Ellas y ellos son las madres y padres asesinados por buscar a sus hijos desaparecidos
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Ellas y ellos son las madres y padres asesinados por buscar a sus hijos desaparecidos

No sólo tenían en común el ser familiares de víctimas de desaparición, todos sus casos también convergen en el mismo problema de impunidad, desatención de las autoridades e, incluso, complicidad con grupos criminales
Especial
Por Paris Martínez
15 de mayo, 2017
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El pasado 10 de mayo de 2017, Día de las Madres, fue asesinada en Tamaulipas la señora Míriam Rodríguez, madre de una joven raptada por el crimen organizado y quien no sólo se encargó de investigar y dar con el paradero de la fosa en donde el cadáver de su hija fue ocultado, sino también con la identidad de los plagiarios y asesinos.

Míriam, lamentablemente, es sólo la más reciente de una larga lista de familiares directos de víctimas de desaparición, que han sido asesinados en los últimos siete años en México, en represalia por las denuncias e investigaciones que han encabezado, para dar con el paradero de sus seres queridos, y de las personas que se los llevaron.

Se trata de padres, madres, hermanos, que no sólo tenían en común el ser familiares de víctimas de desaparición. Todos sus casos también convergen en el mismo problema de impunidad, desatención de las autoridades e, incluso, complicidad entre los grupos criminales que desaparecieron a sus seres queridos y las instituciones que, supuestamente, debían garantizar sus derechos básicos a la vida y a la seguridad.

A continuación, te presentamos un breve resumen de los al menos once casos de familiares de desaparecidos que han sido asesinados de 2010 a la fecha, elaborado a partir de la recopilación de expedientes recabada por la organización civil Cauce Ciudadano.

Marisela


Marisela Escobedo Ortiz fue asesinada el 16 de diciembre de 2010, frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua, en donde mantenía un plantón para denunciar la impunidad en la desaparición y asesinato de su hija, Rubí, ocurrido en 2008.

El asesino confeso, quien informó dónde enterrado de forma clandestina el cadáver de la joven, fue liberado por falta de pruebas, según la conclusión a la que arribó el Poder Judicial.

Dos años después del asesinado de Marisela, su supuesto homicida fue detenido por las autoridades.

Don Nepo


Nepomuceno Moreno Núñez buscaba a su hijo, Jorge Mario, desde el 1 de julio de 2010, cuando el joven de 17 años fue secuestrado, junto con otros dos amigos, por policías municipales y estatales en la carretera que va de Guaymas a Obregón, en Sonora.

Los policías secuestadores exigieron el pago de un rescate, pero luego secuestraron a dos los jóvenes que acudieron a pagarlo.

De los cinco secuestrados, uno fue hallado muerto y otro vivo, con graves lesiones, al día siguiente. El hijo de Nepomuceno y dos más nunca fueron liberados.

En 2011, Nepomuceno se integró al Movimiento por la Paz y, por esa vía, en octubre de ese año, logró presentar su caso ante el entonces presidente de la República, Felipe Calderón, quien públicamente le ofreció revisar su caso.

Un mes después de esa promesa, el 28 de noviembre de 2011, Nepomuceno, Don Nepo, como se le conocía cariñosamente en el Movimiento por la Paz, fue asesinado cuando conducía su camioneta en el centro histórico de la capital sonorense. Los atacantes huyeron.

Sandra Luz


Sandra Luz Hernández buscaba a su hijo, Edgar García, un joven que fue secuestrado en 2012 cuando trabajaba como mensajero en la oficina del entonces procurador de justicia sinaloense, Marco Antonio Higuera.

Dos años después, en 2014, tras denunciar la falta de investigaciones, la señora Sandra Luz fue citada por una persona desconocida, quien supuestamente le proporcionaría información sobre el paradero de su hijo.

El 11 de mayo de 2014, al llegar al punto de encuentro, en el centro de Culiacán, capital de Sinaloa, la señora Sandra Luz fue asesinada, por un un sujeto encapuchado que le disparó 15 veces.

Una semana después, las autoridades estatales presentaron al supuesto homicida, quien confesó el crimen y reveló el lugar donde había escondido el arma y la ropa que había quedado manchada de sangre.

Las prendas y el arma fueron halladas donde el detenido había dicho que estarían.

El 13 de marzo de 2015, sin embargo, el juez Sergio Valdez Meza liberó al homicida confeso, argumentando falta de pruebas.

Luis Abraham


Luis Abraham Cabada Hernández buscaba desde el 30 de junio 1996 a su hermano Jorge y a sus familiares, Juan Emerio y Abraham Hernández. Los tres jóvenes fueron desaparecidos de manera forzada, luego de salir de una fiesta en Culiacán.

El cuerpo de Luis Abraham fue encontrado en una zona rural, el 19 de octubre de 2015, con varios disparos de arma de fuego.

Bernardo

Bernardo Carreto González buscaba a sus tres hijos, desaparecidos en Chilapa desde mayo de 2015, cuando un grupo armado invadió la cabecera municipal de Chilapa, y secuestró al menos a 30 habitantes, entre ellos los jóvenes Miguel, Juan y Víctor Carreto.

Siete meses después del rapto masivo y de denunciar que no había acciones de búsqueda por parte de las autoridades, el 22 de diciembre de 2015, el señor Bernardo Carreto fue interceptado cuando conducía una camioneta por un camino de terracería, por un grupo de hombres armados que lo acribilló.

Los atacantes sólo dispararon contra el señor Bernardo, y perdonaron la vida a tres personas más que lo acompañaban en la camioneta. Luego huyeron.

Doña Coni


La señora Cornelia San Juan Guevara Guerrero, conocida como “Doña Coni”, buscaba a su hijo Oswaldo Espejel Guevara desde el 7 de agosto de 2012, cuando fue secuestrado de su domicilio en Santa María Ajoloapan, Estado de México.

Por Oswaldo, un pequeño comerciante de 35 años y con tres hijos, los secuestradores exigieron un millón de pesos como rescate, dinero que la familia, de escasos recursos, nunca pudo reunir.

A cuatro años de iniciar la búsqueda de su hijo, desconocidos ingresaron al domicilio de la señora Cornelia y la asesinaron a tiros, para luego darse a la fuga.

Medio año después, las autoridades informaron sobre la captura del presunto asesino, quien confesó haber realizado el ataque junto con otros dos cómplices.

José Jesús

José Jesús Jiménez Gaona buscaba a su hija, Jenny Isabel, de 23 años, quien fue desaparecida de manera forzada en mayo de 2011, cuando se dirigía a un restaurante en Poza Rica, Veracruz.

José Jesús formaba parte de la Brigada Ciudadana de Búsqueda de Personas Desaparecidas, integrada por familiares de víctimas, que desde 2015 comenzó a rastrear fosas clandestina en el estado de Veracruz.

El papá de Jenny fue atacado, junto con su esposa, el 23 de junio de 2016, por un grupo de desconocidos que les disparó con una metralleta AK47, desde un auto en marcha. José Jesús murió, y su esposa quedó gravemente herida.

Los agresores escaparon.

Heriberto

Heriberto López Gastélum buscaba a su hijo, Heriberto de Jesús, de 22 años, quien fue raptado y desaparecido en julio de 2016, en Navojoa, Sonora, luego de acompañar a su casa a una amiga.

Dada la inacción de las autoridades, el señor Heriberto López se dedicó a investigar el paradero de su hijo durante los cuatro meses posteriores a la desaparición, hasta que fue asesinado, el 30 de noviembre de 2016, por gente armada que le disparó desde el interior de una camioneta, en Ciudad Obregón, cuando él se encontraba en la vía pública.

Los agresores huyeron.

Emma Gabriela

Emma Gabriela Molina Canto buscó durante dos años a sus hijos, raptados en 2012 por el progenitor, un político priista acusado de corrupción en Tabasco, de nombre Alberto Medina Sonda.

Luego de dos años de denunciar el rapto, y de sufrir constante acoso por parte de la familia Medina Sonda, la señora Emma Gabriela logró ubicar el lugar en donde retenían a sus tres hijos y, con intervención policiaca, los niños fueron recuperados y el padre fue detenido y procesado por el delito de secuestro y, ya en la cárcel, fue procesado también por desvío de recursos públicos.

Emma Gabriela vivió dos años más con sus tres hijos, ante los cuales fue asesinada, el 27 de marzo de 2017, por dos hombres que abordaron a la madre de familia en la puerta de su casa y la degollaron.
Gracias a la intervención vecinal, los asesinos pudieron ser identificados, luego detenidos y actualmente están bajo juicio. La hipótesis de las autoridades apunta a una venganza del progenitor de los niños en disputa, pero también se investiga si con el asesinato, Medina Sonda buscaba impedir que Emma Gabriela revelara información sobre las redes de corrupción de las que éste formaba parte.

Gerardo

Gerardo Corona Piceno buscaba a su hermano Álvaro desde el 3 de agosto de 2012, cuando fue desaparecido en Ixtlahuacán de los Membrillos, Jalisco.

Álvaro fue jefe de la policía municipal, y fue raptado luego de obtener el pago por la venta de un terreno particular.

Luego de cinco años de buscar a su hermano, y de denunciar amenazas directas de la Fiscalía General de Justicia de Jalisco, Gerardo Corona fue asesinado, el 19 de abril de 2017, en la puerta de su casa, cuando estacionaba su vehículo.

El atacante, quien le disparó con un arma de fuego, escapó.

Míriam

Durante dos años, entre 2012 y 2014, la señora Míriam Elízabeth Rodríguez Martínez buscó a su hija, Karen Alejandra Salinas, secuestrada en San Fernando, Tamaulipas.

Las investigaciones realizadas por esta madre permitieron no sólo encontrar la fosa en la que fue ocultado el cuerpo de su hija, sino también la identidad de sus homicidas, quienes fueron capturados.

A partir de su experiencia de rastreo, la señora Míriam se convirtió en representante del colectivo de familias de desaparecidos en San Fernando Tamaulipas.

El pasado Día de las Madres, un grupo de hombres armados allanó la vivienda de la señora Miriam y la asesinó a tiros, para luego escapar.

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Los granjeros de Wisconsin que cambiaron el muro de Trump por un 'puente' con México

En territorio de gran apoyo "trumpista" y clave para estas elecciones, hay quien prefiere levantar puentes con México en lugar de muros.
29 de octubre, 2020
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John Rosenow y Roberto Tecpile.

T.G.

De pronto, la carretera se acaba y desaparecen los nombres y números que la identifican. En su lugar, una sola letra y un camino sin asfaltar, por el que cruzan los animales sin prestar atención al tráfico y alguno que otro yace muerto en la vía.

Alrededor, vastos campos verdes y dorados… y unos pequeños carteles que sobresalen en el terreno, con frases difíciles de leer desde el auto.

“Se trata del medio ambiente”, parece decir uno de ellos. “Se trata de ti”, continúa el siguiente.

Al fondo, la respuesta a mis dudas, en la verja de una de las primeras viviendas que me encuentro en el camino: “Vota el 3 de noviembre. Wisconsinitas por Biden”.

A diferencia de los carteles pro-Trump, este es el primero que veo a favor del candidato demócrata a la presidencia de EE.UU., Joe Biden, en decenas de kilómetros. Y casi el único de ese gran tamaño.

Carteles en la verja de la casa de John Rosenow.

T.G.
Además del voto a Biden, la familia Rosenow colgó frases de Alexander Hamilton (“Quienes no defienden nada, acaban creyéndose cualquier cosa”) o James Baldwin (“La ignorancia, aliada con el poder, es el mayor enemigo de la justicia”).

“Son cosa de mi mujer… Yo soy el manitas”, dice bromeando el granjero John Rosenow en el jardín de su casa y sin soltar a su pequeño perro, que gruñe a la extraña hasta que se le da algo de cariño.

Rosenow dice ser la “excepción” en esta pequeña localidad rural de Wisconsin, Waumandee, una de las que le dieron la sorprendente victoria a Donald Trump en 2016 y que estas elecciones también serán determinantes.

El estado de Wisconsin llevaba sin votar por un candidato republicano desde los años 80 pero lo hizo por Trump por un estrecho margen de votos; un viraje que se dio, entre otras cosas, por el apoyo de enclaves rurales como éste.

“En realidad, mi familia y yo llevamos siendo la excepción 100 años”, dice con cierto orgullo el granjero.

Pero hay algo en lo que su familia también destaca en este lugar: un proyecto con el que, mientras se intensificaba la retórica antinmigración de Washington, él y otros compañeros conseguían derribar barreras entre EE.UU. y México.

Lo llaman “Puentes” y es la antítesis del muro de Trump.

Un sector falto de mano de obra

“Por ahí va Roberto. Luego lo conocerás, ayer estuvimos jugando al golf. Está muy enganchado… como yo”, dice riendo Rosenow al principio de la entrevista, apuntando al vehículo industrial que acaba de cruzar por la vía más cercana y cuyo estruendo corta nuestra conversación.

En el transporte, uno de los trabajadores mexicanos que más años lleva en este “rancho” de producción láctea, seis; y el que mejor parece manejarse con el inglés.

tractor en la granja de Rosenow.

T.G.
Roberto Tecpile lleva seis años en la granja de Rosenow.

“Está aquí desde las 4:00 am dando de comer a las vacas“, explica el granjero a media mañana. Más de cuatro horas después, Roberto seguirá allí.

En este martes de septiembre, la actividad en la granja de Rosenow, “Rosenholm Dairy”, parece funcionar como un reloj, a pesar de que el “patrón”, como le llaman sus empleados mexicanos, pase parte del día enseñando las instalaciones a esta periodista de BBC Mundo.

La situación actual es radicalmente distinta a la que vivieron en los años 90, cuando nadie parecía querer trabajar aquí y los empleados que encontraban no eran del todo fiables, por lo que Rosenow desayunaba en su cocina con la mirada puesta en el granero, por si alguien volvía a fallar y tenía que ir a suplirle.

“Era 1998, ya no podíamos encontrar gente localmente, así que decidimos emplear a inmigrantes a regañadientes”, recuerda el septuagenario, que suele levantarse a las 3:30 am para estar a las 4:00 listo para trabajar, con su característico peto de rayas.

John Rosenow en el jardín de su casa.

T.G.
Rosenow también es descendiente de inmigrantes.

“El primero que contraté fue a través de una empresa de Texas y fue fabuloso. Trabajó dos meses, pero se sentía solo, porque era el único mexicano en unas 100 millas a la redonda, así que se marchó”.

Fue el inicio de un flujo de inmigrantes, muchos de ellos indocumentados —si no la mayoría—, que ya no cesaría y que acabaría salvando su granja y la de muchos otros, en un momento de grave escasez de mano de obra y ante un mercado complicado en plena globalización.

El número de inmigrantes trabajando actualmente en el sector es difícil de establecer. El último estudio nacional realizado hace cinco años para la Federación Nacional de Productores de Leche estimó que representan el 51,2% de la fuerza laboral y que las granjas que emplean a inmigrantes producen el 79% del suministro lácteo de EE.UU.

En el sector agrícola en general, los latinos representan el 27,5%, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. publicados en 2019.

Los mexicanos resolvieron el mayor problema en Waumandee, realizando trabajos duros —de 4:00 a 17:00 o más, y en temperaturas que en invierno pueden caer por debajo de los 10 grados bajo cero—; pero presentaron un nuevo desafío.

Datos clave del peso de los inmigrantes en el sector lácteo. [ 51,2% Los inmigrantes representan más de la mitad de la fuerza laboral de la industria en el país. ],[ 79% Es la cifra del suministro lácteo estadounidense que proviene de granjas que emplean a inmigrantes. ] , Source: Fuente: Estudio nacional para la Federación Nacional de Productores, publicado en 2015., Image: Dos vacas

“Me di cuenta pronto que no saber español y nada de la cultura era un aspecto realmente negativo para mí. Si iba a ser un buen empleador, necesitaba saber todo eso”, dice Rosenow, recordando algunos momentos que le frustraron y que hoy considera graciosos.

Acudieron entonces a la profesora de español de secundaria de la zona, Shaun Duvall, pero ella enseguida vio que con clases no bastaría y propuso un “viaje de inmersión” a México.

Rosenow reconoce que antes de ir le parecía absurdo (“¿por qué hacer tantos kilómetros con las tecnologías que tenemos hoy en día?”), pero casi dos décadas después, no duda: “Fue una experiencia reveladora”.

Rosenow con la familia de Marcos.

Puentes/Bridges
Rosenow ha viajado en diez ocasiones a México.

Y es que en ese primer viaje, al que se sumaron 15 granjeros y cuya agenda consistía en clases por la mañana y por la tarde, lo que se presentó como una idea casual —visitar a las familias de sus empleados durante uno de sus días libres— acabó convirtiéndose en revolucionario.

“Un veterano periodista en México me contó que nunca había visto algo igual”, subraya Rosenow sobre esa visita espontánea, que sus empleados latinos no pueden arriesgarse a hacer. Su situación irregular lo convierte en un peligro: si consiguen salir, quizá nunca puedan volver a entrar.

“Le dije a Duvall que no podíamos dejar que esto muriera, así que condujimos a todas partes, dimos charlas y recaudamos dinero para ayudar a respaldar la idea y a la gente a ir. Unas 150-200 personas, la mayoría granjeros, han ido ; yo unas 9 o 10”.

El activismo de Rosenow también le ha llevado en diversas ocasiones a Washington, donde se manifestó y presionó por los derechos de sus trabajadores, muchos de ellos condenados a vivir en las sombras.

Puentes en la era Trump

La jovial Mercedes Falk aparece en la granja y todos los empleados latinos se giran a saludarla. “¡Hola! —dice ella en perfecto español— ¿Nos vemos luego en la clase de inglés?”

Esa misma tarde estará impartiendo un curso gratuito para los trabajadores que quieran o puedan asistir, una iniciativa impulsada por Rosenow. La materia se imparte en la cocina de la propia granja, una suerte de sala de estar, con un sofá y un pequeño escritorio de madera, que hoy acogerá a tres empleados.

“Yo he estado ya cuatro veces en México. Y en todas las ocasiones fue conmovedor, sobre todo ver las reacciones de los padres. Dicen: ‘No sabía que mi hijo tenía un jefe que se preocupara tanto para recorrer todo este camino hasta aquí'”.

Falk asumió la dirección de “Puentes”, la organización sin ánimo de lucro que crearon para derribar barreras, en 2017, tras enamorarse de la vida en el campo y abandonar su vida urbana, en su Milwaukee natal.

Los viajes que realizan han cambiado mucho desde que empezaron en 2001: ahora el objetivo no son las clases de español, sino la visita a las familias.

“Solemos pasar 7 días: varios días enteros de visita a los familiares, alguno de descompresión y algo de turismo en la zona cercana a los pueblos donde viven los allegados”, explica Falk.

"Los granjeros están muy agradecidos porque antes no tenían mano de obra fiable"", Source: Mercedes Falk, Source description: Directora de "Puentes" desde 2017, Image: Mercedes Falk

“Doy lo mejor de mí para prepararlo todo, contactar con todas las familias, pero, bueno, es México… Todo puede cambiar”, dice riendo. “Eso ayuda también a los granjeros a entender la mentalidad de sus empleados —continúa—, allí se vive día a día y cuando lo ven de primera mano, entienden muchas cosas”.

Las fotografías que Falk muestra de sus viajes están plagadas de sonrisas por ambas partes, pero dejan entrever la pobreza y las dificultades que sufren las comunidades mexicanas que han visitado, la mayoría en las montañas de Veracruz.

“Es especialmente desgarrador escuchar a las madres hablar de cuánto echan de menos a sus hijas o hijos. Una de ellas me dijo que llevaba 15 años sin ver a su hijo. Puedes sentir su corazón quebrándose y esa parte se te queda grabada”, comenta la directora, que hace de intérprete en diferentes granjas.

Rosenow y Falk con la familia de Cristian.

Puentes/Bridges
“Si este noviembre hacemos el cambio (…) las posibilidades para nuestros empleados se ampliarán”, dice Rosenow.

Su mensaje cobra mayor relevancia si cabe en un momento de persistentes ataques a los inmigrantes por parte del presidente Donald Trump y el endurecimiento de las políticas antinmigración que ha impulsado desde su llegada a la Casa Blanca, marcada por la separación de familias en la frontera.

Trump logró su victoria con una campaña repleta de insultos a los inmigrantes y la promesa de “construir un muro” con México, y bajo su mandato el número de detenciones de migrantes en la frontera sur creció en 2019 (año fiscal) hasta su mayor nivel en 12 años, según publicó el Pew Research Center.

El presidente, además, firmó una polémica orden ejecutiva ampliando la autoridad del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) para detener inmigrantes “no autorizados” dentro del país, incluido aquellos sin antecedentes penales, lo que llevó a algunas de las mayores redadas en centros de trabajo en una década y a un aumento del 30% en detenciones en el año fiscal 2017.

No obstante, el número de arrestos en el país y deportaciones se sigue situando por debajo del registrado durante el mandato de Barack Obama, precisa el centro.

Nerviosismo

La pequeña comunidad de Waumandee votó por Trump en 2016, por 188 votos vs 87 de Hillary Clinton, y en esta campaña ya hay diversos vecinos con carteles a favor del presidente a las puertas de sus casas o negocios.

El desgarro social que se siente en otras partes de Wisconsin y del país en medio de la alta crispación política no parece ser un problema mayor en este enclave, donde el vecino es también el comisario de policía y un amigo de la infancia.

“Claro que conozco la granja de John, te indico con gusto”, me decía una afable señora a primera hora de la mañana en la única tienda que se encontraba abierta en la zona, a varios kilómetros de distancia del que era mi destino.

John en su granja.

T.G.
En la comunidad, dice Rosenow, hay diferencias políticas marcadas pero no se han retirado la palabra.

“Sé que los seguidores de Trump son en realidad buenas personas y me llevo bien con ellos”, comenta por su parte Rosenow, “Si nuestras vacas se escapan en medio de la noche, serán los primeros en ayudarnos. Mi esposa, por otra parte, lleva ese tema peor…”

Cuando se confirmó la victoria de Trump, no obstante, se vivió cierto nerviosismo en esta región del centro-oeste de Wisconsin.

“A los patrones les dio miedo”, recuerda Roberto Tecpile, el trabajador mexicano con el que Rosenow compartió “18 hoyos” la noche anterior, de estatura menuda y rostro joven.

El jefe de la granja explica que el miedo llevó a que muchos trabajadores inmigrantes “volvieran a sus casas” y varios de los granjeros de la zona pasaron por un momento “difícil” ante la escasez temporal de mano de obra

Ellos son los que más necesitan trabajadores. Y si viene Trump y los lleva… habrá problemas”, señala Tecpile, mientras va fijando una nueva verja para que las vacas no escapen del recinto y un socio de Rosenow, otro granjero estadounidense, le trae agua para combatir el calor, que empieza a ser sofocante.

Roberto Tecpile.

T.G.
Tecpile es también de Veracruz y tiene tres hijos.

El mexicano empezó a cruzar a EE.UU. cuando estaba soltero, jugándose la vida en el desierto durante dos días y dos noches, y siguió haciéndolo de casado, la última vez dejando atrás a una bebé recién nacida y otros dos hijos.

Pienso que solo podemos vivir así. No podemos estar todo el tiempo juntos (…) Cuando tienes familia, tienes más responsabilidad. Allí no hay dinero”, dice de su hogar en Veracruz.

Uno de sus compañeros, Moisés, de 27 años, cuenta que se irá pronto tras varios años trabajando en esta granja, quizá para no volver nunca más. “Yo me voy antes de que llegue el frío (…) Es muy duro”, subraya en una entrevista de pocas palabras, en la que no deja de recolocarse la gorra y mover los brazos, notablemente nervioso.

"Lo que menos me gusta es el frío. Antes de que llegue la nieve, yo me voy"", Source: Moisés, Source description: Empleado mexicano de 27 años y seis en la granja, Image: Moisés

Los inmigrantes suelen ocupar los puestos más agotadores en la industria láctea. Un estudio de 2009 de la Universidad de Madison concluyó que este grupo tendía a ser relegado a tareas rutinarias y mal pagadas, como ordeñadores o “empujadores”, que limpian el estiércol de los establos o llevan las vacas a ser ordeñadas, recogió un especial del diario local The Milwaukee Journal Sentinel.

De media, los trabajadores del sector trabajan 57 horas a la semana y tienen menos de 5 días libres al mes, incidía el periódico.

Tecpile conoce bien las dificultades de este trabajo pero también otros de gran esfuerzo manual: ha pasado de ser panadero u obrero en México, a cortar pinos o hacer cigarros en EE.UU. Lleva décadas siendo parte de un grupo crucial para la primera economía mundial, pero sigue obligado a vivir en los márgenes de la sociedad.

""Algunos piensan que es facilito, pero no. Hay que trabajar. Si no trabajas, no hay dólar" ", Source: Roberto Tecpile, Source description: Trabajador mexicano en la granja , Image: Roberto Tecpile

“Nadie tiene papeles acá, porque los ranchos no nos pueden dar visas (…) El trabajo que nosotros hacemos, pues les conviene a los americanos. Y pienso que muchos no quieren trabajar con hispanos, pero…”, comenta Tecpile, mientras continúa levantando vallas y fijándolas en el terreno arenoso, a golpe de fuerza.

De repente, su teléfono móvil suena y se escucha una voz en una lengua que me resulta ininteligible.

– “Es la esposa. Está hablando náhuatl ”, aclara él.

– “Órale, ¿ahí estás con tu patrón o con quién estás?”, se le oye decir a ella, ahora en español.

– “Aquí estoy con una reportera de España. ¿Puedes saludar?”

La mujer empieza a hablar con voz tímida pero dulce, y comparte alguno de sus temores: “A veces, estoy preocupada por mi esposo y por mi hijo, pero ellos dicen que están trabajando bien”.

Su hijo, un adolescente que aún no ha cumplido la mayoría de edad, tomó el mismo camino que su padre recientemente y cruzó con la ayuda de coyotes, una decisión que mantuvo en vilo a sus progenitores, conscientes de todos los que no salen con vida de ese mismo trayecto.

Hoy está en la clase de inglés de Falk y es uno de los que toma más apuntes, a pesar del desinterés que sentía por la escuela en su lugar de origen.

“Le gusta el trabajo, aunque es duro (…) Pero pienso que se va a desesperar“, dice Tecpile de su hijo adolescente. Él, sin embargo, cree que se quedará hasta que tenga que andar “con garrote”.

Tecpile y Rosenow.

T.G.
“Si estoy bien de salud, pienso que voy a seguir trabajando en Estados Unidos”, dice Tecpile.

Para Roberto Tecpile, “Puentes” es una iniciativa inusual y buena. Para Mercedes Falk y John Rosenow, la única vía posible.

“Cualquiera que tenga la oportunidad de conocer la otra parte de la historia —subraya Falk—, no puede evitar volver a casa con una perspectiva diferente, con empatía“.

Texto de Tamara Gil – @_tamaragil

Enviada especial de BBC Mundo a Wisconsin, EE.UU.

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