Más de 5 mil consignados por portar armas de alto poder están libres con el nuevo sistema
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Cuartoscuro

Más de 5 mil consignados por portar armas de alto poder están libres con el nuevo sistema

Los jueces dejan en libertad a los consignados porque la portación de armas de uso exclusivo del Ejército no es un delito grave y porque la PGR no acredita su peligrosidad ni nexo con otros delitos, a pesar de que de manera pública presenta a algunos como homicidas o secuestradores.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
29 de junio, 2017
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La Procuraduría General de la República (PGR) ha consignado a seis mil 905 personas por portación de armas de uso exclusivo del Ejército desde que se puso en marcha a nivel federal el nuevo sistema penal, pero 86% de los consignados, más de cinco mil, están libres porque este delito ya no amerita prisión automática y porque los fiscales no acreditan con investigaciones que se trate de personas peligrosas que merecen permanecer encarceladas.

Entre esos casos se encuentran el de personas que públicamente han sido presentadas por cometer supuestos delitos graves como homicidios o crimen organizado, pero que al llegar ante el juez solo son acusados por la PGR de portar el arma con la que fueron detenidos.

Datos del Poder Judicial Federal a los que tuvo acceso Animal Político indican que de noviembre de 2014 a junio de 2017 (periodo en que ha funcionario a nivel federal el nuevo sistema) la PGR ha consignado a seis mil 905 personas por el delito de portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército, desde pistolas calibre .38 o 9 milímetros hasta rifles automáticos o lanzagranadas.

De ese total, hay 695 personas que quedaron libres debido a que los jueces consideran que no hubo elementos para vincularlos a un proceso.

En tanto la mayoría, 6 mil 210 personas, sí fueron vinculadas a un proceso penal pero de ellos solamente a mil 143 se les dictó como medida cautelar la prisión preventiva.

Es decir, a los otros 5 mil 67 se les procesó pero el juez consideró que no se cumplían los requisitos que marca la ley para que permanecieran en prisión mientras se desarrolla el proceso, por lo que siguen su juicio en libertad.

¿Por qué antes sí y ahora no los encarcelan por portación de armas?   

El viejo sistema penal que operaba en México, previo a la reforma constitucional, consideraba que el simple hecho de portar armas de fuego de grueso calibre o de uso exclusivo del Ejército era un delito grave aunque no se hubiera cometido delito alguno con ellas. Por tanto, ameritaba la prisión preventiva de forma automática.

Pero el nuevo sistema penal acusatorio, que por esencia da mayores garantías y privilegia la presunción de inocencia, ya no contempla el delito de portación de armas de fuego como meritorio de prisión preventiva de oficio.

Los únicos delitos que sí ameritan la prisión en automático son delincuencia organizada, homicidio doloso, violación, secuestro, trata de personas, delitos graves cometidos con armas de fuego  y los que pongan en riesgo la seguridad nacional.

Lo anterior no significa que una persona detenida solo por portación de armas no pueda estar en prisión, pero el artículo 167 del Código Nacional de Procedimientos Penales establece que el Ministerio Público debe acreditar ante el juez al menos una de estas situaciones:

  • Que la prisión sea la única forma de garantizar que el acusado irá a las audiencias, es decir, que no se fugue
  • Que la prisión sea la única forma de garantizar que no se pondrá en riesgo a víctimas o testigos del caso
  • Que se demuestre que el detenido tiene antecedentes por otro delito, ya sea que haya sido sentenciado por el o al menos tenga un proceso pendiente

De acuerdo con los datos proporcionados, el Ministerio Público Federal solo ha acreditado en 14% de las consignaciones por portación de armas alguna de las condiciones mencionadas en el artículo 167, y por lo tanto se dictó la prisión preventiva.

Lo anterior pese a que públicamente se ha dicho que varios de los detenidos eran responsables de situaciones graves.

Animal Político publicó ayer que 85% de las personas que son consignadas ante los jueces federales  son casos de flagrancia, y no resultado de investigaciones o trabajos de inteligencia, por lo que solo son acusados de los delitos que se cometen en el momento.

Acusados en conferencias, pero no en audiencias

El pasado 12 de abril autoridades federales y estatales de Guerrero informaron que la Policía Federal había capturado a Rubén Granados alias “El Nene”. Públicamente y a través de un comunicado se dijo que era un “objetivo prioritario”, pues se trataba del líder de una organización delictiva vinculada a varios secuestros, entre otros delitos graves.

Sin embargo, cuando se formuló la acusación ante el juez asentada en la causa penal 110/2017, la PGR solamente acusó a Granados y a cuatro personas más aseguradas con él de delitos en flagrancia: portación de armas de fuego (cinco armas largas y una corta), posesión de cartuchos y de marihuana.

Ninguno de los delitos mencionados amerita prisión automática, por lo que el juez concedió la libertad bajo fianza a Granados. Si la PGR  hubiera hecho una imputación por secuestro, homicidio o delincuencia organizada (sustentada en una investigación previa) “El Nene” estaría en prisión, pero no ocurrió.

Fue el mismo caso de Orlando Xolapa Sánchez, quien fue presentado en una conferencia de prensa por el comisionado Nacional de Seguridad Renato Sales como integrante de la banda que el 2 de mayo atacó a una familia en Puebla, matando a dos de sus integrantes y agrediendo sexualmente a dos mujeres.

Pero de nuevo,  la PGR acusó ante el juez a Xolapa Sánchez de la portación de un arma de fuego y de traer consigo un paquete de droga, delitos en flagrancia que no son graves ni ameritan prisión de oficio, No hubo imputación por homicidio o violación, ilícitos que si están considerados como de prisión automática.

Otro caso es el de cinco personas detenidas en Ciudad de México por agentes federales, y que se dijo que eran presuntos escoltas de Dámaso López, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa. Ante el juez la PGR no los acusó de delincuencia organizada sino de portar armas, pero ni siquiera se dictó la vinculación a proceso porque el juez estimó que el informe policial de la captura era incoherente y hubo allanamiento sin orden judicial.

Otro caso donde, a criterio del juez, hubo deficiencias en la argumentación de la PGR fue en el de la detención de cinco integrantes del Cártel de Sinaloa, entre ellos Juan José Esparragoza Monzón, alias “El Negro” y Francisco Javier Zazueta Rosales alias “Pancho Chimal”, quienes terminaron escapando de una cárcel estatal.

Públicamente el gobierno federal anunció que Chimal y compañía eran los responsables de una emboscada al Ejército Mexicano ocurrida en septiembre de 2016 y donde fallecieron cinco soldados. Además se le presentó como “jefe de plaza”, miembro importante de la delincuencia organizada y coordinador del trasiego de drogas a Estados Unidos.

Pero en la audiencia la PGR no imputó ese caso a Zazueta Rosales ni al resto de los detenidos. Tampoco presentó alguna investigación. “Pancho Chimal” fue vinculado solo a proceso por delitos en flagrancia, es decir, portación de armas y droga.

Aun con ello el juez concedió la prisión preventiva pero la procuraduría no pudo acreditar con otras pruebas el perfil de peligrosidad de estas personas que ameritaran que tenían que ser trasladados a un penal federal. Fueron remitidos a una cárcel estatal de donde terminaron fugándose.

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Los miniórganos creados por científicos que revolucionan el conocimiento sobre COVID

Desde minipulmones a minivasos sanguíneos. Técnicas desarrolladas hace pocos años permiten evaluar rápidamente posibles tratamientos y entender mejor cómo el coronavirus afecta a diferentes partes del cuerpo.
5 de diciembre, 2020
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Imagina tomar un puñado de células humanas de diferentes tipos y, después de una serie de procedimientos, transformarlas en un órgano en miniatura, que funciona y puede ser observado a simple vista.

Esto ya es posible hoy: los miniórganos (u organoides, nombre preferido entre los científicos) son una herramienta poderosa, que ayuda a comprender cómo el SARS-CoV-2, el coronavirus responsable de la pandemia actual, causa daños en diferentes partes de nuestro cuerpo.

Gracias a esta tecnología, los expertos evaluaron varios tratamientos posibles y entendieron rápidamente que la covid-19 no era solo una enfermedad que afectaba al sistema respiratorio, sino que tenía repercusiones en el corazón, intestino, riñones e incluso en el cerebro.

¿Pero cómo se crea un miniórgano? ¿Y qué ventajas tiene en comparación con otros métodos más antiguos, como los cultivos celulares y las cobayas de laboratorio?

Volver al pasado para proyectar el futuro

La materia prima básica para la construcción de un organoide son las células simples presentes en la piel o el sistema urinario. Tras la selección, los científicos realizan un procedimiento que hace que estas unidades se conviertan en células madre.

Es como si esas células retrocedieran en el tiempo. A través de una transformación genética se vuelven células madre nuevamente”, señaló la neurocientífica Marília Zaluar Guimarães, del Instituto D’Or de Investigación y Educación, en Río de Janeiro (IDor).

La descripción de este proceso biológico y la tecnología capaz de hacerlo factible le valieron al británico John Gurdon y al japonés Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2012.

Placa de petri circular con pequeñas esferas dentro que representan los minicerebros

Getty Images
Esta ilustración muestra el tamaño de minicerebros en una placa de Petri y cómo pueden ser apreciados a simple vista.

Pero esa es apenas una parte de la historia. Después de que las células “retroceden en el tiempo”, es preciso realizar otro paso. “Hacemos que estas células madre se diferencien y se especialicen nuevamente”, agregó Guimarães, quien también es profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) en Brasil.

En otras palabras, es posible tomar una célula de la piel y, siguiendo unos pocos pasos, lograr una metamorfosis para que se convierta en una neurona o en un glóbulo rojo.

La gran ventaja es que los organoides no son solo un montón de células que pueden ser analizadas con la ayuda de un microscopio. Hablamos aquí de formaciones más complejas, que agrupan a más de un tipo de célula y, a menudo, son visibles a simple vista. Realmente se trata de un órgano en escala reducida.

“Los minicerebros, por ejemplo, son esféricos, pero no tienen la misma forma que el órgano real. Lo que nos permite saber que esa estructura se asemeja al original son sus características celulares y bioquímicas”, explicó el biólogo Daniel Martins de Souza, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) en Brasil.

Los orígenes

En una perspectiva histórica, la posibilidad de construir miniórganos es muy reciente. Los científicos solo han podido avanzar significativamente en este tema en los últimos 10 años.

Pero en este período breve los organoides ya hicieron grandes contribuciones a la ciencia. Uno de los mayores ejemplos de esto ocurrió durante la epidemia de Zika, que preocupó al mundo en 2015 y 2016.

Bebé en Brasil que padece microcefalia con una médica

Getty Images
Investigaciones con las nuevas técnicas permitieron demostrar que el Zika afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito que causa microcefalia en bebés.

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el virus causa síntomas relativamente simples, como fiebre baja, dolor y enrojecimiento de los ojos.

Pero la explosión de casos de microcefalia (cuando el bebé nace con un cráneo y un cerebro más pequeños de lo habitual) en la región noreste del país fue una señal de alerta: ¿podría una infección de zika durante el embarazo estar relacionada con esta complicación grave?

La sospecha se confirmó gracias a la investigación con organoides. En el laboratorio, un equipo liderado por el neurocientífico Stevens Rehen, de UFRJ e IDor, utilizó minicerebros para demostrar que el Zika en realidad afecta las células del sistema nervioso e inhibe su crecimiento, provocando el síndrome congénito asociado con la infección, que causa microcefalia y otros problemas de salud en los bebés.

“Esta fue la primera vez que se utilizó el modelo de los organoides para comprender una enfermedad viral”, recordó Guimarães.

Las ventajas

En las últimas décadas, los cultivos celulares y las cobayas han sido los principales medios para realizar estudios preliminares con candidatos a fármacos o vacunas.

La idea es comprender cómo actúan estas nuevas moléculas a una escala menor y más controlada antes de pasar a los ensayos clínicos con seres humanos.

Estas metodologías también permiten comprender cómo una determinada enfermedad afecta al organismo, aunque sea en forma simplificada.

Ilustración que muestra coronavirus y el cuerpo de un hombre

Getty Images
Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible.

Pero las alternativas más antiguas tienen una serie de limitaciones, comenzando por su propia simplicidad, que no reproduce las mismas características de la vida real.

“Los organoides, en cambio, están compuestos por diferentes células y tienen una estructura tridimensional. Por eso, tienen funciones más similares a lo que sucede en la realidad“, afirmó el experto en farmacéutica Kazuo Takayama, profesor de la Universidad de Kioto en Japón.

En el caso de las cobayas también existe una limitación en la cantidad de animales disponibles para su uso en experimentos. “Es posible cultivar miniórganos en el laboratorio casi infinitamente, por lo que pueden usarse para probar nuevos medicamentos a gran escala”, agregó Takayama.

Conocimiento optimizado

Durante una pandemia como la que estamos viviendo, este enfoque moderno también permitió acelerar algunos procesos y obtener información esencial rápidamente.

Sin los organoides, el conocimiento sobre la covid-19 tardaría mucho más en estar disponible. Esto, a su vez, obstaculizaría el avance de la ciencia y retrasaría aún más la llegada de métodos seguros y eficaces de diagnóstico, prevención y tratamiento.

Ilustración de un vaso sanguíneo, células de la sangre y un coronavirus

Getty Images
Las investigaciones con miniórganos permitieron entender qué células invade el coronavirus. Actualmente se sabe que el patógeno puede afectar los vasos sanguíneos.

Veamos ejemplos prácticos de cómo sucedió esto en los últimos meses. Ante la emergencia sanitaria mundial, muchos expertos quisieron evaluar si ya existían medicamentos disponibles en el mercado que pudieran combatir el virus o mitigar sus daños.

Muchas de estas terapias se probaron en organoides. Aquellos tratamientos que no funcionaron de inmediato fueron descartados. Y los medicamentos que mostraron algún efecto positivo inicial evolucionaron más rápidamente hacia las siguientes fases de investigación. Imagina cuánto tiempo se ahorró con esta evaluación inicial.

Pero las aplicaciones fueron más allá del área farmacéutica. Investigadores en Japón y Estados Unidos se centraron en los minipulmones y descubrieron que el SARS-CoV-2 invade y destruye células del sistema respiratorio. Esto, a su vez, puede generar una respuesta inflamatoria muy fuerte y dañina para la salud de la persona afectada por la infección.

“En general, los organoides nos permitieron comprender qué células humanas invade el coronavirus y utiliza para replicarse. Nuestro grupo demostró que esto sucede en el intestino, lo que explica los síntomas gastrointestinales que se observan en muchos pacientes”, señaron los investigadores Joep Beumer y Maarten Geurts, del Instituto Hubrecht, en Holanda.

Otro experimento realizado en la Universidad de la Columbia Británica en Canadá y en el Instituto de Biotecnología Molecular en Viena, Austria, construyó vasos sanguíneos en miniatura. De esa forma se pudo observar que el virus de la covid-19 invade el endotelio (la capa interna de las venas y arterias).

Esto tiene dos implicaciones principales. El primero es la formación de coágulos que bloquean el paso de la sangre y pueden desencadenar un ataque cardíaco, un derrame cerebral o una trombosis. En segundo lugar, existe la sospecha de que a través de la circulación sanguínea el patógeno puede “filtrarse” a diferentes áreas del cuerpo y afectar otros órganos importantes.

Las iniciativas no terminan ahí. Se sigue trabajando con organoides para evaluar posibles huellas del coronavirus en el hígado, los riñones, el corazón y el cerebro.

Foto tomada con un microscopio que muestra neuroesferas y coronavirus

Carolina Pedrosa – IDor
Neuroesferas infectadas por SARS-CoV-2. Los puntos azules son los núcleos de las células. La zona verde es el coronavirus.

Los límites

A pesar de tener tantas ventajas, los organoides no son perfectos y no permiten encontrar todas las respuestas.

“Esta es un área que está dando sus primeros pasos y enfrenta importantes desafíos. Muchas de estas estructuras están hechas con células aún inmaduras, lo que significa que no son 100% comparables a los órganos de un adulto“, afirmó Núria Montserrat Pulido, profesora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña, España.

La bioquímica Shuibing Chen, de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, destacó la gran variabilidad entre los modelos de miniórganos utilizados por los grupos de investigación.

“Necesitamos estandarizar este material para comprender las aplicaciones de nuestros esfuerzos en el mundo real”, advirtió.

La inversión financiera es otra barrera a considerar en este contexto. “Los materiales que utilizamos son caros y estamos trabajando para crear sistemas rentables”, añadió Chen.

Souza destacó un impedimento más: los miniórganos son (aún) estructuras aisladas, que no interactúan con otros sistemas del cuerpo humano. Por ello no es posible comprender cómo los efectos del coronavirus en los riñones, por ejemplo, repercuten en el corazón o en el intestino.

“Tal vez en el futuro tendremos diferentes organoides conectados, para que interactúen en el laboratorio”, agregó Souza.

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.


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https://www.youtube.com/watch?v=3KQvURTJmgA

Si los organoides ya han aportado tanto conocimiento en sus primeros pasos, imagina lo que podrán hacer cuando sean perfeccionados.

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