10 pokemones clásicos en Pokémon GO y su ubicación en la CDMX
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10 pokemones clásicos en Pokémon GO y su ubicación en la CDMX

Finalmente nuestro sueño se hizo realidad: ¡por fin podremos capturar pokemones en la vida real gracias a Pokémon GO!
Por Alejandro Rossette
3 de febrero, 2017
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Nota del editor: esta entrada fue publicada originalmente en ClickNecesario.com, el 7 de julio de 2016.


Finalmente nuestro sueño se hizo realidad: ¡por fin podremos capturar pokemones en la vida real gracias a Pokémon GO! Bueno, no tanto como animales reales pero sí a través de la realidad aumentada que es lo más cercano que puede existir en este momento. Y lo mejor: tendrás a tu disposición pokemones clásicos en Pokémon GO.

Podrás sacar tus bolas para capturar pokemones en la calle y sacudirlas para enfrentarte a tus amigos en la escuela, la oficina y hasta en casa, donde seguro será más íntimo.

También habrá eventos masivos en los que varios jugadores se enfrentarán a los pokemones legendarios, tendrás tu pokédex y si eres de los más clavados –y estás dispuesto a pagar– podrás adquirir un gadget que se conectará a tu dispositivo móvil para que te notifique cuando estás cerca de un pokémon y lo captures.

En fin, estamos emocionados, ya queremos descargarlo y salir a la calle a cazar pokemones, respirar el smog fresco y sentir cómo los rayos UV queman nuestra sonrisa.

Lo mejor de todo es que estos pequeños seres tendrán zonas específicas donde proliferan, justo como en el videojuego. Así, los de tipo agua estarán cerca de ríos, lagos y mares; los de roca serán más abundantes en regiones montañosas y así. Es más, habrá pokemones legendarios disponibles únicamente en ciertas regiones del mundo.

¿Y en la Ciudad de México? Si México fuera la región de Kanto, en lo que llega Pokémon GO hemos deducido donde podrías hallar ciertas especies de pokemones, y este es el resultado:

Magikarp

Por ser tipo de agua, es posible que encuentres esta especie cerca de cuerpos acuíferos como el lago de Chapultepec, los canales de Xochimilco o esa bello balneario sobre la avenida Zaragoza, justo en el Peñón Viejo, llamado Elba, o mejor conocido como el oasis oriental de la CDMX.

magikarp

Slowbro

La torpeza y lentitud de Slowbro son tan conocidas que tiene un meme. Si bien es un pokémon de agua, creemos que por sus aptitudes mentales sería más fácil encontrarlo en un lugar donde se le rinde culto a las personas menos capaces del país… ¡la residencia oficial de Los Pinos!

slowbro

Rattata

Pequeño y rápido, el nombre de este pokémon lo dice todo. Son muy comunes y uno de sus hábitos, como cualquier roedor, son capaces de hincarle el diente a cualquier cosa; aunque son muy abundantes son muy rápidos, por lo que puedes tardar en descubrir sus fechorías. Cuando llegan al nivel 20 evolucionan a Raticate, una rata aún más grande que abandona su hábitat natural para irse a uno con un cargo mayor…

rattata

Hitmonchan

Si quieres un pokémon que nunca le barra al trompo, al chile él es tu mejor opción. Aguanta los golpes y tienen una gran resistencia gracias a las clases de boxeo que ha recibido en los mejores gimnasios de Tepito, cuna de las grandes leyendas mexicanas del box. Si no rajas, Hitmonchan podría ser el mejor valedor, el más leña y siempre te hará esquina.

hitmonchan

Snorlax

A este pokémon nada le gusta más en la vida que comer y dormir. Es enorme, resistente a los ataques de hielo, fuego y también a los venenosos y a los embates de la vida. Por sus características puedes encontrar una colonia de estos enormes seres en oficinas de gobierno o empresas de Polanco, Santa Fe y el corredor Insurgentes, especialmente a la hora de la comida y después de las 18 horas –de lunes a domingo– y en Chilli’s los jueves de margaritas.

snorlax

Jynx

El cabello rubio platinado, el bótox en los labios y la cara restirada delatan a Jynx, un poderoso pokémon de tipo psíquico que aprovecha sus encantos para distraer al oponente y derrotarlo. Si quieres usar a este ejemplar en tus duelos no dejes de buscarlo en centros comerciales de la zona Polanco-Lomas-Santa Fe.

jynx

Grimer

Para capturar a este pokémon que ama los lugares sucios y olorosos debes seguir el rastro de la basura que se genera en la Ciudad de México. Seguramente te llevará al bordo de Xochiaca, uno de los lugares más hediondos de la metrópoli donde seguro Grimer estará esperándote.

grimer

Koffing

Para protegerse de sus enemigos, Koffing es capaz de ocultarse en una densa capa de humo. Por ello no sorprende que su hábitat natural ideal sea el centro de Coyoacán, donde seguro lo encuentras entre humaredas de incienso y mota donde convive con los teje pulseras y hippies de ocasión.

koffing

Drowzee

Que siempre parece estar mareado –o borracho o pachequísimo–. Tal vez por eso no nos parece descabellado que puedas sacar tus bolas y atraparlo en algún alcoholímetro o bien en la Roma, especialmente por Álvaro Obregón y la Fuente de Cibeles, donde la vida nocturna nunca para y las calles son más largas porque… ya estás bien servido.

drowzee

Ditto

Esta pequeña masa amorfa con sonrisa de impedido mental es uno de los pokemones más poderosos que existen por una simple razón: se puede transformar en cualquier otro pokémon que tenga enfrente y copiar sus habilidades. Lo mismo ocurre con varias personas de la Condesa que un día son hipsters, al siguiente sólo comen alimentos orgánicos, para dos días más tarde convertirse en mirreyes y despúes artistas emergentes de 40 años; sí, ellos también son muy adaptables… a las modas. Por eso no sorprende que en la Condesa, los Ditto abunden.

ditto

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Qué es el 'efecto Matilda' que invisibiliza a las mujeres en la ciencia

Existe un prejuicio sistemático en contra de reconocer sus logros y cuyo trabajo a menudo se atribuye a sus colegas masculinos. El "efecto Matilda" responde a este fenómeno y una campaña busca visibilizarlo y revertirlo.
8 de marzo, 2021
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Fotografía del libro de cuento de @NoMoreMatildas

@NoMoreMatildas
¿De qué se trata el “efecto Matilda”?

“¿Te imaginas qué hubiera pasado si Einstein habría nacido mujer? Probablemente hoy no sabríamos quién es Einstein”.

Con esta pregunta disparadora y una respuesta para la reflexión, comienza la campaña “No more Matildas” (No más Matildas), impulsada por la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La iniciativa -que empezó en el país europeo en enero y ya traspasa fronteras traducida a varios idiomas- busca concientizar a la sociedad sobre la poca visibilidad que tienen las mujeres en el ámbito científico.

También pretende recuperar los nombres de las mujeres de la ciencia que fueron silenciados y olvidados, llevándolos a los libros escolares con la idea de despertar ejemplos y la vocación científica de las niñas.

“Ya iba siendo hora que se recuperen tantas figuras perdidas, no solo porque es de justicia histórica, sino porque pueden ser modelos que cambien para siempre la percepción que tienen las niñas acera de la ciencia y lo adecuadas que son para ellas”, le dice a BBC Mundo Carmen Fenoll, presidenta de AMIT.

Pero ¿por qué les dicen Matildas a las mujeres de diferentes ámbitos de la ciencia que fueron silenciadas? ¿Quién empezó a llamarlas así?

“Efecto Matilda”

Este fenómeno de suprimir la contribución de las mujeres en el desarrollo de inventos o en la investigación, y también el reconocimiento frecuente de su trabajo a sus colegas masculinos no es nuevo. Ha pasado durante siglos.

Una de las primeras mujeres en denunciarlo públicamente fue Matilda Joslyn Gage, una sufragista y abolicionista de finales del siglo XIX en Estados Unidos que luchó por los derechos de las mujeres y de las minorías.

Matilda Joslyn Gage

Getty Images
Matilda Joslyn Gage fue una de las primeras que denunció la invisibilidad de las mujeres en la ciencia.

Ella escribió un ensayo publicado en 1883 con el nombre Woman as an inventor (“Mujeres inventoras”) en el que describe este fenómeno pero no le pone un nombre.

“Aunque la educación científica a la mujer le fue negada enormemente, algunos de los inventos más importantes del mundo se deben a ella”, escribió enumerando varios ejemplos.

Sin embargo, “la proporción de inventores femeninos (con patentes) es mucho menor que la de masculinos, lo que se debe al hecho de que la mujer no posee la misma de libertad que el hombre“, analizó Gage en el artículo publicado en la revista The North American Review.

Ella fue víctima de ese mismo efecto que denunciaba. No porque fuera una inventora opacada por un hombre que le robara crédito sino porque fue silenciada por sus colegas y no reconocida debidamente por la historia, opinan investigadores.

Gage era una ferviente luchadora del derecho al voto de las mujeres y, sin embargo, fue apartada por sus propias compañeras feministas Susan B. Anthony o Elizabeth Cady Stanton (con quién escribió History of Woman Suffrage) y escasamente recordada en la historia del movimiento.

“Se pelearon y luego, cuando se escribió la historia, se eliminó a Matilda (…) Ella no recibió crédito”, dice Margaret W. Rossiter, la historiadora científica estadounidense que acuñó la expresión “efecto Matilda”.

Ilustración de una científica con una brújula.

@NoMoreMatildas
Aún existen muchos estereotipos que alejan a las mujeres de la ciencia.

Rossiter, quien es profesora retirada de la Universidad Cornell, de Estados Unidos, dedicó toda su vida a buscar nombres perdidos de mujeres científicas no documentadas en los libros. Y escribió tres. “Mientras más buscaba, más encontraba”, asegura.

En su investigación, observó que este patrón de invisibilidad femenina se repetía una y otra vez en la ciencia.

Desde el hecho de que los hombres toman el crédito del trabajo de las mujeres, que las mujeres no ganan tantos premios como ellos, que no consiguen empleo en campos científicos o que son recluidas.

Claro que hay nombres conocidos como la doble Premio Nobel Marie Curie. “Ella era notable, pero era la excepción”, advierte Rossiter.

Así en 1993 la historiadora decidió que este efecto de invisibilizar a las mujeres debería tener el nombre de Matilda Gage y lo escribió en un artículo académico.

“Fue más como una broma, pero llamó la atención de todo el mundo, lo cual es sorprendente”, cuenta en una conversación telefónica con BBC Mundo.

“Microdesigualdades”

La desigualdad de género no es una novedad. Hasta hace no mucho tiempo, las mujeres en países occidentales no tenían derecho a estudiar en una universidad, por ejemplo.

Y pese a que esto ya no es así, hay muchas inequidades y prejuicios que siguen vigentes en la sociedad.

Marie Curie.

PA Media
La científica Marie Curie es la excepción al “efecto Matilda”.

“En muchas disciplinas científicas no es fácil entrar, tampoco hay modelos para las propias universitarias y las aguerridas interesadas que se animan a hacerlo pueden encontrarse con entornos que son bastante hostiles, muchas veces de un modo subconsciente o no explícito”, describe Fenoll.

“Los estereotipos que hay acerca del papel que juegan las mujeres en la ciencia siguen estando: ‘las mujeres son menos brillantes’, ‘las mujeres se esfuerzan menos’; ‘está bien que las mujeres estén en los equipos de investigación, pero los que son brillantes normalmente son ellos'”, enumera.

A nivel global, las mujeres son menos de un tercio de los investigadores y solo el 3% de Nobel en ciencia han sido otorgados a mujeres, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres en un estudio de septiembre de 2020.

“Para la región de América Latina y el Caribe, en 2017, del total de investigadores en ingeniería y tecnología, solo el 36% eran mujeres en Uruguay; el 26%, en Colombia; el 24%, en Costa Rica; el 17%, en El Salvador; en Honduras el 21,5%; y en Bolivia y Perú alrededor del 19%”, añade el reporte.

Según la presidenta de la AMIT, en el mundo científico español hay solo entre un 20 y 25% de mujeres.

Y con la pandemia este número se agravó. “El 40% de las científicas tuvo que dedicar bastante tiempo a los cuidados de los hijos y a veces al de sus padres, contra solo el 15% de los hombres”, añade Fenoll, citando fuentes del Ministerio de Ciencia e Innovación de España.

Entre las disciplinas donde hay menos mujeres están las ciencias más duras y las tecnologías, como matemática, física, informática y el desarrollo de la inteligencia artificial.

Fenoll ve una probable explicación de este escaso número es el perjuicio.

Una parte importantísima del problema es la percepción que tiene la sociedad de que las niñas son peores en matemáticas, que no tienen visión espacial, que son incapaces… Y si son capaces, se piensa que no les va a ir bien. Si eso te lo están diciendo en tu casa o en el colegio continuamente terminas creyéndotelo”, opina.

Ilustración de una científica con hombres detrás.

@NoMoreMatildas
Si hay menos mujeres en la ciencia, también hay pocas mujeres en la toma de decisiones.

“Hay menos mujeres tomando las decisiones. Claro que no todo el mundo quiere estar en la cúspide, pero no me creo que de entrada las mujeres prefieran no llegar a ser catedráticas”, afirma.

“Hay muchas microdesigualdades, por sí solas ninguna de ellas es suficiente para explicar lo que pasa pero cuando todas se suman terminan siendo determinantes”.

“No encajaba”

El movimiento #NoMoreMatildas no solo está respaldado por científicas, sino por escritoras, instituciones y medios de comunicación.

La iniciativa incluye la publicación gratuita de cuentos sobre Einstein, Fleming y Schödinger, como si hubiesen sido mujeres, y biografías de científicas reales como la geóloga danesa Inge Lehmann, la bióloga estadounidense Bárbara Mcclintock y la química británica Rosalind Franklin, por nombrar algunas.

Ilustración científica.

@NoMoreMatildas
“Hay muchas microdesigualdades” en la ciencia, dice Carmen Fenoll, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) de España.

La campaña busca visibilizar e inspira a las niñas a que persigan carreras científicas.

“No se dejen intimidar por las científicas famosísimas. La mayoría de las científicas no somos famosas, somos personas normales que hacemos un trabajo que nos gusta mucho”, dice Fenoll.

La historiadora científica Margaret Rossiter también alienta a las niñas a que sigan sus pasiones científicas.

“Siempre me dijeron que no encajaba. Y pensé. Entonces eso es algo bueno. Yo no quiero encajar. No es mi objetivo en la vida”, afirma.

“¡Sigue adelante, no sabes lo que depara el futuro! Y si los niños aún dicen que las niñas no pueden estudiar matemáticas. Deberías responder: ‘¡Oye, lo hacemos igual de bien!'”.


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