¿En serio en cuatro años los usuarios de internet en México aumentaron de 41 a 70 millones?
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¿En serio en cuatro años los usuarios de internet en México aumentaron de 41 a 70 millones?

El gobierno federal reportó un súbito crecimiento de 40 a 70 millones de personas conectadas en el país, pero un cambio metodológico lo pone en duda.
Cuartoscuro/Archivo
Por Juan Ortiz Freuler / Red en Defensa de los Derechos Digitales
13 de marzo, 2017
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En 11 de noviembre del año pasado, el presidente Enrique Peña Nieto dijo que de 2012 a 2016 los usuarios de internet en México pasaron de 41 a 70 millones. El 5 de diciembre, la cifra fue repetida por el coordinador del PRI en el Senado, Emilio Gamboa. Un día después, en el Foro de Gobernanza de Internet de la ONU, la coordinadora de la Estrategia Digital Nacional, Alejandra Lagunes, repitió que los usuarios de Internet han crecido más de 70% en los últimos cuatro años.

Sin embargo, esas declaraciones son insostenibles, de acuerdo con un informe de la Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D). 

Al iniciar su mandato, Peña Nieto anunció el programa México Conectado a través del cual se llevaría el acceso a internet a donde no lo había y así dar cumplimiento al artículo 6 de la Constitución, el cual establece que “el Estado garantizará el derecho de acceso a las tecnologías de la información y comunicación (…) incluido el de banda ancha e internet“.

“Aunque el Programa prevé dos componentes de evaluaciónque son el número de sitios que fueron conectados y el uso promedio de la capacidad instalada en bytes, la pregunta central es si el programa está ayudando o no a reducir la brecha en el acceso a internet“, indica el informe de la R3D. 

En México existen dos mediciones de acceso a internet. Una de ellas es la que se realiza cada 10 años mediante el Censo de Población y Vivienda, donde se entrevista a integrantes de cada una de las viviendas del país, y se obtiene información acerca de los servicios y dispositivos disponibles en cada una.

La segunda fuente de información es la encuesta anual del Inegi –MODUTIH, actualmente llamada ENDUTIH–. Esta encuesta que se realiza a una muestra de unas decenas de miles de viviendas, el Inegi estima el porcentaje de personas que utilizan internet en México.

Sin embargo, los datos de la encuesta del Inegi sobre usuarios de tecnologías de la información 2015 –que permite evaluar programas como México Conectado– no ofrecen resultados comparables con las de años anteriores.

Así explica el Inegi el súbito crecimiento de usuarios conectados

Aunque el gobierno mexicano dijo a la R3D que para evaluar los resultados de México Conectado tiene dos metodologías –el Índice de Ciudadanos Interactuando con su gobierno vía Internet (de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE) y el Índice de Digitalización, realizado por Telecom Advisory Services –, al final la fuente de ambas es información recogida por el Inegi. 

En los resultados de la encuesta 2015 del Inegi sobre usuarios de tecnologías de la información (ENDUTIH, antes MODUTIH), se reportó un súbito aumento en los usuarios de internet: 13 puntos porcentuales de un año al otro, cuando la variación interanual había sido del 0,9% y 5,1% respectivamente.

Lo que resultó aún más sorprendente para la R3D es que el porcentaje de usuarios creció –según los resultados de 2015– en todos los estados del país, lo cual no había ocurrido en ninguna de las cuatro mediciones anteriores.

Lo anterior fue resultado de la modificación en la metodología de la medición de la encuesta, según identificó la R3D. 

La fuente del problema son los cambios que se introdujeron a la ENDUTIH, que en 2015 fue modificada a partir de un convenio suscrito entre el Inegi y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT).

Al responder una solicitud de información de la R3D, el INEGI justificó el incremento de la cobertura de internet en la población –de 44% a 57%– en dos factores: cambio en quién contesta la pregunta (endógeno) e impactos de la política pública (exógeno).

El Inegi indicó que la decisión de modificar a quién se le formula la pregunta es un cambio que sigue lineamientos internacionales. En 2014 se formulaba la pregunta a un integrante de la vivienda, que daba cuenta de la experiencia del resto de los habitantes de la vivienda.

En el cuestionario 2015 se incluyeron dos preguntas sobre uso de internet: la 3.8 y la 7.1.

  • A través de la pregunta 3.8, un integrante de la vivienda ofrece respuestas acerca del uso de todos los integrantes de la casa (como en 2014).
  • En la 7.1, se elige un integrante de la vivienda al azar para que conteste con base en su propia experiencia como usuario (cosa que no se hacía antes).

De esta manera, se puede descartar que el cambio en la persona seleccionada para contestar la pregunta sea la variable que mejor explica este salto. Los resultados publicados por Inegi, según los cuales 57% de la población de México es usuaria de internet, se corresponden al agregado de respuestas recabadas a la pregunta 7.1.

En la pregunta 3.8 no se modifica el informante y el resultado reportado es 54%. Por lo tanto, el cambio en quién contesta solamente explicaría una variación de tres puntos porcentuales.

El Inegi explicó que “en relación con la parte asociada al cambio metodológico, la modificación incorporada en la ENDUTIH 2015 fue: ‘la información la proporciona un informante directo dentro del hogar, seleccionado aleatoriamente, quien describe su propia experiencia en el uso de TIC, a diferencia del MODUTIH en donde un solo miembro proporcionaba información del resto de los integrantes'”.

Acerca de  los fundamentos y la razonabilidad de los cambios metodológicos implementados, el Inegi contestó: “La mejora en la calidad y confiabilidad de la información recolectada. Para el MODUTIH, en su condición de módulo complementario de una encuesta específica, la información sobre los usuarios de TIC se recogía de un informante único de cada hogar que daba respuesta de la experiencia del resto de los integrantes. A partir de la ENDUTIH 2015 la información sobre la condición y características del uso de TIC por los individuos, se recoge directamente de una persona aleatoriamente seleccionada en cada vivienda muestreada. La información la proporciona el usuario directo de la tecnología”.

Así, quedan al menos dos factores que el instituto omite al explicar los cambios metodológicos implementados. De acuerdo con el análisis de la R3d, estos son: a) qué se pregunta; y b) muestreo y factores de expansión.

Al publicar los resultados, el Inegi  omitió referirse a la comparabilidad, lo cual era necesario considerando las modificaciones realizadas. Si bien el comunicado no realiza afirmaciones sobre crecimiento interanual en uso de internet, sí hizo apreciaciones sobre cambios interanuales en uso de otras TICs, lo cual tampoco corresponde. Esta falta de transparencia ha llevado a que se comunique e interprete los resultados de manera errónea.

Aquí puedes leer el informe completo de R3d.

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Chernóbil: los guardias que cuidan a los perros abandonados en la Zona de Exclusión del desastre nuclear

Los descendientes de las mascotas abandonadas por quienes huyeron del desastre de Chernóbil están entablando una curiosa relación con los humanos encargados de proteger el área contaminada.
26 de abril, 2021
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No había pasado mucho tiempo desde su llegada a la Zona de Exclusión de Chernóbil cuando Bogdan se dio cuenta de que su nuevo trabajo incluía a algunos compañeros inesperados. Desde sus primeros días como guardia de control en Chernóbil, ha compartido el lugar con una jauría de perros.

Bogdan (no es su nombre real) está ahora en su segundo año de trabajo en la zona y ha llegado a conocer bien a los perros. Algunos tienen nombre, otros no. Algunos permanecen cerca, otros permanecen separados, van y vienen cuando les place. Bogdan y los otros guardias los alimentan, les ofrecen refugio y ocasionalmente les brindan atención médica. Los entierran cuando mueren.

Todos los perros son, en cierto sentido, refugiados del desastre del 26 de abril de 1986 —hace 35 años—en el que explotó el reactor número 4 en la Central Nuclear de Chernóbil.

Posteriormente, decenas de miles de personas fueron evacuadas de la ciudad ucraniana de Pripyat. Se les dijo que dejaran a sus mascotas.

Los soldados soviéticos dispararon a muchos de los animales abandonados en un esfuerzo por evitar la propagación de la contaminación. Pero algunos de los animales se escondieron y sobrevivieron.

Después de 35 años, cientos de perros callejeros ahora deambulan por la Zona de Exclusión de 2 mil 600 km establecida para restringir la circulación de personas dentro y fuera del área.

Nadie sabe cuáles de los perros descienden directamente de las mascotas varadas y cuáles pueden haber llegado desde otro lugar. Pero ahora todos son perros de la zona.

Sus vidas son peligrosas. Están en riesgo de contaminación radiactiva, ataques de lobos, incendios forestales y hambre, entre otras amenazas. La esperanza de vida promedio de los perros es de solo cinco años, según Clean Futures Fund, una organización no gubernamental que monitorea y brinda atención a los perros que viven dentro de la Zona de Exclusión.

Un perro callejero en la zona radioactiva de Pripyat, la ciudad que quedó abandonada luego del desastre.

Getty Images
Algunos perros que viven en la Zona de Exclusión pueden ser descendientes de las mascotas abandonadas durante la evacuación de 1986, pero otros pueden haber llegado de casualidad.

Es bien sabido que los perros habitan este lugar en ruinas. Algunos de ellos incluso se han convertido en celebridades menores en las redes sociales.

El cofundador de Clean Futures Fund, Lucas Hixson, quien abandonó su carrera de investigación para cuidar de los animales, ofrece recorridos virtuales por la Zona de Exclusión con los perros.

Pero se sabe menos sobre los trabajadores locales que interactúan con estos caninos a diario.

Apodos

Jonathon Turnbull, candidato a doctor en geografía en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, se dio cuenta de que valdría la pena recopilar las historias de estas personas.

“Si quería conocer a los perros”, dice, “tenía que acudir a las personas que mejor los conocían, y esos eran los guardias”.

Lo que descubrió es una conmovedora historia de la relación de los guardias con los animales de este entorno abandonado, una historia sobre el profundo vínculo entre humanos y perros.

Por ejemplo, los guardias han puesto apodos a varios de los perros.

Según Turnbull, está Alpha, cuyo nombre hace referencia a un tipo de radiación, y Tarzán, un perro muy conocido por los turistas de Chernóbil, que puede hacer trucos cuando se le ordena y que vive cerca de la famosa instalación del radar Duga.

Luego está Sausage, una perrita baja y gorda a la que le gusta recostarse sobre las tuberías de calefacción en invierno. Estas tuberías sirven a uno de los edificios utilizados por los trabajadores en la Zona de Exclusión que son parte de los esfuerzos en curso para desmantelar y descontaminar la planta de energía en ruinas.

“Cara de piedra”

El acceso a la Zona de Exclusión de Chernóbil requiere un permiso, por lo que los guardias tienen la tarea de vigilar los puntos de control de entrada y salida del área.

Las personas que esquivan estos puntos de control para entrar sin autorización en la Zona de Exclusión se conocen como “acosadores”. Los guardias los denuncian a la policía.

Cuando Turnbull, que vive en la capital de Ucrania, Kiev, comenzó a hacer visitas regulares a la zona, se encontró con Bogdan y otros guardias de los puestos de control.

Tenían cara de piedra y se mostraban reacios a hablar al principio, así que les llevó vodka y chocolates.

Luego les ofreció la oportunidad de participar en su investigación, que según él fue un “punto de inflexión”.

Los guardias tenían solo una solicitud: “por favor, por favor, traigan comida para los perros”. Eso fue lo que Turnbull hizo.

Sergey Shamray, trabajador de la planta nuclear de Chernóbil le da pedazos de pan a unos perros callejeros, en 2017.

Getty Images
Los guardias alimentan a los perros callejeros.

Turnbull entrevistó a uno de los participantes del estudio en nombre de BBC Future. El guardia en cuestión ha pedido no ser identificado para evitar una acción disciplinaria en el trabajo, por lo que aquí nos referimos a él con el seudónimo de “Bogdan”.

Lealtad

Cuando Bogdan camina por las calles abandonadas de la zona en busca de acosadores, los perros lo acompañan felices, dice. Siempre parecen ansiosos por ver si él o un turista podrían llevar comida. Si un perro de compañía se distrae o sale corriendo para perseguir a un animal, eventualmente regresa a Bogdan, agrega.

La lealtad va en ambos sentidos. Turnbull dice que a veces los guardias se toman la molestia de ayudar a los perros sacándoles las garrapatas incrustadas en la piel o poniéndoles inyecciones contra la rabia.

Monitorear quién entra y sale de la Zona de Exclusión a veces resulta en una ocupación aburrida. Pero siempre hay perros cerca.

En algunos puestos de control, los guardias han adoptado más o menos a algunos de los animales. Los alimentan y les dan cobijo. Pero no todos son tan mansos. Durante su investigación, un guardia le dijo a Turnbull: “No podemos inyectar a Arka porque muerde”.

Otro participante habló de una perrita que era aún más difícil de abordar. Se niega a ser tocada en absoluto. “Debes darle una sartén y marcharte. Ella espera hasta que te vayas y luego come”, explicó el guardia.

Guardias de Chernóbil con un perro callejero en 2017.

Getty Images
Algunos guardias dicen que los perros los alertan de la presencia de intrusos.

Los perros a veces ladran a los extraños a primera vista, esa es su naturaleza, cuenta Bogdan. Pero mientras no se sientan amenazados, a veces se calman y mueven la cola. De vez en cuando, incluso parece que están sonriendo, agrega.

Peligro de radiación

En general, se aconseja a los visitantes de Chernóbil que no toquen a los perros, por temor a que los animales puedan llevar polvo radiactivo. Es imposible saber dónde deambulan los animales y algunas partes de la Zona de Exclusión están más contaminadas que otras.

Además de los perros, hay vida silvestre en la Zona de Exclusión de Chernóbil. En 2016, Sarah Webster, una bióloga del gobierno de EU que trabajaba en la Universidad de Georgia en ese momento, y sus colegas publicaron un artículo en el que revelaron cómo los mamíferos, desde lobos hasta jabalíes y zorros rojos, habían colonizado la Zona de Exclusión.

Los datos de cámaras ocultas mostraron que el número de animales no necesariamente era más bajo en aquellas áreas donde la contaminación radiactiva es mayor.

Los animales que viven en la Zona de Exclusión no están necesariamente confinados allí. Un estudio posterior de Webster y sus colegas, publicado en 2018, detalló los movimientos de un lobo monitoreado con un dispositivo GPS. Viajó 369 km desde la zona, siguiendo un arco largo hacia el sureste, luego nuevamente hacia el noreste, y finalmente entró a Rusia.

Lobos en la zona de exclusión.

Getty Images
También hay lobos en la Zona de Exclusión.

En teoría, los lobos, perros y otros animales podrían transportar contaminación radiactiva, o mutaciones genéticas potencialmente transmitidas por reproducción, a lugares fuera de la Zona de Exclusión.

“Sabemos que está sucediendo, pero no entendemos el alcance o la magnitud”, dice Webster.

Turnbull dice que los guardias generalmente no se preocupan por la radiación, aunque ocasionalmente pueden usar dosímetros para revisar a un perro.

“Asistentes”

En realidad, parece que los perros, a través de la compañía que ofrecen, terminan tranquilizando a quienes interactúan con ellos regularmente, explica Greger Larson, un arqueólogo que estudia la domesticación animal en la Universidad de Oxford y que no participó en la investigación de Turnbull.

“Se están poniendo en la piel de los perros”, sugiere, refiriéndose a los guardias. “Si el perro está bien, eso significa que estás bien”.

Un perro callejero con ojos tristes pide comida en la zona de exclusión.

Getty Images
A pesar de vivir en un área donde los humanos todavía están en gran parte excluidos, los perros alrededor de Chernóbil llevan una vida “próspera”.

Pero en verdad, esto puede ser solo una falsa sensación de seguridad.

“Es un entorno extraño”, señala Turnbull. “No puedes ver el peligro. Estás constantemente consciente de que podría estar ahí, pero todo parece normal”.

A pesar de que los perros podrían representar un riesgo en términos de radiactividad, los guardias como Bogdan enfatizan en cambio los beneficios de tenerlos cerca.

Por ejemplo, afirma conocer perros que ladran de formas notablemente diferentes según lo que hayan visto en la distancia: un humano desconocido, un vehículo, un animal salvaje.

Debido a estas útiles señales de advertencia, Bogdan piensa en los perros como “asistentes”.

“Mundo postapocalíptico”

Lo que está sucediendo en la Zona de Exclusión es un eco de interacciones con perros que se sabe que han ocurrido dentro de las civilizaciones humanas durante miles de años, dice Larson.

Perros en un parque de diversiones de Prypiat, una ciudad abandonada después del desastre.

Getty Images
Los perros de Chernóbil se han vuelto casi tan famosos como la icónica noria del parque de atracciones de Pripyat.

“Vemos esto durante los últimos 15 mil años o más. Esto es lo que la gente hace, asociaciones muy cercanas no solo con perros sino con muchos animales domésticos […] para decir ‘este es nuestro apego al paisaje'”, explica.

En todo el mundo, hay perros que viven en un estado intermedio similar: no del todo domesticados ni del todo salvajes. Estos son los perros que deambulan por las ciudades y áreas industriales en busca de comida, los que pueden ser adoptados hasta cierto punto por las personas, pero que no llegan a considerarse mascotas.

Un cachorro callejero camina a lo largo de unas vías de tren cerca de la planta nuclear de Chernóbil, en 2017.

Getty Images
Un estimado de 900 perros viven en la Zona de Exclusión.

Los perros de Chernóbil también viven en este tipo de espacio, al borde de la domesticación, pero hay una diferencia, según Webster, quien anteriormente ha participado en un estudio distinto al de Turnbull.

“La Zona de Exclusión es muy diferente porque está abandonada por humanos”, relata. “Las únicas personas en ese paisaje en el día a día, en realidad, son los guardias”. Como tal, las oportunidades de los perros para hacerse amigos de los humanos son muy limitadas.

Si bien el mundo exterior sigue fascinado por los perros y su historia, para muchos guardias la conexión es mucho más profunda.

Bogdan dice que a menudo se le pregunta por qué se debe permitir que los perros permanezcan en la Zona de Exclusión.

“Nos dan alegría”, responde. “Para mí, personalmente, esto es una especie de símbolo de la continuación de la vida en este mundo radiactivo y postapocalíptico”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en BBC Future.


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