Errores de la Procuraduría dejan impune el caso de un pastor cristiano que violó a una niña
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Errores de la Procuraduría dejan impune el caso de un pastor cristiano que violó a una niña

El ministro cristiano Jorge Yescas abusó sexualmente durante tres años de una niña en Hidalgo, pero errores de la Procuraduría y un juez pudo obtener un amparo.
Cuartoscuro
Por Paris Martínez
21 de febrero, 2017
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En agosto de 2014, una adolescente se presentó ante el Ministerio Público de Pachuca, Hidalgo, con un escrito entre sus manos, en el que resumía su vida durante los últimos tres años, una etapa en la que fue víctima de ataques sexuales por parte de la persona en la que más confiaba su familia: el ministro religioso de su congregación, un hombre que para entonces tenía 53 años, llamado Jorge Yescas López.

”Hasta el día de hoy no he hablado por el miedo y la vergüenza”, dice el texto que la joven X. presentó ante la autoridad, en el que narra cómo en 2007 llegó por primera vez al templo conocido como Centro de Integración Familiar Renuevo (en la colonia Plutarco Elías Calles, de Pachuca), de la mano de su madre, siendo una niña de 11 años.

“Con el transcurso de los años, la relación con estas personas, y en lo personal con el pastor, fue más frecuente. Nos hacía invitaciones junto con su esposa a reuniones de carácter social, festejos navideños, cumpleaños y (reuniones) familiares“.

Tal como consta en la averiguación previa iniciada por las autoridades de Hidalgo, fue esa cercanía “familiar” el pretexto usado por el pastor para cometer la primera agresión sexual en contra de ella en 2010.

X. narra: “Él le menciona a mi hermana mayor que su hija me quería mucho y que siempre quería estar conmigo (…) Ese mismo domingo, el pastor le pidió a mi mamá permiso para que me fuera a su casa, ya que su hija, la más pequeña, insistía que yo fuera a jugar, y le hizo una llamada a su esposa para que convenciera a mi mamá de que me dejara ir”.

X. tenía en ese momento 13 años.

Tal como consta en su declaración ministerial, en un momento en que X. y la hija menor del pastor miraban la televisión en la cama de la niña, Jorge Yescas entró a la habitación, se acostó junto a la adolescente y comenzó a tocarla por debajo de la cobija, además de obligarla a tocarlo a él. 

Según la averiguación previa, el pastor cometió esta agresión aún cuando su hija menor se encontraba en la misma cama.

Luego, usó su figura de autoridad para obligar a X. a mantener silencio.

Semanas después, el pastor pidió nuevamente permiso a la familia de la menor para llevarla a participar a supuestas actividades juveniles de la congregación religiosa. No obstante, el destino real fue un motel donde la violó, e inició lo que se convertiría en práctica común: tomarle fotos y videos desnuda, o mientras la sometía a actos sexuales.

La amenaza de publicar esas imágenes fue el mecanismo para mantener controlada a la menor durante los años siguientes. 

Entre 2010 y 2013, la adolescente X. intentó suicidarse en dos ocasiones, una lanzándose desde una segunda planta, caída de la que sobrevivió, aunque con una fuerte lesión en el cuello, y luego cortándose la muñeca con un vidrio, intento también fallido gracias a la intervención de sus familiares.

La razón de estos atentados contra su propia vida fue esclarecida tiempo después por la menor de edad, una vez que se convenció de presentar su denuncia: el primer intento de suicidio vino luego de que el pastor le practicó un aborto, introduciéndole pastillas anticonceptivas.

En la averiguación previa se consigna que el pastor realizaba este procedimiento cada vez que se retrasaba o suspendía el periodo menstrual de X., y que lo repetía durante tantos días como tardara en aparecer de nuevo el flujo menstrual.

El primer aborto forzado ocurrió cuando ella tenía 15 años (y el pastor 50).

“Él me colocó cuatro pastillas en la vagina. Yo me recosté una hora, y en esa hora comencé a llorar, por un fuerte dolor que comenzó a darme en el vientre, me dio fiebre, y en poco tiempo me dieron ganas de vomitar… al día siguiente él hace lo mismo, y la situación en la que me encontraba yo no era estable, comencé a ir al baño muchas veces para vomitar, él me hace mucho enojar y yo me levanto y me voy al coche, y él me da una cachetada, que se me marcó en la mejilla”.

Ese aborto forzado llevó a la adolescente al primer intento de suicidio.

El segundo intento ocurrió un año después, cuando X. tenía 16 años, luego de que el pastor la arrojara por unas escaleras.

X. volvió a su casa y ocultó las lesiones; sin embargo, durante la madrugada debió ser llevada al hospital con convulsiones. Le detectaron un derrame craneal que fue diluido con medicamentos.

Mientras convalecía, X. se cortó las venas de la muñeca, aunque su familia se percató oportunamente y le brindó asistencia.

Según consta en las actas ministeriales integradas por la Procuraduría de Hidalgo, durante esos tres años el pastor Jorge Yescas fue también seduciendo a la familia de X., asignándoles responsabilidades meritorias dentro de la vida de la congregación religiosa: el pastor eligió a la mamá de la adolescente como su cocinera (de hecho, iba a comer a la casa de la menor, situación que facilitaba aún más la cercanía con la víctima), y a sus hermanos mayores los involucró en actividades misioneras y en la “alabanza”, es decir, en las ceremonias religiosas del templo Centro de Integración Familiar Renuevo.

Conforme la situación emocional y física de X. fue agravándose, en la familia fue creciendo la certeza de que todo se relacionaba con la cercanía del pastor, y fue así que -en noviembre de 2013- los padres y hermanos de X. acudieron al MP para denunciar que Jorge Yescas abusaba de la adolescente, iniciándose entonces las indagatorias en su contra.

Sin embargo, X. negó en ese instante los hechos y tardó siete meses más en vencer el miedo a las amenazas del pastor de hacer públicos las imágenes en las que ella aparece desnuda, luego de lo cual se sumó a la denuncia formulada por sus padres, pero ahora aportando su testimonio directo de las vejaciones sufridas entre 2010 y 2013.

En el escrito que X. presentó, aún siendo menor de edad, ante la Procuraduría de Hidalgo, señala que el pastor Jorge Yescas López debía ser juzgado por los delitos de “lesiones, inducción al aborto, amenazas, violación, actos libidinosos, estupro y/o los que resulten”.

Autoridad cómplice

A partir de que X. acudió ante la Procuraduría de Hidalgo con su escrito de denuncia en las manos, las autoridades estatales tardaron un año en integrar la averiguación previa y consignar al pastor ante un juez, lo que ocurrió en agosto de 2015.

Tras revisar el caso, el juez penal decretó el auto de formal prisión, al considerar que existían pruebas suficientes para iniciar un juicio en contra de Yescas por el delito de “estupro”, que comete aquel que “tenga cópula con una persona mayor de 12 años y menor de 18, obteniendo su consentimiento por medio de la seducción o engaño”. Sobre el resto de los delitos, el tiempo había borrado las evidencias. 

El ministro religioso, sin embargo, nunca pisó la cárcel.

A través de un juicio de amparo, Yescas echó abajo el auto de formal prisión emitido en su contra, al comprobar que tanto la Procuraduría de Hidalgo como el juez que revisó el caso, habían cometido “un error”.

Según la ley, cuando la Procuraduría -a través del Ministerio Público- presenta a un acusado ante un juez penal, está obligada a entregar dos cosas: la averiguación previa, que incluye todas las pruebas recabadas; así como un texto denominado “pliego consignatorio”, el cual no sólo debe especificar qué delito se imputa al detenido, sino que también debe explicar la forma en la que cometió dicho delito.

En el caso de Jorge Yescas, el Ministerio Público omitió explicar en el pliego consignatorio cómo fue que el pastor cometió el delito de estupro. Ese fue el primer error.

El segundo error fue cometido por el juez, que en agosto de 2015 aceptó el pliego consignatorio, aún con esa falla técnica, y por cuenta propia realizó un “análisis oficioso” de las pruebas, tras lo cual determinó que, efectivamente, existían elementos suficientes en contra del acusado.

Por ley, los jueces penales no pueden realizar dicho análisis oficioso, ya que eso equivale a suplantar al MP en sus labores y, por lo tanto, perder la imparcialidad.

Bajo esta lógica, un segundo juez, esta vez de amparo, determinó el 1 de enero de 2016 que la justicia federal debía cobijar al ministro religioso Jorge Yescas López, y dejar sin efecto el auto de formal prisión dictado en su contra.

Yescas, sin embargo, no fue absuelto: el juez de amparo consideró que la Procuraduría de Hidalgo aún podía corregir la falla técnica en su pliego consignatorio, y presentar de nuevo al ministro religioso ante un tribunal penal.

No obstante, desde que dicha resolución fue emitida ha pasado ya un año y un mes, y en este tiempo “la Procuraduría ya no ha vuelto a hacer nada“, tal como denunció R., familiar de la menor agredida, en entrevista.

Aún cuando el error en el pliego consignatorio era un detalle de fácil corrección, “a la Procuraduría ya como que se le olvidó el caso… sospechosamente, se le olvidó el caso”.

En tanto, “el pastor sigue ahí, libre, como si nada, y todos los fines de semana lo vemos, porque el templo está muy cerca de la casa –narra R.–. Y él nos ve y se ríen(…) estos años hemos sufrido de todo: X. fue agredida todo ese tiempo y luego ha vivido afectada emocionalmente; la congregación nos dio la espalda; y hasta hemos recibido amenazas”.

Además, señala, a raíz de esta denuncia y proceso penal, “unas 40 personas nos salimos de ese templo: nuestra familia y todos los que estábamos en el grupo musical del templo, que son jóvenes y que se solidarizaron con X., además de otras pocas familias más, pero el resto de la gente, mucha gente, se quedó… y luego, a esas 40 personas ya no nos aceptaban en ningún templo, prácticamente toda la comunidad cristiana de Pachuca nos rechazó y respaldó al pastor Jorge Yescas, y sólo hubo un templo que nos abrió los brazos, y ahí estamos ahora.”

Desde el pasado 10 de febrero, Animal Político consultó a la Procuraduría de Justicia de Hidalgo cuál fue la razón de que el Ministerio Público no corrigiera la falla en el pliego consignatorio, y por qué se abandonó el proceso penal en contra del pastor Yescas, a pesar de que el amparo no demeritaba la investigación realizada por el delito de estupro, sino sólo el trámite de presentación ante el juez. 

A través de su vocero, Éder Arteaga, la Procuraduría de Hidalgo anunció que fijaría su postura en torno a estos hechos el viernes siguiente, sin embargo, dicho plazo se venció sin que dicha dependencia rindiera una explicación.

Mil palabras, una imagen

“Nosotros, como familia, queremos justicia –dice R.–, y ya no sabemos qué más hacer… pero lo que más queremos, sencillamente, es que esto no le vuelva a pasar a ninguna otra niña.”

–¿El pastor los ha contactado? –se le pregunta.

–Nos manda mensajes; a X. le ha escrito por mensajes de internet, diciéndole que ahora él nos va a meter a la cárcel a todos nosotros, a los que nos califica de “pendejos”. Que ya le llegó su “bono de Gobernación”, así dice literalmente, y que ahora va la suya.

Para probar esto último, R. muestra una impresión del mensaje de texto enviado al teléfono de X, en diciembre de 2016, en el que se incluyen esas amenazas.

Consultado telefónicamente en torno a estas denuncias y proceso penal, el pastor Jorge Yescas aseguró que “todas (las acusaciones) son falsas. Absolutamente falsas. Te lo digo de mi palabra, pero ya está comprobado por dos jueces federales”.

Tal como afirmó, además del amparo emitido en enero de 2016, existe una segunda resolución en su favor, emitida, según afirmó, por un juez de Coatzacoalcos (Veracruz).

–¿Podría proporcionarnos copia o al menos enviarnos una fotografía de las páginas en donde se establece esa resolución? –se le consultó.

–Te voy a ser sincero –respondió–: se lo pregunté a mi abogado y él me decía que no. Por eso quería que vinieras (a Pachuca).

Cabe destacar que Animal Político planteó al pastor Yescas realizar un viaje a Pachuca para tener una entrevista en persona, fijando como punto de encuentro la terminal de autobuses de dicha ciudad, como medida de seguridad. 
El pastor, sin embargo, desechó tal propuesta y, finalmente, se convino realizar únicamente la entrevista telefónica.

“A lo mejor –aseguró el pastor–, ya ni siquiera tendría caso que vinieras. Tú me preguntas y yo te respondo: me declaré y me declaro total y completamente inocente. Y así lo determinó ya la Suprema Corte de Justicia de la Nación“.

Aún cuando así lo afirmó, la Suprema Corte no ha tenido ninguna participación en el proceso penal seguido en su contra, ni en el amparo en su favor y, de hecho, luego de un rastreo en el Consejo de la Judicatura Federal, tampoco pudo constatarse la existencia de ninguna otra resolución en su favor emitida por tribunales federales radicados en Veracruz.

“Mi asunto está legalmente cerrado –subrayó–, porque luego del amparo (de enero de 2016, por la falla técnica en su pliego consignatorio), el juez dio 180 días para impugnar su resolución, y ese tiempo ya se venció por ahí de marzo de 2016”.

Todas estas acusaciones en su contra, remató, fueron promovidas por “un grupo de criminales, que se están queriendo aprovechar de la situación y queriendo despojar de bienes”. 

–¿La Procuraduría ya se desistió formalmente de la acción penal? –se le pregunta.

–No, la procuraduría no se desistió –reconoció el ministro religioso.

Para probar que X. fue víctima de este pastor, la menor no sólo proporcionó a Animal Político su testimonio y los expedientes que integran la causa penal, así como dos evidencias que había mantenido en resguardo, hasta la fecha.

La primera evidencia es uno de los videos que Jorge Yescas realizó, mientras sometía a la adolescente a actos sexuales.

Tal como deja ver, este video fue captado por Yescas, quien cambia de mano la cámara (un teléfono celular) en varias ocasiones, para realizar distintas tomas estilo “selfie”, mientras somete a X., desnuda, y la obliga a realizar distintas poses.

A la derecha, una foto del pastor Jorge Yescas López, durante un acto religioso. A la izquierda, mosaico de imágenes extraídas del video captado por Yescas, en 2013, cuando sometía a una adolescente a distintos actos sexuales. La menor fue víctima de abusos a manos de este ministro religioso, entre los 13 y los 16 años.

Este video, recuperado por la víctima de entre los innumerables realizados por el pastor, fue captado en 2013, cuando la víctima tenía 16 años de edad.

La segunda evidencia que presentó la víctima a Animal Político es un video, captado  por ella misma en 2016 (cuando acababa de cumplir 18 años), en un momento en que el pastor la fuerza a presentarse ante un abogado particular, para firmar una carta en la que se desiste de todas las acusaciones. 

Aprovechando el desconocimiento de X. en torno a conceptos legales, el pastor le hizo creer que el amparo obtenido lo declaraba totalmente inocente y, por tanto, que convertía a la joven y su familia en culpables de “difamación”.

De esta forma, con la amenaza de encarcelar a sus padres y hermanos, el pastor obligó a X. a firmar una carta de desistimiento, que fue elaborada por el mismo abogado de Yescas.

Tal como deja ver el video, grabado por X. con su teléfono celular y sin que Yescas o su abogado se percataran de ello, antes de ingresar a la oficina, el pastor le dicta a la joven lo que debe decir.

–Di que te engañaron –le ordena Yescas–, di que te dejaste llevar por ellos y ya, y que ahorita ya no quieres hacer nada. Di que entre tú y yo nunca pasó nada. Que esta gente me quiso hacer daño y que te usaron a ti.

–Y de mi familia, ¿qué digo? –pregunta X.

–Igual, que los engañaron –es la orden de Yescas.

Luego, el video muestra que Yescas y la joven ingresan a una oficina, en la que son recibidos por una persona que se presenta como “Víctor”.

Una vez dentro de la oficina, el abogado le dice a X.: “Ya había elaborado yo un escrito, ¿me puede escuchar con atención?…”

Entonces, el abogado lee en voz alta un texto escrito por él, a nombre de X., en el que ésta destituye a sus representantes legales y renuncia a seguir el proceso penal en contra del pastor.

Después de dar lectura a la carta, y antes de entregársela a X. para que la firme, el abogado de Yescas le advierte a la joven: “No quiero que luego vaya a argumentar que fue malenterada, presionada, ni nada”.

Por ello, para simular que la carta era firmada de manera voluntaria, el abogado le informa a X. que va a comenzar a grabar con su propio teléfono, “para evitar cualquier conflicto posterior”.

Luego, ya con la cámara del abogando andando, éste usa un tono paternal para decirle a X.: “Mi obligación es protegerla a usted y protegerlo a él (al pastor Yescas, sentado a su lado); no es cuestión de hacer leña del árbol caído, ni estarte perjudicando, ni nada por el estilo. No se trata de inventar. Se trata de que ambos salgan favorecidos… Hay abogados que influencian en la gente y tratan de sacar provecho y dinero y relación, o después otro tipo de relación, máxime si son mujeres, pues ya las piropeamos”.

Por último, le entrega la carta a X. para que la firme, advirtiéndole que para el pastor no es necesario su desistimiento, porque él ya fue absuelto por el juez de amparo.

Ante el temor de que el pastor y su abogado tomaran represalias contra su familia, X. firmó este documento. Sin embargo, las amenazas del pastor no cesaron.

El pasado 8 de febrero de 2017, X. (hoy estudiante universitaria) se presentó nuevamente ante las autoridades de Hidalgo, para pedir ayuda ante los amagos de represalias que el pastor ha realizado, de diciembre de 2016 a la fecha.

Esta vez, X. ya no acudió a la Procuraduría de Justicia de Hidalgo, organismo que otorgó impunidad a su agresor. Ahora, la joven acudió al Centro de Justicia para Mujeres del Estado, dependiente de la Secretaría de Gobierno hidalguense.

Sus anhelos de justicia, no obstante, no están sembrados en la actuación de las autoridades estatales, omisas desde un inicio, sino en la solidaridad y en la comprensión ciudadana. Es por ello que decidió exponer su caso públicamente.

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El boom del sotol, el licor perseguido en México y la polémica de su producción en Texas

Forma parte de la identidad de Chihuahua, Coahuila y Durango y es también un destilado con un mercado en expansión.
16 de julio, 2022
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“En mi pueblo acostumbran a decir: ‘Vamos a hacer la mañana’. Y lo primero que hacen al levantarse es tomar una copa de sotol”.

Jesús Miguel Olivas, profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, habla del único destilado mexicano que no se hace a partir de un maguey o agave, de una bebida que, aunque ancestral, es para muchos una gran desconocida.

El sotol integra la historia y el paisaje cultural de Chihuahua, Coahuila y Durango, los tres estados del norte de México en los que se produce.

“Forma parte de nuestra identidad. Está presente en corridos, en la poesía, en la literatura. Es un legado de esta región”, le dice a BBC Mundo Ricardo Pico, vicepresidente del Consejo Certificador del Sotol. Por ello, está protegido con una denominación de origen.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
El sotol es el único destilado mexicano que no se elabora a partir de un maguey o agave.

Y es, además, un mercado en expansión. “Comercialmente hablando, es lo que era el mezcal hace 12 años”, asegura Pico, comparándolo con el espirituoso mexicano cuya producción ha aumentado en ese periodo de los 500.000 a los 6,5 millones de litros al año. Aunque no hay cifras oficiales, los entrevistados para este artículo concuerdan en que hay un boom del sotol.

Ahora, hay quien ve ambos aspectos del sotol —la identidad que representa y su potencial comercial— amenazados.

Y es que también se ha empezado a hacer del otro lado de la frontera, en Estados Unidos.

La polémica sobre quién tiene derecho a elaborarla está servida.

Conocimiento ancestral

La palabra sotol proviene del vocablo náhuatl tzotollin, que significa el dulce de la cabeza.

La bebida conocida con ese nombre se elabora con distintas especies del género Dasylirion, una planta nativa deldesierto chihuahuense que resiste las extremas temperaturas —hasta mínimas de -14°C en invierno y 42°C en verano— de ese ecosistema semiárido que abarca la zona norte de México y el suroeste de Estados Unidos.

Mapa de las zonas en las que crece la planta del sotol

BBC

Ya en tiempos prehispánicos, las comunidades originarias de ese vasto territorio se servían de ella, principalmente para alimentarse.

“Asaban el corazón, conocido como piña, y hacían una especie de pastas que se podían almacenar. Eran una buena fuente de carbohidratos”, le dice a BBC Mundo Jeffrey Keeling, profesor de biología y gestión de recursos naturales de la Facultad de Agricultura y Ciencias Naturales de la Universidad de Alpine, Texas.

Los rarámuri o tarahumaras, quienes le siguen llamando sereque, la usaban también para hacer utensilios —no por nada en inglés se conoce también como desert spoon, cuchara del desierto—, canastas, zapatos y artesanías, o con fines medicinales, por sus propiedades antibióticas.

La planta del sotol, del género Dasylirion.

Getty Images
La planta del sotol tiene aspecto de palma.
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Getty Images
Detalle de las flores de una planta de sotol.

Y elaboraban con ella un brebaje fermentado, similar al pulque que se hace con agave en otras zonas de México, de muy baja graduación, para usos ceremoniales ya desde hace 800 años, apunta el experto.

La destilación llegaría después, cuando los españoles trajeron consigo la técnica en el siglo XVI, y la bebida se empezó a parecer a la que se conoce actualmente.

Fermentación y destilado

Han pasado siglos desde aquello, pero el proceso de elaboración no ha variado mucho en décadas y su producción hoy sigue siendo mayoritariamente artesanal y en algunos casos semiindustrial, señala Pico.

Antes que nada, hay que cortar la planta, que crece de forma silvestre.

Hombre corta la cabeza de una planta de sotol.

Ángel Valdez
Son las cabezas de la planta, también llamadas piñas, las que se llevan a la vinata.

Aunque Olivas lidera un proyecto de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la Universidad Autónoma de Chihuahua, que nació en 1996, centrado en la domesticación de la especie, con el objetivo de que en un futuro pueda haber plantaciones y la producción sea sostenible.

“Si no nos aseguramos de establecer plantaciones, es muy probable que si sigue creciendo el interés en la bebida, a mediano plazo nos veamos en problemas para tener materia prima”, le dice a BBC Mundo.

Una vez cortado el tallo o piña, ya en la vinata o destilería se cuece en rudimentarios hornos construidos a ras de suelo.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda para reducirlas a trozos pequeños, a los que luego se les añade agua para que inicie la fermentación.

Piñas o cabezas de la planta de sotol en un horno rudimentario construido a ras de suelo.

Ángel Valdez

Finalmente, el doble destilado permite obtener una bebida con un volumen alcohólico del 45%.

“Tiene cosas en común con las producciones tradicionales de otros destilados, como el ‘perlado’, una técnica basada en la observación para calcular la graduación etílica, pero también muchísimas diferencias”, le dice a BBC Mundo Faridy Bujaidar, antropóloga especializada en bebidas espirituosas del norte de México.

“El tequila, el mezcal y el sotol, cada uno tiene su trayecto histórico, sus sabores y aromas particulares. Son conocimientos regionales muy focalizados“, añade.

La mayor disimilitud es quizá el volumen de producción. Ya comentamos cuánto mezcal se genera al año en el país, una cifra que palidece frente a la del tequila: 350 millones de litros en 2021, según el Consejo Regulador del Tequila.

Mientras, la entidad homóloga del sotol estima que de este se producen anualmente 500.000 litros, cerca del 80% en Chihuahua y el resto a partes iguales en Coahuila y Durango.

“A los ojos del consumidor somos una bebida emergente, aunque sea ancestral”, dice su presidente, Efraín Maldonado.

El Consejo calcula que en México hay unos 40 productores tradicionales.

Décadas de persecución

Este panorama es la herencia de la persecución que sufrieron los sotoleros durante décadas, apunta Pico, vicepresidente del Consejo Regulador del Sotol.

Se debió a una combinación de factores, explica, entre ellas la influencia de la prohibición de los destilados a principios del siglo pasado en el estado aledaño de Sonora y la Ley Seca vigente de 1920 a 1933 al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, además de una “corriente de pensamiento conservador en México según la cual el alcohol corrompía la sociedad”.

“Aunque no hubiera una ley per se en el país que prohibiera la actividad sotolera, la policía conocida como ‘la acordada’ llegaba a las comunidades, para en teoría checar que se cumplían las normas ambientales y sanitarias, y les confiscaba el equipo a los vinateros o los llevaban presos“, cuenta.

Hombre cortando un Dasylirion.

Ángel Valdez
Las plantas a partir de las cuales se hace el sotol se encuentran en estado silvestre.

Eduardo Arrieta, “Don Lalo”, maestro sotolero de cuarta generación del municipio de Aldama, Chihuahua, conoce bien la historia.

En parte porque se la contó su abuelo, quien se llamaba igual que él, y en parte porque la vivió en carne propia.

“Mi abuelo empezó en el sotol muy joven, en 1920, cuando andaba en la Revolución con Pancho Villa”, le dice a BBC Mundo.

‘Quítame esa vinata’, le dijo Pancho Villa un día que pasó por allí a caballo, pero mi abuelo no hizo caso, así que cuando volvió lo agarraron, lo ataron y le dieron con un sable. Según ellos esa era la ley aquí antes”, cuenta.

Cuando mataron al “centauro del norte” en 1923, el abuelo de Don Lalo siguió destilando y le enseñó el oficio a su hijo, quien después haría lo propio con el suyo.

“A mí todavía me tocó esconderme cuando llegaron los de a caballo (la policía), para que no me hallaran y me llevaran. Nos destruían el alambique donde hacía uno el vino (sotol), lo balaceaban para que ya no sirviera”, recuerda.

Pico, del Consejo Regulador del Sotol, analiza aquello —que duró hasta finales del siglo pasado en ciertas zonas— con perspectiva.

“La persecución quizá actuó a nuestro favor porque, ¿quién sabe?, de otra manera quizá hubiéramos acabado ya con la planta”, dice. “O nos hubiéramos convertido en otro Tequila, Jalisco, con una industria completamente desarrollada y millonaria”.

Protección institucional

Para caminar en esa dirección y ordenar y proteger la producción del sotol en Chihuahua, Coahuila y Durango, se creó en 2002 la denominación de origen.

Destilando sotol en una vinata.

Ángel Valdez
La última fase de la elaboración del sotol es la destilación.

Una denominación de origen (D.O.) es un sello que certifica que un producto es originario de una zona geográfica particular, que en ella se llevan a cabo todas las fases de producción, y que a esto se deben la calidad y las características del mismo.

Una de las más famosas es la del champán, que dicta que solo se le puede llamar así al vino espumoso elaborado en la zona francesa de Champagne o la Champaña.

La D.O. del sotol está reconocida a nivel internacional por la Organización Mundial de la Protección Intelectual, en 2005 nació el Consejo Mexicano del Sotol y más recientemente, en 2017, el Consejo Certificador.

Hoy el producto se vende dentro y fuera de las fronteras mexicanas.

“El mejor mercado para el sotol en México está, curiosamente, allí donde se producen otros destilados, porque se valora ese tipo de producto: en Oaxaca, Jalisco, y, por supuesto, Ciudad de México“, informa Pico.

“En Estados Unidos se vende en Texas y California sobre todo, y existe un mercado emergente, en constante crecimiento, en Arizona, Nueva York, Colorado e Illinois“.

El problema que ven muchos en la industria del sotol en México es que EE.UU. está dejando de ser meramente consumidor y ha empezado a producir, aunque aún de forma muy focalizada, concretamente en Texas.

Y es que el sotol, a diferencia del tequila y el mezcal, no está reconocido como bebida distintiva de México por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

¿Quién tiene derecho a producir?

En enero, Sandro Canovas se plantó fuera de una destilería en Marfa, Texas, con un megáfono en la mano y gritó: “¡El sotol es mexicano! ¡Boicot a estos buitres culturales! No apoyen a los ladrones”.

Y repartió entre clientes y curiosos unos papeles en los que se leía: “Ten en cuenta que Marfa Spirit Co. opera a diario bajo estas premisas: a) apropiación cultural; b) el flagrante desprecio de la denominación de origen que pertenece a Chihuahua, Durango y Coahuila en México; c) ningún compromiso ni acciones o programas hacia la sostenibilidad en la producción de sus bebidas espirituosas”.

Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Getty Images
Dasylirion en el Parque Nacional Big Bend, parte del desierto chihuahuense, en en suroeste de Texas.

Fundado en 2021 por Morgan Weber, con una amplia experiencia en el sector de la restauración y al frente de bares especializados en licores mexicanos, Marfa Spirit Co. es una de las empresas que está produciendo destilado a partir de Dasylirion en Texas.

“Están robando patrimonio cultural, una de las tradiciones tangibles más viejas de la región del norte de México junto al adobe —él es adobero— y quitándoles el negocio a los maestros mexicanos que han hecho esto durante generaciones”, le dice a BBC Mundo el activista.

Cánovas empezó a alzar la voz sobre la cuestión en distintos eventos, hablando con sotoleros y otros miembros de la industria, tocó la puerta de las autoridades.

Pronto una confederación de productores mexicanos, el Grupo de Sotoleros El Potrero del Llano, publicó un comunicado condenando que varias destilerías texanas estuvieran usando la palabra “sotol” en sus productos.

Las autoridades chihuahuenses mantuvieron una serie de reuniones sobre la protección de la producción del sotol en el estado, a medida que la conversación llegaba a los ciudadanos.

Y en su edición del 17 de febrero el diario Hechos de Chihuahua publicó en portada este titular: “Sin respetar la denominación de origen, Texas produce sotol”.

Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda

Ángel Valdez
Las piñas cocinadas se someten a un proceso de molienda.

Preguntado por la posición Consejo Regulador del Sotol sobre la cuestión, su presidente Efraín Maldonado es tajante:

“La norma denominación de origen es clara: a lo que se produzca en los tres territorios (Chihuahua, Coahuila y Durango) se puede le llamar sotol, a lo producido fuera no. Puede ser cualquier otro licor, destilado, pero no se le puede decir sotol“.

Weber, el dueño de Marfa Spirit Co., quien hizo equipo con Jacobo Jáquez, del veterano Sotol Don Celso, para elaborar su producto, se defiende haciendo referencia justamente a eso.

“La denominación de origen no dice nada sobre el uso de la planta para hacer una bebida”, le dice a BBC Mundo.

Sería una locura que, si tuvieras acceso a uvas, alguien te dijera que no puedes hacer vino espumoso. Lo puedes hacer. Otra cosa es que le puedas llamar champán. Y yo tengo acceso a las plantas de sotol”.

Por ello, aunque en las etiquetas viejas de sus botellas se leía Chihuahuan Desert Sotol, las más recientes dicen Far West Texas Desert Spirit, a lo que se le añade que está hecho en un 100% con sotol.

“Es importante honrar la tradición y nosotros no le llamamos sotol por respeto, le decimos licor del desierto. Pero las normas federales requieren que se incluyan los ingredientes en el etiquetado, así que tenemos que poner que viene de la planta sotol, como comúnmente se le llama”, explica.

“Nos critican mucho, que estamos violando la denominación de origen, cosa que no hacemos. Lo hacemos todo desde el respeto”, insiste.

Sin embargo, otras compañías les siguen llamando a sus destilados Texas sotol.

Shot de destilado reposado o añejo con dos pedazos de naranja.

Getty Images
Para hacer las variedades reposado y añejo se guarda el sotol en barricas de roble americano desde 4 hasta más de 12 meses.

Maldonado ve difícil que se deje de producir al otro lado de la frontera y cree que el futuro pasará por integrar a las destilerías estadounidenses en la industria ya existente.

“Quizá en algún momento, después de que las autoridades estatales y federales mexicanas puedan tocar base con las autoridades de Estados Unidos, y si encontramos un mecanismo que sea también benéfico para la industria de aquí, entonces a lo mejor nos podríamos sentar y negociarla“, añade.

Mientras, sigue trabajando en “ordenar” la industria, para que los sotoleros pequeños también puedan certificar su destilado y beneficiarse de la denominación de origen, y en unir fuerzas con las entidades de Coahuila y Durango.

“El mercado está creciendo y cada vez existe una mayor necesidad de que se difunda la tecnología para plantaciones”, dice el doctor Olivas.

“Y también que el público se entere de la calidad, el origen y lo que representa técnica, cultural, social y económicamente el sotol. Es importante que la gente sepa todo lo que hay detrás de una copita de sotol“, añadió durante el Festival del Agave, precisamente en Marfa.

La copa que, en su pueblo, toman temprano “para hacer la mañana”.


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