A 18 meses de la muerte de un niño, militares involucrados no han declarado
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Heriberto Paredes.

A 18 meses de la muerte de un niño, militares involucrados no han declarado

El 19 de julio de 2015, el niño Hidelberto salió a comprar unas cosas a una tienda pero murió luego que militares dispararan contra él y otros habitantes en Santa María de Ostula, Michoacán.
Heriberto Paredes.
Por Heriberto Paredes y Hannah Simón
25 de febrero, 2017
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A más de 18 meses de que integrantes del Ejército mexicano participaron en un “supuesto enfrentamiento” con miembros del crimen organizado en la comunidad de Santa María de Ostula, Michoacán, donde murió un niño de 12 años y otros 10 pobladores ajenos al conflicto resultaran heridos, víctimas y sus familiares denunciaron que los responsables de las agresiones no han declarado ministerialmente por estos hechos.

Según el abogado que lleva el caso, Raymundo Ortiz Martín del Campo, a los 15 soldados que participaron en la muerte del niño no se les ha tomado la declaración, ya que fueron dados de baja en los días posteriores al incidente.

El abogado agregó que las víctimas y sus familiares no han recibido una adecuada reparación del daño por parte del Ejército, aun cuando la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió una recomendación por el uso ilegitimo de la fuerza y les recomendó reparar el daño a víctimas directas e indirectas.

En el caso del niño, el Ejército aprobó el pago de los servicios funerarios pero no la indemnización económica para su familia.

Sobre la responsabilidad e identidad de los involucrados en la muerte del niño y las heridas provocadas a los pobladores de Ostula no hay avances en la investigación de la Procuraduría General de la República (PGR), en tanto la recomendación 65/2016, emitida por la CNDH a fines de diciembre de 2016, ha sido minimizada por el Ejército, según el abogado.

Quién era el niño víctima de los soldados

“Dicen que la comunidad andaba armada. No es cierto, la comunidad no traía ningún arma. Quienes tiraron fueron los soldados porque yo lo vi… Si yo estuviera echando mentiras no hubiera recogido a mi hijo allá en el restaurante. Les estoy diciendo la verdad”, dice Emilia García, madre de Hidelberto, el niño de 12 años que murió el 19 de julio de 2015, durante el tiroteo del Ejército.

Emilia perdió al séptimo de sus hijos, un niño que, a decir de sus hermanos, era trabajador, y quería ser maestro, agrega su padre, Miguel Reyes.

Aquel 19 de julio, Hidelberto junto con su prima salieron a una tienda que está dentro del Hotel del Valle, ubicado en uno de los extremos del Puente de Ixtapilla, crucero en el cual el Ejército comenzó a disparar.

Estando en el interior de la tienda, Hidelberto trató de esconderse al desatarse la balacera; sin embargo, una esquirla de bala lo alcanzó a la altura del ojo derecho y lo hirió de muerte.

Lee: Las exigencias de los comuneros de Ostula tras el tiroteo en que murió un niño.

Dispararon a gente sin armas

Un día antes del enfrentamiento se dio a conocer la detención de Cemeí Verdía, comandante general de la policía comunitaria en la zona. Mientras que el líder de las autodefensas era trasladado en helicóptero a Morelia, un operativo de elementos del 65 Batallón de Infantería, Marina, Policía Estatal y Federal emprendía un recorrido para atravesar la comunidad de Santa María de Ostula.

El operativo molestó a la población y por ello cientos de personas de la comunidad salieron a los diferentes cruceros de la carretera federal 200 para cerrar el paso al convoy y pedirle que se retirara. Los pobladores no llevaban armas, se trataba de habitantes de las diferentes localidades de la comunidad que de manera pacífica intentaban detener la avanzada policiaca y militar y que al mismo tiempo protestaban por la detención del comandante de su policía.

La situación se tensó en la localidad El Duín, donde la policía estatal lanzó gas lacrimógeno para disuadir el bloqueo de los civiles y poder avanzar tal y como lo refiere la propia recomendación emitida por la CNDH.

En videos de manifestantes que estaban en el lugar es posible observar cómo, mientras los gases lacrimógenos son lanzados, el Ejército toma posiciones y se alista a disparar, aunque al final no lo hace.

Es en la localidad de Ixtapilla donde comienza la pesadilla: ahí los militares no sólo lanzan gas lacrimógeno sino que endurecen su actitud ofensiva. Luego de unos minutos y al emprender la retirada, los militares comienzan a disparar a la población, lo hacen sin que medie una provocación o alguna agresión y a pesar de que la población les gritaba que pararan.

Te recomendamos el especial: 10 años de guerra. Cómo hemos cambiado.

Delfino le llevaba comida a su padre

Delfino Antonio Alejo Ramos, tiene 19 años ahora, pero en aquel entonces era menor de edad. Es originario de El Zapote Madero, otra localidad de Ostula ubicada entre el primer sitio donde se lanzó gas lacrimógeno y el punto donde tuvieron lugar los disparos del Ejército.

Aquel 19 de julio, Delfino le llevaba algo de comer a su padre, quien había pasado casi todo el día en el bloqueo de Ixtapilla.

“Se empezó a poner fea la cosa. Llegaron federales, el Ejército Mexicano, granaderos, llegaron muchos, eran como el triple o cuatro veces más que nosotros; nosotros teníamos tapada la carretera… no queríamos que se lo llevaran (a Verdía) porque él es una de las personas que hace las cosas bien dentro de la comunidad”, dice el joven, quien durante la agresión fue alcanzado por una bala del Ejército, que se le incrustó en uno de sus glúteos.

“Se me entumió la pierna de inmediato y traté de caminar”, recuerda Delfino, cuyo relato complementa otros testimonios que recaba el expediente de la CNDH. Todos concluyen lo mismo, fueron los miembros del Ejército quienes dispararon a la población, que protestaba pacíficamente.

Como consecuencia de la agresión los familiares de Delfino lo trasladaron a un hospital de Tecomán, en Colima, para ser atendido médicamente, pero lo doctores le dijeron que se podía ir porque “no” tenía nada, lo que evidentemente no era cierto.

El proyectil disparado por el Ejército hirió a Delfino a la altura del glúteo derecho y la bala se quedó albergada en la ingle del mismo lado.

A pesar de varios estudios, realizados a partir del apoyo de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), así como de manera independiente, las conclusiones hasta el momento son las mismas: no es posible retirar la bala porque existe un riesgo muy alto de tocar una arteria principal y ocasionar una hemorragia mortal.

Luego de 18 meses, la vida comienza a reconstruirse para el joven y el año de escuela que perdió casi lo ha recuperado, ahora se encuentra por comenzar el segundo semestre de ingeniería agrónoma.

“Al Ejército yo le tengo odio, cuando los veo quiero saber quién fue”, comenta el joven, cuyos gastos médicos y recuperación han corrido casi por completo por cuenta de su familia.

Lee: El Ejército esconde el número de civiles muertos a manos de militares.

Estancamiento penal

A partir de la recomendación emitida por la CNDH resulta inusual que no se hayan imputado las responsabilidades ni se haya promovido alguna consignación, considera el abogado Ortiz Martín del Campo.

“Todas las pruebas vertidas, como las declaraciones de los ofendidos, testimoniales, peritaje en balística, y las mismas declaraciones de los soldados confirman que solamente los elementos de las fuerzas armadas abrieron fuego”.

Sobre los detalles de la identidad del militar que disparó, el abogado asegura que aún no se define, pues además de las declaraciones la Marina no ha aportado los vídeos de seguridad de los hechos.

Agrega que el operativo fue ilegal, por lo que los funcionarios que lo ordenaron deberán declarar, por lo que se están haciendo los esfuerzos pertinentes para que esta situación no se olvide y se aparte del deslinde de responsabilidades.

A solicitud de Animal Político, la CNDH informó que tras emitir la recomendación el Ejército la aceptó, por lo cual la institución presentó “algunas pruebas de su cumplimiento, que se encuentran en proceso de calificación”.

Para el abogado Ortiz Martín del Campo el Ejército debe responsabilizarse por sus errores y cumplir con la reparación del daño a los familiares de Hidelberto, pues para nadie hay duda que el asesino del niño fue un soldado.

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COVID-19: lo que se sabe de la abrupta caída de casos en Sudamérica

Luego de haber sido el epicentro mundial de la pandemia, los países de América del Sur han registrado un fuerte descenso en los casos de COVID-19.
14 de septiembre, 2021
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A mediados de junio, mientras el resto del mundo experimentaba bajos números de infecciones por el nuevo coronavirus, América del Sur estaba convertida en el epicentro de la pandemia.

Siete de las 10 naciones del mundo con más muertes diarias per cápita estaban en la región: la tasa de Brasil era siete veces la de India, mientras que Colombia y Argentina sumaban una cifra que equivalía a tres veces la registrada en todo el continente africano.

Con apenas 5% de la población mundial, Sudamérica registraba una tasa de muertes per cápita que era equivalente a ocho veces la cifra mundial.

Pero eso ya es cosa del pasado.

A finales de junio, la cifra de contagios comenzó a descender de forma consistente hasta convertir a la región en una de las zonas del mundo donde la pandemia parece estar mejor controlada.

Así, mientras para este lunes el promedio semanal de casos confirmados por cada 100.000 habitantes era de 52 en Reino Unido y de 43 en Estados Unidos, Brasil solamente llegaba a 8, Argentina a 6 y Colombia a 3, de acuerdo con cifras de Our World in Data.

Países como Uruguay, que a inicios de junio llegó a tener 100 casos por cada 100.000 habitantes, ahora solamente tienen 4; mientras que Paraguay que registró hasta 40 casos ahora no llega ni a 1 por cada 100.000 habitantes.

Evolución de casos de covid-19 en Sudamérica. Número de contagios promedio diarios por cada 100.000 habitantes. Evolución de los casos confirmados de covid-19 en Sudamerica entre junio y septiembre de 2021. .

Esta disminución de contagios ha sido clave para que Sudamérica sea en la actualidad una de las regiones del mundo que está registrando menos casos de covid-19.

Pero ¿cómo se explica esta abrupta caída de los contagios en Sudamérica?

Entre la inmunidad y otras incógnitas

“Lo primero que le diría es que creo que no lo tenemos del todo claro“, responde Andrés Vecino, investigador en sistemas de salud del Departamento de Salud Internacional de la Escuela de Salud Pública John Hopkins (Estados Unidos).

El investigador recuerda que esta no es la primera vez que ocurre un descenso de casos que parece anunciar que se acerca el final de la pandemia y luego se produce otra ola de contagios que demuestra que no era así.

“Es importante decir que no sabemos exactamente qué es esto y que el hecho de que estén bajando los casos ahora no quiere decir que vaya a pasar en el futuro. Quiero recordar lo que pasó en India, donde había un conteo de casos relativamente bajo para su población y después vimos el gran incremento de casos con la variante delta”, advierte el experto a BBC Mundo.

Una mujer prepara una vacuna en Argentina.

Getty Images
En los últimos meses, los países de Sudamérica han avanzado en las vacunaciones.

La doctora Carla Domingues, que dirigió el programa de inmunización de Brasil hasta 2019, hizo recientemente una advertencia similar. “Es un fenómeno que no sabemos cómo explicar”, dijo esta epidemióloga al diario The New York Times.

No obstante, los especialistas dan algunas claves: entre ellas, la vacunación. Los países sudamericanos han acelerado el ritmo de las inoculaciones en los últimos tiempos, algo que según numerosos expertos podría haber contribuido a frenar los contagios.

Vecino coincide, pero no apunta solamente hacia las vacunas sino, de forma más amplia, a la inmunidad adquirida por parte de la población de la región tanto por vía de las inyecciones como de los contagios.

“Creo que hay más o menos consenso en que es posible que la reducción de casos en Sudamérica puede estar relacionada con algún grado de inmunidad de la población”, destaca.

El experto explica que las diferentes vacunas que se han estado aplicando en los países de la región son un elemento importante a considerar, como también lo es la inmunidad alcanzada por quienes ya tuvieron la infección.

“Muchas personas en algunos de esos países se han infectado. Un estudio reciente que hicieron en 12 ciudades de Colombia muestra que el 89% de las personas de esas localidades ya se infectaron. Con eso uno empieza a pensar que es posible que en algunos sitios haya unos niveles de infección tan altos que ya empezamos a ver una reducción de la enfermedad”, indica el experto.

Vecino advierte que, dado que la población no es homogénea, este dato no puede interpretarse como que 9 de cada 10 personas que uno encuentre en las calles de esas ciudades ya tuvo covid-19, por lo que no hay que confiarse.

“Los individuos se relacionan en grupos, entonces es posible que haya grupos de personas que todavía, por ejemplo, no se hayan infectado ni hayan sido vacunadas y esos grupos de personas pueden tener brotes si llega, por ejemplo, una variante altamente transmisible como la omega, como la delta o como la gama -las 3 que ya están en Latinoamérica-, por lo que pueden obviamente causar un incremento en casos y muertes”, explica.

“Habiendo dicho eso, es posible que el nivel de inmunidad adquirido por las vacunas y por la infección previa sea una de las razones por las cuales estamos viendo menor transmisión hoy”, agrega.

Aplicando las medidas correctas

Ciro Ugarte, director de Emergencias en Salud de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), confirma por su parte que hubo una disminución de los casos y las muertes en casi todos los países de Sudamérica, con excepción de Venezuela.

Ugarte explica que la OPS está trabajando con los ministerios de Salud y con los expertos de la región para estudiar estas tendencias, así como las razones por las cuales se ha mantenido este descenso, y apunta al endurecimiento de las medidas de control luego del incremento significativo de los casos en la región entre finales de 2020 y los primeros meses de 2021.

Los países implementaron medidas mucho más estrictas respecto al distanciamiento físico, al movimiento de personas, al uso mandatario de mascarillas, iniciaron la vacunación y la ampliaron a otros grupos, principalmente a aquellos que estaban en mayor riesgo. Todo esto puede explicar en parte esta tendencia”, incide Ugarte en respuesta a una consulta de BBC Mundo.

El director, sin embargo, previno a la región en contra de caer en la complacencia.

“Hemos visto que cuando los casos disminuyen es porque estamos haciendo bien las cosas. Es decir, estamos implementando las medidas de salud pública que se ha probado una y otra vez que siguen sirviendo”, destaca.

“Lo peor que nos podría ocurrir y que podría ocurrir con los países de América del Sur es que ahora que están con menos casos relajen las medidas porque eso es una gran oportunidad para el virus para transmitirse de persona a persona”, alerta.

Personas usando mascarillas en el metro de Medellín.

Getty Images
La OPS insta a que los países de la región mantengan las medidas de precacución para evitar los contagios.

Así, aunque el número de casos sea bajo en estos momentos, Ugarte considera que lo procedente es no bajar la guardia:

“Nuestra recomendación a toda la población de América del Sur que está viendo que la transmisión es cada vez menor es tomar en cuenta que estamos en esa fase porque se han tomado las medidas adecuadas. No las relajemos”.


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