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Cuartoscuro Archivo
Empresa ligada a Yarrington recibió contratos del gobierno pese a ser demandada en EU por fraude
La empresa de Yarrington fue embargada por la PGR en octubre de 2012 y demandada en Estados Unidos por fraude, pero recibió más contratos en México.
Cuartoscuro Archivo
Por Tania L. Montalvo
12 de abril, 2017
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La empresa de Fernando Cano Martínez, presunto prestanombres y mano derecha del ex gobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, siguió recibiendo contratos gubernamental en México pese a que tanto en el país como en Estados Unidos se abrió una investigación por fraude y lavado de dinero.

Materiales y Construcciones Villa de Aguayo, propiedad de Fernando Alejandro Cano Martínez,  fue embargada en octubre de 2012 durante el gobierno de Felipe Calderón por una investigación de la Procuraduría General de la República sobre presunta actividad vinculada a la delincuencia organizada. Pero en 2014 ya estaba recibiendo de nuevo contratos del gobierno federal.

Esa empresa fue una de las principales contratistas durante el gobierno en Tamaulipas de Tomás Yarrington (1999-2004) y recibió al menos 1,473 millones de pesos en contratos públicos.

Además de los señalamientos en México por presunta actividad delictiva, en mayo de 2013 en Estados Unidos se abrió un proceso legal contra Yarrington y Cano Martínez por fraude bancario, lavado de dinero y nexos con el crimen organizado a través de esta empresa.

La investigación que integró la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), el Departamento de Seguridad Interna, la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) y el Buró de Investigación Criminal (FBI) detalla que a través de esa empresa Cano Martínez  recibió contratos con el gobierno estatal tras entregar sobornos a Yarrington. También, que actuó como su prestanombres y principal socio en la red de lavado de dinero y fraude que gestó el exgobernador.

Pese a ello, Materiales y Construcciones Villa de Aguayo continuó teniendo actividad comercial en México pues ya en la gestión de Enrique Peña Nieto el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, ­ desestimó la investigación iniciada en el país en 2012. Y aunque existía la investigación estadounidense, los bienes embargados le fueron devueltos en el primer semestre de 2013.

Para el siguiente año, Materiales y Construcciones Villa de Aguayo ya estaba recibiendo contratos del gobierno federal.

En enero de 2014 firmó con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes un contrato por 58 millones 448 mil 879 pesos para la modernización, obras de drenaje, pavimento y señalamiento de un tramo de la carretera La Paz – Ciudad Insurgentes en Baja California Sur.

Cuatro meses después, la SCT firmó con Materiales y Construcciones Villa de Aguayo un nuevo contrato por 81 millones 999 mil 850 pesos para realizar las mismas obras en otro tramo de esa misma carretera.

Ambos contratos se ganaron tras una licitación pública en la que la firma de Cano Martínez compitió en una propuesta conjunta con la Constructora Grupo Díaz Álvarez.

Un año después, en junio de 2015 el Fondo Nacional de Fomento al Turismo le entregó 101 millones de pesos por un contrato más para diversas obras en Playa Espíritu, Sinaloa.

La ejecución de esos tres contratos se llevó a cabo mientras tanto Tomás Yarrington como Fernando Alejandro Cano Martínez, dueño de la empresa, tenían un proceso abierto en Estados Unidos por fraude bancario de millones de dólares, lavado de dinero y narcotráfico.

Incluso Cano Martínez fue detenido en febrero pasado en Nuevo León, México, pero horas después fue liberado pese a la investigación que existe en su contra en Estados Unidos.

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¿Es posible vivir un día en México sin hacer más rico a Carlos Slim?
Al comprar pan, en cada llamada por teléfono, en mensajes de texto o comunicaciones por internet. Las empresas del magnate Carlos Slim Helú están presentes en la mayoría de las actividades cotidianas de los mexicanos.
15 de abril, 2019
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Mediodía de un caluroso día de abril en Ciudad de México, uno de esos momentos en que el aire acondicionado de la oficina es un gran alivio.

Mientras se enfría la habitación al teléfono móvil llegan un par de llamadas.

La conexión a internet de la computadora se completa y en uno de los portales de noticias que se visita aparece publicidad de un restaurante.

Es un día normal de trabajo. Pero detrás de cada una de estas pequeñas actividades cotidianas hay un nombre que se repite: Carlos Slim Helú.

De una u otra forma las empresas del magnate acompañaron esos minutos en la oficina de BBC en México:

Los cables que conectan el aparato de aire acondicionado se fabricaron en Condumex, una de sus compañías.

El teléfono móvil fue contratado con Telcel, una de sus empresas más rentables.

La publicidad en el portal de noticias es de Sanborns, una exitosa cadena de restaurantes que es uno de los negocios más queridos de Slim.

Y aunque el servicio de internet no es de una compañía del magnate, la empresa contratada paga una cuota por utilizar la infraestructura construida por el corporativo América Móvil, propiedad del empresario.

Hace algunos años se hizo popular la frase de que “todo México es territorio Slim”.

Hoy se podría añadir: cada minuto de vivir en este país incrementa, de alguna manera, la fortuna de uno de los hombres más ricos del mundo.

Iglesias, autos, comida…

¿Se puede vivir en México sin aportar una utilidad a Carlos Slim? Es difícil. Su huella está presente en lugares y momentos que muchos pensarían ajenos al empresario.

Para llegar a la oficina suelo utilizar mi automóvil. Hace unos meses fue necesario cambiarle amortiguadores.

Los repuestos que le colocaron son de la marca Gabriel, fabricados en una empresa vinculada al magnate.

En la zona donde se encuentra la sede de BBC en México, la colonia Roma, muchos utilizan bicicletas para su traslado.

En cada pedaleo se mueve la sombra de Slim. Desde 1986 el empresario es dueño de Bimex, uno de los principales fabricantes de esos vehículos en México.

En la capital mexicana no se permite fumar en restaurantes ni lugares públicos, pero todos los días, durante el almuerzo o la cena, abundan los comensales con cigarrillo en mano afuera de los negocios para cumplir las reglas.

Una de las marcas de más consumo en el país es Marlboro, fabricado por la tabacalera Cigatam de la que Carlos Slim posee el 20% de las acciones.

Cuando se instaló la nueva oficina de BBC (junio de 2018, la anterior se dañó en el terremoto de 2017), en el barrio donde se encuentra el único proveedor de internet era Axtel.

El servicio se paga cada mes y el lugar más cercano para hacerlo es Plaza Insurgentes, controlado por uno de los corporativos de Slim Helú.

Axtel renta un espacio en el centro comercial, como también lo hacen cines, restaurantes y bancos.

Los corporativos del magnate controlan o son propietarios de este tipo de negocios en Yucatán, Tabasco, Quintana Roo, Jalisco o el Estado de México.

Pero además del entorno laboral, la presencia del magnate también aparece en mi vida familiar, y de millones de personas.

Cuando nos visitan mis padres, quienes no viven en Ciudad de México, uno de los sitios que recorren es la Basílica de Guadalupe el santuario católico más importante del país.

En 2010 el atrio de la iglesia se remodeló. La Plaza Mariana, como se llama el espacio, fue construida gratis por Grupo Carso, de Slim.

No es todo. En algunos viajes por carretera con la familia o para alguna cobertura de trabajo, en el cobro de las casetas de peaje se incluye un porcentaje para el consorcio del magnate.

Esas autopistas fueron construidas por Grupo Carso, y la modalidad más común es que la obra se pague con el cobro de impuestos por utilizarlas.

Todos pagan

Carlos Slim es dueño de algunas de las empresas más grandes y con mejor cotización en la Bolsa Mexicana de Valores, como América Móvil y Grupo Carso.

Pero también posee al menos 180 compañías más con actividades tan diversas como la extracción de oro, construcción de carreteras, fabricación de bicicletas, refacciones para automóviles o la producción de dulces y chocolates.

Es una presencia constante para millones de mexicanos, de muy distintas maneras.

En las grandes ciudades del país, por ejemplo, la mayoría de las farmacias cierra antes de las 10 de la noche.

Pero uno de los lugares más comunes para las compras de emergencia es Sanborn´s, una cadena de restaurantes que también ofrece medicamentos.

El grupo de restaurantes es común en las principales ciudades del país. Pero hay otros negocios que virtualmente forman parte de la vida de millones de personas.

Un ejemplo es Teléfonos de México que posee la red de comunicación fija más extensa del país.

Hasta 1990, cuando la compró Slim, Telmex era el corporativo telefónico del Estado.

En el convenio de privatización se estableció que debía construir una red para comunicar a todos los pueblos y comunidades del país.

Otro negocio es Telcel, que cuenta con 75,5 millones de usuarios registrados según datos del Instituto Federal de Telecomunicaciones.

En el país existen 122 millones de líneas de telefonía celular que también proveen servicio de internet, video y mensajes de texto.

Las dos empresas forman parte de América Móvil, el mayor consorcio de telecomunicaciones del país que en 2018, según datos del corporativo, obtuvo utilidades netas por 45.700 millones de pesos, unos US$2.400 millones.

Pero quienes no son clientes de Slim también le dejaron ganancias. Telmex y Telcel construyeron la mayor red troncal de comunicaciones fijas y celulares del país.

Los competidores del magnate deben pagar una renta por utilizar esa infraestructura, y por el servicio de interconexión entre líneas de empresas distintas.

Con la Reforma de Telecomunicaciones la tarifa se redujo considerablemente, pero de todos modos el negocio es rentable para el magnate.

De acuerdo con la consultora The Competitive Intelligence Unit, los ingresos por interconexión representaron más de la mitad de los ingresos para el consorcio del magnate.

Es decir: en cada minuto de llamadas telefónicas o conexiones a Internet, en las casetas de peaje, al comprar pan o comida, suele aparecer Carlos Slim Helú.


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