Lo que se sabe del programa de misiles de Corea del Norte (y sus alcances)
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
AFP Archivo

Lo que se sabe del programa de misiles de Corea del Norte (y sus alcances)

El poderío militar de Corea del Norte ha crecido en los últimos años y estos son los detalles sobre sus misiles de corto, medio y largo alcance.
AFP Archivo
Por BBC Mundo
15 de abril, 2017
Comparte

Una de las preguntas que más preocupa a la comunidad internacional es cuán avanzado está el programa nuclear de Corea del Norte.

Una pregunta sin respuesta clara, pero que ha movilizado al presidente de EU, Donald Trump, a enviar uno de sus grupos de combate de elite, incluyendo un portaviones, a la península coreana.

Lo que sí se sabe con mayor certeza es el tamaño de su reserva de misiles, dadas las pruebas realizadas por el país y el despliegue de los mismos en el “Día del Sol”, el desfile militar más importante del país asiático donde muestran todo su material y cuya última versión se realizó este sábado.

Una fecha marcada por la tensión internacional y la respuesta de Corea del Norte a EU diciendo que está “lista para devolver el golpe con ataques nucleares”.

BBC Mundo les detalla los misiles de corto, medio y largo alcance de su arsenal (conocidos a febrero de 2017).

Infografía alcance de misiles

Se cree que Corea del Norte tiene más de 1.000 misiles de distintas capacidades, incluyendo de largo alcance, los que podrían alcanzar a Estados Unidos.

El programa de armas de Pyongyang ha progresado en las últimas décadas de cohetes de artillería tácticos en los 1960s y 1970s a misiles balísticos de corto y largo alcance en los 1980s y 1990s.

Y un sistema de mayor alcance está siendo investigado y desarrollado.


Alcance de misiles

  • Corto alcance: 1.000 kms. o menos
  • Mediano alcance: 1.000-3.000 kms.
  • Alcance intermedio: 3.000-5.500 kms.
  • Alcance intercontinental: Más de 5.500 kms.

Fuente: Federación de Científicos Estadounidenses


Misiles de corto alcance

El programa de misiles de Corea del Norte comienza con los Scuds, que les llegaron por primera vez vía Egipto en 1976.

Ya por 1984 los norcoreanos estaban construyendo su propia versión, denominada Hwasongs.

Misiles en desfile.AFP
Los misiles Hwasong fueron unos de los protagonistas del desfile de 2012, que conmemoró los 100 años del fundador de Corea del norte, Kim Il-sung.

Se cree que tienen una variedad de estos misiles de corto alcance, los cuales pueden alcanzar blancos como a su vecino Corea del Sur.

Las relaciones entre las dos Coreas son tensas y se mantienen, técnicamente, en estado de guerra.

Los Hwasong-5 y Hwasong-6, también conocidos como Scud-B y Scud-C, cuentan con alcances de 300 y 500 kilómetros respectivamente, según el Centro de Estudios de No Proliferación de Armas de EU.

Estos misiles transportan cabezas explosivas tradicionales, pero también pueden tener cabezas con capacidad biológica, química o nuclear.

Ambos misiles han sido probados y utilizados. Incluso el Hwasong-6 fue vendido a Irán.

Misiles de mediano alcance

Corea del Norte se embarcó en un programa especial a fines de la década de 1980 para construir un misil de mediano alcance, conocido como Nodong, con un alcance de 1.000 kilómetros.

El misil está basado en el diseño del Scud, pero es 50% más largo y con un motor más poderoso. 

En un análisis de abril de 2016, el Instituto Internacional para Estudios Estratégicos, con base en Londres, dijo que estos misiles eran un “sistema probado el cual puede alcanzar a Corea del Sur e incluso Japón”. 

Añadió que una variante desplegada en octubre de 2010 podía incluso alcanzar los 1.600 kilómetros, lo que significaría llegar a las bases de EU en la isla de Okinawa, en el sur de Japón.

Misiles de alcance intermedio

Misil MusudanEPA
El misil Musudan podría alcanzar la base estadounidense de Guam.

Corea del Norte ha estado desarrollando durante varios años misiles Musudan, con los cuales realizó varias pruebas en 2016.

Las estimaciones sobre su alcance difieren bastante. La inteligencia de Israel dice que alcanzan unos 2.500 kilómetros, mientras la Agencia de Defensa de Misiles de EU calcula que unos 3.200 kilómetros. Otras fuentes dicen que pueden viajar hasta 4.000 kilómetros.

El alcance más bajo al que puede llegar un Musudan, también conocido como Nodong-B o Taepodong-X, es suficiente para llegar a Corea del Sur y Japón. 

Y en su alcance mayor, uno de estos misiles puede alcanzar la base militar de EU. en Guam, en la Micronesia. Su carga explosiva es desconocida, pero se estima entre 1 y 1,25 toneladas.

Además, Corea del Norte dice que probó un “misil balístico tierra-a-tierra de medio a largo alcance”, el Pukguksong, en agosto de 2016, lanzado desde un submarino. En febrero pasado volvió a realizar una prueba de estos misiles, esta vez desde tierra.

Pyongyang dijo que usan combustible sólido, lo que los hace más rápidos de lanzar y desplegar. Su alcance es desconocido.

Misiles multietapa

Un misil multietapa es un misil que usa dos o más partes o “etapas”, y cada una de ella tiene sus propios motores y propelente.

El Taepodong-1, conocido como Paektusan-1 en Corea del norte, fue el primer misil multietapa del país, probado en 1998 como lanzador espacial.

La Federación de Científicos Estadounidenses (FAS, según sus siglas en inglés), un centro de estudios independiente, cree que estaba compuesto en su primera etapa por un misil Nodong y en su segunda, por un Hwasong-6.

Fue seguido por el Taepodong-2 -o Paektusan-2- que también es un misil de dos o tres etapas, pero con avances significativos. Estos han sido probados varias veces durante la última década. 

Taepodong en Desfile del Sol de 2012AFP
El último misil multietapa, Taepodong,tiene un alcance intermedio.

Su alcance se estima entre 5.000 y 15.000 kilómetros. El Centro de Estudios de No Proliferación de Armas pone como su máximo alcance los 6.000 kilómetros.

Corea del Norte se refiere al lanzador del Taepodong-2 como Unha, que significa galaxia en coreano. Fue usado exitosamente en febrero de 2016 para lanzar un satélite.

A pesar de que los lanzamientos espaciales y los de misiles siguen trayectorias algo distintas y que los cohetes deben ser optimizados para un propósito u otro, la tecnología básica utilizada es la misma. Esta incluye estructura, motores y combustible.

Si el Taepodong-2 fuera lanzado exitosamente y lograra su alcance máximo estimado, este podría llegar a Australia y a partes de Estados Unidos, además de otros países dentro de ese perímetro.

Misiles balísticos intercontinentales

En el discurso de Año Nuevo, el líder norcoreano Kim Jong-un aseguró que el país estaba en la “etapa final” de desarrollo de un misil balístico intercontinental.

Se cree que Corea del Norte está desarrollando su misil de mayor alcance, conocido como KN-08 o Hwasong-13.

Una de las primeras señales de su construcción fue en septiembre de 2016 cuando el país probó un nuevo motor de cohete, que podría impulsar un misil balístico intercontinental. 

El Pentágono cree que Corea del norte tiene al menos seis KN-08 que pueden alcanzar la mayor parte de Estados Unidos.

Incluso se cree que lograron desarrollar una versión mejorada, el KN-14.

Considerando que el país asegura haber miniaturizado cabezas nucleares, existe la posibilidad de que Corea del norte esté cerca de desarrollar un misil de largo alcance nuclear. Sin embargo los expertos tienen sus dudas, dada la falta de evidencia.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

¿Por qué tantos niños mueren en Brasil por COVID-19?

La pandemia no da tregua en Brasil y estudios muestran que las cifras oficiales pueden ser menores respecto a la cantidad de niños fallecidos por el virus. Una madre relata como perdió a su hijo porque no consiguió que la enfermedad fuera detectada a tiempo.
15 de abril, 2021
Comparte

Un año después de la declaratoria de la pandemia del coronavirus, las muertes en Brasil se encuentran en su punto máximo.

Sin embargo, a pesar de la abundante evidencia de que la COVID-19 rara vez mata a niños pequeños, en la nación sudamericana han fallecido más de 800 menores por esa enfermedad, según cifras oficiales. Y esas cifras pueden ser mayores, de acuerdo a estudios.

Uno de esos casos tiene que ver el hijo de un año de la profesora Jessika Ricarte, al que un médico se negó a realizar una prueba bajo el argumento de que sus síntomas no se ajustaban al perfil del coronavirus.

Dos meses después, el menor murió por complicaciones asociadas con la enfermedad. Sucedió en Tamboril, una ciudad en el estado de Ceará, en el noreste de Brasil.

La historia

Luego de un par de años de intentos y tratamientos de fertilidad fallidos, Ricarte casi había renunciado a tener una familia hasta que quedó embarazada de Lucas.

“Su nombre proviene de ‘luminoso’. Y fue una luz en nuestra vida. Demostró que la felicidad era mucho más de lo que imaginamos”, cuenta.

El primer cumpleaños de Lucas.

Jessika Ricarte
El primer cumpleaños de Lucas.

Primero sospechó que algo andaba mal cuando Lucas, que siempre tenía buen apetito, dejó de sentir hambre.

Jessika se preguntó entonces si era debido a que le estaban saliendo los dientes.

La madrina de Lucas, una enfermera, sugirió que podría tener dolor de garganta. Pero después de que desarrolló fiebre, luego fatiga y dificultad para respirar, la madre lo llevó al hospital y pidió que le hicieran la prueba de COVID-19.

“El médico puso el oxímetro. Los niveles (de oxígeno) de Lucas eran del 86%. Ahora sé que eso no es normal”, dice Jessika.

Como no tenía fiebre, el médico dijo: “No se preocupe, no hay necesidad de una prueba de COVID-19. Probablemente sea solo un dolor de garganta leve”.

Le afirmó a Jessika que el coronavirus era raro en los niños y solo le dio algunos antibióticos.

A pesar de las sospechas de la madre, no había ninguna opción para que Lucas hiciera una prueba en laboratorios privados en ese momento.

Y Ricarte relata que algunos de sus síntomas se disiparon al final de su tratamiento de antibióticos de 10 días, pero el cansancio permaneció.

Lucas

Jessika Ricarte
Jessika tomaba videos de su hijo y las enviaba a familiares porque estaba preocupada por su condición.

“Le envié varios videos a su madrina, a mis padres, a mi suegra, y todos decían que estaba exagerando, que debía dejar de ver las noticias, que me estaba volviendo paranoica. Pero yo sabía que mi hijo no era el mismo, que no respiraba normalmente”, recuerda.

Inesperado

Era mayo de 2020 y el contagio del coronavirus estaba creciendo. Dos personas ya habían muerto en la ciudad donde vive Ricarte.

“Todos se conocen aquí. La ciudad estaba en shock“, afirma.

Israel, el esposo de Jessika, estaba preocupado de que una visita al hospital pudiera aumentar el riesgo de que ella o el hijo de ambos se infectaran con el virus.

Pasaron las semanas y Lucas se volvió cada vez más somnoliento. Finalmente, el 3 de junio, el pequeño vomitó una y otra vez después de almorzar y Ricarte entendió que tenía que hacer algo.

Regresaron al hospital donde el médico examinó a Lucas para evaluar si se trataba de un contagio de COVID-19.

La madrina de Lucas, que trabajaba allí, le dio la noticia a la pareja de que el resultado de la prueba era positivo.

“En ese momento, el centro de salud ni siquiera tenía un reanimador clínico”, dice Jessika.

El menor fue trasladado a una unidad de cuidados intensivos pediátricos en la ciudad de Sobral, a más de dos horas de distancia, donde le diagnosticaron una afección llamada síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico (PIMS, por su sigla en inglés).

Se trata de una respuesta inmune extrema al virus que puede causar inflamación severa de órganos vitales.

Niños

Los expertos dicen que el síndrome, que afecta a los niños hasta seis semanas después de que se infectan con el coronavirus, es un fenómeno raro.

Sin embargo, la reconocida epidemióloga de la Universidad de Sao Paulo Fatima Marinho dice que, durante la pandemia, está viendo más casos de PIMS que nunca antes.

Lucas

Jessika Ricarte

Cuando Lucas fue intubado, a Jessika no se le permitió quedarse en la misma habitación. Llamó a su cuñada para intentar distraerse de la preocupación.

“Podíamos escuchar el sonido de la máquina (de la unidad de cuidados intensivos), el ‘bip’. Hasta que la máquina se detuvo y escuchamos ese pitido constante. Y sabemos que eso sucede cuando la persona muere. Después de unos minutos, la máquina comenzó a funcionar nuevamente y comencé a llorar”, cuenta.

La doctora Manuela Monte, la pediatra que trató a Lucas durante más de un mes en la unidad de cuidados intensivos de Sobral, afirmó que le sorprendió que la condición del niño fuera tan grave porque no tenía ningún factor de riesgo.

La mayoría de los menores afectados por coronavirus tienen enfermedades o trastornos (afecciones existentes como diabetes o problemas cardiovasculares) o sobrepeso, según Lohanna Tavares, infectóloga pediátrica del Hospital Infantil Albert Sabin en Fortaleza, la capital del estado de Ceará.

Pero ese no fue el caso de Lucas.

Durante los 33 días que Lucas estuvo en cuidados intensivos, a Jessika solo se le permitió verlo tres veces.

Lucas's parents, Israel and Jessika

BBC

Lucas necesitaba inmunoglobulina, un medicamento muy caro, para desinflamar su corazón.

Afortunadamente un paciente adulto que había comprado donó una ampolla sobrante al hospital.

Lucas estaba tan enfermo que necesitó recibir una segunda dosis. Desarrolló una erupción en su cuerpo y tenía fiebre persistente. Necesitaba apoyo para respirar.

Luego el niño comenzó a mejorar y los médicos decidieron sacarle el tubo de oxígeno. Hicieron videollamadas a Jessika e Israel para que no se sintiera solo cuando recuperara la conciencia.

“Cuando escuchó nuestras voces se puso a llorar“, relata la madre.

Era la última vez que la pareja vería a su hijo reaccionar. Durante la siguiente videollamada “tenía la mirada paralizada”.

El hospital solicitó una tomografía computarizada y descubrió que Lucas había tenido un derrame cerebral.

Pese a ello, a la pareja se le dijo que Lucas se recuperaría bien con la atención adecuada y que pronto sería trasladado a una sala general.

Cuando Jessika e Israel fueron a visitarlo, el médico estaba tan esperanzado como ellos, cuenta la mujer.

“Esa noche, puse mi celular en silencio. Soñé que Lucas se me acercó y me besó la nariz. Y el sueño fue un gran sentimiento de amor, gratitud y me desperté muy feliz. Luego vi mi celular y vi las 10 llamadas que había hecho el médico”, narra.

Jessika

BBC
Jessika Ricarte

El doctor encargado le dijo a Jessika que la frecuencia cardíaca y los niveles de oxígeno de Lucas habían bajado repentinamente y que había muerto temprano esa mañana.

Ella está segura de que si le hubieran hecho una prueba cuando ella la solicitó, a principios de mayo, habría sobrevivido.

“Es importante que los médicos, incluso si creen que no es coronavirus, hagan el examen para eliminar la posibilidad”, dice.

Indica que “un bebé no dice lo que siente, así que todo depende de las pruebas“.

Un menor en una sala de cuidados intensivos

BBC
Un menor en una sala de cuidados intensivos.

Jessika cree que la demora en el tratamiento adecuado agravó la condición de su hijo.

“Lucas tuvo varias inflamaciones, el 70% del pulmón estaba comprometido, el corazón aumentó en un 40%. Era una situación que podría haberse evitado”, indica.

La doctora Monte está de acuerdo. Ella dice que aunque una situación de PIMS no se puede prevenir, el tratamiento es mucho más exitoso si la condición se diagnostica y se trata temprano.

“Cuanto antes hubiera recibido atención especializada, era mejor. Llegó al hospital ya críticamente enfermo. Creo que podría haber tenido un resultado diferente si lo hubiéramos tratado antes”, señala.

Jessika ahora quiere compartir la historia de Lucas para ayudar a otras personas que pueden prevenir esa clase de síntomas críticos en los menores.

“En el caso de todos los niños que conozco y fueron salvados por alguna advertencia mía, la madre me dice: ‘Vi tus publicaciones, llevé a mi hijo al hospital y ahora está en casa’. Es como si fuera una parte de Lucas“, cuenta.

Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

BBC
Los médicos usan teléfonos móviles para que los menores puedan verse con sus familiares.

El problema

Existe la idea errónea de que los niños corren cero riesgo de un contagio de coronavirus, según Fatima Marinho, quien también es asesora principal de la ONG de salud Vital Strategies.

La investigación de la doctora sostiene que un número sorprendentemente alto de niños y bebés fueron afectados por la enfermedad.

Entre febrero de 2020 y el 15 de marzo de 2021, la COVID-19 mató al menos a 852 niños de Brasil, incluidos 518 bebés menores de un año, según cifras del Ministerio de Salud de ese país.

Pero la experta estima que más del doble de esta cantidad de niños murieron a causa de esa enfermedad dado que, señala, existe un problema grave de bajo registro debido a la falta de pruebas que reduce las cifras.

Marinho revisó el exceso de muertes por síndrome respiratorio agudo durante la pandemia y encontró que hubo al menos 10 veces más muertes que en años anteriores.

Considerando esas estimaciones sostiene que el virus mató a un aproximado de 2.060 niños menores de nueve años, incluidos 1.302 bebés.

¿Qué está pasando?

Los expertos señalan que la gran cantidad de casos de coronavirus en Brasil, el segundo en cantidad de contagios más alto del mundo, elevó la probabilidad de que bebés y niños se vean afectados.

“Por supuesto, cuantos más casos tengamos y, por ende, más hospitalizaciones, mayor será el número de muertes en todos los grupos de edad, incluidos los niños. Pero si se controlara la pandemia, este escenario evidentemente podría minimizarse“, explica Renato. Kfouri, presidente del Departamento Científico de Inmunizaciones de la Sociedad Brasileña de Pediatría.

Dr Cinara Carneiro

BBC
Dra Cinara Carneiro

Una tasa de infección tan alta sobrepasó el sistema de salud de Brasil. En todo el país, el suministro de oxígeno está disminuyendo, hay escasez de medicamentos básicos y en muchas unidades de cuidados intensivos de todo el país simplemente no hay más camas.

El presidente Jair Bolsonaro todavía se opone a los encierros estrictos y se estima que la tasa de infección está siendo impulsada por la variante llamada P.1, considerada más contagiosa y posiblemente surgida en el norte de Brasil.

En marzo murió el doble de personas que en cualquier otro mes de la pandemia y la tendencia al alza continúa.

Otro problema que impulsa las altas tasas de contagios en los niños es la falta de exámenes.

Marinho dice que para los menores es usual que el diagnóstico llegue demasiado tarde, cuando ya están gravemente enfermos.

“Tenemos un grave problema en la detección de casos. No tenemos suficientes pruebas para la población en general, menos aún para los niños. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, hay un retraso en la atención del menor”, explica.

Esto no se debe solo a que exista poca capacidad de prueba, sino también a que es más fácil pasar por alto, o diagnosticar erróneamente, los síntomas de los niños que padecen COVID-19, ya que la enfermedad tiende a presentarse de manera diferente en las personas más jóvenes.

Una salubrista en Brasil

Departamento de Salud de Ceará

“Un niño tiene mucha más diarrea, mucho más dolor abdominal y dolor en el pecho que el visto en un cuadro clásico de COVID-19. Debido a que hay un retraso en el diagnóstico, cuando el menor llega al hospital está en una condición grave y puede complicarse y morir”, señala Marinho.

Problemas sociales

Aunque todo esto también se trata de pobreza y acceso a la atención médica.

Un estudio de 5 mil 857 pacientes con COVID-19 menores de 20 años, realizado por pediatras brasileños dirigido por la Facultad de Medicina de Sao Paulo identificó tanto las enfermedades de base como las vulnerabilidades socioeconómicas como factores de riesgo para el peor resultado en menores.

Marinho está de acuerdo en que este es un factor importante.

“Los más vulnerables son los niños afrodescendientes y los menores de familias muy pobres, ya que tienen más dificultades para acceder al auxilio. Estos son los niños con mayor riesgo de muerte”, indica.

Ella dice que esto se debe a que las condiciones de vivienda hacinadas hacen que sea imposible distanciarse socialmente cuando se infectan, y porque las comunidades más pobres no tienen acceso a una unidad de cuidados intensivos local.

Estos niños también corren riesgo de desnutrición, lo que es “terrible para la respuesta inmunológica”, afirma Marinho.

Cuando se detuvieron las subvenciones en medio de la pandemia, millones volvieron a entrar en graves problemas de subsistencia.

“Pasamos de 7 millones a 21 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza en un año. Así que la gente también pasa hambre. Todo esto tiene un impacto en la mortalidad”, afirma la experta.

Braian Sousa, líder de la investigación de la Universidad de Sao Paulo, dice que su estudio identifica ciertos grupos de riesgo entre los niños a los que se debe dar prioridad para la vacunación. Aunque actualmente, no hay vacunas disponibles para menores de 16 años.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

¿Ya conoces nuestro canal de YouTube? ¡Suscríbete!

https://www.youtube.com/watch?v=lGUuIKrNxbE

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.