Costos, dificultades y posibles daños: los puntos clave sobre el muro que quiere Trump
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Guillermo Arias

Costos, dificultades y posibles daños: los puntos clave sobre el muro que quiere Trump

El presidente de Estados Unidos ya firmó la orden ejecutiva para que se haga el muro en la frontera. Te presentamos puntos clave para entender lo que implica esa obra, cuánto costaría, qué barreras existen ya en la frontera y la posición de México.
Guillermo Arias
Por Redacción Animal Político
25 de enero, 2017
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Donald Trump firmó este miércoles la orden ejecutiva para la construcción de un muro de concreto en la frontera entre Estados Unidos y México, como una medida para frenar la inmigración ilegal a territorio estadounidense, pero concretar una obra de esas dimensiones no es algo que se logre de la noche a la mañana.

Existen dudas respecto a cómo lograría Trump financiarlo, ya que el Congreso estadounidense tendría que aprobarle recursos, y México se niega a pagar esa obra, como quiere el republicano. Además, una construcción de ese tipo implica un gran reto técnico, e incluso tendría repercusiones ambientales.

A continuación te presentamos puntos clave para entender el caso del muro:

¿Por qué quiere construir un muro?

El ahora presidente de Estados Unidos prometió desde su etapa de candidato la construcción del muro. En sus mitines era común escuchar el grito “build the wall!”, coreado por sus simpatizantes.

Con esa construcción, Trump quiere frenar la entrada de migrantes indocumentados, al señalarlos como un grupo que puede afectar a Estados Unidos, en cuanto a crimen y empleo para los estadounidenses.

Alguna vez el magnate dijo que el vecino del sur, México, no envía a Estados Unidos a sus mejores personas, sino también criminales, e incluso violadores, una declaración que para nada le cayó bien a los mexicanos.

¿Ya hay un muro en la frontera?

La frontera entre México y Estados Unidos tiene una extensión de 3,152 kilómetros.

Y sí, en parte de ella ya existen muros, cercas, vallas y otras barreras (algunas naturales), que impiden el paso de personas y vehículos que puedan trasladarlas.

De acuerdo con el diario USA Today, actualmente se tienen ese tipo de construcciones en unos 1,049 kilómetros de la frontera.

Esas barreras contaron con el respaldo de una ley denominada “valla segura” (Secure Fence Act), firmada en 2006 por el presidente George W. Bush, y que ahora Trump podría usar a favor para su idea del muro.

La mayor parte de las cercas en Texas, Nuevo México, Arizona y California fueron construidas antes de que Bush dejara el cargo. Las últimas partes fueron completadas después de que el presidente Barack Obama asumiera el puesto, en 2009, apunta AP.

Leer: De la barrera natural al doble muro: así ha crecido la separación fronteriza entre México y EU

¿Cuánto costaría?

Trump dijo primero que construir el muro a lo largo de la frontera tendría un costo de unos 8 mil millones de dólares, aunque luego mencionó que podrían ser 10 mil.

Sin embargo, un estudio del grupo de investigación Bernstein, citado por el diario USA Today, estimó que los costos totales estarían entre 15 y 25 mil millones de dólares, tomando en cuenta el pago de materiales y personal.

¿Quién pagaría el muro de Trump?

Durante su campaña Trump aseguró que obligaría a México a pagar la construcción del muro.

Después, el 11 de enero pasado, dijo que empezaría la construcción utilizando recursos públicos de los estadounidenses, y que después México lo pagaría o haría un reembolso, incluso con algún impuesto (México teme que haya alguna retención a las remesas que envían los trabajadores en Estados Unidos a su familia).

Este miércoles, Trump insistió con la idea del reembolso. Dijo que el muro comenzará a construirse en “unos meses”, y que eso sería bueno tanto para México como para Estados Unidos.

Sin embargo en el Congreso estadounidense, con mayoría republicana, no se ha confirmado que vayan a darle a Trump los recursos que necesita para la construcción del muro.

La legisladora demócrata Nancy Pelosi, de California, dijo que incluso los republicanos podrían negarse a que se dé el gasto de unos 14 mil millones de dólares, que según sus cálculos podría costar el muro, de acuerdo con el New York Times.

¿Qué dificultades enfrentaría la construcción?

En su estudio, el grupo de investigación Bernstein señala que construir un muro como el que ha planteado Trump enfrentaría grandes retos topográficos, ya que tendría que pasar por el desierto de Arizona, montañas escarpadas en Nuevo México y ríos, y para la obra sería necesario incluso construir caminos para acceder a ciertas zonas.

La región fronteriza también incluye refugios protegidos de vida silvestre, territorios indígenas y ranchos cuyos propietarios no aceptarían vender sus tierras al gobierno federal estadounidense, para que se haga el muro, lo que representaría dificultades y costos adicionales.

¿Cuántos apoyan la construcción del muro en EU?

El Pew Research Center indicó este mes que solo 39% de los estadounidenses considera que la construcción del muro es una meta importante como política en cuanto a la inmigración.

Sin embargo, al encuestarse a ciudadanos que son republicanos, un 67% dijo que era importante la construcción del muro. En el caso de las demócratas, esa cifra es de apenas 16%.

¿El muro provocaría daños ambientales?

Carlos de la Parra, investigador en la Centro de Estudios Fronterizos de la Frontera Norte, dijo a BBC Mundo que el muro afectaría la migración de las especies de animales en la zona, al cortar sus accesos.

Las barreras humanas, apuntó un reporte de BBC, también pueden perturbar las cuencas hidrográficas y las vías fluviales, incluso provocando inundaciones.

La frontera divide a los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas de seis entidades mexicanas: Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Gerardo Ceballos, investigador del Instituto de Ecología (IE) de la UNAM, dijo que los muros y cercas que actualmente ya están en la frontera afectan la migración y los movimientos de más de 800 especies de vertebrados, principalmente mamíferos, reptiles y anfibios.

Esa situación, dijo, empeoraría si Trump logra el muro que quiere.

¿Cuál es la postura de México?

El presidente Enrique Peña Nieto ha expresado su rechazo al muro. Dijo que los mexicanos no pagarán esa construcción, y que no aceptará que Estados Unidos confisque parte de las remesas que los trabajadores envían a sus familias, para que Trump pueda costear esa construcción.

“No son negociables principios básicos como nuestra soberanía, el interés nacional y la protección de nuestros connacionales”, expresó.

¿Cuántas mexicanos indocumentados hay en EU?

En 2014, de acuerdo con el Pew Research Center, se tenía un estimado de 5 millones 850 mil inmigrantes indocumentados de origen mexicano en Estados Unidos. 

En total, en aquel entonces, se tenía un estimado de un total de 11.1 millones de personas indocumentadas viviendo en Estados Unidos.

El gobierno mexicano indicó en noviembre pasado que apoyaría a esa población mexicana de inmigrantes indocumentados, para evitar que sufrieran abusos ante la amenaza de deportaciones masivas durante el gobierno de Trump.

¿Cómo ha cambiado la migración?

Un reporte del Pew Research Center, de noviembre de 2015, indicó que de 2009 a 2014 un millón de mexicanos y sus familias dejaron Estados Unidos para regresar a México.

En el mismo periodo, se estima que 870,000 mexicanos dejaron México para irse a Estados Unidos.

Es decir, fueron más los regresos que la migración a territorio estadounidense.

En aquel entonces se indicó que una de las causas de este cambio en la tendencia era que el mercado de empleo en Estados Unidos se había deteriorado.

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El desertor homosexual que escapó de Corea del Norte (y de su matrimonio) y encontró el amor a los 62 años

Jang Yeong-jin huyó de Corea del Norte escapando de un matrimonio sin amor. Ahora se ha prometido con su novio.
22 de marzo, 2021
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Jang

Oh Hwan
A los 62 años, Jang ha encontrado el amor y se va a casar con su novio estadounidense.

La singular historia del único desertor abiertamente homosexual de Corea del Norte fue cubierta por la prensa internacional cuando publicó su autobiografía. Ahora, 25 años después de huir de su país, cuenta a la BBC sus planes para casarse con su novio estadounidense.

Jang Yeong-jin nunca le habían parecido atractivas a las mujeres. Pero no fue hasta la noche de bodas, a los 27 años, que esto le hizo su vida más difícil.

Jang se sintió intensamente incómodo. “No podía poner un dedo sobre mi esposa“, recuerda.

Aunque la pareja finalmente consumó su matrimonio, el sexo era poco habitual.

Cuatro años después, su esposa seguía sin quedar embarazada, y uno de los hermanos de Jang comenzó a averiguar. Jang admitió que jamás se había sentido atraído por una mujer, y su hermano lo mandó rápido al doctor.

“Fui a muchos hospitales en Corea del Norte porque pensé que tenía algún problema“.

Nunca se le ocurrió a Jang, o su familia, que podía haber otra razón por su falta de interés hacia su esposa.

Pruebas médicas

“La homosexualidad no es un concepto en Corea del Norte”, dice.

Si se ve a alguien correr a saludar a un amigo del mismo sexo, se asume que son buenos amigos. De hecho, con frecuencia se ve a adultos del mismo género agarrados de la mano en la calle, explica.

“Corea del Norte es una sociedad totalitaria. Tenemos mucha vida comunitaria, así que es normal para nosotros”.

Echando la vista atrás, Jang piensa que no era el único incomprendido.

Cuando ingresó en el hospital durante un mes para hacer pruebas médicas, conoció a otros pacientes.

“Descubrí que muchos habían tenido una experiencia similar: hombres que no podían sentir nada hacia una mujer”.

Pero explorar lo que realmente sentían era casi imposible.

“En Corea del Norte, si un hombre dice que no le gusta una mujer, la gente piensa que está enfermo”.

Un hombre con el que Jang había servido en el ejército lo visitó varias veces después de ser dado de alta. Le confió que su noche de bodas también había sido un desastre y que ni siquiera podía tomar de la mano a su esposa.

“Creo que era alguien como yo”, reflexiona Jang.

Park Jeong-Won, profesor de leyes en la Universidad Kookmin en Seúl, Corea del Sur, no tiene conocimiento sobre alguna ley explícita en Corea del Norte contra las relaciones homosexuales.

Pero agrega que las leyes del estado contra las relaciones extramaritales y la violación de las costumbres sociales probablemente serían utilizadas para enjuiciar cualquier acto sexual gay.

Jang

Oh Hwan
El caso de Jang se conoció abiertamente cuando publicó su biografía hace 25 años.

Otro académica en Seúl, Kim Seok-hyang, ha entrevistado docenas de desertores sobre esto, y dice que ninguno había escuchado jamás hablar sobre el concepto de homosexualidad.

“Cuando les preguntaba sobre homosexualidad, les costaba entender. Así que tenía que explicarlo a cada persona”, dice Kim, profesora de estudios norcoreanos en la Universidad de Mujeres Ewha.

Todos los desertores le confesaron que si alguien les descubría explorando relaciones con alguien del mismo sexo, serían condenados al ostracismo, incluso posiblemente ejecutados.

Jang fue dado de alta con un historial médico limpio. Todas las pruebas médicas solicitadas por su hermano mostraron que no tenía nada malo.

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BBC

La decisión de marcharse

Por otro lado, la esposa de Jang seguía siendo infeliz.

“Pensaba: ‘Debería dejar marchar a esta persona. Deberíamos encontrar una forma de ser felices'”, cuenta el desertor.

Jang solicitó el divorcio. Sin embargo, este proceso no es fácil en Corea del Norte. Se requiere el permiso de un tribunal, y estos priorizan la unidad familiar, dice el profesor de leyes Park Jeong-Won.

Solo autorizan una separación si el matrimonio es visto como una amenaza a la ideología del país, explica.

Fue entonces cuando Jang se dio cuenta que solo le quedaba la opción de huir, de abandonar Corea del Norte. Esto anularía automáticamente su matrimonio y permitiría volver a casarse a su mujer.

Pero el catalizador de su decisión fue una visita del mejor amigo de Jang, un hombre llamado Seoncheol.

Habían crecido juntos en el pueblo norteño de Chongjin. Eran muy cercanos, y dormían en la misma cama cuando uno se quedaba en casa del otro durante la infancia.

Pero cuando crecieron, los sentimientos de Jang por Seoncheol se intensificaron.

“Realmente Seoncheol me gustaba mucho. Todavía sueño con él”.

A veces Seoncheol le visitaba para cenar y, una noche, preocupado por lo tarde que se había hecho, Jang persuadió a Seocheol para que se quedara a dormir.

Unas horas más tarde, Jang se encontró saliendo de su propia cama y acercándose a Seoncheol. Estaba devastado cuando su amigo dormido ni siquiera se movió.

“No sé exactamente qué quería de él, tal vez solo que me abrazara fuerte”, dice Jang.

Aquel momento le hizo sentir que su vida en Corea del Norte había llegado a su fin.

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BBC

La fuga

Jang llegó a Corea del Sur en abril de 1997 arrastrándose por la zona desmilitarizada (DMZ) llena de minas que divide las dos naciones, después de que su ruta inicial le dejara varado en China.

Cruzar la DMZ es tan arriesgado e infrecuente que su fuga fue noticia en el sur.

Zona desmilitarizada en Corea del Norte.

Getty Images
Jang escapó a través de las verjas fortificadas de la zona desmilitarizada llena de minas que divide las dos Coreas.

Las dinámicas en Seúl eran muy distintas a las de Corea del Norte, pero incluso aquí el caso de Jang desconcertó a los funcionarios surcoreanos.

Todos los desertores de Corea del Norte se someten a varias semanas de interrogatorios obligados del Servicio de Inteligencia de Corea del Sur (NIS) para comprobar que no son espías.

Jang fue interrogado durante más de cinco meses porque se resistía a explicar la verdadera razón por la que desertó.

Cuando finalmente admitió que simplemente no se sentía atraído por su esposa, se le permitió quedarse, pero una vez más fue enviado al médico.

“Los funcionarios del NIS me dijeron que debía haber alguna razón por la que no me gustaban las mujeres”.

En aquel tiempo, incluso en el sur había poca conciencia sobre las distintas orientaciones sexuales. Varios doctores le recomendaron buscar ayuda psicológica, pero ignoró sus consejos.

Descubrimiento y decepción

Entonces, en la primavera de 1998, 13 meses después de llegar a Corea del Sur, Jang abrió una revista para leer una entrevista que dio sobre su deserción.

Al pasar la página, descubrió un artículo sobre hombres homosexuales saliendo del armario, con una escena de una película estadounidense que mostraba dos hombres besándose sobre una cama.

Ahí se convenció de que él también era homosexual.

“Cuando vi aquello, supe enseguida que era ese tipo de persona. Por eso no me gustaban las mujeres”.

Aquella revelación transformó la vida de Jang, quien se volvió un cliente habitual de los bares para gays en Seúl.

Pero años después, este nuevo mundo expuso a Jang a un fraude devastador.

En 2004, el dueño de uno de los bares favoritos de Jang le presentó a un auxiliar de vuelo.

Salieron durante tres meses y Jang se enamoró.

El auxiliar de vuelo le pidió a Jang mudarse juntos, pero le explicó que, como vivía con su padrastro, primero debían comprar una casa más grande.

Jang se mudó de su apartamento alquilado y le dio US$82.000 de sus ahorros y todas sus pertenencias.

Nunca más volvió a verle. Acudió cada día a la estación de policía durante dos semanas hasta que le dijeron que se diera por vencido.

Jang jamás pensó que alguien pudiese engañarle de esta manera.

“En Corea del Norte tenemos una vida muy controlada. Si hubiera dicho que alguien me había estafado, el partido lo habría rastreado y castigado con dureza”.

Jang enfermó y fue hospitalizado durante un mes. Piensa que fue producto del estrés. Esto significó perder su trabajo en una fábrica. Como consecuencia, se quedó sin dinero, sin casa y desempleado.

Poco a poco fue reconstruyendo su vida. Consiguió un trabajo como limpiador, ahorró para rentar una nueva casa y comenzó a escribir en su tiempo libre.

De niño ganó una vez un concurso de escritura, pero entonces se requería que los estudiantes solo escribieran para honrar al régimen norcoreano.

Ahora, finalmente, Jang podía escribir lo que quisiera. Su autobiografía A Mark of Red Honor (“La marca del honor rojo”) fue publicada en 2015.

Encontrar el amor

Tomó un largo tiempo antes de que Jang se arriesgara a tener una cita. El año pasado, con 62 años, Jang conoció a Ming-su, el dueño de un restaurante, en un sitio de citas.

Cuatro meses más tarde, Jang viajó a la nación que conocía como “el país de los lobos”, el término despectivo de Pyongyang hacia Estados Unidos.

Pero cuando Jang vio a Min-su esperándolo en la sala de llegadas, su corazón se hundió. Min-su llevaba pantalones cortos y gorra, y dice Jang que esto le decepcionó.

“Al ver cómo se vestía, asumí que era un hombre maleducado y brusco“, dice Jang.

Jang

Jang Yeong-jin
Compartiendo vinos y picnics, la pareja se ha ido conociendo cada vez más.

El confinamiento por coronavirus les dio espacio para conocerse mejor, bebiendo vinos y organizando picnics.

“Cuanto más le conocía, más podía ver su buen carácter. Aunque es ocho años menor que yo, es el tipo de persona que primero se preocupa por los demás”.

Tras dos meses, Min-su decidió proponerle matrimonio.

Ahora Jang está finiquitando sus documentos para probar que su matrimonio en Corea del Norte está terminado y esperan casarse a fines de este año.

“Siempre me sentía miedoso, triste y solitario cuando vivía solo. Soy muy introvertido y sensible, pero él es una persona optimista. Somos buenos el uno para el otro”, dice.

Jang y su prometido.

Jang Yeong-jin
Jang y su prometido tienen varios planes para cuando terminen las restricciones por coronavirus.

Pero a pesar de su felicidad recién descubierta, Jang sigue obsesionado por el impacto que su deserción tuvo en su familia.

Varios de sus parientes fueron desterrados a una aldea remota en el helado norte, un destino brutal para aquellos cuyos familiares se perciben como desleales al régimen. Seis de sus familiares murieron de hambre y enfermedad, incluida su madre y cuatro de sus hermanos.

Jang dice que la única forma en que puede lidiar con esa culpa es escribiendo.

“Siempre que pienso en mi familia es muy doloroso para mí, por eso decidí escribir. Pienso que es la única manera en que puedo compensarle”, reflexiona.

Pero al menos le consuela que su decisión de abandonar Corea del Norte dio nuevas oportunidades a su esposa. Escuchó que había vuelto a casarse.

“Siempre pensé que era muy talentosa, así que me sentí muy feliz por ella”.

Y dice que espera expandir sus horizontes una vez se flexibilicen las restricciones por el coronavirus y quiere visitar Washington, a media hora en auto, con Min-su.

“Escuché que hay muchos bares gay allí. Quiero ir a esos bares con él”.

Mientras tanto, dice que disfruta de la tranquilidad de los suburbios, que describe como si estuviera en un “cuento de hadas”.

Min-su es un nombre falso.


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