Con engaños, chantajes y amenazas: los casos de anticoncepción forzada en México
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Con engaños, chantajes y amenazas: los casos de anticoncepción forzada en México

Tan sólo en dos meses, entre el 16 de diciembre y el 22 de febrero de este año, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha emitido tres recomendaciones por casos de anticoncepción y esterilización forzada en hospitales de Salud Pública.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste
24 de abril, 2017
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A 14 años de que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) documentó que en clínicas rurales del país se obligaba a mujeres a esterilizarse bajo amenaza de perder los apoyos gubernamentales, los casos de anticoncepción forzada continúan repitiéndose en México.

Tan solo en dos meses, entre el 16 de diciembre de 2016 y el 22 de febrero de este año, la CNDH emitió tres recomendaciones por dos casos en los que se forzó a mujeres a implantarse un Dispositivo Intrauterino (DIU) como método anticonceptivo, y por otro en el que personal médico esterilizó sin su consentimiento a otra mujer practicándole una ligadura de trompas irreversible.

Además, la CNDH informó en respuesta a solicitud de transparencia de Animal Político que desde 2013 ha recibido 10 quejas por casos de anticoncepción forzada de mujeres en hospitales de Salud pública. De esas 10 quejas, cinco fueron recibidas apenas el año pasado.

No obstante, organizaciones de la sociedad civil advierten que la cifra negra de casos no denunciados es mucho mayor. Por poner un ejemplo: en tan solo dos semanas de febrero de este año, del 7 al 20, la organización civil Grupo de Información de Reproducción Elegida (GIRE) recibió como parte de su campaña #anticoncepciónforzada, los testimonios de otras 10 mujeres que denunciaron presiones de sus médicos para implantarse un DIU.

De hecho, según un informe elaborado por Balance Promoción para el Desarrollo y la Juventud –que puedes checar aquí-, el 22% de las mujeres mexicanas entrevistadas -o sea, 2 de cada 10-, reportó haber sido presionada para esterilizarse.

En contraste con las cifras anteriores, la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (CONAMED), un organismo del Gobierno creado para que los usuarios de servicios de salud presenten quejas por presuntas malas prácticas médicas, respondió a Animal Político que al menos en los últimos cinco años no tiene registro de ninguna queja por anticoncepción forzada, ya que “normalmente estos asuntos se remiten a la CNDH”.

Asimismo, la Secretaría de Salud federal reportó vía transparencia que, entre 2010 y noviembre de 2016, tampoco recibió quejas por este motivo.

Mientras tanto, en más de la mitad del país –en 17 estados de 32 todavía se puede esterilizar a una mujer por la fuerza sin que esto sea un delito, a pesar de que esta práctica implica la violación al derecho a la salud, a la igualdad y a la no discriminación, reconocido en la Constitución mexicana.

Por su parte, personal médico consultado para este reportaje señaló que la presión y coacción a una paciente para que se coloque un DIU, o cualquier otro método anticonceptivo, constituye una mala praxis “que debe erradicarse”.

Los casos: “Acepta el DIU o no sales del Hospital”

El caso más reciente de anticoncepción forzada lo publicó la CNDH el pasado 22 de febrero.

Se trata de la recomendación 3/2017 dirigida al IMSS, en la que documentó que una joven de 26 años acudió al Hospital de Gineco-Pediatría 3-A, en la Ciudad de México, donde los médicos la presionaron en pleno trabajo de parto para que aceptara implantarse un DIU.

A pesar de la negativa expresa de la mujer, los médicos le informaron al darle de alta que sí le habían implantado el DIU; situación que la CNDH corroboró con una radiografía.

“Hemos detectado que es una práctica recurrente que a las mujeres que están en pleno trabajo de parto, es decir, en un estado físico deteriorado y en un estado emocional muy complejo, los médicos les piden que firmen un consentimiento informado para colocarles un anticonceptivo que, por lo general, es el DIU”, expuso en entrevista Regina Tames, directora de GIRE.

Uno de esos casos documentados por GIRE es el de Rosa, una joven de 23 años que, en plenas contracciones, fue amenazada por un médico para que  “en cinco minutos” eligiera el DIU como anticonceptivo, a cambio de salir del hospital rápido y sin problemas.

El 14 de diciembre del año pasado, la CNDH emitió otra recomendación a los gobiernos de Puebla e Hidalgo luego de que, tras un cúmulo de negligencias en hospitales de ambas entidades –no contaban ni con ginecólogo, anestesiólogo, pediatra, ni con combustible para la ambulancia-, una mujer de origen náhuatl perdiera a su bebé y además le fuera colocado un DIU sin su consentimiento informado.

Y dos días más tarde, el 16 de diciembre de 2016, el organismo de derechos humanos publicó otra recomendación al gobierno de Oaxaca. Esta vez se trató de un caso más grave, ya que personal médico del Hospital General de Juchitán ‘Macedonio Benítez Fuentes’ le practicó sin permiso a una mujer indígena una ligadura de trompas; un método de esterilización permanente.

Además, la Comisión documentó que la mujer y su pareja recibieron presiones para que firmaran un documento en el que se desistían de interponer ninguna demanda de tipo legal o jurídica en contra del Hospital, a cambio de “evitar cualquier inconveniente” en la futura atención médica de la zapoteca de 19 años.

“La cifra negra de anticoncepción forzada es enorme”: GIRE

Ante estos casos, más la recomendación general de 2002 dirigida a todos los gobernadores del país por la esterilización de mujeres y también de hombres indígenas a cambio de apoyos gubernamentales, Animal Político cuestionó a la CNDH si la anticoncepción forzada es una práctica generalizada en México. A lo que Isaías Trejo, director de quejas de la Cuarta Visitaduría, contestó que no pueden sostener una afirmación de tal calibre, aunque admitió que la situación es preocupante por los casos que se repiten.

“En la actualidad, no tenemos elementos para asegurar que la anticoncepción forzada es una práctica generalizada en México. Pero así sean solo tres casos, es una situación que no es sostenible ya que estamos ante una práctica muy grave”, señaló Trejo.

Regina Tames, por su parte, insistió en que los casos de anticoncepción forzada en el país van más allá de las recomendaciones de la CNDH.

“La cifra negra que no se denuncia es enorme”, subrayó la abogada especializada en temas de derechos humanos.

Por ejemplo, planteó Tames, los altos índices de mortalidad materna en México llevan a muchas mujeres a conformarse con tener un parto sano.

“Muchas mujeres ven como un milagro salir bien del parto, y por eso hay quienes no se preguntan si la presión de los médicos para consentir ponerse un DIU es anticoncepción forzada o no”, expuso la abogada.

Incluso, Tames añadió que muchas mujeres deciden no denunciar al personal médico porque después del parto tendrán que seguir acudiendo a la misma clínica o centro hospitalario donde fue presionada. Por lo que, por miedo a posibles represalias, prefieren no denunciar.

Visitas conyugales a cambio de inyectarse anticonceptivos

Por su parte, José Luis Gutiérrez, director de la asociación civil Asistencia Legal por los Derechos Humanos (ASILEGAL), refirió que hay mujeres que no denuncian porque realmente no son conscientes de que fueron objeto de violaciones a derechos humanos.

Así lo documentó ASILEGAL en su informe Mujeres privada de libertad: ¿Mujeres sin derechos?, en el que reveló que mujeres presas en cárceles del estado de Puebla eran chantajeadas por funcionarios para que se inyectaran anticonceptivos a cambio de su derecho de recibir visitas conyugales. 

“El 80% de las mujeres que entrevistamos nos dijo que veían esto como algo normal. No alcanzaban a entender la gravedad de la anticoncepción forzada”, resaltó Gutiérrez.

“Es decir, tenían en mente más bien la esterilización forzada, que ya es algo más grave –añadió-. Por eso, cuando les decíamos que ponerse una inyección, que además les ocasionaría reacciones adversas en su salud, era anticoncepción forzada, ellas te respondían que el reglamento de la cárcel era ese y que lo tenían que cumplir si querían tener su visita conyugal”.

Un sistema de salud fallido

Ante casos de anticoncepción forzada, personal médico consultado parar este reportaje argumentó dos cosas: una, que en efecto se trata de casos donde hubo una mala praxis médica, aunque consideran que no son casos generalizados. Y dos, recordaron que muchas de las negligencias médicas se cometen por falta de insumos y pésimas condiciones laborales.

Situación que este medio ha dado a conocer en reportajes como ‘Hospitales llenos y sin medicinas: el calvario de pacientes y doctores’, publicado en julio de 2016; o en el reportaje ‘Amenazados y sin medicinas: así trabajan los médicos que harán paro el 22 de junio’.

“Es cierto. Hay muchos casos en los que el personal médico es la víctima porque trabajan turnos de 72 horas, con el salario mínimo, y sin los insumos ni medicamentos necesarios, y estos nos habla de un sistema de salud fallido”, señaló Regina Tames.

Sin embargo, para GIRE esta mala situación laboral de los médicos no justifica en ningún caso la anticoncepción ni la esterilización forzada.

“El médico puede tener un error por falta de instrumentos. Pero hay casos que dependen 100 por ciento de la ética personal y profesional. Y no vemos cómo el hecho de coaccionar a alguien para que se ponga un DIU, pueda tener algo que ver con la falta de insumos”, concluyó Tames.

 

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La historia detrás de la icónica imagen del hombre cayendo de una de las Torres Gemelas

El fotógrafo Richard Drew, de Associated Press, corrió al World Trade Center la mañana del 11 de septiembre de 2001 y registró la imagen histórica de un hombre saltando hacia su muerte. La identidad del hombre sigue siendo un misterio.
11 de septiembre, 2021
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Por motivos editoriales y por la sensibilidad de la imagen, BBC no muestra la fotografía del hombre que salta al vacío.


Muerte o muerte. En la mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de personas se enfentaron a esta falsa alternativa. Con fuego y humo dentro de los edificios del World Trade Center de Nueva York, las víctimas en los pisos superiores comenzaron a saltar, perdiendo la vida al caer hasta desde 417 metros de altura.

La escena de personas que saltan de los edificios atacados por dos aviones es uno de los aspectos más oscuros y sensibles de la tragedia, de la que se cumplen 20 años este sábado.

La imagen de una de estas personas, un hombre que cae casi en picado, boca abajo y su cuerpo paralelo a las líneas de las Torres Gemelas, se volvió icónica.

El día después de la tragedia, varios periódicos publicaron la foto tomada por Richard Drew, fotógrafo de Associated Press. Han pasado los años y la imagen es para muchos demasiado dolorosa de contemplar. Otros vieron en ella la terrible estética de ese salto a la muerte.

Esta es la historia de la icónica foto de “The Falling Man” (“El Hombre Que Cae”).

“Era un día cualquiera en Nueva York”, comienza Richard Drew, ahora de 74 años.

Fotógrafo desde los 19 años, el experimentado Drew, entonces de 54 años, acababa de cubrir el torneo de tenis del US Open en Queens, Nueva York. Ese martes 11 de septiembre cubriría la Semana de la Moda de Nueva York, más específicamente, el primer desfile de maternidad con modelos embarazadas reales. Drew vio el desfile en Bryant Park, justo en el centro de Manhattan, junto a un camarógrafo de la cadena de televisión CNN.

Humo saliendo de una de las torres

Getty Images

Mientras hablaban, el camarógrafo de CNN dijo: “Hubo una explosión en el World Trade Center. Un avión chocó contra el World Trade Center”.

Al instante sonó el teléfono celular de Drew. Era su editor, quien le ordenó que corriera a la escena. Drew agarró su cámara y corrió a Times Square. Desde allí, tomó el metro hacia las Torres Gemelas.

Cuando salió de las escaleras del metro, vio una imagen inolvidable: las dos torres en llamas. Comenzó a fotografiar a personas conmocionadas por el caos que las rodeaba, el FBI ya en las calles aislando el área.

“Entonces me di cuenta de que el humo soplaba de oeste a este y di la vuelta para evitarlo. Me quedé junto a las ambulancias, entre un socorrista y un policía”, dice a BBC Brasil.


El socorrista fue el primero en darse cuenta. Señalando hacia arriba, gritó: “¡Dios mío, la gente se está tirando del edificio!”, recuerda Drew.

El fotógrafo apuntó con su cámara. “Tomé tantas fotos como pude de personas que se caían del edificio”, dice.

“No sé si saltaron por elección o si se vieron obligados a saltar por el fuego o el humo. No sé por qué hicieron lo que hicieron. Sólo sé que tuve que grabarlo”, cuenta.

Humo saliendo de las Torres Gemelas tras los ataques del 11 de septiembre

Getty Images

El Servicio Forense de la Ciudad de Nueva York declaró más tarde que las personas que saltaban de los edificios no podían ser llamadas “suicidas” porque eran expulsadas del edificio por el humo, el fuego o las explosiones.

La causa de muerte de todos los que perdieron la vida en la caída de las Torres Gemelas, atacadas ese día por al Qaeda, fue catalogada como “asesinato” en los certificados de defunción.

En un informe de 2002, el diario USA Today calculó a través de fotos, videos y entrevistas que 200 personas murieron de esta manera en la tragedia del 11 de septiembre. A partir de las fotos, The New York Times estimó que fueron 50 personas.

Según los relatos de los sobrevivientes, el hecho de que la gente saltara desde el edificio de al lado pudo haber salvado la vida de cientos de personas que, al verlos, se apresuraron a evacuar su lugar de trabajo.

“No fui frío”

Mientras fotografiaba, Drew experimentó algo siniestro: escuchó el ruido de cuerpos golpeando el suelo. “Algunos dicen que fui frío. No es eso. Soy un periodista capacitado. Te sumerges en el momento y simplemente fotografías lo que está sucediendo, en piloto automático”, dice.

Gente alrededor de las Torre Gemelas luego del ataque

Getty Images

“Cuando alguien comenzaba a caer, apuntaba con mi visor. Como trabajaba con una cámara digital, cuando mantenía mi dedo en el botón de la cámara, tomaba varias fotografías. Y, así seguía a la gente que se estaba cayendo del edificio “. A las 9:41, registró para siempre los últimos momentos del “hombre que cae”.

Cuando Drew regresó a la sala de redacción y fue a revisar sus fotos, supo instantáneamente que esta era la más fuerte de todas. “Estaba vertical, con la cabeza gacha, entre las dos torres. Había una simetría allí. Pero solo estuvo así por un momento. Si hubiera sido otro momento, hubiera salido en otra posición”, dice.

Foto “silenciosa”

“A mucha gente no le gusta ver esta foto. Creo que la gente se identifica con ella y tiene miedo de tener que enfrentarse a la misma decisión que ese hombre algún día”, dice Drew.

Para él, la imagen es representativa de lo que sucedió ese día: “Es una de las pocas que muestra a alguien muriendo en el ataque más grave que hemos sufrido en Estados Unidos”, dice. A pesar de ser una foto sobre la muerte, reconoce Drew, es una foto “silenciosa”. “No es como otras fotos violentas de muertes que ocurren en guerras”.

Torres Gemelas

Getty
Hace 20 años, el ataque en Nueva York se cobró la vida de casi 3.000 personas.

Esa noche, Drew regresó a casa con un colega. Se sentaron y hablaron de todo menos de lo que habían visto ese día. Su esposa, dice Drew, se levantó al amanecer con ganas de pasar la aspiradora por toda la casa. “El estrés postraumático viene después”, reconoce. “Hablar de lo que sucedió ayuda. Ese fue un momento en mi historia, al igual que fue un momento en la Historia”.

Otro momento en la Historia y su historia: cuando tenía 21 años y vivía en Los Ángeles, en 1968, Drew fue uno de los cuatro fotógrafos presentes en otro momento histórico: la muerte del senador Bobby Kennedy, hermano del expresidente John F. Kennedy.

“Estaba en el escenario detrás de él para fotografiarlo cuando hablaba. Me dio sed y fui a buscar agua”, dice Drew. “Salió y lo seguí. Cuando lo atacaron, me subí a una mesa junto a él y lo fotografié en el suelo”.

“Solo estaba haciendo mi trabajo, al igual que solo estaba haciendo mi trabajo años después, el 11 de septiembre”, señala.

¿Quién era el hombre que cae?

Drew dice que ha reflexionado sobre quién era el hombre al que registró saltando desde una de las Torres Gemelas, pero nunca de manera “muy profunda”.

“Fue una de las casi 3.000 personas que murieron ese día. No sé su nombre, ni la decisión que tuvo que tomar. Sé que se lanzó de un edificio y yo estaba allí para capturar ese momento”, cuenta.

Pero el misterio que rodea su identidad ha preocupado a otros.

Uno de ellos, el periodista estadounidense Tom Junod. Dos años después del 11 de septiembre, Junod escribió un artículo de portada para la revista “Esquire” en el que acuñó el nombre deEl hombre que cae” para el protagonista de la foto y trató de identificarlo.

Junod dio con dos nombres. Uno, Norberto Hernández, chef del restaurante Windows on the World, que estaba ubicado en el piso 106 de la Torre Norte. Pero la familia de Hernández dijo que no podía ser él por la ropa que llevaba.

El segundo hombre era Jonathan Briley, un ingeniero de sonido de 43 años que también trabajaba en el restaurante. Los hermanos de Briley dijeron que pensaban que, por la ropa y el cuerpo del hombre, podría ser el de la foto.

Es posible que sea él, pero no hay forma de estar seguro.

En 2006, el director estadounidense Henry Singer realizó un documental basado en los informes de Junod y utilizando otras imágenes capturadas ese día.

Avión en Kabul

La elección entre la muerte y la muerte parece haber sido también lo que sucedió hace tres semanas en Afganistán, cuando, desesperados por abandonar el país, unos hombres se colgaron del fuselaje de un avión estadounidense.

Las dos imágenes son como dos finales terribles de esta historia que se unieron 20 años después.

Casi un mes después de los ataques a las Torres Gemelas, el entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la guerra contra Afganistán. Estados Unidos sacaría del poder a los talibanes, que daban cobijo a al Qaeda, los perpetradores de los ataques, en el territorio que controlaban.

Afganos esperando para salir del aeropuerto de Kabul el 16 de agosto de 2021.

AFP
Cientos de afganos corrieron al aeropuerto de Kabul y se aferraron a un avión con la esperanza de salir del país.

Después de 20 años, cuando el presidente Joe Biden llevó a Estados Unidos a poner fin a la guerra al retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán, los talibanes regresaron al poder.

Fue la desesperación de permanecer en un país nuevamente controlado por los talibanes lo que hizo que los afganos se aferraran a las alas y al fuselaje de un avión.

El avión despega y los cuerpos caen en picado hacia la nada, tal como lo hicieron el 11 de septiembre. Un joven futbolista de 19 años, Zaki Anwari, murió tratando de escapar de esta manera.

El fotógrafo de “El hombre que cae” se negó a comentar sobre Afganistán o la política actual. Hoy, Drew fotografía la emoción de los “corredores” de la Bolsa de Valores de Nueva York, justo al lado de donde alguna vez estuvieron las Torres Gemelas y donde ahora hay un monumento a las víctimas del 11 de septiembre.


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