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Cuartoscuro

El mal negocio de Pemex: gasta 11 mil mdp en empresas de fertilizantes que solo generan pérdidas

En 2014, Pemex inició una estrategia millonaria para reactivar la producción nacional de fertilizantes que resultó en uno de los peores negocios de su historia con pérdidas económicas y menos producción.
Cuartoscuro
Por Tania L. Montalvo
31 de enero, 2017
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La decisión de Pemex de comprar dos empresas privadas para producir más fertilizantes en el país resultó en uno de los peores negocios de su historia: en sólo dos años pagó once mil millones de pesos por una empresa abandonada y otra que operaba en un mercado saturado que no logró mayor producción, como prometieron.

Además de la inversión millonaria, sólo en el periodo enero-septiembre del año pasado la unidad de negocios de Pemex Fertilizantes registró una pérdida de 334 millones 288 mil pesos, monto que en 2014 había sido mil 185% menor (26 millones de pesos).

De hecho, desde que inició con las transacciones para “reactivar” la industria nacional de fertilizantes el único resultado obtenido es una baja de 4% en la producción de fertilizante.

Compras millonarias

En enero de 2014 Pemex anunció que compraría la empresa Agro Nitrogenados por 475 millones de dólares —6 mil 436 millones de pesos, según el tipo de cambio vigente en ese entonces—para dar un primer paso en la estrategia de reactivar la producción de fertilizantes en el país.

El mismo presidente Enrique Peña Nieto anunció en diciembre de ese año ante el Consejo Nacional Agropecuario que el gobierno federal estaba implementando una estrategia para producir fertilizantes y cubrir el 70% de las importaciones del producto.

Bajo esa lógica, en enero de 2016 Pemex compró la empresa Fertinal por 255 millones de dólares —4 mil 692 millones de pesos—y dijo que a finalizar ese año se habría de aumentar la producción de fertilizantes nitrogenados y fosfatados.

La promesa de reactivar la industria incluía producir en 2016 un millón de toneladas de fertilizantes nitrogenados y hasta octubre pasado la fabricación era de apenas la mitad: 529 mil toneladas.

El negocio no salió como esperaban. Tras haber hecho la inversión millonaria no sólo no llegaron a la meta de producción de fertilizantes, pues las cifras muestran que ésta disminuyó 4% desde 2014, cuando se anunció la reactivación de la industria nacional.

Negocio poco estratégico y ahora… venta

La respuesta de Pemex a este mal negocio puede ser deshacerse de lo que adquirió. La agencia Bloomberg informó el 12 de enero pasado que la mexicana está explorando alternativas para vender su filial Pemex Fertilizantes.

Agro Nitrogenados fue comprada a Altos Hornos de México, empresa propuedad de Alonso Ancira; y Fertinal al empresario Fabio Covarrubias.

La compra de esas firmas privadas generó dudas en el sector por tratarse de un negocio poco estratégico con sobreproducción en el mercado internacional y que se movía a precios bajos.

En el caso de Agro Nitrogenados, se trataba de una empresa chatarra que estaba en el abandono y que Pemex privatizó en la década de 1990. La mala operación de esta firma contribuyó a que México tuviera que iniciar la importación de fertilizantes a países como Ucrania, Rusia y China.

Pemex argumentó en 2014 que podría remodelar Agro Nitrogenados para poner en marcha la producción de urea y disminuir la importación.

Dos años después, la empresa mexicana insistió en que utilizaría la producción de Fertinal —1.2 millones de toneladas anuales, al momento de la compra— para completar la estrategia de reactivación de la industria nacional.

La Comisión Federal de Competencia Económica dijo en diciembre de 2015 a Pemex que existía un número considerable de competidores nacionales y extranjeros para el negocio de fertilizantes y que tras la adquisición de Fertinal su participación de mercado sería reducida, pero la transacción se concretó.

Los documentos que presentó Pemex para justificar la compra tanto de Agro Nitrogenados como de Fertinal están clasificados por 12 años bajo el argumento de que ambos son una operación de negocios. Hasta ahora, no existen datos que justifiquen qué llevó a Pemex a invertir en este mal negocio.

 

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Cómo acariciar a un gato, según la ciencia (y cómo saber si de verdad lo disfruta)

Para darle cariño a un gato (y evitar ser mordido o arañado en el proceso) es importante que el animal manifieste si desea recibir cariño y que controle la zona de su cuerpo en la que está dispuesto a ser acariciado y durante cuánto tiempo.
Getty Images
8 de agosto, 2019
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No somos pocas personas las que hemos conocido a un gato de lo más cariñoso que parece estar encantado con las caricias que le propinamos y, un minuto después, nos muerde o nos da un zarpazo.

Lo más fácil cuando eso ocurre es culpar al gato, pero cabe la posibilidad de que no lo estuviéramos acariciando correctamente.

Para comprender el porqué, primero es importante conocer un poco más sobre los antepasados de estos animales.

Es probable que el gato salvaje africano, el antepasado más inmediato del gato doméstico, fuera utilizado únicamente para el control de plagas.

En la actualidad, en cambio, los felinos son considerados una valiosa compañía, hasta el punto de que para mucha gente son “bebés peludos”.

Se cree que esta metamorfosis social de la relación entre humanos y felinos tuvo lugar hace alrededor de 4,000 años, un poco después de la aparición del “mejor amigo del hombre”.

Aunque podamos considerar que 4,000 años es una cantidad de tiempo suficiente para que una especie se adapte completamente a la vida en sociedad, no parece ser el caso de nuestro bigotudo compañero.

Y es que los gatos domésticos muestran una divergencia genética relativamente reducida respecto a sus ancestros. Es decir, sus cerebros todavía están programados para pensar como un gato salvaje.

Estos llevan vidas solitarias e invierten un tiempo y un esfuerzo considerables en comunicarse de manera indirecta, mediante mensajes visuales y químicos, para evitar relacionarse demasiado. Así pues, no parece muy probable que los gatos domésticos hayan heredado las complejas habilidades sociales de sus predecesores.

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A los gatos les encanta que les toquen alrededor de las zonas en las que se localizan las glándulas faciales, como la base de las orejas, bajo la barbilla y cerca de las mejillas.

Los humanos, por su parte, somos seres inherentemente sociales para los que el acercamiento y el contacto son muestras de afecto.

Además, nos sentimos atraídos por los rasgos estéticos infantiles (ojos y frente grandes, nariz pequeña y cara redondeada), motivo por el que a muchos nos parecen tan bonitos los gatos.

Sabiendo esto, no es ninguna sorpresa que nuestra reacción inicial al ver uno sea querer acariciarlo, hacerle carantoñas o simplemente sonreír embobados. De igual manera, tampoco debería sorprender que algunos gatos consideren este tipo de interacciones un poquito abrumadoras.

El cariño en los gatos

Aunque a muchos gatos les gustan las caricias y, en determinados contextos, nos elegirían antes que a la comida, deben aprender a disfrutar de la interacción con humanos durante su corto período de adaptación (de las dos a las siete semanas de vida).

Al hablar de la relación entre gatos y humanos, las características de las personas también son importantes. Aspectos como nuestra personalidad y género, las partes de la anatomía del gato que tocamos y cómo solemos manejarlos son muy importantes a la hora de entender cómo el animal responde a nuestras muestras de cariño.

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Es importante prestar atención al comportamiento y a las posturas que adquiere el felino durante las interacciones para asegurarnos de que está cómodo.

Algunos gatos reaccionan con agresividad al contacto físico no deseado, mientras que otros pueden tolerar nuestros acercamientos a cambio, simplemente, de comida y un sitio donde dormir.

A pesar de ello, un gato tolerante no es necesariamente un gato feliz. De hecho, los niveles más altos de estrés se observan en gatos cuyos dueños afirman que se muestran conformes con las caricias en lugar de demostrar que no les gustan.

Cómo acariciar a un gato

La clave para triunfar en nuestra gatuna empresa es conceder al felino la capacidad para elegir y controlar las interacciones. Por ejemplo, es importante que manifieste si desea recibir cariño y que controle la zona de su cuerpo en la que está dispuesto a ser acariciado y durante cuánto tiempo.

Debido a nuestra naturaleza táctil y a la atracción que sentimos hacia los animales bonitos, puede que nos cueste ignorar nuestros instintos y que precisemos de altas dosis de autocontrol.

Sin embargo, el esfuerzo podría ser compensado, ya que un estudio demuestra que es más probable que las interacciones duren más cuando es el gato, y no la persona, el que las empieza.

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Entre los signos para saber si el gato está disfrutando de las caricias está el ronroneo y una expresión facial relajada, con las orejas apuntando hacia delante.

También es importante prestar atención al comportamiento y a las posturas que adquiere el felino durante las interacciones para asegurarnos de que está cómodo.

Al establecer contacto físico, menos es más, y no solo en los reconocimientos veterinarios, sino también cuando el gato se relaciona con gente en un entorno más relajado.

Como norma general, a la mayoría de los gatos les encanta que les toquen alrededor de las zonas en las que se localizan las glándulas faciales, como la base de las orejas, bajo la barbilla y cerca de las mejillas.

Por el contrario, no disfrutan tanto del contacto en la barriga, el lomo y la base de la cola.


Signos de disfrute del gato:

• Mantiene la cola erguida e inicia el contacto.

• Ronronea y hace algo parecido a amasar con las patas delanteras.

• Mueve suavemente la cola de lado a lado mientras la estira en el aire.

• Exhibe una postura y una expresión facial relajadas, con las orejas apuntando hacia delante.

• Te empuja con cariño si detienes las caricias, para indicar que continúes.

Signos de rechazo o tensión:

• Mueve o voltea la cabeza en tu dirección contraria.

• Se muestra pasivo (no ronronea ni busca el contacto físico).

• Parpadea de forma exagerada, sacude la cabeza o el cuerpo o se lame la nariz.

• Se asea repentina y apresuradamente durante poco tiempo.

• Se le eriza el pelo o contrae la espalda.

• Mueve o agita la cola o golpea con ella.

• Aplana las orejas y las orienta hacia los lados o hacia atrás.

• Gira bruscamente la cabeza para enfrentarte a ti o a tu mano.

• Te muerde, aparta o golpea tu mano con una pata.

Así las cosas, es discutible si los gatos pueden ser considerados unos “bebés peludos”.

A muchos les encanta que les toquen, mientras que otros, como mucho, lo soportan. En cualquier caso, es importante respetar los límites que establece el gato salvaje que llevan dentro, aunque eso suponga admirar su belleza desde lejos.


*Lauren Finka es investigadora postdoctoral asociada de Nottingham Trent University.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Está reproducido bajo la licencia Creative Commons.

Haz clic aquí para leer la nota original.


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