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Cortesía: fotojarocha.com

La exvocera de Javier Duarte benefició a red de medios en Veracruz que ahora controla

En 2007, Gina Domínguez tenía una empresa de floricultura con un capital de 8,000 pesos, pero tras su paso por la administración de Javier Duarte ahora dirige un consorcio de medios que recibió 38.2 millones de pesos del gobierno.
Cortesía: fotojarocha.com
Por Israel Roldán
25 de abril, 2017
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Gina Domínguez utilizó su cargo de vocera en el gobierno de Javier Duarte para beneficiar con contratos y convenios a una empresa de medios que luego pasó a ser de su propiedad y a tres radiodifusoras que ahora controla editorialmente.

La empresa Servicios Especializados de Comunicación en Imagen S.A. de C.V. (SECI) –creada en 2008 y que en 2015 pasó a ser de su propiedad– recibió al menos 17.2 millones de pesos entre 2013 y 2016.

Mientras que las tres radiodifusoras solicitaron a Dominguez 21 millones de pesos, a pesar de que aún no contaban con permiso para operar.

En enero de 2012, Altieri sostuvo una reunión con la exvocera –de acuerdo con una fuente que pidió anonimato- para solicitar 21 millones de pesos para instalar y operar tres frecuencias de radio.

Además, un documento al que Animal Político tuvo acceso revela cada uno de los presupuestos solicitados por Altieri para realizar lo que llamaron el “Proyecto Veracruz”.

El dinero, según la fuente, fue solicitado nueve meses antes de que la Comisión Federal de Telecomunicaciones (ahora Instituto Federal de Telecomunicaciones) otorgara a Altieri Fernández los permisos para usar y aprovechar “sin fines de lucro” las tres frecuencias.

Una vez logrados los permisos, las estaciones fueron instaladas y se registró como representante legal al abogado José Humberto Roa, en ese entonces director Jurídico de la Coordinación General de Comunicación Social y, por lo tanto, subordinado de Domínguez.

La Tesorería del estado confirmó mediante la respuesta a una solicitud de información que José Humberto Roa Cuevas está registrado en el Padrón de Contratistas del gobierno de Veracruz y que el 31 de octubre de 2012 tiene un registro de pago. Esto a pesar de fungir como funcionario público.

Leer: Vocera de Veracruz creó empresas fantasma para obtener contratos millonarios

Funcionarios y socios de empresa de medios

La empresa Servicios Especializados de Comunicación en Imagen S.A. de C.V. (SECI) fue creada en 2008 con Miguel Ángel Gutiérrez Garduza como integrante de su consejo de vigilancia.

Gutiérrez Garduza se desempeñó en la administración de Javier Duarte como subdirector de recursos materiales de la Secretaría de Salud en 2014. Él es uno de los personajes que autorizó la adquisición de medicamentos a empresas dedicadas a la venta de café y ropa y que actualmente son investigadas por el gobierno de Yunes. 

Otros dueños de SECI eran Juan Antonio Nemi Dib, ex director del DIF de Veracruz y ex secretario de Salud en el gobierno de Duarte, y Enedina Díaz Morales, excolaboradora de Nemi en ambas dependencias.

Pero en 2014, Humberto Roa se integró a esa sociedad al adquirir 25 acciones, las cuales vendió a Domínguez en 2015.. Lo mismo hizo Enedina Díaz.

Así fue como el 7 de octubre de 2015, Gina Domínguez se declaró administradora única de SECI, empresa que como objeto principal tiene el “producir, realizar, organizar y comercializar programas y comerciales de radio, televisión, internet y en general cualquier modalidad de transmisión y/o producción”.

Millonarios beneficios

De acuerdo con información obtenida por Animal Político vía transparencia, la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan) pagó a Gutiérrez Garduza, entre 2012 a 2016, 17 facturas por un monto de 10.3 millones de pesos.

Asimismo, de 2015 al 29 de noviembre 2016, SECI recibió una serie de recursos de la Tesorería de Veracruz. En el libro contable del gobierno veracruzano se visualizan pagos por 6.9 millones sin especificar el concepto.

Por lo menos 10 facturas fueron pagadas a la empresa el 31 de diciembre de 2015; siete más el 14 de noviembre de 2016 –cuando el gobierno había detenido el ejercicio fiscal–.

Un día antes del fin del sexenio de Javier Duarte –en ese entonces prófugo de la justicia mexicana– y su sucesor Flavino Ríos, el 29 de noviembre pasado, SECI recibió un último pago por 300 mil pesos.

Actualmente SECI y las tres radiodifusoras, en alianza con el portal de noticias Quadratin Veracruz, encabezan un consorcio de medios donde Gina funge como productora editorial y periodista. Sin embargo, Domínguez dejó la dirección de este último medio el pasado 12 de febrero.

El paso de Domínguez por la función pública donde presuntamente beneficio a las 3 estaciones de radiodifusión, a SECI, así como otros bienes vinculados a la exvocera, tales como la empresa Cordocons SA de CV –que recibió pagos del erario público veracruzanos por 7.3 millones de pesos, entre 2014 y 2016–, es un tema investigado por la administración de Yunes, según lo dicho por el propio gobernador en diciembre pasado.

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Crisis en Venezuela: La desesperada búsqueda de hormonas de los transexuales

Las personas que quieren cambiar su sexo biológico necesitan un tratamiento hormonal de por vida para mantener los cambios en su cuerpo. En Venezuela son hoy imposibles de encontrar, lo que acarrea graves riesgos para ellas.
27 de junio, 2019
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“Si volviera a parecer una mujer, no me atrevería a salir a la calle”.

A André le llevó mucho tiempo y esfuerzo construir la apariencia del hombre que siempre sintió ser.

Transformar el cuerpo de Bolivia Andreína Bellorín, la mujer cuyo nombre figura en su cédula de identidad pero en la que nunca se reconoció, le costó dos intervenciones quirúrgicas, meses de un caro tratamiento hormonal y un doloroso desencuentro con una madre ya fallecida que nunca terminó de aceptarlo.

Ahora, al encontrarlo en la cafetería de un centro comercial de Caracas, nadie diría que el cuerpo de este empleado en una empresa agrícola fue un día de mujer.

Pero él siente que algo está cambiando, que lo que tanto le costó podría, poco a poco, malograrse.

“Ya no me sale barba en muchas partes de la cara y me estoy poniendo más caderón”, cuenta preocupado. “Pero lo peor es mi voz, no soportaría que mi voz fuera otra vez la de antes“.

Como todos los transexuales que inician lo que los especialistas denominan “transición” para adecuar su sexo biológico a su personalidad, André Bellorín necesita un tratamiento hormonal de por vida para mantener los cambios alcanzados.

Su cuerpo se está feminizando de nuevo porque en 2014 lo interrumpió.

¿La razón? La misma que la de muchos otros problemas en Venezuela: la escasez.

De acuerdo con el Informe sobre la Situación del Derecho a la Salud elaborado el año pasado por varias ONG locales, Venezuela vive “un agotamiento extremo de los inventarios de medicinas, vacunas e insumos básicos” que se traduce en que muchos pacientes tienen graves dificultades para encontrar los medicamentos que necesitan.

Los trans y sus hormonas no se libran del problema.

“Cada vez se hizo más difícil encontrar la testosterona. Recorría una farmacia tras otra; a veces tenía suerte, otras no”, recuerda André, que cuenta incluso que hubo un año en que sus amigos le regalaron unos inyectables de testosterona por su cumpleaños.

Habían unido esfuerzos para traerlos desde Colombia.

Fue algo excepcional.

André Bellorín.

G. D. Olmo
A André le ha dejado de salir barba en la mayor parte de la cara y teme que la feminización de su cuerpo no se detenga.

“Yo no tengo dinero para comprar la hormona en Colombia y que me la manden todos los meses”, cuenta André, que como muchos en Venezuela estira su modesto sueldo al máximo para hacer frente a la hiperinflación.

Parte de los migrantes venezolanos

El cirujano Edward Romero, responsable de la Unidad Transgénero en la clínica Uciep de Caracas, ha notado en su consulta los efectos de la escasez de hormonas.

“La mitad de mis pacientes se ha marchado a países en los que pueden conseguir el tratamiento, sobre todo Colombia, Ecuador y Perú, donde es más económico”, afirma.

Es una cara menos conocida de la diáspora de más de cuatro millones de personas que, según Naciones Unidas, ha dejado Venezuela desde que comenzó la crisis económica que sufre.

Médico y usuario transexual.

G. D. Olmo
El doctor Edward Romero dice que la mitad de sus pacientes se han marchado a países donde podían encontrar las hormonas.

Suspender el tratamiento hormonal, como muchos se han visto obligados a hacer, no solo pone en peligro los cambios logrados sino que puede tener otras graves consecuencias.

Según el doctor Romero, “los usuarios con frecuencia caen en la depresión y en la ansiedad”.

Los jóvenes son los más vulnerables. “En los adolescentes que están atravesando el conflicto de la transgeneridad vuelve a haber ideas suicidas y explosiones violentas en el ámbito familiar“.

El problema se agudiza en el caso de los trans masculinos, en los que las hormonas provocan cambios más rápidos, pero que también desaparecen rápido.

La vuelta de la menstruación, que puede producirse ya a los tres meses de la interrupción del tratamiento, supone una experiencia traumática para muchos de ellos.

Transexuales en Caracas.

Getty Images
Las hormonas provocan cambios más rápidos en los transexuales masculinos, pero también desaparecen rápido.

Toni del Vecchio es uno de los trans a los que trató el doctor Romero. Asegura que “lamentablemente, hoy en Venezuela empezar un tratamiento hormonal es una cuestión de dinero”.

Él, un diseñador gráfico al que le va bien, se sabe miembro de una minoría de privilegiados. Puede pagar el coste de su medicación en Ecuador y el envío desde allí.

Para la mayoría de los que resisten en Venezuela y no se resignan a que su cuerpo se convierta en aquello de lo que escaparon, conseguir las hormonas se ha convertido en una especie de odisea.

Venezolano rumbo a Colombia

Karl Rodríguez consume ahora lo que le queda de Nebido, un inyectable en ampollas que debe suministrarse cada tres meses para mantener los niveles de testosterona.

“Viajé hasta Colombia en la camioneta de un amigo para comprarlas a US$80 cada una”.

Ahora, cuenta, está ahorrando lo que puede de su sueldo de cocinero en el Banco Central para repetir el viaje y renovar sus existencias.

Sabe que no será fácil. Viajar por carretera en Venezuela se ha convertido en misión de alto riesgo. A la inseguridad se suma últimamente el problema de la dificultad para encontrar combustible en la mayor parte del país.

Karl dice que nada de eso lo detendrá. “De una manera o de otra conseguiré mis hormonas”.

Karl Rodríguez

G. D. Olmo
Karl Rodríguez tuvo que viajar por carretera hasta Colombia para conseguir las hormonas que necesitaba.

La desesperación por conseguirlas llevó a algunos a buscar en internet lo que no podían encontrar en las farmacias.

“En Venezuela lo único que puedes encontrar son páginas web que ofrecen las hormonas, nunca por debajo de US$300“, explica Del Vecchio.

Más alto que el coste son los riesgos para la salud de adquirir uno de estos productos sin certificación y consumirlo sin supervisión médica, como algunos hicieron.

El doctor Romero cuenta que trató a personas que recurrieron a hormonas animales, lo que puede provocar crisis hipertensivas y otros trastornos.

Un transexual que prefirió no dar su nombre refirió a BBC Mundo que compró por internet lo que creyó era testosterona y luego resultó ser resina vegetal.

Ahora tiene unos bultos en los glúteos, no sabe cuándo desaparecerán y ha renunciado definitivamente a hormonarse.

Situación de los LGBT en Venezuela

Para activistas y organizaciones de defensa de los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales (LGBT) en Venezuela, los problemas de los transgénero para conseguir su medicación son un reflejo más del marco de precariedad y falta de derechos que sufre este colectivo.

Para Quiteria Franco, de la ONG Unión Afirmativa, “el país siempre estuvo mal en este campo, pero ahora estamos a la cola en la región“.

Venezuela no reconoce el derecho al cambio de identidad de los transgénero. Es además uno de los pocos de Sudamérica que no admite el matrimonio y ni siquiera contempla la unión civil entre personas del mismo sexo.

BBC Mundo intentó obtener información sobre la situación del colectivo LGBT en el país, pero el Ministerio de Comunicación no respondió a la petición.

Quiteria Franco resume la situación. “Somos un problema que nunca le ha importado a nadie”.


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