México no ha salido del clóset: las voces y demandas de la marcha LGBTTTI en la CDMX
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Foto: Cuartoscuro

México no ha salido del clóset: las voces y demandas de la marcha LGBTTTI en la CDMX

Estas son las historias, exigencias y voces que se escucharon durante la 39 edición de la Marcha del Orgullo LGBTTTI en la Ciudad de México.
Foto: Cuartoscuro
Por Ernesto Aroche Aguilar
25 de junio, 2017
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México no ha salido del clóset”, dice Jaime.

“Tengo más de 30 años saliendo a celebrar en las calles el orgullo de sabernos diversos, y te puedo decir que México aún no ha dejado el clóset. Hay grupos de mujeres que han comenzado a empoderarse, hay grupos gays que han comenzado a empoderarse, y creo que estamos en ese proceso de entendernos diversos, pero seguimos sin dejar el clóset”.

Jaime está a mitad de la plancha del Zócalo, o al menos de esa franja transitable que aún no está en obra con las baldosas levantadas como el resto, y está caracterizado como uno de los componentes del dueto neoyorkino Pet Shop Boys.

Para él, la marcha del orgullo Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Trasvesti, Transexual e Intersexual –las definiciones que están tras las siglas LGBTTTI–, es una fiesta, un carnaval en la que confluye la celebración y lo político.

Y algo tiene de razón en que México no haya dejado el clóset, pues de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México cuatro de cada 10 mexicanos afirman que no estarían dispuestos a permitir que en su casa vivieran personas homosexuales.

La lucha legal de una madre lesbiana

Metros atrás camina Edith Salgado en un contingente de madres lesbianas. Y mientras grita consignas sobre la lucha lésbica empuja la carriola en donde transporta a su hijo de cuatro años, un hijo que no sabe cuánto tiempo más estará a su lado pues desde hace casi tres años pelea jurídicamente para que no le quiten la custodia las autoridades de Nayarit.

“Actualmente enfrento una demanda judicial por ser lesbiana, tuve a mi hijo en una relación heterosexual de mucha violencia. Nos separamos hace tres años, y unos meses después cuando él se enteró de que tenía una relación con otra mujer comenzó a pelear la guardia y custodia, argumentando que mi hijo va a crecer con desviaciones, y va a tener desórdenes mentales, la demanda procedió criminalizándome por mi orientación sexual”.

“Cuando inició el caso la juez a cargo me cuestionó que porqué quería quitarle a mi hijo el único referente de familia normal que tenía mi hijo, dando por sentado que la única familia normal es papá-mama-hijos. La agente del MP y la defensora del menor en Nayarit me han dicho que al ser lesbianas mi pareja y yo podemos violar a mi hijo”.

Crímenes de odio

Mía no está en esta marcha. Fue asesinada al recibir cuatro puñaladas en el corazón. Sin embargo sus familiares vinieron para atestiguar que México todavía está lejos de dejar el clóset.

Participan en la marcha del orgullo para no dejar que su recuerdo se diluya. Para seguir señalando que a dos años de su asesinato aún no hay justicia, para poner el dedo en el renglón de la transfobia de este país que, aseguran, sigue cobrando víctimas y condenando al otro por ser diferente.

Cerca de la familia de Mía, una pareja de mujeres carga una pancarta grande que dice: Yo, mamá, amo a mi hija trans. ¡no la asesines!

David y Lucía, dos veinteañeros que también participaron en la edición 39 de la marcha del orgullo gay, Aunque no lo dicen explícitamente, también ven lejos la salida del clóset como nación.

Para él, quien viene del Estado de México, es la segunda ocasión que está en las calles festejando sentirse libre, hacer pública su orientación sexual; para ella es la primera ocasión que lo hace.

David y Lucía han sufrido agresiones verbales. A él lo han llamado “puto” y a ella “tortillera” en decenas de ocasiones. Los dos marchan por Reforma, juntan sus manos con las de muchos otros que como ellos han vivido el odio por sus preferencias sexuales.

Una fiesta

La marcha del orgullo es una fiesta, un carnaval que se llena de color y de música. En el escenario en el que concluye el recorrido, que inicia en el Ángel de la Independencia y cubre con los colores del arcoíris las vialidades Reforma-Avenida Juárez-5 de mayo, se presentan el ex Menudo Charly Masó, la ex modelo Carmen Campuzano y las cantantes Mariana Seoane y Maite Perroni.

Pero la jornada no sólo es brillantina y lentejuela, la marcha tiene como eje vertebral la exigencia: “respeta mi familia, mi libertad, mi vida”, por eso están ahí las representaciones de 15 embajadas, entre Países Bajos, de grupo de los países del norte de Europa, Francia, Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Y caminan, dice Mikael Stalh, director adjunto de la embajada sueca, porque el bloque de países nórdicos busca promover los derechos para todos y la solidaridad entre personas. “Es una oportunidad para nosotros para demostrar nuestro interés en promover los derechos humanos”, explica.

Una postura muy similar a la que declara Marcos Verschuur de la embajada de los Países Bajos, quién dice que los “derechos LGBTTTI son parte de los derechos universales, y debemos luchar por ellos”.

Y en ese respeto a la vida del otro, la posibilidad del matrimonio igualitario es un derecho que en la Ciudad de México se reconoce desde hace varios años, pero no todos los estados del país lo tienen, en 20 entidades aún se pelea el reconocimiento legal no solo de la posibilidad de la unión legal sino de la familia.

“Exigimos decididamente que el matrimonio se reconozca en todos los estados, con todo lo que implica para los gobiernos”, dicen Facundo y Toño, una pareja que se casó hace seis años en el registro público de la delegación Tláhuac.

Y este día caminan mostrando con orgullo su foto de boda, no por nada la Ciudad de México tiene la etiqueta de gay friendly.

Los contingentes

Y en la marcha tienen cabida muchos: el sector público a través del contingente que encabeza Melisa García, gerente de inclusión en Petróleos Mexicanos (Pemex). Una red por la diversidad que aglutina a 50 trabajadores y trabajadoras de la paraestatal qué marchan por primera vez acompañando a otros contingentes de burócratas del gobierno de la Ciudad de México, uniformados con el mismo color rosa que ha distinguido a la actual administración.

Y en la marcha tienen cabida muchos: el sector público, a través del contingente que encabeza Melisa García, gerente de inclusión en Petróleos Mexicanos (Pemex), una red por la diversidad que aglutina a 50 trabajadores y trabajadoras de la paraestatal, que participan por primera vez en el evento.

Metros más adelante, marcha un contingente de burócratas del gobierno de la Ciudad de México, uniformado con el color rosa que ha distinguido a la actual administración capitalina.

También está presente el sector ‘místico’: codo con codo, un grupo de hombres y mujeres que se asumen brujas, así como las y los pastores de al menos tres congregaciones incluyentes que le han dado vuelta al discurso homofóbico de la iglesia católica.

Hay incluso ecuménicos, dice Liliana Huerta, pastora de Misión Cristiana Incluyente: “he contado nueve iglesias incluyentes junto con la nuestra, todas cristianas”.

Pero también llegaron los que con violencia intentaron afectar la marcha. Cerca de las 3 de la tarde, cuando la vanguardia comenzaba a llegar a la plancha del Zócalo, un grupo de jóvenes integrantes del grupo autodenominado Fuerza Nacional de México comenzaron a jalonear a los participantes. La cosa no pasó de ahí por la intervención de la policía que acordonó el área.

Ciudad friendly

–¿Por qué se manifiestan? –pregunta una menor a su papá en la plancha del zócalo. Están ahí porque quieren igualdad de derechos.

Son una familia de esas cuatro familias de cada 10 hogares mexicanos constituidas por hombre y mujer casados, y con hijos, de acuerdo con Data 4.

La niña mira con atención a las parejas que caminan de las manos, a los cientos de miles de hombres y mujeres que ondean la bandera multicolor y ocupan una plancha del zócalo fraccionada, en un país que no ha logrado dejar el clóset, aunque el corazón de la Ciudad de México sea friendly.

Con información de Karen Quevedo.

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Stealthing: la nueva legislación de California que prohíbe el retiro no consensuado del condón durante el sexo

El gobernador de California, Gavin Newsom, promulgó hace unos días una ley bipartidista que prohíbe la extracción no consensuada del condón, una práctica conocida como "stealthing".
12 de octubre, 2021
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Hace unos 30 años, solo unos meses después de comenzar a trabajar como prostituta, Maxine Doogan quedó embarazada.

La joven había estado con un nuevo cliente en un salón de masajes en Anchorage, Alaska, cuando se dio cuenta de que el hombre se había quitado el condón subrepticiamente durante el acto sexual.

Conmocionada, corrió al baño. Cuando regresó, el cliente se había ido.

Doogan, que entonces tenía veintitantos años, fue a una clínica de salud cercana para una ronda de pruebas de infecciones de transmisión sexual y luego dio un agradecimiento en silencio por cada resultado negativo.

Seis semanas después, sin embargo, tuvo que practicarse un aborto.

Le costó alrededor de US$300 y, después del procedimiento, no pudo trabajar durante un mes.

Lo que hizo el cliente estuvo mal. Pero hasta donde ella sabía, no era ilegal.

“Simplemente no había recursos contra algo así”, dijo.

Ahora, en un estado de EE.UU. sí lo hay.

Nueva ley

El gobernador de California, Gavin Newsom, promulgó hace unos días una ley bipartidista que prohíbe la extracción no consensuada del condón, una acción conocida como “stealthing“.

La nueva legislación agrega la práctica a la definición civil estatal de agresión sexual, lo que convierte a California en el primer estado de EE.UU. en ilegalizarla.

La ley les da a las víctimas un remedio legal claro para el asalto que Doogan, quien ahora vive en San Francisco, sufrió hace décadas.

Y los defensores dicen que marca un cambio radical para otros sobrevivientes que, a diferencia de Doogan, ahora podrían tener su día en la corte.

“Queríamos asegurarnos de que no solo sea inmoral, sino ilegal”, dijo la asambleísta de California Cristina Garcia, quien presentó el proyecto de ley.

Cristina Garcia

Getty Images/BBC
Cristina Garcia llevaba años abogando por la ley.

Garcia ha estado trabajando versiones de esta legislación durante años.

En 2017 y nuevamente en 2018, presentó un proyecto de ley que habría convertido el stealthing en un delito penal y permitido a los fiscales pedir condenas de cárcel para los perpetradores.

Estos proyectos de ley murieron antes de nacer o no consiguieron una audiencia en el Congreso estatal.

Ahora, esta nueva versión, que enmienda solo el código civil, fue aprobada por los legisladores de California sin oposición.

El contenido

Los sobrevivientes pueden demandar a los infractores por daños, pero no se pueden presentar cargos penales.

“Sigo pensando que esto debería estar en el código penal”, le dijo Garcia a la BBC.

Si se rompió el consentimiento, ¿no es esa la definición de violación o agresión sexual?“, planteó.

Los analistas legislativos han dicho que el stealthing podría considerarse un delito menor de agresión sexual, aunque no se menciona explícitamente en el código penal.

Pero la nueva ley de Garcia elimina cualquier ambigüedad en los reclamos civiles que, según los expertos, facilitarán a los sobrevivientes la persecución de sus casos.

Alexandra Brodsky

Getty Images/BBC
Brodsky’s 2017 paper is now widely credited for bringing the term “stealthing” into popular use

“Podemos empezar a hablar de ello de una manera en la que tengamos un lenguaje común”, dijo Garcia.

La legisladora dice que se sintió inspirada para llevar el tema del stealthing a la Cámara después de leer un artículo de investigación de la Facultad de Derecho de Yale de 2017 de la entonces estudiante Alexandra Brodsky, a quien ahora se le atribuye ampliamente haber llevado el término al uso popular.

Brodsky, que ahora trabaja como abogada de derechos civiles y es autora de Sexual Justice, que analiza cómo responder de manera justa a la agresión sexual, detalló una serie de historias en su artículo de sobrevivientes en el contexto de relaciones románticas o sexuales consensuadas.

Sus relatos a menudo comenzaban de la misma manera: “No estoy segura de que esto sea una violación, pero…”.

Las narraciones detallaban el miedo de las víctimas a las infecciones de transmisión sexual y al embarazo, así como sus intensos sentimientos de violación y traición.

Pero las y los sobrevivientes con los que habló Brodsky, muchos de los cuales informaron haber sido violados anteriormente, no describieron el stealthing como equivalente a una agresión sexual.

La gente aún no estaba haciendo esa conexión, dice Brodsky.

“Creo que una gran parte del problema era que mucha gente pensaba que era la única persona a la que le había pasado”, agrega.

Graphic of a condom

Getty Images/BBC

Pero la investigación muestra que el stealthing es “deprimentemente común”, según el análisis del comité judicial del Senado de California al evaluar el proyecto de ley de Garcia.

Demoras

Un artículo de 2019 publicado en la Biblioteca Nacional de Medicina encontró que el 12% de las mujeres de entre 21 y 30 años informaron haber experimentado el stealthing.

Ese mismo año, investigadores de la Universidad de Monash en Australia encontraron que una de cada tres mujeres y uno de cada cinco hombres que tienen sexo con hombres habían sido sometidos a la práctica.

Y otro estudio de 2019 encontró que casi el 10% de los hombres informaron que se quitaron un condón durante las relaciones sexuales sin consentimiento.

En su artículo, Brodsky citó a un conocido bloguero que usó su sitio ahora desaparecido para dar consejos a otros hombres sobre cómo quitarse los condones en secreto sin llamar la atención.

Es el deber de una mujer abrir las piernas, escribieron los comentaristas, y el derecho del hombre a “esparcir su semilla”.

Stock image of condoms

Getty Images/BBC

Pero si bien ha aumentado la conciencia sobre el stealthing, la respuesta legislativa se ha retrasado.

Incluso en países donde esta práctica se ha considerado una agresión sexual, incluidos Reino Unido, Nueva Zelanda y Alemania, rara vez se enjuicia, en parte debido a las dificultades para demostrar la intención.

Esta es la ventaja de las demandas civiles: la carga de la prueba es menor que en los casos penales, y la decisión de presentar una demanda recae en los sobrevivientes, no en los fiscales.

Y tanto Brodsky como García creen que hay un significado inherente en que el estado etiquete oficialmente el stealthing como un acto ilegal.

“Imagínese lo que se sentirá cuando ellos (los y las sobrevivientes) vean que el estado de California piensa que no merecen ser tratados de esta manera“, dice Brodsky

La ley

El proyecto de ley fue apoyado por el Proyecto Legal, Educativo y de Investigación de Proveedores de Servicios Eróticos (Esplerp), una organización de defensa fundada y dirigida por Doogan.

La ley permitirá a las trabajadoras sexuales demandar a los clientes que se quiten los condones, dijo, y con suerte allanará el camino para una mayor protección legal para las trabajadoras sexuales y otros grupos típicamente marginados por el sistema de justicia penal.

“ le puede pasar a cualquiera”, advierte Doogan.

Todavía existe el problema de que los casos de agresión sexual se aborden.

Aquellos que hacen estas afirmaciones a menudo se encuentran con “escrutinio y escepticismo”, según Brodsky.

Y cuando se trata de stealthing, esta respuesta se intensifica porque, “por definición, el daño ocurre después de que han dado su consentimiento para el sexo”.

Pero la medida ha sido celebrada como un primer paso importante, especialmente después de que fracasaran los esfuerzos recientes para aprobar una legislación similar en Nueva York y Wisconsin.

“Estoy orgullosa de que California sea el primero en la nación, pero estoy desafiando a otros legisladores estatales a seguirnos rápidamente”, dijo García.

“Un estado menos, quedan 49”.


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