Los coyotes del norte están aumentando las cuotas por Trump
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Los coyotes del norte están aumentando las cuotas por Trump

La migración indocumentada implica una serie de tratos entre coyotes centroamericanos y mexicanos. Uno de ellos se queja desde El Salvador de que sus colegas en la frontera norte mexicana están ocupando a Trump para casi duplicar sus ingresos.
Cuartoscuro
Por Óscar Martínez / El Faro
10 de febrero, 2017
Comparte

La llegada del presidente Donald Trump no le ha hecho bien al negocio de este coyote salvadoreño. Tiene más de cinco años de llevar gente, sin permiso de nadie, a través de México hacia Estados Unidos. “Los mismos migrantes riegan la bola y se meten miedo”, se quejó. Pero para él, en esto de la migración indocumentada, Trump será tan pasajero como un tren de carga. No así la viveza de sus colegas del norte.

“Ya va a pasar esto. Siempre que hay una bulla o una nueva ley se para la gente. Luego vuelve lo mismo o más”, dijo la semana en la que Trump asumió como el presidente número 45 de los Estados Unidos.

Este es un coyote completo. De los que quedan pocos. Algunos coyotes, a los que llaman viajeros, son la estirpe más común de esta raza. Son los que viajan con los indocumentados. Los guías del camino. Algunos viajan hasta la frontera entre Guatemala y México, o hasta la Ciudad de México, para entregar clientes a los coyotes de ese país, quienes los llevarán hasta la frontera norte. Otros se aventuran a cruzar todo México. Esos son los viajeros. Están también los señores coyotes, que coyotean sin moverse de su casa. Fueron viajeros, pero ya no. Construyeron una línea -como le llaman en su jerga a la cadena de contactos con agentes migratorios, policías y mafiosos- y la activan telefónicamente cada vez que envían a sus coyotes viajeros con clientes. Pero este coyote es viajero y es señor. Aún viaja, como cuando a mediados de 2016 creyó que era mejor llevar él mismo a una familia que huía de las pandillas, para evitar riesgos. Pero casi siempre coordina. Es viajero y es señor.

Es un coyote del occidente de El Salvador que pide anonimato porque lo que hace es un delito que se pena hasta con ocho años de cárcel. Aceptada esa norma, el coyote conversó durante dos horas el pasado enero.

Cada semana va de punta a punta por el país para intentar convencer a aquel cliente o despejar las dudas de la madre de la jovencita que viajará. Y, por supuesto, para acordar la tarifa.

Las cuotas de los coyotes no se comportan como un impuesto gubernamental. No es un monto fijo, sino un más o menos o un alrededor de. En 2014, por ejemplo, cuando 64,000 niños centroamericanos entraron a Estados Unidos sin visas, la cuota era más o menos de 7 mil dólares por llegar hasta la ciudad elegida. En este 2017, con Trump en el poder y su promesa de terminar de amurallar los 2,100 kilómetros de frontera que faltan, el mismo servicio anda alrededor de los 8 mil dólares.

Y ahora, otra vez, esa cuota se estira. Poco a poco según el coyote. Gracias a Trump.

“Con todo eso de que han reforzado la frontera, los coyotes del norte, en la frontera, están aumentando… Por Trump”, dijo el coyote.

La frontera entre Estados Unidos y México tiene 3,150 kilómetros —la distancia entre San Salvador y el corazón del Amazonas brasileño —. A lo largo de poco más de 1,000 kilómetros de esa frontera hay algo parecido a un muro: barreras de Normandía, rieles de acero que forman colosales asteriscos e impiden el cruce de vehículos, pero no de personas; hay también planchas metálicas de material reciclado de la guerra del Golfo o incluso de Vietnam; y también en algunas zonas, como Tijuana, hay MURO con mayúsculas: barrotes de unos cinco metros de alto entre los que no cabe la cabeza de un niño, coronados por malla metálica. El muro, no hay que olvidarlo, es un concepto: muralla, sí, pero también sensores de movimiento y cámaras de visión nocturna y centrales de monitoreo y drones.

Pero Trump ha dicho que amurallará todo -como si en algunos lugares como Marfa el desierto no fuera suficiente-. Y ha dicho además que contratará otros 5 mil agentes de la Patrulla Fronteriza para que se sumen a los 20 mil que ya hay. Y ha causado pánico entre algunos, y este coyote salvadoreño ha resentido ese pánico.

En esa cadena que un señor coyote ocupa para mover a sus clientes necesita tres cosas. 1. Un policía  o agente del Instituto Nacional de Migración de México que se venda. Normalmente, ese agente avisa cuando está de turno en una caseta migratoria de revisión de vehículos. El coyote acuerda un precio por sus migrantes y el agente los deja pasar sin problema. “México lo comprás con unos cuantos pesos”, dijo. 2. Luego viene la parte difícil: “conseguir una clave con el cártel”. Normalmente esa clave se consigue con algún señor coyote mexicano que trabaje en la frontera con Estados Unidos, se relacione con Los Zetas o El Cártel del Golfo y reciba a los clientes del coyote salvadoreño. 3. Ese coyote mexicano conseguirá esa clave y a la vez suplirá la tercera necesidad del coyote salvadoreño: cruzar con sus migrantes la frontera de Estados Unidos y llevarlos, si por ello pagaron, hasta la ciudad destino. Por esos últimos servicios cobra el coyote mexicano enteramente. El salvadoreño cobra por el tramo hasta allá y, claro, por el contacto con el coyote norteño y la corrupción del funcionario mexicano.

Así, la cadena no se puede separar. Sin coyote salvadoreño no hay cliente centroamericano. Sin coyote mexicano no hay viaje seguro ni cruce a Estados Unidos.

Son esos últimos polleros, los del norte, los que según el coyote salvadoreño están intentando modificar tarifas usando a Trump y su muro como excusas.

“Antes eran 3 mil dólares desde Reynosa (frontera del lado mexicano) hasta Houston. Desde enero de este año, (esos coyotes) están pidiendo 5 mil: mil en la frontera del lado mexicano; mil en McAllen (frontera del lado estadounidense) y 3 mil antes de la entrega en Houston”, dijo el salvadoreño.

Por un lado, se quejó el coyote, cuesta más conseguir clientes en estos primeros días de Trump porque hay gente que tiene un argumento parido por el bombardeo noticioso: “Para diciembre tenía a una persona ya garantizada para viajar. Pero me salió con que se echó para atrás antes de salir. Esa persona iba a pedirle un préstamo a una pariente en Estados Unidos para completar lo que le faltaba, pero me dijo: ‘deberle 2 mil a una prima para que ese viejo loco me eche rápido de allá, no me sale’”.

Por otro lado, el aumento de las cuotas de los coyotes del norte con los que él trabaja le ha cerrado posibilidades de conseguir clientes de primera, por así llamarles. “Si antes eran 8 mil hasta Houston, hoy ando pidiendo 9 mil 500 o 10 mil para cubrir la cuota de los de allá, pero con esa cuota solo caminan unas siete horas y no llevamos más de cinco personas. Y si ya en Houston no llegan a traerlo y quiere que lo muevan hasta Los Ángeles, son $1,500 más que se pagan allá”.

Hay quienes siguen ofreciendo el servicio alrededor de 7 mil 500, dice el coyote, aunque no se imagina cómo pueden garantizar seguridad. Él explica que cuando cobraba 8 mil, la cuota se dividía así: 2 mil para llegar hasta Reynosa, incluida corrupción de retenes policiales en Guatemala y México, “cuota del cártel de 300 por migrante”, transporte, alojamiento, comida; 3 mil (antes del aumento de enero hasta 5 mil) a los coyotes del norte para que dieran su servicio desde Reynosa hasta Houston; y mil para el coyote viajero salvadoreño. Eso dejaba una ganancia de 1 mil 700 dólares por migrante para el señor coyote. “Hacerlo por menos no tiene gracia”, dijo. Por eso no entiende con qué línea de seguridad en México trabajan los que cobran 7 mil 500 dólares en estos tiempos.

Si el viaje de primera no está dando resultado, ¿de qué ha vivido el coyote estos últimos meses? “Unos seis viajes al mes estoy sacando. Todos a entregarse”, respondió.

La violencia salvadoreña que desde 2015 mantiene a El Salvador como el país más homicida del mundo ha sido un salvavidas para el coyote. Son migrantes que quieren entregarse y pedir refugio, no internarse y perderse. El servicio corto, por así llamarlo, no implica llegar hasta Houston, sino hasta Reynosa. Ahí, el señor coyote del norte le explicará al indocumentado cómo cruzar por el puente migratorio y entregarse en las oficinas estadounidenses para pedir refugio. O, si la vigilancia en esa zona del lado mexicano es mucha o el contacto corrupto está fuera, lo internarán por un área de la frontera donde será detenido por la Patrulla Fronteriza a los pocos pasos. Por ese servicio se cobra alrededor de 4 mil dólares en la actualidad, porque se libra de los 3 mil –ahora 5 mil- que cobran los coyotes del norte para entrar hasta Houston sin permiso de nadie.

Este coyote, que fue migrante indocumentado también, ha visto el México de las masacres contra migrantes y también la crisis de los niños de 2014 y también ha visto llegar a Trump. Según él, la migración no parará, pero los coyotes aprovecharán a Trump o al muro o a otra cosa para hacer un mejor negocio.

“Y quizá todo sigue igual allá en la frontera, pero esos cabrones (los coyotes del norte) se aprovechan de cualquier rumor”, dijo el coyote de El Salvador.

Si quieres conocer más historias de El Salvador visita El Faro.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Los días que la reina Isabel II escuchó La cucaracha, comió recalentado y vio actuar a Pedro Vargas en México

La soberana británica visitó, junto a su esposo, el príncipe Felipe, México en 1975 y 1983. Te contamos detalles de sus viajes y los recuerdos que han evocado en la monarca.
4 de junio, 2022
Comparte

Fue sin duda un homenaje especial, que además coincidió con el Día de la Bandera.

El 24 de febrero de 1975 una multitud se congregó en el Zócalo de la capital de México para recibir a la reina Isabel II, que ese día iniciaba junto a su marido, el príncipe Felipe, la primera visita oficial de un monarca británico a ese país.

Para celebrarla hubo flores, música, cantos, aplausos, pompones, gimnastas. Y audaces apuestas artísticas.

En una de ellas, un grupo de jóvenes consiguió hacer una animación en la que se observaban a Charlie Chaplin y a Cantinflas -los emblemáticos humoristas de ambos países- correr el uno hacia el otro hasta darse la mano y finalmente abrazarse.

Seguidamente formaron la frase: “United by friendship” (“Unidos por la amistad”). También otras oraciones, en inglés y español, como “Larga vida Isabel II” y “Viva México”.

“El cariño que se le manifestaba era muy evidente. Había una demostración de alegría y de buena voluntad para enviarle un mensaje a la soberana de que era muy bienvenida a México”, le cuenta a BBC Mundo César Lajud, profesor mexicano de Economía en la Universidad Nebrija de Madrid, que estuvo presente en la ocasión.

Los diarios cubrieron en detalle el inédito viaje.

Así reseñó el diario El Universal la cena de honor que Isabel II ofreció en la embajada británica en México en honor del presidente Luis Echeverría y su esposa, María Ester Zuno, el 25 de febrero.

“Con sus exquisitos dotes de anfitriona sirvió como platillo principal pollitos tiernos rellenos de paté, con guarnición de corazones de alcachofa. Un conjunto musical ejecutó música de autores europeos y estadounidenses, además de un arreglo de ‘La Cucaracha’“.

“Recuerdo el detalle de ‘La Cucaracha’…. Entiendo que escucharla les resultó muy agradable a los visitantes”, rememora Lajud.

“Es una canción históricamente vinculada a la Revolución Mexicana, que se ha ido adaptando a la cultura del país, y se ha convertido en un referente cuando se quiere alegrar cualquier momento”, indica.

Renovar lazos

La visita de la reina conmemoraba el 150 aniversario de un importante acuerdo comercial y de navegación entre Reino Unido y México, firmado en 1825.

Hasta 1945, Reino Unido había sido el principal socio comercial de gran parte de América Latina.

La reina Isabel II con el presidente mexicano Luis Echeverría

Serge Lemoine/Getty Images
La reina Isabel II con el presidente mexicano Luis Echeverría durante su visita a México en 1975.

Pero con su rol protagónico en la lucha contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y dado que la mayor parte de sus colonias estaban en Asia y África, comenzó a prestarle menos atención a Latinoamérica.

La situación cambiaría en la década de los 70.

Y es que ante su imagen muy eclipsada por el peso de Estados Unidos, “Reino Unido quería decir: vamos a regresar“, le explica a BBC Mundo el profesor Harim Gutiérrez, de la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

En ese contexto, “la visita de la reina era una buena oportunidad para mejorar las relaciones con México y con otros países de América Latina y de promover la imagen del Reino Unido en la región”, señala el experto.

Un México que se proyectaba

A medida que avanzaba el siglo XX, los gobiernos mexicanos se habían dado cuenta de “la necesidad de ampliar sus horizontes internacionales” para no restringirse únicamente a las relaciones con Washington, su principal socio comercial.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe

Serge Lemoine/Getty Images

De acuerdo con Gutiérrez, hasta ese momento ningún mandatario había tenido una política exterior tan activa como Luis Echeverría (1970-1976).

Entre el 29 de marzo y el 24 de abril de 1973, el presidente visitó Canadá, Reino Unido, Bélgica, Francia, la entonces Unión Soviética y China. Y en su paso por Inglaterra fue invitado junto a su esposa al Castillo de Windsor a una cena privada con la reina Isabel y el príncipe Felipe.

Fue en esa gira que Echeverría invitó a jefes de Estado para que visitaran su país.

Y, por supuesto, la reina Isabel II fue una de ellas.

“Hasta lo que recuerdo, fue apenas la tercera vez que un monarca extranjero visitaba México”, indica Gutiérrez.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images

El primero fue el emperador etíope Haile Selassie I, en 1954, y la segunda fue la reina Juliana de Holanda, en 1964.

“Pero por la preponderancia económica y cultural que ha tenido el Reino Unido, despertó mucho más interés en la población mexicana la visita de la reina Isabel que las previas”, comenta el experto.

El príncipe Felipe ya había visitado México, en los años 60, en un viaje considerado no oficial.

“De alguna forma ya había un antecedente de que la realeza británica iba a ser bien recibida”.

El papel del PRI

“Algo que fue llamativo para la reina es que decía que solamente en la India había sido recibida por multitudes más numerosas que en México”, recuerda Gutiérrez.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe en un automóvil descubierto bañados con confeti

Serge Lemoine/Getty Images

De acuerdo con el experto, muchos de los eventos fueron organizados por el gobierno.

“El gobernante Partido Revolucionario Institucional, el PRI, era una organización que tenía muchísima habilidad y experiencia para movilizar a sus simpatizantes“, lo cual no sólo se reflejaba en los comicios electorales, sino en otro tipo de actividades, explica Gutiérrez.

“Muchas de esas personas iban con gusto a los actos que convocaba el gobierno, pues eran como una fiesta popular, no les costaba dinero, les daban transporte, algún refrigerio y, bueno, no todos los días venía la reina Isabel II a México”, indica.

“Eran contingentes de sindicatos, de obreros, de organizaciones de campesinos, de vecinos, deportistas, estudiantes, que además podían hacer espectáculos como formar, con cartones de colores, letreros y hasta animaciones”.

“En el Zócalo, por ejemplo, hicieron una tribuna y en ella cientos de personas formaron dibujos en honor a la reina”.

Y una composición gigante de los rostros de la soberana y del presidente y de las banderas de ambos países, con la palabra “Amistad” en el medio de ambos líderes.

La reina Isabel II y el Príncipe Felipe en un automóvil descubierto

Serge Lemoine/Getty Images

Un viaje cultural

Isabel II y su marido entraron a México a través de Cozumel a bordo del yate real Britannia. Desde allí volaron a Ciudad de México.

Además de la capital, visitó otros lugares.

“La reina dijo que ella había aprendido de la cultura maya en libros y que le emocionaba mucho poder visitar el lugar y conocerlo con sus propios ojos”, evoca Gutiérrez.

Estuvo en la zona arqueológica de Monte Albán, una de las ciudades más importantes de Mesoamérica, ubicada a 8 kilómetros de la ciudad de Oaxaca de Juárez, y en Yucatán inauguró el Parque Zoológico La Reina en Tizimín, que fue nombrado en su honor.

Además, paseó por mercados y asistió a exposiciones de arte y artesanías organizadas exclusivamente para ella, recibió muchos regalos y aprovechó la ocasión para comprar cerámicas, cobijas, manteles.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images
La soberana visitó la zona arqueológica de Uxmal.

“También fue algo muy notorio en la prensa de la época, que una señora rompió la valla (de seguridad) y le obsequió un rebozo y que la reina lo usó durante el resto de esa jornada”.

Y aprovechando la visita de la reina, el gobierno mexicano promovió la idea de que México era un lugar seguro para visitar y un destino turístico atractivo.

“Así que si la reina era bien recibida y la prensa internacional cubría los lugares más atractivos que visitó, como por ejemplo Guanajuato, Yucatán y Oaxaca, había una posibilidad muy razonable de que eso ayudara a promover el turismo extranjero en el país, empezando por el británico y el europeo”, asegura Gutiérrez.

“Si iba a mercados de artesanía, visitaba las zonas arqueológicas, acudía a los mercados populares, le regalaban comida típica, tlacoyos, tortillas y otros platos típicos, entonces también se volvía otra promoción para el país”, afirma.

La reina Isabel II en México

Serge Lemoine/Getty Images

El canto del Rey

De acuerdo con la crónica realizada por el diario El Universal, el 27 de febrero la reina comió recalentado mientras sonaba música de Agustín Lara, ‘popurrís’ de canciones mexicanas” interpretadas en órgano.

Pedro Vargas, ‘El Tenor Continental’, hizo su aparición y después de cantar ‘Solamente una vez’, siguió con ‘Noches de ronda’ y recibió los aplausos de todos. Al pasar ante la reina, le hizo una reverencia y ella le sonrió”.

La reina Isabel II en México, bajando de un tren

Serge Lemoine/Getty Images
Quintana Roo, Guanajuato, Oaxaca y Yucatán estuvieron entre los lugares que la soberana visitó.

La monarca también visitó la Alhóndiga de Granaditas, “el edificio histórico más famoso de Guanajuato”, indica Gutiérrez.

La reina y su marido estuvieron en México hasta el 1 de marzo.

Antes de partir, la monarca destacó “el encanto y amabilidad” de los mexicanos.

“Nuestro profundo agradecimiento a todos los que planearon y organizaron nuestra visita con tanta meticulosidad e imaginación”, dijo Isabel.

Una segunda visita diferente

La reina regresó en 1983. “Volver consolidó la relación entre su país y México”, dice Lajud.

“En 1983, dado que la situación económica de México era mucho más apremiante que en 1975, la visita de la reina no tuvo tanta repercusión popular”, indica Gutiérrez.

“El ánimo del país no era festivo porque el año anterior había ocurrido una crisis económica muy fuerte causada por la baja del precio del petróleo”.

La reina Isabel II en un autobús en México

Eddie Sanderson/Getty Images
La agencia de fotografía Getty cuenta que en el interior del autobús solo estaba la reina, su asistente personal y el conductor.

Se trató, según el experto, de una visita más discreta, aunque miles de personas salieron a recibirla con alegría en las diferentes localidades a donde fue.

“También me puedo aventurar a decir que ese momento (la visita) sirvió para mejorar las relaciones entre México y Reino Unido”, tras la guerra de las Malvinas/Falklands en 1982, cuando México apoyó la demanda argentina sobre las islas.

Lajud coincide: “De alguna manera, trató de suavizar y mejorar la presencia de Gran Bretaña en Latinoamérica”.

Además, explica Gutiérrez, a diferencia de los años 70, la oposición de izquierda, “aunque minoritaria todavía, ya tenía mayor visibilidad pública”.

Y desde una posición antimperialista, republicana y antimonárquica, protestaron contra la visita de la reina Isabel “e incluso pidieron oficialmente al gobierno de México que no fuera recibida”.

La reina Isabel II en México en 1983

John Shelley Collection/Avalon/Getty Images

Aunque un tanto diferentes, ambas visitas hicieron historia en México y dejaron huella en la reina.

En marzo de 2015, en un discurso que ofreció a propósito de la visita a Reino Unido del entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, la monarca dijo:

“El Príncipe Felipe y yo guardamos cálidos recuerdos de nuestras visitas a México en 1975 y 1983, y también nos dio mucho gusto que hace apenas unos meses el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornwall hayan disfrutado una inolvidable visita a su país”.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=t5DRgBdv16c

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.