Luis Barragán, el arquitecto mexicano que fue convertido en diamante (y la polémica que causa)
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Luis Barragán, el arquitecto mexicano que fue convertido en diamante (y la polémica que causa)

525 gramos de las cenizas de Luis Barragán, el arquitecto más importante de la historia moderna de México, forman ahora un diamante.
Por BBC Mundo
1 de mayo, 2017
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525 gramos de las cenizas de Luis Barragán, el arquitecto más importante de la historia moderna de México, forman ahora un diamante.

Tiene 2,02 quilates, está sin tallar y es muy brillante, de un sutil tono azulado.

Está engarzado en un aro plateado, a modo del clásico anillo de compromiso de los anuncios de Tiffany’s.

No por nada se llama The Proposal (La propuesta).

Pero la artista estadounidense Jill Magid, de quien es la obra, no la creó para pedir a alguien en matrimonio.

La hizo tratar de lograr que el archivo profesional del único mexicano en lograr el Priztker -considerado el Premio Nobel de la disciplina- regrese a su país de origen.

Sin embargo, hoy por hoy en México es la joya de la discordia.

Expuesta hasta octubre en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC, el museo de la UNAM), ha hecho que varios sectores de la sociedad pongan el grito en el cielo y cuestionen los límites del arte, la gestión del patrimonio y el papel de los organismos públicos en ello.

El archivo y el legado

Barragán, quien ni se casó ni tuvo hijos, murió en 1988 a los 86, tras sufrir Parkinson durante años.

Atrás dejó una serie de edificios reconocibles por sus líneas depuradas, su sobriedad, los colores brillantes y el juego de luces y sombras, y que siguen siendo referentes para los arquitectos actuales.

Y también dejó en herencia su biblioteca personal, que desde 1990 atesora la Fundación Tapatía Casa Barragán, y su planos, maquetas y demás documentos, su acervo profesional.

Luis BarragánLa obra de Luis Barragán, fallecido en 1986, sigue inspirando a los arquitectos hoy.

Éste lo terminaron adquiriendo en 1995 Rolf Fehlbaum, el jefe de la empresa suiza de muebles de diseño Vitra, y su entonces novia Federica Zanco, una historiadora italiana de la arquitectura y coleccionista.

Desde entonces está en la Barragan Foundation, en un espacio ubicado bajo la sede de Vitra en Basilea, Suiza, custodiado por la propia Zanco.

Y mientras ella lo niega, decenas de investigadores que trataron de consultarlo insisten en que el archivo es prácticamente inaccesible.

Esa fue también la experiencia de Magid, una artista cuyo cuerpo de trabajo explora temas como el poder institucional y la legalidad.

“Todo comenzó cuando visité la Casa Barragán y me enamoré del arquitecto”, contó la semana pasada la artista en el coloquio Obra, fetiche y ley, llevado a cabo este jueves en la UNAM justo antes de inaugurarse la exposición, que lleva por nombre Jill Magid: “una carta siempre llega a su destino”. Los archivos Barragán.

“Empecé a hacer preguntas, a interesarme por el estado actual de su archivo. Y mientras la Casa Barragán me dio permiso para consultar el suyo, la fundación en Basilea me lo negó“, recordó.

Obra de Jill Magid en el San Francisco Art Institute en 2016.Jill Magid se enamoró de la obra del arquitecto Luis Barragán y de los colores de sus edificios, que replicó en esta obra expuesta en 2016 en el San Francisco Art Institute.

“Además, me informaron que no podía reproducir nada de su archivo profesional”, porque los derechos del autor correspondientes también están en posesión de Zanco.

Entonces le surgieron las preguntas de las que parte, según explica ella misma, su obra: “¿Cuál es la condición actual de los archivos? ¿Cómo se genera un legado a partir de ellos?”.

“Si lo aceptas…”

Luego escuchó que Zanco había recibido el archivo como regalo de compromiso de Fehlbaum, un rumor nunca confirmado, y se le ocurrió lo del anillo.

Con esa idea ya en mente, se reunió con 18 miembros de la familia Barragán, quienes le dieron en beneplácito.

Y así, con la venia de estos y las autoridades de Jalisco, en septiembre de 2015 se plantó en Guadalajara, la capital del estado, en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres.

Rotonda de los Jaliscienses Ilustres en Guadalajara, México.Jill Magid hizo exhumar los restos de Barragán de la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, de Guadalajara, México.

De allí sacaron la urna que contenía las cenizas de Barragán y la artista metió en una bolsa una cuarta parte, que luego se llevaría a Nueva York.

A los seis meses una empresa especializada en ello habría convertido los restos en el polémico diamante, y tras hacerlo montar en un anillo, Magid viajaría con él a Suiza, a reunirse con Zanco.

Sentada frente a ella en la cafetería de la sede de Vitra, colocó sobre la mesa la cajita con el anillo y le hizo la proposición.

“Si lo aceptas, tendrás que devolver el archivo a México”, le dijo.

Es una forma distinta de entender los legados”

Jill Magid, artista

La coleccionista no aceptó, y según detalló la revista estadounidense The New Yorker en agosto pasado, le respondió después por correo:

“Has convertido una especulación en arte y por el camino has hecho de mí un personaje de ficción. Así que en realidad soy irrelevante para tu proyecto. No me necesitas. Con tu imaginación te basta”.

BBC Mundo se puso en contacto con Zanco y con la fundación que dirige, pero no tuvo respuesta.

¿”Audacia estética” o “oportunismo comercial”?

La coleccionista no fue la única en reaccionar así. Todo un sector de la sociedad en México ardió en cólera ante la propuesta.

“Llama a escándalo que el archivo no haya permanecido en México y que no pueda ser libremente consultado por los estudiosos”, escribía así Luis Villoro en agosto de 2016 en un artículo publicado en la página web del Colegio Nacional.

“Aun así, la idea de convertir a Barragán en un diamante para tratar de recuperarlo parece digna de un museo del horror“, concluía.

Y Víctor Jiménez, el exdirector de Arquitectura del Instituto Nacional de Bellas Artes, calificó el trabajo de Magid de “descabellado”.

Jill MagidLa obra de la artista Jill Magid explora los límites de la propiedad, la legalidad y los poderes institucionales.

Mientras, en la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán, que preserva el archivo personal del arquitecto, se produjo un cisma por el tema y terminaron dimitiendo cuatro de sus miembros.

“Tocó un símbolo cultural importante, lo desarmó y lo hizo con complicidades, y eso no nos gustó”, opinó por su parte Enrique X. de Anda, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, durante la conversación que se llevó a cabo el jueves en esa universidad.

Y recordó que, en alusiones a la nacionalidad de la artista, “la relación entre Estados Unidos y México es difícil, y tiene que ver con el abuso”.

Por su parte, el promotor cultural César Cervantes Tezcucano le preguntó a la artista si, durante los cinco años en los que trabajó en el proyecto, entró a México con visa de turista o con los documentos requeridos.

“La defensa nacionalista es la última trinchera de esta discusión”, respondió a ello Cuauhtémoc Medina, curador jefe del MUAC y responsable de la muestra junto a Alejandra Labastida, y pidió que se la juzgue como obra de arte.

Una obra que varios, entre otros el propio Medina, consideran una “audacia estética”.

Legalidad a debate

Aunque la discusión fue por otros derroteros, los legales, en los que se ha centrado también el debate social.

De hecho, 73 personas -entre ellas los escritores Juan Villoro y Elena Poniatowska, y el arquitecto Miquel Adriá- firmaron una carta en la que piden a las autoridades que investigaran el proceso de exhumación.

Su objetivo final de estos es convertir el anillo en polvo y reintegrar los restos al lugar en el que ahora luce un caballo de plata.

De esa idea es también Luis Vega García, catedrático de la Faculta de Derecho de la UNAM, Catedrático de la Facultad de Derecho, quien durante la discusión del jueves aseguró que “es presumible que (el proceso de la elaboración del anillo) no cumplió con los principios de legalidad“.

Pero Ismael Reyes Retana, abogado y socio del bufete White & Case, opina lo contrario.

De izquierda a derecha, Ricardo Raphael de la Madrid, director del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, UNAM, Cuauhtémoc Medina, curador jefe de MUAC, la artista Jill Magid, César Cervantes Tezcucano, promotor cultural, Luis Vega García, catedrático de la Facultad de Derecho de la UNAM, Ismael Reyes Retana, abogado y socio de White & Case, y Enrique X. de Anda, Investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.A raíz de la polémica sobre la obra que se expone ahora en el MUAC, se llevó a cabo un debate este jueves en la UNAM.

“No existió violación alguna a las leyes. Se procedió con apego al derecho”, aseguró en la UNAM.

Dijo que quien autoriza inhumar puede autorizar la exhumación y que, de acuerdo al Reglamento de Panteones, correspondiente a este caso, se aplica el derecho civil, que señala que la decisión atañe a los familiares.

“Tengo mucho respeto por la obra y el legado de Barragán. Fui tan respetuosa con la ley como pude y no lo hice sola. La familia pidió las cenizas”, insistió por su parte Magid.

Y recordó que su obra “es una celebración de la vida, la recreación del legado que nos dejó”, y “una forma distinta de entender los legados”.

Pero Cervantes Tezcucano señaló su presunto “oportunismo comercial”, y le preguntó si tenía intención de vender el anillo.

“El anillo nunca estuvo a la venta y no lo va a estar. No me voy a lucrar con ello. Es algo que se decidió desde el inicio del proyecto”.

El plan, según explicó Medina, es que se ceda a la colección de un centro público.

“Mi obra es una propuesta. Es un gesto. Es una oferta”, subrayó la Magid. “No es una exigencia. Pueden decir que no”.

O algún día, quizá que sí.

Por si acaso, la propuesta seguirá vigente: el cuerpo de Barragán -una cuarta parte, para ser exactos- por el cuerpo documental de su obra.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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