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Mantener informal el trabajo del hogar deja impunes delitos en contra de las trabajadoras
Privación ilegal de la libertad, violencia física, abuso sexual y explotación infantil son algunos de los delitos que se cometen en México contra las trabajadoras del hogar, amparados en la falta de reconocimiento oficial del trabajo que realizan.
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Por Claudia Altamirano
28 de marzo, 2017
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Isidra llegó a la Ciudad de México desde Puebla a los 14 años. Con 15 hermanos, la economía familiar ya no daba para más así que decidió viajar a la capital para trabajar como empleada del hogar, igual que su hermana. Desde su primer día de trabajo libró jornadas agotadoras de unas 14 horas, pero le ilusionaba tener su propio dinero.

Cuando llegaron los primeros pagos se dio cuenta de que no rendía, no solo porque fuera poco sino porque le pagaban cada mes. Aun así, empezó una carrera laboral que está cumpliendo 36 años, durante los cuales ha sufrido explotación, encierro, humillaciones y abuso sexual, entre otras violaciones a sus derechos. Todo, ocurrido en la intimidad de la casa de sus empleadores.

“La señora me dijo que cuando llegara su familia yo no tenía que estar ahí, me metía al cuarto de servicio con el burro de planchar y toda la ropa, y me escondía”, cuenta Isidra Llanos, secretaria del Trabajo del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho). Permaneció siete meses con aquella empleadora que siempre le cuestionaba por qué se peinaba de cierta forma o por qué usaba pantalón.

Lo más grave que le hizo, sin embargo, fue dejarla encerrada mientras ella salía, pues Isidra no podía llegar a tiempo a recoger a sus hijos a la escuela y los niños tenían que esperarla en la banqueta. Cuando protestó por este abuso, la señora le reprochó que se estaba “haciendo la importante”, que en realidad era floja y no quería hacer nada.

El encierro es más que un capricho: se trata de un delito tipificado como privación de la libertad y se castiga con una pena de entre seis meses y tres años de prisión, según dictan los artículos 364 del Código Penal Federal y el 160 del Código Penal de la Ciudad de México. Pese a ello es un hecho frecuente, muchas trabajadoras del hogar relatan haber sido encerradas por sus empleadores mientras ellos se ausentan del domicilio, a veces por desconfianza de dejarles las llaves, o “para que no salgan con alguien, no se vayan a embarazar”, en el caso de las empleadas de planta.

“A las de planta las dejan salir un domingo cada 15 días, a otras las dejan encerradas bajo llave, pero muchas no conocen sus derechos así que lo ven como algo normal”, señala el abogado Manuel Fuentes, asesor del Sindicato y del Centro de Apoyo y Capacitación para las Empleadas del Hogar (Caceh). Además de este delito, al interior de las casas se cometen otros como violencia física o verbal, explotación infantil, violación, abuso u hostigamiento sexual, “aprovechando la situación de ventaja de los empleadores”, refiere el defensor.

Isidra recuerda el acoso y abuso sexual como las peores experiencias que ha tenido en este empleo. Uno de sus empleadores la atacó directamente y ella pudo repelerlo, pero otro fue llevando el acoso de menos a más con el tiempo. “Yo le llegué a tener respeto y admiración porque me enseñó y me apoyó muchas veces, pero luego de 16 años empezó a ser muy atrevido, me rozaba al pasar por detrás, me tocaba las piernas cuando estaba tendiendo la ropa, cuando tendía la cama”, recuerda la trabajadora del hogar.

Este acoso duró casi un año, en el que ella intentó reunir valor para enfrentarlo, pero temía perder su empleo, “estaba bien pagado, me sacaba de apuros, mis hijos estaban en la prepa y yo necesitaba el dinero”, argumenta. Decidió abandonar esa casa cuando el acoso se convirtió en abuso y pidió ayuda al Caceh, donde la canalizaron con una psicóloga, “lo encaré, renuncié al trabajo pero no fui capaz de decirle por qué me iba”.

Aunque son delitos graves, la mayoría no denuncia por temor a perder su trabajo o por agradecimiento con quien se los dio, lo cual impide detectar la verdadera dimensión del problema, advierte el abogado Fuentes. Muchas de ellas llegan a las ciudades capitales provenientes de pueblos en los que su situación es tan grave, que prefieren no denunciar a sus empleadores para no tener que regresar allá, salvo cuando ya está en juego su integridad personal.

“Hay un velo de impunidad en la comisión de estos delitos, por un lado por el temor de estas mujeres, por su necesidad y un desconocimiento de sus derechos”, subraya el defensor, miembro de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos. Estos delitos no se persiguen de oficio, por lo que para castigarlos se requiere una denuncia formal “y muchas veces es la palabra de la trabajadora contra el patrón”.

El trabajo doméstico no ha sido reconocido en México como un empleo formal, lo que limita sus derechos laborales y permite que ocurran flagelos que en otros sectores productivos están prohibidos, como el trabajo infantil. “Hay muchas niñas que se colocan a los 14 años, yo fui una de ellas”, recuerda Isidra. “Tenía que cubrir todo el servicio pero además cuidar niños, llevarlos a la escuela, lavar a mano, planchar; cubría una jornada de 14 horas. Aparentemente decimos que los abusos ya se están erradicando, pero la necesidad es fuerte y la mayoría que venimos de provincia sufrimos estas situaciones”, puntualiza la secretaria del Trabajo del Sinactraho.

Es por ello que las casi 900 trabajadoras afiliadas al Sindicato exigen la ratificación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), firmado por México en 2011 pero congelado desde entonces porque no ha sido ratificado. El Convenio obliga a los países firmantes a reconocer formalmente el trabajo del hogar y adecuar sus legislaciones para garantizar sus derechos laborales, lo cual tendría que empezar, dicen las sindicalizadas, por otorgarles Seguridad Social completa y garantizar que se respeten los horarios y condiciones de trabajo.

Sin embargo, aun sin la ratificación del Convenio, la ley del Seguro Social debió ser reformada hace mucho tiempo para reconocer como formales a estas trabajadoras, asegura el abogado, pues la falta de este reconocimiento es anticonstitucional. “Hay un absoluto alejamiento del Estado en este tipo de relaciones laborales.  Es un tema que se celebra dentro de la propia esfera del patrón y en cuanto cierra la puerta, nadie se puede meter ahí, a menos que haya una denuncia expresa de ataques. Es mucho más difícil perseguir delitos con estas características”, resalta.

Actualmente Isidra realiza trabajos de entrada por salida. Ya no puede trabajar de planta porque sus actividades en el Sindicato se lo impiden, pero se siente orgullosa de estar apoyando a otras compañeras que solicitan asesoría, defensa o canalización a un empleo. Hoy puede ver que la explotación laboral que sufrió ocurrió desde su infancia: “mis papás me explotaban y a ellos los explotaban. Antes de irme a la escuela, nos levantaban a las 03:00 y nos llevaban al campo a traer la pastura, llegábamos a lavarnos las manos y la cara y a la escuela.

Al regresar, atender a los animales (marranos y pollos), poner el nixtamal para las tortillas del otro día, era ese nuestro día a día, realmente no tuvimos una infancia de jugar. Todos mis hermanos, hombres o mujeres, le entrábamos al campo por igual, pero con la diferencia de que ellos sí podían estudiar y nosotras no.

Yo era una de las más grandes, así que me tocaba cuidar a los más chicos pero también aportar para el gasto. Vine aquí huyendo del campo y aquí encontré más explotación, aunque con pago. Es algo que no he podido erradicar, aprendí que para mí era trabajo, trabajo y después más trabajo, pero ya lo estoy reconociendo”, relata la trabajadora, cuya siguiente meta es terminar la secundaria.

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¿Realmente te espía (y para qué) el micrófono de tu teléfono?
Las empresas recaban nuestros datos con propósitos comerciales, pero al almacenarlos ponen en peligro nuestra privacidad. Son los hackers quienes están al acecho.
15 de abril, 2019
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¿Has sentido alguna vez que tu ‘smartphone’ o tu tableta recoge tus conversaciones? ¿Has recibido anuncios de viajes a Rio de Janeiro justo después de hablar con tu mejor amigo de ese destino para las vacaciones?

Leyenda urbana o realidad: ¿realmente me escucha mi teléfono?

La proliferación de micrófonos en nuestros celulares y los altavoces inteligentes -como el sistema Siri de Apple o Alexa, creado por Amazon- hace pensar que cualquiera puede escucharnos y que nuestra privacidad está en jaque.

Zoe Kleinman, corresponsal de tecnología de la BBC, contó esta semana en el programa Bussines Daily una experiencia espeluznante que tuvo cuando su teléfono parecía escuchar una de sus conversaciones y cómo esto la llevó a descubrir lo fácil que es hackear el micrófono de alguien y espiarle.

“Hace unos años estaba hablando con mi madre en su cocina y me contó que un amigo de la familia había muerto en un accidente de tráfico en el extranjero. Recuerdo que mi teléfono estaba a mi lado”.

Teléfono

Getty Images
La periodista Zoe Kleinman empezó a indagar si es posible que nos escuchen.

“Fue un accidente dramático, así que busqué si algún medio de comunicación había escrito algo de eso. Empecé a escribir en el buscador el apellido de la familia, mientras veía que el texto predictivo me sugería correctamente el nombre”.

“¿Cómo era posible que el buscador me ofreciera esa posibilidad cuando, en realidad, ningún medio había escrito nada sobre el accidente?”.

¿Coincidencia?

Puede ser, pero Kleinman empezó a investigar si realmente era posible que nuestros dispositivos estuvieran recogiendo nuestra voz.

Para ello, llamó a un experto y le desafío a crear una aplicación que enlazara el micrófono de su smartphone con una laptop.

“Lo que me pareció más alarmante de todo es que fue capaz de desarrollar esa aplicación en un par de días”.

Imagen de recurso

Getty Images
Hay programas muy accesibles que permiten convertir en texto cualquier audio de nuestro teléfono.

Lo probaron y el sistema fue capaz de hacer que al ordenador llegara texto que reproducía la conversación escuchada por el teléfono.

Si ellos podían hacerlo, ¿qué no conseguirán las grandes tecnológicas?

“En realidad es un gran riesgo para ellas. Espiar es ilegal. No puedes recabar datos de la gente sin haberles pedido permiso explícitamente”, afirma.

Pero Kleinman quiso recalcar durante la entrevista que ella y el especialista pudieron demostrar que grabar del micrófono era fácil, pero no pudieron demostrar que eso estuviera pasando realmente.

“La conclusión a la que llegamos es que si es posible, es probable que haya gente intentando activar el control por voz. Nos hemos rodeado de estos dispositivos y nos están escuchando a la espera de palabras de control que los activen”, dice.

“Todas las compañías niegan absolutamente que usen los datos recabados por voz y niegan que compartan esos datos con terceros”, apunta la periodista de la BBC.

Software por US$5

Pero si hay alguien que demostró lo fácil que es hackear el micrófono de alguien fue el cineasta holandés Anthony van der Meer cuando dejó que su teléfono fuera robado a propósito para poder usarlo en secreto grabando al ladrón.

Instaló una aplicación muy sencilla que le permitía hacer todo lo que hace con su teléfono normalmente, pero de forma remota.

Tablet

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El coste de las aplicaciones que nos permiten usar nuestro celular en remoto suele ser bajo.

Esa aplicación iba a funcionar siempre, incluso aunque el ladrón reiniciara el smartphone.

“Podía ver los contactos, los mensajes, grabar audio, video, tomar fotos”, dice. En definitiva, tenía acceso a todo.

“Me di cuenta de todo lo que compartimos con nuestros teléfonos y de que es el dispositivo perfecto para espiar porque la gente lo lleva todo el tiempo consigo. Tiene micrófono, cámara e incluso GPS que te permite saber dónde está la gente. No nos damos cuenta del daño que puede hacer”, afirma van der Meer.

Por ejemplo, el cineasta supo de su ladrón tras mirar los registros del GPS que frecuentaba albergues para gente sin techo.

Además grababa 30 segundos de conversación dos veces al día. Si le parecía interesante, grababa más tiempo.

La aplicación que había descargado en el teléfono que fue robado le permitía incluso ver cuándo el celular estaba online y le mandaba un texto de las conversaciones grabadas a su mail.

Ojo y reflejo de www

Getty Images
Si las empresas vigilan nuestros pasos en la red, ¿qué podemos hacer al respecto?

“Es una aplicación muy útil y fácil de manejar”, asegura.

Además es un software legal y no muy caro. “Creo recordar que me costó unos US$5 la suscripción de por vida”.

Otra de las cosas que destaca Van der Meer es el poder del micrófono.

“Incluso aunque lo llevara metido en el bolsillo, las conversaciones eran bastante claras y nítidas”.

“En realidad, asusta mucho saber que incluso para una persona como yo, con unas habilidades tecnológicas limitadas, es muy fácil”.

Y cuando es tan fácil hacerse con tus datos, la extorsión o el chantaje están a solo un paso.

“La aplicación puede hacer streaming, es decir, grabar en directo lo que esté haciendo la persona en ese momento, ya sea en vídeo o audio”, cuenta el cineasta.

El teléfono, al microondas

“Si estoy una conversación delicada, dejo el teléfono en el microondas. Y si quiero estar completamente segura de que no me escuchan, lo enciendo durante 30 segundos”, dice la experta en seguridad Lisa Forte, bromeando sobre destruir tu smartphone como una medida para proteger tu intimidad.

Amazon

Getty Images
Al usar tiendas online como Amazon, proporcionas un registro de hábitos de compra.

Porque si algo tiene claro esta experta es que, en efecto, nuestros teléfonos nos escuchan.

Pero ¿qué pasa con la información que nuestros dispositivos recogen a través de los micrófonos?

El problema para ella empieza cuando descargamos aplicaciones.

Recuerda, sin decir nombres, una aplicación que en su letra pequeña decía “no almacenaremos ningún audio en nuestros servidores”.

“Para mí, es una cosa muy rara de decir, porque si no estuvieran acumulando ninguno de los datos que recogen sobre nosotros, dirían eso mismo: “ningún dato será recabado”. Creo que podrían estar transcribiendo el audio y eso es lo que almacenan: un texto sobre nuestro audio”, explica Forte.

Todo esta recogida de datos se usa, en este caso, con un objetivo comercial, pero si las compañías almacenan nuestros datos entonces los hackers pueden robarlos y usarlos contra nosotros.

¿Cómo protegerse?

Entonces ¿qué puede hacer la gente para protegerse?

“Nunca tengo una conversación importante cerca de mi teléfono, pero lo que es importante con los smartphones es tener actualizado el sistema operativo. Cada vez que salga uno nuevo, actualiza tu teléfono inmediatamente”, recomienda la experta.

Si existiera alguna sospecha o brecha sobre el sistema fabricado para el teléfono, el nuevo sistema arreglaría eso.

Y por último, hay que tener mucha cautela con las aplicaciones que descargamos y con los permisos que les damos.

¿Es realmente necesario que ese juego que tanto nos gusta tenga acceso a nuestra cámara? ¿Para qué?

“Otra cosa que hay que tener en cuenta es que hay aplicaciones que activan el micrófono y esto nos consume datos y batería”, recuerda Kleinman.


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https://www.youtube.com/watch?v=E5DFeVSv5FU

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