Fiscalía sueca suspende investigación por violación contra Julian Assange, fundador de WikiLeaks
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Fiscalía sueca suspende investigación por violación contra Julian Assange, fundador de WikiLeaks

Julian Assange sigue refugiado en la Embajada de Ecuador en Londres desde 2012. La policía británica advirtió que el fundador de Wikileaks será detenido si sale de la sede diplomática.
AFP
Por BBC Mundo
19 de mayo, 2017
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La fiscalía de Suecia anunció la suspensión de la investigación de siete años contra el fundador del sitio de filtraciones WikiLeaks, Julian Assange, quien está refugiado en la embajada de Ecuador en Londres desde junio de 2012.

“La directora de la Fiscalía, Marianne Ny, decidió hoy discontinuar la investigación sobre la supuesta violación”, informó la entidad en un comunicado.

Ny introdujo una solicitud al Tribunal Distrital de Estocolmo para revocar la orden de arresto que pesa sobre Assange.

En 2010, Assange fue acusado por las autoridades suecas de un cargo de coerción ilegal, dos cargos de acoso sexual y un cargo de violación, todos los cuales se habrían cometido en agosto de ese año.

Página en Twitter de Julián AssangeJULIAN ASSANGE/TWITTER
Poco después de darse a conocer la decisión de las autoridades suecas, Assange publicó en su cuenta de Twitter una foto muy sonriente.

Assange, de 45 años, siempre ha mantenido su inocencia y ha vivido en la sede diplomática ecuatoriana como una forma de evitar su extradición.

El fundador de WikiLeaks temía que pudiera ser enviado a Estados Unidos de aceptarse el pedido de traslado a Suecia.

En ese país podría ser enjuiciado por la filtración de cientos de miles de documentos secretos del ejército y la diplomacia estadounidense.

Tras conocerse la decisión de las autoridades suecas, Wikileaks escribió en Twitter que “el enfoque ahora se movía hacia Reino Unido”.

Advertencia de la policía británica

Tras la decisión de la Fiscalía sueca, la policía metropolitana de Londres emitió un comunicado en el que señala que, pese a la decisión de las autoridades, Assange podría ser detenido de abandonar la embajada,

Un policíaAFP/GETTYI IMAGES
El viernes, miembros de la prensa se acercaron a la embajada ecuatoriana en Londres.

“El Tribunal de los Magistrados de Westminster emitió una orden de arresto contra Julian Assange después de que se negara a presentarse a ese tribunal el 29 de junio de 2012. El servicio de la Policía Metropolitana está obligado a ejecutar esa orden si dejara la embajada”, dice el mensaje.

“Cuando el señor Assange era solicitado en una Orden de Arresto Europea por un delito extremadamente grave, la respuesta de la Policía Metropolitana reflejaba la naturaleza grave de ese delito.

“Ahora que la situación ha cambiado y las autoridades suecas han suspendido su investigación en ese asunto, el señor Assange sigue siendo solicitado por un delito mucho menos grave. La Policía Metropolitana proporcionará un nivel de recursos que es proporcionado al delito”.

2020

En una presentación a la prensa, Ny informó que al permanecer en la embajada en Londres, Assange había evadido la Orden de Arresto Europea para que fuese extraditado a Suecia.

“De acuerdo con la legislación sueca, una investigación criminal se debe llevar a cabo tan rápido como sea posible. Para proceder con el caso, Julian Assange tendría que ser formalmente notificado de los delitos que se sospecha que cometió”.

“No podemos esperar recibir asistencia de Ecuador en ese aspecto. Por eso la investigación se discontinúa”.

Marianne Ny
REUTERS
Marianne Ny indicó que si Assange regresara a Suecia antes de 2020, la investigación podría ser reanudada.

La funcionaria señaló: “Mi evaluación es que la transferencia no puede ser hecha en un plazo de tiempo razonable“.

Ny dijo que sin la posibilidad de que Assange aparezca en persona en el tribunal, no tenía sentido continuar.

Pero añadió: “Si regresara a Suecia antes de que el estatuto límite de su caso expire en agosto de 2020, la investigación preliminar podría ser reanudada“.

Indicó que era “lamentable que no fuésemos capaces de llevar a cabo la investigación” y que “no haremos ningún pronunciamiento sobre culpabilidad”.

¿Quién es Julian Assange?

Según la revista The New Yorker, Julian Assange nació en 1971 en Australia, y entre los 11 y los 16 años vivió huyendo de su padrastro junto con su madre y su hermano.

Asegura haber pasado por 37 escuelas y cuatro universidades durante su juventud.

Julian AssangeAFP
Assange en una foto de archivo en una de sus apariciones en la embajada ecuatoriana.

Assange desarrolló un gusto especial por la computación y rápidamente se involucró en el mundo de los hackers. En 1991 se declaró culpable de los cargos en su contra por delitos informáticos y pagó una multa al quedar en libertad.

En 2006, comenzó a trabajar en el proyecto que más tarde llamaría WikiLeaks.

El sitio se define como “un servicio público diseñado para proteger a denunciantes, periodistas y activistas que cuentan con información sensible que quieren comunicar al público”.

Está compuesto por un grupo de personas dedicadas al portal tiempo completo y por cientos de voluntarios en varias partes del mundo.

La naturaleza de sus publicaciones, sobre todo las que se refieren a material de inteligencia militar, han sido catalogadas por las autoridades estadounidenses como “una amenaza a la seguridad nacional“.

Sin embargo, Assange ha asegurado que el sitio web no cede a presiones.

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Quién vigila la radiación del 5G (y cuáles son sus verdaderos riesgos)

Esta nueva tecnología regresa el eterno debate sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas. Estos, sin embargo, son descartados por todas las agencias internacionales.
27 de octubre, 2020
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Seúl

Getty Images
Corea del Sur ya tiene una red 5G en todo el país.

Decenas de antenas, dispositivos bluetooth y cientos de teléfonos móviles nos rodean e irradian cada día. Por no hablar de la telefonía 5G que, al parecer, acabará con la vida en la Tierra. ¡Tanta radiación no puede ser buena!

¿Quién controla los niveles de exposición y los posibles efectos sobre la salud?

Percepción del riesgo

Los campos electromagnéticos están presentes en la naturaleza desde antes de la aparición del ser humano. La luz solar, los rayos cósmicos, las tormentas y la radiación natural terrestre son fuentes de exposición a estos campos.

A mediados de los años 90, se comenzaron a desplegar las redes de antenas de telefonía móvil. Aunque se hacían con estándares técnicos internacionales, que ya tenían en cuenta la protección de la población, no se ofreció la suficiente información al respecto.

A pesar de una reacción rápida por parte de organismos, operadoras y expertos, la percepción de riesgo se instaló entre los ciudadanos. También caló en instituciones, administraciones locales y asociaciones.

Así, se produjo una situación paradigmática. Por un lado, el rechazo a las antenas era un fenómeno global. Por el otro, crecía la demanda universal del servicio.

Ilustracion 5G

Getty Images
La red 5G es mucho más que la mejora de la red 4G.

La OMS parece tenerlo claro

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Unión Europea fueron conscientes a principios de los 2000 de esa carencia y de la necesidad de dar respuesta a una inquietud y percepción social del riesgo asociado a la telefonía móvil.

Aunque esta percepción e inquietud estaban sobredimensionadas.

A pesar de los esfuerzos realizados para informar y tranquilizar a la población, la OMS reconoció en 2006 que “algunas personas consideran probable que la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia entrañe riesgos y que éstos puedan ser incluso graves”.

En la revisión de 2014, la OMS aseguraba que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”.

En otro documento publicado a comienzos de este 2020 sobre el 5G, insiste en que en las últimas décadas no hay estudios científicos que demuestren una relación causal que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

“El calentamiento de tejidos es el principal mecanismo de interacción entre los campos electromagnéticos de radiofrecuencia y el cuerpo humano”.

Ese posible efecto, a los niveles habituales de exposición, es insignificante. Por eso es importante que los niveles se mantengan por debajo de los límites establecidos por agencias internacionales independientes.

Mujer con una tablet.

Getty Images
La OMS ha dicho que no hay estudios científicos que demuestren una relación causal del 5G que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

Quién y cómo se establecen los límites de exposición

En 1992 se estableció en Alemania la Comisión Internacional de Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP). Esta organización científica, independiente y sin ánimo de lucro, revisa periódicamente y de forma sistemática las evidencias científicas para determinar los niveles a los cuales se producen efectos biológicos.

No solo de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, sino también de otras radiaciones electromagnéticas como la luz visible, los infrarrojos y los ultravioletas que, por encima de ciertos niveles, también pueden resultar muy peligrosos.

Por eso se fijan niveles de seguridad y, por eso mismo, no debemos preocuparnos de la radiación que emite el mando a distancia de nuestra tele. Tampoco del router wifi de nuestra casa o de nuestro teléfono inalámbrico.

El proceso de revisión es abierto y su publicación se realiza en una revista científica tras un proceso de revisión por pares.

Así, una vez se establecen los niveles a los cuales se observan efectos para cada frecuencia, se aplica un factor de precaución o seguridad de 50.

Estos valores son aceptados por la mayor parte de los países occidentales desde hace décadas y se adoptan en las correspondientes legislaciones.

Además, existen otras agencias u organismos que realizan una revisión similar. Por ejemplo el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) y la Food and Drug Administration de Estados Unidos.

Estos tres organismos, en los últimos meses y coincidiendo con el despliegue de la 5G, han revisado y publicado sus guías de límites seguros de exposición humana.

La mano negra de la industria

Que la industria está detrás de todas estas regulaciones e instituciones es un argumento reiterado por los movimientos antiantenas -ahora anti-5G- que parecen acoger toda clase de creencias conspiranoicas con respecto, también, a las mascarillas, las vacunas y la COVID-19.

En realidad han sido la industria y los profesionales del sector los más interesados en garantizar que las radiaciones emitidas por las antenas fueran seguras y que los niveles de potencia estuviesen dentro de los límites permitidos.

Transmisión de eventos deportivos en dos pantallas.

Getty Images
Con la conexión 5G se podrán conectar muchos dispositivos al mismo tiempo.

El Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), como entidad de derecho público al servicio de la sociedad, fue la primera organización que ya en 2001 elaboró un informe sobre las radiofrecuencias de telefonía móvil.

Con ello se pretendía informar a la ciudadanía y mitigar la inquietud que ya surgía ante el desconocimiento de esta tecnología y la normativa que la regula.

La labor de difusión se centró en ayuntamientos y asociaciones ciudadanas, aunque se ha seguido trabajando durante todos estos años con todo tipo de administraciones e instituciones.

En 2006, se creó el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), comité independiente compuesto por profesionales de gran prestigio -en campos como la medicina, física, química, biología, ingeniería de telecomunicación y derecho-, que, desde entonces, ha elaborado cinco informes trienales de referencia.

En ellos recogen las evidencias científicas existentes sobre el impacto de los campos electromagnéticos en la salud.

Además, ha publicado numerosos documentos sobre tecnologías concretas -el último sobre 5G-, con el ánimo de informar verazmente a la sociedad, manteniendo siempre el conocimiento científico riguroso como referencia.

Sus informes han tratado siempre de arrojar luz y evitar cualquier tergiversación que de forma interesada se intentara hacer sobre el efecto de estas tecnologías sobre la salud.

Incluidas comparaciones sin fundamento con sustancias, como el tabaco o el alcohol, que la ciencia sí ha demostrado como perniciosas incluso en pequeñas cantidades.

5G

Getty Images
Los verdaderos riesgos de estas tecnologías son los asociados a la dependencia, problemas musculares, malas posturas y al condicionamiento de nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Los verdaderos riesgos para la salud

Decir que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia son inocuos es falso si no se acompaña de la frase “a los niveles habituales de exposición”.

Dichos niveles están decenas o centenas de miles de veces por debajo de los de seguridad marcados por ICNIRP.

Es lo que han demostrado numerosos estudios y revisiones sistemáticas de exposición personal en condiciones reales.

Pero hay efectos constatados derivados del uso de dispositivos y que no son consecuencia de las radiaciones que emiten.

Así, se ha demostrado que su uso puede provocar dependencia, problemas musculares, malas posturas y que condicionan nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Dichos efectos, sin embargo, no son denunciados por los movimientos en contra de estas tecnologías.

Ilustración 5G

Getty Images
Hay una proliferación de un cierto “negocio del miedo” vinculado a las nuevas tecnologías.

Negar la evidencia, ¿con qué fin?

Quizá piense que existe cierta controversia científica en este tema.

Habrá oído que “numerosos científicos alertan de los efectos” en cuestionables llamamientos internacionales, algún pseudoinforme como el Bioinitiative o declaración política ajena a la Unión Europea, como la declaración 1815 del Consejo de Europa.

Todos tienen en común su falta de rigor, el establecimiento de límites de forma arbitraria o la extrapolación inadecuada de estudios en animales o de laboratorio sin tener en cuenta las condiciones reales.

En 30 años, no se ha publicado una revisión sistemática o metaanálisis -los estudios con mayor fortaleza en ciencia- que demuestre sus alarmantes augurios y peligros para la salud (efectos sobre el sueño, la concentración, fisiológicos, hipersensibilidad o, incluso, cáncer).

En cambio, sí es constatable la relación de sus promotores con la proliferación de un cierto “negocio del miedo” a partir de datos tergiversados, erróneos y en ningún caso avalados por la evidencia científica.

Y ese negocio que se basa en esos datos afecta tanto a ámbitos como el médico-sanitario, con diagnósticos o prescripciones no fundamentados en el conocimiento médico; el legal, con denuncias insostenibles basadas en opiniones de supuestos expertos, medios de información carentes de credibilidad (webs pseudocientíficas) o, incluso, empresas que ofrecen aparatos y dispositivos de protección completamente innecesarios.

Todo un negocio basado en el miedo y el desconocimiento que sigue alimentando esa falsa percepción de que vivimos radiados al límite.

*Alberto Nájera López es doctor en radiología y medicina física y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y Juan Carlos López es ingeniero de telecomunicaciones y catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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