Jóvenes expandilleros buscan una segunda oportunidad en México, tras ser deportados
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Ernesto Méndez

Jóvenes expandilleros buscan una segunda oportunidad en México, tras ser deportados

Para México, la llegada de individuos con historial criminal, deportados por Estados Unidos, representa un reto de logística, seguridad, y empleo, pero también una oportunidad de tener una nueva fuerza laboral.
Ernesto Méndez
Por María Cristina Hall y Alina Bitrán
6 de febrero, 2017
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Las comunidades de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos (EU) llevan décadas envueltas en pobreza y negligencia institucional. El estatus migratorio—a veces una condición impuesta, como es el caso de niños traídos por sus padres—condena a los inmigrantes a una vida entre sombras, a una infancia clandestina.

Así pues, no es ninguna sorpresa que en algunas comunidades las pandillas logren llenar el vacío de escolaridad marginalizada, de oportunidades nulas y familias separadas por la deportación.

Los migrantes detenidos por actividades de pandilla están al centro de las políticas de deportación en Estados Unidos. Al cumplir una sentencia criminal, la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) se encarga de deportarlos a México.

Es en México donde estos chicos se enfrentan con discriminación y graves problemas de tramitación y revalidación de estudios, pero, por primera vez, pareciera que también se encuentran ante la posibilidad de comenzar una vida sin crimen.

Donald Trump ha prometido deportar 11 millones de inmigrantes indocumentados, comenzando por los entre 2 y 3 millones que, según sus cálculos, tendrían historial criminal (es importante destacar que el centro de investigación Migration Policy Institute pone este número en sólo 820,000).

Si bien podríamos ahorrar el grueso de nuestra compasión y activismo para los “inocentes”, vale la pena recordar que todas las personas deportadas, la mayoría siendo hombres jóvenes, alguna vez pertenecieron a una familia, a una comunidad y a una ciudad, estas últimas a menudo entre las más pobres y violentas de los Estados Unidos.

Pareciera que las vidas de estos jóvenes latinos estuvieran condenadas desde un principio, pero de vuelta en México, hay una gran posibilidad de cambio.

Conocimos a Pablo, Tommy, Israel y Miguel afuera de uno de los famosos “call centers” de atención telefónica para clientes, donde cobran un sueldo que, aunque incomparable con lo que ganarían en ciudades como Los Ángeles o Chicago, les permite vivir sin mayor preocupación.

Sus conocimientos lingüísticos y culturales, así como la competitividad de los sueldos mexicanos, privilegian a personas como Pablo ante empresas estadounidenses que buscan atención a clientes de calidad… y sin acento hindú.

Los deportados extrañan a sus familias, amigos, y al único país en que realmente han vivido, pero por lo menos en México se encuentran una segunda oportunidad, a pesar de los obstáculos. México, en cambio, podría aprovechar la llegada de una nueva y valiosa fuerza laboral si toma los pasos adecuados ante los retos de logística, seguridad y empleo que esto implica.

El viaje a casa

Forzados a abandonar sus trabajos, bienes y comunidades de apoyo, el crimen organizado en México fácilmente se aprovecha de los deportados, ya sea para secuestrar o reclutarlos. La mayoría de los deportados habla inglés y tiene contactos en Estados Unidos, el principal cliente de los cárteles mexicanos.

Israel Concha, quien jamás perteneció a una pandilla y fue deportado por retrasarse con el pago de una multa vial, fue secuestrado a menos de 24 horas de haber tocado suelo mexicano, pero pudo escapar. Una familia le cobró 10 mil pesos para llevárselo a la Ciudad de México, donde actualmente trabaja en un call center y recomienda a otros deportados por una comisión.

Titulado en negocios, Israel conecta a otros deportados con call centers y renta coches. Foto: Ernesto Méndez

Pero los trámites no son cosa fácil: si para los mexicanos de toda la vida son un desastre, para los deportados debe ser 50 veces peor. Tramitar algo como el CURP, RFC o IMSS requiere un acta de nacimiento, cosa que no siempre es fácil de obtener, especialmente para alguien recién llegado a México que no cuenta con familia ni dinero, pero sí con los tatuajes y el marcado “spanglish” que lo convertirán en el blanco inmediato de la discriminación.

Además, la Secretaría de Educación Pública pone muchas trabas para revalidar estudios estadounidenses, aunque desde la victoria de Trump se ha hecho un esfuerzo por resolver esto. Pablo, por ejemplo, tuvo que cursar de nuevo la primaria, la secundaria, y el bachillerato: una experiencia posiblemente degradante y definitivamente tediosa para alguien que ya había dejado la escuela atrás.

Alejarse de la frontera

Para muchos, quedarse en la frontera es el equivalente de dinero fácil, ya que el crimen organizado gana grandes cantidades vendiéndole drogas al otro lado, y para eso no se necesita conseguir acta de nacimiento ni revalidar el bachillerato. Sin embargo, volver a la cárcel después de haber cumplido sentencias de casi una década hace que muchos ex pandilleros busquen alejarse del negocio de las drogas y las pandillas.

¿Por qué no quedarse en la frontera e intentar cruzar de nuevo? Miguel alguna vez trabajó de pollero para Pantera. Contestó que, en primer lugar, lo meterían a la cárcel nada más por tocar suelo estadounidense y, segundo, aunque dejara su terreno en Juárez-El Paso por cualquier otra ciudad fronteriza, le dirían, “¿Así que tú trabajaste para Pantera? Pues ahora trabajas para nosotros”.

Miguel le da clases de inglés a sus vecinos: “Me dan 20 o 50 pesos, but I do it out of heart. You could say that’s my kind of hustle”. Foto: Ernesto Méndez

“I’m not running away , pero entre menos tentación, mejor”, fue como Pablo justificó su transición hacia la ciudad capital de México.

Los ex pandilleros entrevistados en la Ciudad de México tenían una muy buena razón para estar ahí: por primera vez, se encontraban ante la posibilidad de vivir una vida decente. Sin peligro. Sin arriesgar sus vidas.

El páramo estadounidense: la pandilla infantil

Pablo Gómez fue “oficialmente” reclutado a la pandilla 18th Street en la zona South Central de Los Ángeles a los 13 años. Es decir, a esa edad le empezaron a dar “privilegios”, porque ya trabajaba para la pandilla desde antes.

Conocida informalmente como “The Children’s Army” o “el ejército de niños”, la pandilla 18th Street recluta en primarias. Evidentemente, al convertirse en mayores de edad, muchos de los chicos ya han pasado tiempo en la cárcel.

Se trata de un círculo vicioso: si el historial criminal empieza desde la infancia, a veces por delitos como salir después del toque de queda, los miembros de más edad tienen que reclutar niños. Si agarran a un veterano, se va a la cárcel, pero si agarran a un niño, quizá le llamen la atención o le agreguen otra línea a su ya creciente historial. Hoy Pablo tiene 27 años: “Gracias a Dios, porque fue difícil sobrevivir”.

Pablo fue reclutado oficialmente a los 13 años. Foto: Ernesto Méndez

Tommy también era muy joven cuando entró a la pandilla Sureños de Los Ángeles. El Servicio de Protección Infantil lo apartó de su familia al ver que su madre se había rehusado a mandarlo a la escuela por miedo de revelar que no tenían papeles. Pasó más de un año para que se coordinara una visita entre Tommy y su madre.

Tommy acabó en Sureños. “Te reclutan por llevar el color equivocado. Si te vistes de azul, te amuelas, ya estás dentro”, recordó.

Sureños cuenta con más de 80 mil subgrupos, y la zona donde Tommy creció estaba infestada. Y una vez entras, ya no puedes salir: muchas pandillas piden membresía de por vida. A los 16 años, Tommy fue sentenciado a siete años de cárcel por atacar a alguien que buscaba invadir territorio Sureño. Tommy fue deportado tras cumplir la sentencia.

Una salida del círculo vicioso

La ironía de todo esto es que las familias de Pablo y Tommy llegaron a Estados Unidos en un intento de huir de la pobreza y la violencia en México. Pero los dos jóvenes fueron absorbidos por las pandillas a la muy “madura” edad de 12 y 13 años.

Una vez deportados, se enfrentaron a la decisión de quedarse en la frontera mexicana y entrarle a otra pandilla (la transnacionalización de las pandillas a causa de la deportación es un tema en sí mismo), o de viajar hacia el interior de la república, a pesar de los riesgos, para intentar usar sus recursos lingüísticos y culturales para conseguir trabajos bien pagados en los sectores de turismo o atención a clientes.

La hegemonía de las pandillas en comunidades pobres, así como la falta de oportunidades para inmigrantes en EU, no deben tomarse a la ligera. Tampoco debemos olvidar los riesgos que se enfrentan los latinos al volver al mundo hispanohablante. Sin embargo, las políticas migratorias de hoy hacen muy poco para mitigar dichos problemas.

La administración de Obama ya deportó a unos 350 mil inmigrantes anuales, y las promesas de Trump son la reiteración explícita y reciente del sentimiento antiinmigratorio que ya ha tomado fuerza en el país, sentimientos disfrazados como argumentos para proteger la economía, la salud, y hasta la raza “estadounidense”.

La maquinaria política y logística que requeriría la deportación de entre 2 y 3 millones de inmigrantes ya existía, ya que las deportaciones criminales ya estaban al corazón de la política migratoria de Obama.

Para México, la llegada continua de miles de individuos con historial criminal representa, sin duda, un obstáculo en cuanto a logística, seguridad, y empleo.

Pero también representa una oportunidad. Si el país garantiza el acceso a trámites, vivienda, integración social, y servicios de empleo para este sector de la población que alguna vez contribuyó a los más de 20 mil millones de dólares que recibe México de las remesas provenientes del norte, entonces México podría valerse de una nueva fuerza laboral.

Los deportados vienen con inglés, ganas de trabajar, y a veces hasta con títulos universitarios, lo cual para el país representa una gran ventaja. Los deportados, a cambio, podrían encontrar aquí una segunda oportunidad.

Por cuestiones de privacidad, algunos de los nombres en este artículo fueron cambiados.

*María Cristina Hall es profesora en el Tec de Monterrey y escribe para el boletín de noticias El Godín.
*Alina Bitrán es egresada en políticas públicas de la Universidad de Chicago.”

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Rusia y Ucrania: los complejos escenarios para una solución negociada a la guerra

Aunque las negociaciones continúan, las perspectivas para una resolución por la vía diplomática se están tornando cada vez más complejas, según analistas consultados por la BBC.
14 de marzo, 2022
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Este lunes empezó una cuarta ronda de negociaciones entre Kiev y Moscú para detener el conflicto. Sin embargo, las tentativas previas e incluso un alto el fuego temporal han fracasado. Y los escenarios para una resolución por la vía diplomática son cada vez más complejos, según analistas internacionales consultados por BBC News Brasil.

“Mi visión es bastante pesimista sobre la posibilidad de un alto el fuego en el que Rusia acepte menos de lo que ha estado pidiendo en los últimos meses y en estas dos últimas semanas principalmente”, dice Felipe Loureiro, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Sao Paulo (USP) y coordinador del Observatorio de la Democracia en el Mundo (ODEC-USP).

Un portavoz del gobierno ruso reafirmó el lunes (07/03) algunas condiciones impuestas incluso antes de la invasión del territorio ucraniano el 24 de febrero, para detener la agresión militar:

1) El compromiso de Ucrania con la “neutralidad“: Moscú exige que los ucranianos se comprometan en su Constitución a que el país renuncie a participar en bloques multilaterales como la OTAN (Alianza Militar del Atlántico Norte) y la Unión Europea. Rusia dice que la OTAN se está expandiendo en dirección al territorio ruso al aceptar como miembros a países que eran exrepúblicas soviéticas o que pertenecían a la esfera de influencia soviética.

2) Reconocimiento de Crimea: el Kremlin quiere que la región, que fue anexada militarmente en 2014, sea aceptada internacionalmente como parte del territorio ruso. En la época de la Unión Soviética, Crimea se incorporó a Ucrania y permaneció así tras la implosión del bloque en 1991. Una corriente en Rusia sostiene que históricamente este pedazo de tierra es parte del país.

3) Reconocimiento de Donetsk y Luhansk: otro requisito es que estas regiones del este de Ucrania, actualmente bajo el dominio de los separatistas prorrusos, sean reconocidas por la comunidad internacional como estados independientes.

4)“Desmilitarización” del Estado ucraniano: aunque aún no se han establecido los parámetros para esta condición, miembros del gobierno ruso reiteran que las armas en territorio ucraniano amenazan la integridad y seguridad de Rusia.

“Es muy complicado imaginar que cualquier gobierno soberano acepte la desmilitarización. Más aún después de la invasión”, dice Loureiro.

Mapa que muestra los países que ingresaron a la OTAN desde 1997

BBC

Neutralidad ucraniana

Ashok Swain, profesor del Centro de Estudios de Paz y Conflictos de la Universidad de Uppsala en Suecia, dijo a BBC News Brasil que un compromiso de neutralidad por parte de Ucrania representaría lo que Putin más necesita en este momento: una salida que preserve su imagen.

Es un enfoque similar al de Andrei Kortunov, director general del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia (RIAC), organismo de consultoría en asuntos internacionales vinculado al gobierno ruso.

Para Kortunov, “Putin necesitará algo para declarar la victoria. No puede aceptar la derrota, porque políticamente esto podría tener riesgos muy grandes para su liderazgo. Necesita tener algo que le permita básicamente decir gané’“.

Swain describe un escenario complicado. “Si la insurgencia (contra las fuerzas rusas) continúa y se profundiza, Putin tendrá que mantener un gran contingente militar en el país y llevar a cabo una operación brutal contra la insurgencia”.

“Y habrá más presión sobre la OTAN para un compromiso directo. Por otro lado, Putin dependerá cada vez más de China para obtener apoyo diplomático y económico. A partir de la situación actual, parece que será un conflicto prolongado y terrible, que empujará al mundo a una división entre dos campos”.

Vladimir Putin

Getty Images
“Putin necesitará algo para declarar la victoria. No puede aceptar la derrota, porque políticamente esto podría tener riesgos muy grandes para su liderazgo”, señala Andrei Kortunov.

Carolina Boniatti Pavese, profesora de relaciones internacionales de la ESPM, una institución privada de educación superior en Brasil, dice que aún no está claro si las dificultades de la incursión rusa en Ucrania están fuera del cálculo que hizo Putin antes de iniciar la ofensiva.

“Al construir escenarios de análisis de riesgo es necesario anticipar todas las posibilidades. Ciertamente Putin lo hizo como lo hace todo estratega militar. No sabemos si lo que está sucediendo ahora no estaba dentro de lo que él anticipó como un riesgo calculado”, dice. “Lo que tenemos hasta ahora es una derrota para Ucrania”.

Loureiro, de la USP, dice que Putin sólo retrocederá si pesan cada vez más “los costos de la guerra desde el punto de vista humano y desde el punto de vista material, incluyendo los efectos de las sanciones económicas, y sobre todo, si la oposición dentro de Rusia se vuelve significativa“.

“Pero este escenario me parece muy poco probable porque, para que Rusia acepte ceder en sus posiciones, estos costos tienen que ser muy altos. Mayores que el costo para Putin de abandonar esta invasión con solo una parte de sus objetivos cumplidos”.

Una joven es arrestada por la policía rusa durante una protesta contra la invasión a Ucrania

Getty Images
Protestas en Rusia contra la invasión de Ucrania. El aumento de la oposición a la guerra puede incrementar el riesgo político para Putin.

Adriana Erthal Abdenur, directora ejecutiva de Plataforma Cipó, un centro de estudios con sede en Brasil que se ocupa de temas de paz, clima y gobernanza global, señala que la ONU podría desempeñar un papel muy importante.

“El secretario general (de la entidad) podría nombrar un enviado especial para señalar caminos más allá de las negociaciones de paz y la implementación de un alto el fuego. La ONU en muchas ocasiones juega un papel muy fundamental que es monitorear la implementación del alto el fuego de las hostilidades para que se pueda realizar una negociación más detallada y sustantiva”.

El Protocolo de Minsk

Una salida intentada a fines del año pasado por el presidente francés, Emmanuel Macron, para disuadir las tensiones que eventualmente resultaron en la invasión rusa, fue la reanudación del Protocolo de Minsk.

Manifestantes con la bandera ucraniana

Getty Images
El tratado de Minsk nunca se implementó por completo debido a la gran resistencia expresada por los ucranianos.

Este tratado fue firmado en 2015 por Putin, el entonces presidente ucraniano Petro Poroshenko y representantes de grupos separatistas prorrusos, y contó con el apoyo de Francia y Alemania.

En sus 13 puntos, el acuerdo prevé la desmilitarización y la reanudación por parte de Ucrania del control del este del país, en la frontera con Rusia.

Donetsk y Luhansk, ahora bajo el dominio separatista, serían reconocidas como parte del territorio ucraniano, pero con una condición especial: las regiones obtendrían el derecho a celebrar elecciones locales y tendrían mucha más independencia del gobierno central.

El tratado nunca se implementó por completo debido a la gran resistencia expresada por los ucranianos.

Una mujer de avanzada edad en silla de ruedas es cargada por soldados ucranianos

Getty Images
“Parece que será un conflicto prolongado y terrible, que empujará al mundo a una división entre dos campos”, opina Ashok Swain.

“Los acuerdos de Minsk son vistos negativamente en la sociedad ucraniana porque existe la percepción de que, a través de ellos, Rusia podrá ejercer una influencia directa sobre el país, limitando su soberanía. Parte de la sociedad y las élites creen que los líderes de las regiones separatistas son ‘controlados’ por Putin”, dice Vicente Ferraro, politólogo e investigador del Laboratorio de Estudios Asiáticos de la USP.

“Por lo tanto, se argumenta que la reintegración de estas regiones en las condiciones defendidas por Rusia permitiría a Putin influir en el curso de la política ucraniana e incluso vetar proyectos de integración con la Unión Europea y la OTAN”.

“Rusia está incómoda con el hecho de que el gobierno ucraniano declare al público su intención de implementar los acuerdos, pero dentro del país los critica. La estigmatización de las posiciones prorrusas en la sociedad ucraniana después de la crisis de 2014 ha tornado la discusión interna de los acuerdos un verdadero tabú. De hecho, ambas partes hicieron poco para implementarlos“.

“Con el reconocimiento de la independencia de las regiones separatistas por parte de Rusia y la intervención militar, las posibilidades de que se reintegren en territorio ucraniano se volvieron áreas aún más remotas”, añade Ferraro.

Un edificio de apartamentos completamente destruido por bombardeos

Getty Images
Devastación en Járkiv. “Mi visión es bastante pesimista sobre la posibilidad de un alto el fuego en el que Rusia acepte menos de lo que ha estado pidiendo en los últimos meses”, señala Felipe Loureiro.

Otra salida

Una propuesta lanzada en 2019 por investigadores de la Rand Corporation, un centro de estudios de política global con sede en Estados Unidos, tomaba en cuenta las tensiones geopolíticas que resultaron tanto del colapso de la Unión Soviética como de la expansión de la OTAN.

El ambicioso proyecto aboga por una zona especial de neutralidad que incluiría a Bielorrusia, Moldavia, Georgia, Armenia y Azerbaiyán, así como a Ucrania y todas las exrepúblicas soviéticas.

La idea es establecer mecanismos con la participación de las principales potencias y organismos multilaterales para definir soluciones de diálogo y reglas de seguridad y comercio que involucren a esta región entre Europa y Rusia.

El objetivo principal es crear un ambiente de confianza para lograr una distensión en las relaciones.

Pero los propios autores de la propuesta reconocen que sus términos difícilmente podrían complacer por completo a todas las partes.


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