EU aumenta el valor de las importaciones desde México, pese a las propuestas de Trump
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EU aumenta el valor de las importaciones desde México, pese a las propuestas de Trump

Entre enero y marzo de 2017, el valor de los bienes que EU importó de México fue de 75 mil 446 millones de dólares, 5.8% superior a la cifra registrada en el mismo periodo de 2016, de acuerdo con el #SemáforoEconómico de México ¿Cómo vamos?
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
18 de mayo, 2017
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El valor de los bienes que Estados Unidos importa de México creció en el primer trimestre de 2017 en comparación con el año pasado, informó el #SemáforoEconómico de la organización México ¿Cómo vamos?

Entre enero y marzo de este año, 13.7% de los bienes importados por Estados Unidos provinieron de México, cifra que cumple la meta establecida por México, ¿Cómo Vamos?, por lo que el #SemáforoEconómico está en verde.

Durante el primer trimestre de 2017, el valor de los bienes que Estados Unidos importa de México fue de 75 mil 446 millones de dólares, alrededor de 5.8% superior a lo que importó durante el mismo periodo en 2016, tras ajustar por efectos inflacionarios. No obstante, el valor total de los bienes importados por Estados Unidos se incrementó también en 5.8% real.

Al ampliar el periodo, México ha mostrados avances importantes en el mercado de importaciones estadounidenses. A principios de 1993 –un año antes de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)– apenas 6.9% de las importaciones hechas por Estados Unidos provenían de México, cifra equivalentes a 15 mil 569 millones de dólares constantes.

Desde entonces, el valor se ha casi quintuplicado.

En contraste, en 1993, más de una tercera parte de las importaciones de EU provenían de Canadá y Japón, con una participación en el mercado de 19.8% y 18.8% respectivamente. No obstante, 24 años más tarde, apenas 6.1% de las importaciones de Estados Unidos provienen de Japón, y la participación de Canadá en el mercado cayó a 13.4%.

Aunque la expansión en el mercado de México en EU ha sido relevante, la de China ha sido aún mayor: sus exportaciones pasaron de 4.6% de lo que importaba Estados Unidos en 1993 a casi 20% en 2017.

Otro tema relevante es el tipo de bienes que son importados por Estados Unidos. A partir de la implementación del TLCAN, Canadá, Estados Unidos y México han generado cadenas de valor en distintas industrias que han permitido la especialización y reducción de costos por la existencia de economías de escala.

De acuerdo con un análisis realizado por Brookings, 50% de los bienes que importó la economía estadounidense de Canadá y México en 2015 eran bienes intermedios; es decir, insumos para la producción de otros bienes en el país.

La proporción es muy superior a lo importado desde la Unión Europea y China, donde los bienes intermedios representaron 37% y 28% respectivamente de las importaciones totales provenientes de esas zonas.

Las industrias de algunos estados de EU se han vuelto fuertemente dependientes del comercio con los países del TLCAN. De acuerdo con la misma institución, la industria automotriz en Michigan, por ejemplo, importa 61% de sus bienes intermedios de México y Canadá, y Arizona importa de México turborreactores y turbopropulsores para su industria aeroespacial, con un valor de casi $300 millones de dólares.

En las últimas campañas presidenciales estadounidenses, el libre comercio fue uno de los principales y más controversiales temas en los debates. El ahora Presidente Donald Trump abogaba por la implementación de políticas proteccionistas que mejoraran la balanza  comercial estadounidense y generaran empleo dentro del país. A pesar de las intenciones de la Casa Blanca por cumplir su promesa de campaña, resultará complicado romper las cadenas de valor que se han creado a lo largo de más  de 20 años en América del Norte.

México debe mantener su postura a favor del libre comercio para continuar con las mejoras en competitividad que ha logrado la zona. Sin embargo, el reto para México no solo estará en negociar con la nueva administración estadounidense una remodelación del TLCAN que resulte benéfica para todos los miembros, sino también en encontrar la manera de que los beneficios del libre comercio alcancen a toda la población.

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Cuánta gente se necesita que salga a protestar para derrocar a un gobierno (según la ciencia)

¿Cuán grande tiene que ser una protesta para forzar la salida de un líder político? Un equipo de expertos de la Universidad de Harvard analizó lo ocurrido desde 1900 hasta el presente para hallar una respuesta.
20 de septiembre, 2020
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Protestas en Bielorrusia

Getty Images
Las protestas no violentas tienen más posibilidades de éxito.

La lucha de los sindicatos agrupados en Solidaridad en Polonia en la década de 1980; el movimiento anti-apartheid en Sudáfrica; el derrocamiento del presidente serbio Slobodan Milosevic; la Revolución del Jazmín que forzó la salida del presidente tunecino Zine al-Abidine Ben Ali y desencadenó la Primavera Árabe…

Todos estos son ejemplos de movimientos populares que culminaron con un cambio político sustancial.

Y el último en ser noticia está en Bielorrusia, donde decenas de miles de personas han salido a las calles en las últimas semanas tras unas polémicas elecciones en las que el presidente Alexander Lukashenko se adjudicó la victoria.

Las autoridades han reaccionado con brutalidad: muchos manifestantes han sido arrestados y hay numerosas denuncias de torturas a manos de la policía.

Protestas en Bielorrusia

Reuters
Las protestas en Bielorrusia han movilizado a mucha gente. ¿En cantidades suficientes?

A pesar de esto, sin embargo, el movimiento de momento se ha mantenido fundamentalmente pacífico.

Pero, ¿cuán probable es que tenga éxito?

Lecciones de la historia

Una buena forma de evaluarlo es mirando la historia.

Que es lo que ha hecho la politóloga de Harvard Erica Chenoweth.

La profesora Chenoweth ha centrado su trabajo sobre todo en protestas contra dictaduras, no democracias.

A diferencia de los demócratas, los dictadores no pueden ser destituidos mediante el voto popular. En una democracia, si una política es impopular, otros políticos pueden ser elegidos con la promesa de abolirla. No existe tal mecanismo en una dictadura.

Erica Chenoweth

Kris Snibbe / Harvard Gazette
La politóloga de Harvard Erica Chenoweth ha estudiado la efectividad de las protestas.

Estas definiciones, sin embargo, son a menudo cuestionadas. ¿Dónde está la frontera entre democracia y dictadura? A menudo, de hecho, hay todo un espectro: un sistema político puede ser más o menos democrático.

Y también está el problema de cómo se clasifica la violencia y la no violencia.

¿Los ataques a la propiedad deben considerarse “violentos”? ¿Qué pasa con las personas que gritan insultos racistas pero sin agresión física? ¿Qué pasa con los actos de autosacrificio, como la autoinmolación o las huelgas de hambre? ¿Son violentos?

Las ventajas de la no violencia

A pesar de estas dificultades de categorización, existen algunas formas de protesta que son claramente no violentas y otras que son claramente violentas.

El asesinato es claramente violento. Las manifestaciones pacíficas, las peticiones, los carteles, las huelgas y los boicots, las sentadas y las huelgas no son violentas.

De hecho, según una clasificación bien conocida, existen 198 formas de protesta no violenta.

Y al analizar cada movimiento de protesta sobre el que había datos suficientes, desde 1900 hasta 2006, Erica Chenoweth y Maria Stephan llegaron a la conclusión de que un movimiento tenía el doble de probabilidades de éxito si no era violento.

La siguiente pregunta entonces es: ¿por qué?

La respuesta parece ser que la violencia reduce la base de apoyo de un movimiento, mientras que mucha más gente se une activamente a las protestas no violentas.

Protestas en Bielorrusia

Getty Images
La no violencia atrae a mucha más gente a las manifestaciones.

La no violencia es generalmente de menor riesgo, requiere menos capacidad física y ningún entrenamiento avanzado.

Y, por lo general, también requiere menos tiempo.

Por todas estas razones, los movimientos no violentos tienen mayores tasas de participación de mujeres, niños, ancianos y personas con discapacidad.

Pero, ¿por qué importa esto?

Bueno, tomemos la llamada Revolución Bulldozer contra Slobodan Milosevic. Cuando los soldados fueron entrevistados sobre por qué nunca apuntaron con sus armas a los manifestantes, explicaron que conocían a algunos de ellos. Se mostraban reacios a disparar contra una multitud que contenía a sus primos, amigos o vecinos.

El 3,5%

Obviamente, cuanto mayor sea el movimiento, más probable es que los miembros de la policía y las fuerzas de seguridad conozcan a algunos de sus participantes.

Y Erica Chenoweth ha dado una cifra muy precisa de cuán grande debe ser una manifestación antes de que su éxito sea casi inevitable: esa cifra es el 3,5% de la población.

Puede parecer un número pequeño, pero no lo es.

La población de Bielorrusia, por ejemplo, es de poco más de nueve millones, por lo que el 3,5% supera los 300.000. Y se estima que en las grandes manifestaciones en la capital, Minsk, participaron decenas de miles, quizás hasta 100.000 (aunque la agencia Associated Press una vez las estimó en 200.000).

La regla del 3,5% tampoco es estricta.

Muchos movimientos tienen éxito con tasas de participación más bajas que esta, y uno o dos fracasan a pesar de contar con el apoyo de las masas: el levantamiento de Bahréin de 2011 es uno de esos ejemplos que cita Chenoweth.

Menos efectivas

Los datos originales de Chenoweth llegan hasta 2006, pero la académica acaba de completar un nuevo estudio que examina los movimientos de protesta más recientes.

Y aunque sus últimos hallazgos generalmente refuerzan la investigación inicial, que muestra que la no violencia es más efectiva que la violencia, también ha identificado dos nuevas tendencias interesantes.

La primera es que la resistencia no violenta se ha convertido, con mucho, en el método de lucha más común en todo el mundo, mucho más que la insurrección armada o la lucha armada.

De hecho, entre 2010 y 2019 hubo más levantamientos no violentos en el mundo que en cualquier otra década de la historia registrada.

Argelia

Getty Images
Las protestas de Argelia en 2019 obligaron a dimitir al presidente Bouteflika.

La segunda tendencia es que la tasa de éxito de las protestas ha disminuido.

Ha caído drásticamente en lo que se refiere movimientos violentos: actualmente alrededor de nueve de cada diez movimientos violentos fracasan, dice Chenoweth.

Pero la protesta no violenta también tiene menos éxito de lo que solía.

Antes, alrededor de una de cada dos campañas no violentas tenía éxito; ahora es alrededor de una de cada tres.

Aunque, por supuesto, también se han producido algunos éxitos desde 2006.

Por ejemplo, el presidente sudanés Omar al-Bashir fue depuesto en 2019. Y unas semanas más tarde, el malestar popular obligó a dimitir al presidente argelino, Abdelaziz Bouteflika.

Pero estas salidas son cada vez más raras.

¿Por qué? Bueno, podría haber muchas explicaciones, pero una parecería ser el impacto de doble filo de las redes sociales y la revolución digital.

Durante unos años, parecía que Internet y el auge de las redes sociales habían proporcionado a los organizadores de protestas una nueva y poderosa herramienta, facilitando la transmisión de información de todo tipo: por ejemplo, dónde y cuándo reunirse para la próxima marcha.

Pero los regímenes despóticos ahora han encontrado formas de darle la vuelta a esa arma y de usarla contra sus oponentes.

Policía en Bielorrusia

Reuters
Los gobiernos despóticos también utilizan la tecnología.

“La organización digital es muy vulnerable a la vigilancia y la infiltración”, dice Erica Chenoweth.

Y los gobiernos también pueden utilizar las redes sociales para hacer propaganda y para difundir desinformación.

Lo que nos lleva de regreso a Bielorrusia, donde los teléfonos de los manifestantes detenidos son examinados de forma rutinaria para establecer si siguen los canales de la oposición en la aplicación de mensajería Telegram.

Cuando las personas que manejan estos canales han sido arrestadas, Telegram se ha apresurado a cerrar sus cuentas con la esperanza de hacerlo antes de que la policía haya podido verificar la lista de seguidores.

¿Podrá el presidente Alexander Lukashenko aferrarse al cargo? ¿Realmente conseguirá sobrevivir ahora que está tan claro que existe una oposición tan generalizada a su gobierno?

Tal vez no. Pero si la historia sirve de guía, es demasiado pronto para descartarlo.


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