tanto de todos los riesgos involucrados.

“Tienes que comprender cuáles eran mis conocimientos cuando volé por primera vez”, dice Vinogradov. “Soy ingeniero, sé demasiado. Probablemente Gagarin no sabía todo eso”.

Mijail Kornienko, quien voló al espacio dos veces en 2010 y 2015, dice que definitivamente habría volado en 1961 en el lugar de Gagarin, pero no iría ahora que se sabe que el riesgo fue extremadamente alto.

“Estoy seguro de que cualquiera habría entrado en esta nave en su lugar”, señala el cosmonauta.

Sergei Ryazansky ha volado al espacio dos veces y señala que el primer cuerpo de cosmonautas reclutó pilotos de combate militares, personas disciplinadas dispuestas a sacrificar sus vidas por su tierra natal.

Los primeros cosmonautas eran jóvenes, dice.

“Probablemente, si tuviera esa edad, debido a mis ansias de aventura estaría de acuerdo . Ahora, por supuesto, no lo haría. Tengo cuatro hijos y una responsabilidad con mi familia”, reflexiona Ryazansky.

Insignias de Yuri Gagarin

BBC
La figura de Gagarin ha sido usada en diversos objetos, como insignias.

Volar al espacio da miedo, incluso ahora, señala.

“Una persona normal tiene miedos. Y esto es bueno. Una persona se vuelve más serena, más atenta y más responsable”.

“Nuestras vidas cambiaron para siempre”

Hijo de campesinos, Gagarin había subido al espacio desconocido y regresó como el hombre más famoso del planeta.

Su vuelo lo convirtió en un héroe nacional y una celebridad mundial, y luego viajó mucho para promover los logros de la Unión Soviética, a la entonces Checoslovaquia, Bulgaria, Finlandia, Reino Unido, Islandia, Cuba, Brasil, Canadá, Hungría e India.

“Significó, por supuesto, que nuestras vidas cambiaron para siempre”, explicó Elena Gagarina, la hija mayor de Gagarin, cuando habló con la BBC en 2011.

“Fue extremadamente difícil para mis padres tener una vida privada. Tuvieron muy pocas oportunidades de estar juntos en una vida privada después del vuelo”, comentó.

Yuri Gagarin y Fidel Castro en La Habana

Getty Images
En su gira por América, Gagarin estuvo en Cuba.

“Incluso si él planeaba algo para sí mismo, estaba rodeado de gente que quería verlo, hablar con él y tocarlo. Se dio cuenta de que era parte de su trabajo y no podía negarse”, continúa.

Aunque Gagarin deseaba volar de nuevo, se le prohibió volverlo a hacer debido a su condición de héroe nacional.

Pasó a entrenar a varios otros cosmonautas y se matriculó en el prestigioso Instituto Zhukovsky de Ingeniería Aeronáutica.

Gagarin se graduó con honores en febrero de 1968.

En marzo de ese mismo año, en un vuelo de prueba de rutina en un MIG-15, su avión se estrelló y lo mató a él y a su copiloto.

Tenía 34 años.


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