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Manu Ureste (@ManuVPC)

Colinas de Santa Fe: “Las madres no buscamos culpables, queremos encontrar a nuestros hijos”

Celia García narra la lucha que emprendió para buscar a su hijo Alfredo, secuestrado en julio de 2011 y cómo llegó al grupo de madres del Colectivo Solecito.
Manu Ureste (@ManuVPC)
Por Manu Ureste
17 de marzo, 2017
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Animal Político viajó a Colinas de Santa Fe, en el Puerto de Veracruz, para platicar con las madres del Colectivo Solecito, quienes buscan a sus hijos desaparecidos en la que hasta la fecha es la mayor fosa clandestina del sexenio en México.

En esta segunda entrega, Celia García narra la lucha que emprendió para buscar a su hijo Alfredo, secuestrado en julio de 2011.

Una aguja en un pajar

Celia García llevaba cinco años buscando a su hijo Alfredo, un joven de 33 años secuestrado en julio de 2011 en algún punto de la carretera entre Xalapa y Las Trancas, cuando una tarde escuchó de pasada algo en la televisión que le cambió la suerte.

-En las noticias estaban diciendo que aquí, en Colinas de Santa Fe, habían encontrado muchas fosas clandestinas –dice Celia, que recuerda la escena mientras compra algo para desayunar en una tienda desde la que se observa a unos metros una puerta con el letrero de ‘Prohibido el paso’, la cual da acceso a esa fosa de la que hablaba el noticiero, y en la que hasta la fecha se han encontrado al menos 249 cadáveres y 140 mil restos óseos.

Tras escuchar la noticia, Celia se levantó del sofá. Conocía bien Colinas de Santa Fe, así que apagó la televisión, le encargó el negocio a una persona de confianza, y salió a la calle con el paso acelerado.

Eran las cinco y media de la tarde cuando llegó a la entrada del predio.

-En ese momento no había nadie cuidando la entrada –Celia sonríe y encoge los hombros, como preguntando qué otra cosa podía hacer-. Así que yo le caminé, caminé y caminé, hasta que me metí bien adentro.

Tras dejar atrás unos cuatro kilómetros de vegetación salvaje y tierra arcillosa, Celia cuenta que se detuvo en seco algo asustada: al bajar por un pequeño montículo, de pronto vio varias patrullas de policía y a unos agentes que ya le habían visto deambular por la zona.

-Madre, ¿qué está usted buscando por aquí? –le preguntó con tono seco y marcial uno de los elementos.

Celia cuenta que respiró hondo y que cuando recuperó la compostura le respondió que estaba buscando por aquellos caminos ondulados a su hijo desaparecido.

-Usted no puede estar aquí, señora. Así no es la búsqueda de un hijo.

Entonces, Celia recuerda que por su mente pasaron los cinco años en los que, “como quien busca una aguja en un pajar”, buscó sola y sin ayuda a su hijo. Recorriendo hospitales y morgues cada vez que escuchaba en la radio que varios muertos habían aparecido en algún punto de Veracruz; un estado con más de mil 200 asesinatos tan solo el año pasado, y donde, entre 2014 y 2016, la Procuraduría General de la República (PGR) registró la desaparición de más de 350 personas, de las cuales cerca del 40% no fueron buscadas.

-¿Ah no? –le espetó enojada al oficial-. Entonces dígame usted cómo lo busco.

Y para su sorpresa, el agente se lo dijo: le recomendó que rastreara en Facebook al grupo de madres que integran el Colectivo Solecito.

-Esas señoras -le susurró- sí le ayudarán a buscar a su hijo.  

“No buscamos culpables, solo a nuestros hijos”

Colinas de Santa Fe, en realidad, es una unidad habitacional ubicada a unos 10 kilómetros del Puerto de Veracruz, en la que a simple vista todo transcurre con normalidad: hay niños por las calles correteando; señoras que buscan la sombra para despistar al calor; pequeños comercios de comida corrida; un lugar de taxis con choferes soñolientos; y una parada de autobuses que llevan y traen gente del Puerto.

Nada indica que al final de Bulevar Colinas de Santa Fe, detrás de una puerta metálica custodiaba por una camioneta vieja con las llantas ponchadas de la Fiscalía de Veracruz, hay un acceso a un camino que unos kilómetros más adentro desemboca en un cementerio clandestino del tamaño de un campo de futbol, donde el crimen organizado desapareció a cientos de personas.

En una calle de la unidad habitacional, Celia descansa sentada sobre una banqueta luego de que regresara de excavar fosas junto con otras madres del Colectivo Solecito, organización civil a la que entró poco después de que aquel agente se lo recomendara un año atrás.

Son las tres de la tarde. Celia vierte un poco de agua en la palma de la mano para refrescarse la cara, se ajusta el moño que le estira el pelo rubio, y avisa que ya está preparada para la entrevista.

-A Alfredo lo tuve de muy chica –comienza a narrar-. Con apenas 14 años ya era madre soltera. Mi mamá me ayudó a criarlo, pero tuve que trabajar mucho para poder darle un bienestar. Él fue mi primer hijo, lo quise demasiado.

Tras la última frase, la mujer carraspea ligeramente. Se aferra con ambos brazos al retrato tamaño carta en el que Alfredo, vestido con saco y corbata beige y camisa blanca, observa con los ojos negros a la cámara que años atrás lo fotografió. Y se arranca de nuevo para explicar que su hijo era un muchacho trabajador, sano, con un carisma alegre y bullanguero. Que le encantaba el futbol y el Cruz Azul. Y que aunque de pequeño no le gustaba la escuela, terminó una licenciatura en Administración de Empresas que compaginó con la ferretería que le heredó su abuelo.

-Cuando ya tenía un hogar, una familia con tres hijos, decidió entonces que quería estudiar. Él era así: siempre buscaba retos para superarse.

Incluso, otro reto que se propuso fue presentarse en 2011 como candidato a presidente municipal de Chiconquiaco, un municipio de algo más de 12 mil personas que está ubicado en la zona centro de Veracruz, a unos 45 kilómetros de la capital Xalapa.

Pero Alfredo no lo pudo cumplir, porque el 18 de julio de 2011, cuando regresaba de Xalapa de tramitar unos documentos a bordo de una camioneta Cherokee, él y otro compañero de nombre Heriberto desaparecieron cuando circulaban a la altura de Las Trancas, en el municipio de Emiliano Zapata.

-Más que desaparecer –dice tajante- yo digo que lo secuestraron.

En este punto de la plática, se le pregunta a Celia si cree que la candidatura de Alfredo para la alcaldía de Chiconquiaco pudo haber tenido algo que ver con su plagio.

La mujer lo medita durante unos segundos.

-Pues la verdad, no lo sé –encoge los hombros-. Pero a estas alturas ya no me interesa eso. Nosotras no buscamos culpables, solo queremos saber dónde están nuestros hijos, y que ellos sepan que los estamos buscando.

“Las madres del Colectivo somos unas guerreras”

Tras la desaparición de su hijo mayor, Celia dice que el mundo se le cayó a los pies.

-Toda mi felicidad se terminó el día que desapareció mi hijo, se desbarató. Y de un momento a otro –chasquea los dedos- me di cuenta de  que estaba sola, completamente sola para buscar a mi hijo día y noche.

Desde entonces, aprendió a moverse rápido: dejó su trabajo como ama de casa y puso un negocio pequeño para ganar algo de dinero. Pero muy pronto se dio cuenta de que era prácticamente imposible compaginar la búsqueda de su hijo con las obligaciones del negocio. Así que decidió rentarlo a otra persona de confianza, y con ese dinero mantenerse a flote.

Porque buscar a un ser querido, advierte, no solo requiere de ir todos los días con una pala a una fosa a escarbar en la tierra. Sino que además se necesita aprender a la fuerza muchas cosas que jamás hubiera imaginado: desde cuestiones técnicas de antropología forense, hasta saber moverse por las fiscalías para presionar a las autoridades.

Por eso, Celia insiste en la importancia de la labor del Colectivo Solecito, especialmente ante la resistencia de los gobiernos federal y estatal a investigar casos de desaparición forzada.

-Las mujeres del Colectivo somos unas guerreras, fuertes como el cemento puro –dice ahora riendo-. La búsqueda de nuestros hijos es una lucha diaria, pero no estamos cansadas. Vamos a seguir hasta el final.

Además, Celia asegura que aún no ha sentido esa intuición fatal que otras mujeres, como su comadre Griselda, mamá de una de las dos únicas víctimas identificadas hasta el momento, Pedro Huesca, sí han tenido al momento de entrar a Colinas de Santa Fe y ver las 125 fosas abiertas.

-Yo siempre he tenido la intuición de que mi hijo sigue vivo -Celia respira hondo de nuevo y sonríe, franca.

-Tal vez se lo llevaron a trabajar para otro lado, quién sabe. Pero el corazón me dice que Alfredo sigue aquí, entre nosotros. Por eso, aunque pase el tiempo, yo tengo la esperanza de que algún día él va a regresar conmigo.

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9 cosas falsas que se dicen a menudo sobre el ejercicio (y qué dice la ciencia sobre ello)

Se dicen muchas cosas respecto al ejercicio, pero no todas son ciertas. Aquí te contamos algunas de las frases más comunes, que no están respaldadas por la ciencia.
16 de diciembre, 2019
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Joven corriendo en la cinta

Getty Images
No sirve con haber estado en forma, hay que seguir haciendo ejercicio para ver los beneficios en la salud.

Aunque tengamos las mejores intenciones, puede resultarnos difícil incluir el hacer ejercicios en nuestra ocupada vida cotidiana.

Hay muchas razones por las que la gente no ejercita, y muchos conceptos erróneos sobre el ejercicio.

Aquí te ofrecemos nueve ideas comunes sobre el ejercicio que están equivocadas y qué dice realmente la ciencia sobre ello.

1. Antes estaba en forma, por eso ya no necesito ejercitar

Desafortunadamente, los beneficios para la salud no duran si uno no mantiene un régimen de ejercicios.

Una reducción significativa del ejercicio o abandonarlo, puede causar una pérdida marcada de los beneficios iniciales como la resistencia y la aptitud cardiovascular.

La clave es la consistencia.

Combina ejercicios y mantenlos interesantes, ya que mantener altos niveles de actividad física a lo largo de tu vida está asociado con los mejores resultados de salud.

2. Estar activo todo el día me salva de hacer ejercicio

Estar de pie todo el día no tiene los mismos beneficios que ejercitar.

Grupo haciendo ejercicio

Getty Images
Aunque estés moviéndote todo el día, es recomendable elevar la intensidad de tu actividad física.

Estar de pie y moviéndote todo el día quiere decir que tienes un nivel de actividad física elevado. Esto contribuye a tu salud.

Para optimizar los beneficios para tu salud, aumenta el nivel de ejercicio -lo suficiente como hacer que traspires un poco- a al menos 150 minutos por semana, cada vez que sea posible.

3. El ejercicio se debe hacer por diez minutos o más, sino es una pérdida de tiempo

La buena noticia es que lineamientos recientes han eliminado la necesidad de hacer actividad física en ráfagas de 10 minutos.

No hay un umbral mínimo para los beneficios a la salud. Por lo tanto, haz tareas diarias activas, como llevar bolsas de compras pesadas y trabajos vigorosos en el hogar o el jardín, para mejorar su salud.

Trata de hacer “píldoras” de ejercicio, como por ejemplo cinco sets cortos de actividad (que pueden durar desde medio minuto a dos minutos) durante el día, que pueden consistir por ejemplo en subir escaleras a una intensidad suficiente como para dejarte levemente sin aire.

4. Tengo una enfermedad crónica, por eso debo evitar el ejercicio

Eso no es así. Ser más activo es beneficioso para una serie de condiciones crónicas incluidas el cáncer, las enfermedades coronarias y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Gente subiendo escaleras

Getty Images
Subir escaleras es una buena forma de aumentar tu actividad física

Sé tan activo como tu condición te lo permita, apuntando a 150 minutos por semana de actividad moderada, siempre que sea posible.

Si tienes problemas de salud complejos, consulta con tu médico antes de empezar un nuevo régimen de ejercicios y asesórate con un fisioterapeuta u otros profesionales expertos en ejercicio.

5. Soy muy viejo para hacer ejercicio

Eso no es verdad. La evidencia muestra que el envejecimiento por si solo no es una causa importante de problemas hasta que tienes más de 90 años.

Hombre mayor haciendo ejercicio

Getty Images
La edad no es excusa para dejar de hacer ejercicio

Y la fuerza y el poder de la masa muscular puede aumentarse incluso a esta avanzada edad.

Idealmente, si tienes más de 65 años, incluye ejercicios aeróbicos, de equilibrio y fortalecimiento muscular.

6. El ejercicio me hará más delgado

No necesariamente. Debes combinar restricción calórica con actividad física para lograr perder peso.

Recuerda: no puedes escapar de una mala dieta.

La gente que tiene como meta una disminución de peso sustancial (más del 5% de su peso corporal) y la gente que está tratando de no volver a engordar una cantidad de peso significativa, puede necesitar hacer actividad entre moderada e intensa por más de 300 minutos por semana para lograr su objetivo.

Incluye ejercicios de resistencia para lograr un masa corporal magra.

7. Corro una vez por semana, pero eso no es suficiente

Ten la seguridad de que cualquier cantidad de tiempo que corras, incluso una vez a la semana, genera importantes beneficios para la salud.

Frutas y vegetales

Getty Images
Hacer ejercicio no te salva de una mala dieta.

Si no tienes mucho tiempo para hacer ejercicio, incluso correr por 50 minutos una vez por semana a una velocidad inferior a 9,65 Km/h ha demostrado reducir el riesgo de muerte prematura.

Correr más no mejora necesariamente los beneficios en este sentido.

8. Estoy embarazada, así que debo tomármelo con calma

La actividad física moderada-intensa es segura para las mujeres embarazadas que tienen buena salud en general y no representa un riesgo para el bienestar del feto.

La actividad física reduce el resigo de aumento de peso excesivo y la diabetes gestacional durante el embarazo.

9. No me siento bien, no debería hacer ejercicio

Si tienes fiebre, te sientes muy mal, sientes dolores muy fuertes o estás exhausto, no hagas ejercicio.

En la mayoría del resto de los casos, estar físicamente activo es seguro, pero siempre escucha lo que te dice tu cuerpo y reduce la carga de ejercicio si es necesario.

*Julie Broderick es profesora asistente de fisioterapia del Trinity College en Dublín, Irlanda.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Haz clic aquí para leer la versión original en inglés.


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