Con irregularidades y lejos de la meta, así marcha el plan de Peña de bebederos escolares
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Cuartoscuro

Con irregularidades y lejos de la meta, así marcha el plan de Peña de bebederos escolares

La Auditoría Superior de la Federación señaló que hay irregularidades en la instalación de bebederos escolares, mientras que los datos oficiales muestran un avance de apenas 35%.
Cuartoscuro
Por Tania Montalvo
9 de marzo, 2017
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La Auditoría Superior de la Federación (ASF) encontró irregularidades en la instalación de bebederos escolares en 12 entidades del país, así  como subejercicio de los montos asignados para ello, lo anterior como parte de la revisión de la cuenta pública 2015.

Según el reporte del órgano fiscalizador, en al menos seis entidades se instalaron bebederos en más escuelas de las que debían recibir el beneficio y en otras seis —Chiapas, Guanajuato, Querétaro, Puebla y Veracruz— no se entregó información para determinar el avance del programa.

Aunado a ello, la Auditoría determinó que en la instalación de bebederos apenas se ejerció el 8.9% de los recursos asignados al Programa de la Reforma Educativa, pese a que el decreto del Presupuesto de Egresos determina que se debía destinar 15%.

A partir de 2015, el programa de instalación de bebederos escolares ha estado dentro del Programa de la Reforma Educativa; antes fue parte del programa Escuelas Dignas y para 2016, el gobierno federal creó la estrategia Escuelas al Cien.

La meta del sexenio es de 40 mil bebederos escolares pero hasta enero pasado, sólo se tenía avance de 35%, según los datos del Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa.

En 2014, con el programa Escuelas Dignas hubo un avance de 1,175 bebederos escolares instalados. Un año después, ya dentro del Programa de la Reforma Educativa, se instalaron 1,500.

El año pasado, con un presupuesto de mil 141 millones de pesos —el 15% del programa de la Reforma Educativa, según marca la ley— se instalaron 4 mil 799 y hasta el 27 de enero pasado se reportó que existía el plan de instalación para otros 6 mil 235.

Pese al recorte que se aplicó al Programa de la Reforma Educativa para este 2017, el monto destinado a este plan es prácticamente igual al del año pasado —1,156 millones de pesos—, pues el decreto indica que en lugar de destinar el 15% del presupuesto de ese programa, se destinará el 54% de los 2 mil 141 millones etiquetados.

Dos años para lograr la meta de los bebederos

Pero si a ello se suman los resultados anuales reportados por el gobierno de Enrique Peña Nieto, la instalación de bebederos escolares está lejos de la meta, pues de los 40 mil prometidos, hasta enero pasado sólo había un avance de 35%, con 7 mil 474 instalados y otros 6 mi 200 contratados o en proceso de instalación, según datos del Instituto Nacional de Infraestructura Física Educativa.

El tiempo para cumplir con la meta se acaba y lo requerido para autorizar la instalación de un bebedero es de, aproximadamente, cinco meses, según el Instituto.

Tras la adjudicación, se debe seguir el proceso para verificar las condiciones de calidad del agua, y para la colocación de materiales eléctricos e hidráulicos.

Consulta la serie: Hacienda solapa el pago a los maestros aviadores.

El proveedor del servicio debe contratar a un laboratorio independiente autorizado por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), para tomar pruebas de agua que cumplan con las normas vigentes de salud de agua para consumo humano.

Una vez analizada la toma de agua del plantel escolar, los resultados se entregan al Instituto Mexicano de Tecnología de Agua, que elabora un dictamen.  Si el resultado de éste es favorable, se puede proceder a la instalación. De lo contrario, se llevan a cabo nuevas pruebas para determinar cuál será la toma de agua.

Incluso para determinar en dónde se ubicará un bebedero, hay una reunión entre el proveedor, el director del plantel y un representante del INIFED, que además deben contar con pruebas que demuestren la calidad de la instalación eléctrica, hidráulica y sanitaria del bebedero para abrir un expediente.

Completado el trámite, la instalación tarda de 2 a 3 semanas, por lo que todo el proceso puede completarse en entre tres y cinco meses.

Cuando se hace la entrega del bebedero arranca el periodo de mantenimiento del sistema para los siguientes 24 meses.

Según cifras oficiales, en el primer trimestre de 2017 se deberá avanzar con los 6,235 bebederos escolares que se contrataron el año pasado pero cuya instalación no concluyó. Además, este año se espera contratar otros 9,600.

Nota del editor:

Tras la publicación de la nota, el Instituto Nacional de la Infraestructura Física Educativa (INIFED) envió un documento con comentarios sobre la misma.

A continuación presentamos la carta completa del INIFED:

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Cómo una joven encontró a su familia 26 años después gracias a una foto en WhatsApp

Una niña que quedó huérfana en el genocidio de 1994 en Ruanda ha encontrado a sus familiares gracias a las redes sociales. Esta es su historia.
24 de septiembre, 2020
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Grace Umutoni de niña, a la izquierda, y en una imagen actual.

Grace Umutoni
“¿Me conocen?” Grace Umutoni publicó fotos de cuando era niña en las redes.

Para Grace Umtoni lo ocurrido ha sido “un milagro” obra de las redes sociales.

Umtoni quedó huérfana cuando solo tenía dos años. En 1994 sus padres fueron víctimas del genocidio que se cobró miles de vidas en Ruanda. Años después, ha podido encontrarse con algunos familiares.

La mujer, que no conocía su verdadero nombre, publicó fotos suyas de niña en grupos de WhatsApp, Facebook y Twitter el pasado abril con la esperanza de que miembros de su familia la reconocieran y pudiera reunirse con ellos.

Sus intentos anteriores, a través de cauces más formales, no habían dado resultado.

Todo lo que esta enfermera de 28 años sabía de su historia es que la habían llevado a un orfanato en Kigali, la capital ruandesa, después de encontrarla en el barrio de Nyamirambo. También fue acogido allí su hermano, de 4 años, que murió después.

En Ruanda hay miles de niños como ella, que perdieron a sus padres entre las 800,000 víctimas que se estima dejó la matanza sistemática de miembros de la etnia tutsi y hutus moderados en cien días de genocidio.

Muchos siguen buscando a su familia.

Después de que publicara sus fotos, aparecieron algunas personas que dijeron ser parientes suyos, pero pasaron meses hasta que apareció alguien que de veras parecía serlo.

Antoine Rugagi había visto las fotos en WhatsApp y se puso en contacto con ella para decirle que se parecía mucho a su hermana, Liliose Kamukama, muerta en el genocidio.

“El milagro por el que había estado rezando”

“Cuando lo vi, yo también noté que nos parecíamos”, le dijo Umtoni a la BBC.

“Pero solos las pruebas de ADN podían confirmar si éramos parientes, así que nos hicimos unas en Kigali en julio”.

Umutoni viajó desde el distrito de Gakenke, donde vive, mientras que Rugagi llegó desde Gisenyi, en el oeste, para que pudieran recoger los resultados juntos.

Grace Umutoni y su tío Antoine Rugagi .

Grace Umutoni
Grace Umutoni y Antoine Rugagi viajaron a Kigali para recoger los resultados de su prueba de ADN.

Resultó ser un gran día para ambos, ya que las pruebas revelaron un 82% de posibilidades de que ambos fueran famlia.

“Estaba impactada. No pude contener mis ganas de expresar mi felicidad. Todavía hoy pienso que estoy en un sueño. Fue el milagro por el que siempre había rezado”, cuenta Umtoni.

Su recién hallado tío le contó que el nombre que le pusieron sus padres tutsis era Yvette Mumporeze.

También le presentó a varios parientes de la rama paterna de la familia, como su tía Marie Josée Tanner Bucura, que lleva meses atrapada en Suiza a causa de la pandemia.

Grace Umutoni y su madre.

Grace Umutoni
Grace Umutoni y su madre, Liliose Kamukama, en una imagen de un álbum familiar.

Ella estaba convencida de que Grace Umtoni era su sobrina antes incluso de conocer el resultado de las pruebas genéticas por el parecido de la mujer de la foto de WhatsApp con el de la niña de los álbumes de la familia.

“Era claramente la hija de mi hermano Aprice Jean Marie Vianney y su esposa, Liliose Kamukama. A los dos los mataron en el genocidio”.

‘Pensamos que ninguno había sobrevivido’

La señora Bucura le contó también el nombre completo de su hermano, que llegó con ella al orfanato, Yves Mucyo, y que había tenido otro hermano, Fabrice, de un año.

El genocidio comenzó horas después de que el avión que transportaba a los presidentes de Ruanda y Burundi, ambos de la etnia hutu, fuera derribado en la noche del 6 de abril de 1994.

Milicias hutus recibieron la instrucción de dar caza a los miembros de la minoría tutsi. El suburbio de Nyamirambo, en Kigali, fue uno de los primeros en ser atacado.

Muchas de personas murieron a machetazos en sus casas o en barricadas levantadas para impedir el paso de quienes trataban de escapar. Algunos lograron ponerse a salvo en iglesias y mezquitas.

La señora Bucura dijo que alguien cómo una mujer agarraba del brazo al pequeño Yves y se lo llevaba corriendo de allí, pero no consiguieron más información. De su hermana no se supo nada.

El genocidio terminó meses después, cuando los rebeldes tutsis del Frente Patriótico Ruandés, liderado por el hoy presidente Paul Kagame, se alzó con el poder.

Cráneos en el Memorial del Genocidio en Kigali.

Reuters
Muchos murieron por golpes de machete, como se aprecia en los cráneos conservados en el Memorial del Genocidio en Kigali.

“Pensamos que ninguno había sobrevivido. Incluso los recordábamos cuando cada abril llegaba el aniversario del genocidio”, explica Bucura.

Umtoni no había podido averiguar sobre su familia y lo único que le contaron es que Yves murió al llegar al orfanato como resultado de las heridas que sufrió por las balas de las milicias hutus de las que huía.

Cuando tenía cuatro años, la niña fue adoptada por una familia tutsi del sur de Ruanda que le dio el nombre de Grace Umtoni.

“Los responsables de mi escuela me ayudaron y volví al orfanato en Kigali para preguntar si había algún rastro de mi pasado, pero no había nada”, dice.

“He vivido siempre en la pena de ser alguien sin raíces, pero seguí rezando por un milagro”.

“Por bien que me tratara la familia adoptiva, no podía dejar de pensar en mi familia biológica, pero tenía muy poca información para siquiera empezar a buscar”.

Ahora tiene curiosidad por saber más de sus padres. Han planeado una gran reunión familiar con parientes que llegaran de diferentes lugares del país y del extranjero, aunque el coronavirus ha obligado a aplazarla.

Entretanto, le han presentado a algunos de sos familiares a través de WhatsApp y ha descubierto que tiene un hermano mayor en Kigali, fruto de una relación anterior de su padre.

“Estamos agradecidos con su familia adoptiva”

Desde 1995, casi 20.000 personas se han vuelto a reunir con sus familias gracias al Comité Internacional de la Cruz Roja.

Su portavoz para Ruanda, Rachel Uwase, asegura que aún siguen recibiendo peticiones de ayuda de gente a la que el genocidio separó de su familia.

En lo que va de 2020, son 99 las personas que se han reencontrado con sus familiares.

Para la señora Bucura, descubrir que su sobrina había sobrevivido es algo que agradece.

“Estamos agradecidos con la familia que la adoptó, le dio un nombre y la crió”.

La joven mantendrá el nombre que le dio su familia adoptiva ya que es el que la ha acompañado la mayor parte de su vida.

Pero le tendrá siempre gratitud a las redes sociales por haberla ayudado a encontrar un sentido de pertenencia.

“Ahora hablo frecuentemente con mi nueva familia”, cuenta.

“He pasado toda mi vida con la sensación de que no tenía raíces, pero ahora me parece una bendición tener tanto a mi familia adoptiva como a la biológica, ambas pendientes de mí”.


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