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Cuartoscuro

Desnutrición y obesidad cuestan a México más de 28 millones de dólares al año: Cepal

Para 2078, la pérdida de productividad por sobrepeso y obesidad será de 114.800 millones de dólares en México; la pérdida por desnutrición, estima la Cepal, será de 114.800 millones de dólares.
Cuartoscuro
Por Erendira Aquino
25 de abril, 2017
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La malnutrición en México pasó de ser un problema de desnutrición, a una combinación de ésta con problemas de obesidad.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en toda la región las transformaciones demográficas, epidemiológicas y nutricionales han llevado a que la desnutrición disminuya, mientras aumenta el índice de sobrepeso y obesidad.

El informe ‘El costo de la doble carga de la malnutrición’ de la Cepal muestra que la malnutrición ha repercutido económicamente en la economía de los países. En el caso de México, ésta ha tenido consecuencias en morbilidad y mortalidad, así como en el rendimiento académico y la productividad laboral, lo que le ha costado al país el 2.3% del PIB, lo cual equivale a 28.800 millones de dólares al año.

Sobre el sobrepeso y la obesidad, el organismo estima que en una proyección realizada hasta el año 2078, en México estas condiciones generarán un costo anual total de 13.000 millones de dólares.

Hasta 2014, el costo en salud por atender padecimientos como la diabetes e hipertensión fue de 6.134 millones de dólares. Este costo, según las proyecciones de la Cepal crecerán aproximadamente 70%.

Las consecuencias de la malnutrición

En los últimos 65 años, en México la desnutrición crónica ha causado más de dos millones de muertes prematuras y se calcula que aproximadamente que una de cada seis infecciones respiratorias agudas y entre el 3% y 4% de los episodios de diarrea en niños pueden atribuirse a la desnutrición.

Esta desnutrición afecta principalmente a los niños, quienes disminuyen su rendimiento escolar ya que les impide el desarrollo congnitivo y limita su capacidad de aprendizaje, lo que se traduce en una alta probabilidad de incorporación tardía, repetición de cursos, abandono y bajo rendimiento escolar general.

En México, los niños que padecen desnutrición tienen una probabilidad 11 veces menor de completar la educación secundaria respecto a los niños que no la padecen; asimismo, el 16% de las repeticiones de cursos se atribuyen a esta condición de salud.

Por el otro lado, el sobrepeso y la obesidad en adultos son el factor que causa al menos 21 millones de casos de enfermedades no transmisibles en México. La hipertensión y la diabetes tipo 2 representan entre 90 y 95% de los casos de enfermedades relacionadas. Según la Cepal, el aumento de la carga de estas enfermedades puede situarse en torno al 50% entre el presente y 2030, lo que afectaría la mortalidad en el país en un 26%.

El sobrepeso y la obesidad cuestan al país aproximadamente 900 millones de dólares debido a las muertes prematuras y al absentismo laboral.

Para 2078, estima la Cepal, la pérdida de productividad por sobrepeso y obesidad será de 114.800 millones de dólares en México; la pérdida por desnutrición, estiman, será de 114.800 millones de dólares.

Ambos problemas se agudizan en países de ingresos medios, donde los procesos económicos y cambios en el estilo de vida dan lugar a una dieta excesiva y a enfermedades relacionadas con ella.

Por ello, la Cepal recomienda a los países de la región diseñar políticas nutricionales y de salud que aborden a la malnutrición con un enfoque multicausal (de acceso a servicios básicos y alimentos seguros, hábitos alimenticios, etc.) y priorizar la intervención temprana con madres e infantes desde su gestación y hasta los 1000 primeros días de vida.

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¿Por qué todavía se guardan dos muestras del virus de la Viruela?

Un incendio en un laboratorio ruso encendió las alarmas sobre una de las muestras que existen en el mundo de la viruela, una enfermedad que acabó con la vida de 300 millones de personas solo en el siglo XX.
17 de septiembre, 2019
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La noticia parecía volver realidad un guión de Hollywood.

Las autoridades rusas confirmaron este martes que se había registrado una explosión y un incendio en un laboratorio donde se almacenan, entre otras cosas, virus tan letales como el del ébola.

El Centro Nacional de Investigación de Virología y Biotecnología, conocido en la era soviética como Instituto Vector, había sufrido daños menores en uno de sus edificios, ubicados en la localidad de Novosibirsk, en la región de Siberia, según informó la agencia estatal rusa Ria-Novosti.

Sin embargo – y esa era la razón del comunicado-, quedaba claro que la explosión, causada por un cilindro de gas, había ocurrido en una “zona donde no se encontraba material biológico almacenado”.

“Los voceros del Centro de Investigación han enfatizado que este incidente no representa ninguna amenaza biológica ni de ningún orden para la población en general”, señaló la agencia.

Pero la noticia ya estaba dando la vuelta por redes sociales (en Twitter, el hashtag #bioweapons era tendencia) por una simple razón: este laboratorio es uno de los dos lugares en el mundo donde se encuentra una muestra del virus que causa la viruela, una de las enfermedades más letales en la historia de la humanidad.

En el siglo XX, la viruela causó la muerte de casi 300 millones de personas alrededor del planeta.

Sin embargo, fue erradicada hacia 1980, una época en la que el mundo estaba dominado por dos potencias: EE.UU. y la Unión Soviética.

Una muestra quedó en territorio ruso, mientras la otra la conserva el los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., el CDC, en Atlanta.

“Este edificio fue utilizado dentro del programa de defensa contra armas biológicas en la era soviética y ahora se dedica a la investigación de enfermedades como la hepatitis e y el ébola“, confirmó Ria-Novosti.

Pero, ¿cómo quedaron esas dos muestras del virus de la viruela en dichos laboratorios durante de la guerra fría?

Viruela mortal

La viruela es un viejo conocido de la humanidad: se sabe que causó la muerte del faraón Ramsés V hace más de 3.000 años y la del zar ruso Pedro II en 1730.

También fue la causante de la muerte de millones de personas más.

La enfermedad, causada por el Variola virus y conocida por el sarpullido que produce en la piel, fue llamada “el monstruo moteado” (speckled monster) por Edward Jenner, el científico británico que logró crear la primera vacuna efectiva contra el padecimiento en el siglo XVIII.

Pero, a pesar de que existía una vacuna eficaz desarrollada hacía más de 200 años, en el siglo XX el virus seguía arrasando con poblaciones enteras debido al crecimiento demográfico y el aumento de las migraciones.

De acuerdo a la periodista de la BBC Colette Flight, “la velocidad de contagio y la altda tasa de mortandad de la viruela la hacían casi incontrolable cuando ocurría algún brote”.

Por esa razón, a mediados de la década de 1950, con una pandemia global en ciernes, el viceministro de salud de la Unión Soviética, Viktor Zhdanov, propuso cambiar la estrategia: darle una mirada global al asunto.

Virus de la viruela

Getty Images
La viruela se erradicó en 1980.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) le hizo caso e inició un proceso que fue liderado esta vez por un estadounidense: el epidemiólogo Donald Henderson.

A partir de 1967, y de la mano de una agresiva campaña de vacunación alrededor del mundo, el virus fue borrado del planeta: el último caso conocido fue el de un joven en Somalia en octubre de 1977.

El 8 de mayo de 1980 la OMS declaró la erradicación total de la viruela.

Pero lo cierto es que dos muestras vivas habían sobrevivido.

Laboratorio Vector

Con el fin de combatir la enfermedad en caso de que ocurriera otro brote, la OMS decidió guardar dos muestras en los únicos laboratorios que tenían el nivel suficiente de seguridad para albergar semejante virus: los CDC de Atlanta, en el corazón de EE.UU., y el laboratorio del Instituto Vector, en la Siberia rusa.

Lo curioso de este último laboratorio es que hacía parte de la infraestructura creada por la Unión Soviética con el ánimo de defenderse de un posible ataque biológico.

De acuerdo a los registros del libro “Riesgo biológico: la verdadera historia del mayor programa encubierto de armas biológicas en el mundo”, del científico ruso Ken Alibek, aunque la Unión Soviética firmó en 1972 un acuerdo para no producir armas biológicas, continuó investigando el tema porque “temía que Estados Unidos no cumpliera con lo pactado”.

Según Alibek -quien trabajó en dicho programa de defensa-, la Unión Soviética utilizó el laboratorio del Insituto Vector, debido a sus altos niveles de seguridad, como una de las instalaciones donde llevó adelante estas investigaciones.

Recipientes en un laboratorio

Getty Images
Se teme que ocurra un accidente en un laboratorio y que el virus se propague.

Lo cierto es que, con el final de la guerra fría, varios organismos – entre ellos, grupos de investigación de la OMS- comenzaron a solicitar la destrucción total de las muestras para evitar una nueva epidemia, pero sobre todo para que no llegaran a las manos de agentes internacionales que pudieran convertirlas en armas biológicas.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 y los ataques con ántrax que ocurrieron días después llevaron a varios científicos de Estados Unidos, India, Rusia y Japón a solicitar que no se eliminaran las muestras, según investigó el periodista británico Steve Connor, del diario The Independent.

“Estos científicos creen que el desarrollo de nuevas vacunas efectivas se debe hacer en muestras vivas del virus. Y no se sabe si los llamados terroristas tienen una muestra, por lo que la destrucción de las muestras podría ayudarlos a concretar sus planes de ataque”, escribió Connor en 2002.

Desde entonces, la existencia de las muestras se rodeó de controversia.

Hasta ahora, las dos posiciones contrapuestas se mantienen: están quienes piensan que es mejor destruir los virus de una vez y para siempre para evitar ataques biológicos, y quienes prefieren mantener las muestras para desarrollar nuevas vacunas si hiciera falta.

De hecho, el año pasado, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó un medicamento para combatir el virus.

¿La razón? Precaución. Las autoridades estadounidenses temen que la viruela pueda utilizarse como arma biológica y quieren estar preparadas.


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