Las impactantes imágenes que muestran el sufrimiento cotidiano de viajar en el metro de Tokio
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MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY

Las impactantes imágenes que muestran el sufrimiento cotidiano de viajar en el metro de Tokio

Las personas en las fotos parecen haber sido forzadas a adoptar poses raras. Pero no. Sus posturas muestran su contorsión cotidiana en el metro de Tokio.
MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Por BBC Mundo
28 de junio, 2017
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Muchas de las personas en las fotos de la serie “Compression in Tokyo” (“Compresión en Tokio), del fotógrafo alemán Michael Wolf, parecen haber sido forzadas a adoptar poses raras.

Pero no. Sus posturas muestran simplemente su contorsión cotidiana en el metro de Tokio, Japón.

La incomodidad de los viajes diarios adquiere una calidad poética en las fotos de Wolf, que fueron tomadas en la estación Shimo-Kitazawa, la cual dejó de funcionar en 2013.

Aplastados contra las ventanas del tren u otros compañeros de viaje, muchos de los pasajeros van con los ojos cerrados, como si eligieran replegarse en sí mismos o entrar en un tipo de trance.

pasajera en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption Sorprendentemente, muchos de los viajeros parecen tranquilos y no angustiados, como si se hubieran replegado en sí mismos (Tokyo Compression #17, 2010).

“No puedes cambiar la situación, así que la única manera de hacerlo es compartimentar, ponerla en alguna parte de tu cerebro donde no te afecte”, dice Wolf.

“Lo sufres en la mañana, lo sufres en el camino de vuelta, y es como es: no te obsesionas pensando en eso”.

La edición final de la serie “Compresión en Tokio”, de Wolf acaba de ser publicada en el libro “The Final Cut” (“El corte final”, porque la estación de tren Shimo-Kitazawa ya no existe), con el que cierra un proyecto que se originó hace más de 20 años.

“La revista Stern me envió a Tokio en 1995, después de unos ataques con gas sarín”, cuenta Wolf.

Pasajero en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption “Cuando las personas meditan, juntan el índice y el pulgar en la posición ‘om’, y eso aparece en bastantes fotos”, dice el fotógrafo Michael Wolf. “Sus ojos están cerrados, sus dedos están de cierta manera; supongo que se están retrayendo. Tienes que retraerte si vas a pasar una hora así” (Tokyo Compression #9, 2010).
Pasajero en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption Después de que ganó el World Press Photo, Wolf visitó a un editor en Tokio con un portafolio de sus imágenes. “Las miró unos 30 segundos y dijo: ‘¿Y qué? Yo he estado haciendo esto todos los días durante 40 años, es normal'”, le contó el fotógrafo a la BBC (Tokyo Compression #75, 2011).

“En un momento llegué a esta estación de metro donde tomé todas las fotografías. Estuve allí 10 minutos y tomé cinco o seis imágenes de gente apoyada en las ventanas, que parecía desamparada, y ni siquiera era hora punta”.

Wolf decidió guardar las imágenes para decidir qué hacer con ellas en el futuro.

“En 2010, 15 años más tarde, tuve un poco de tiempo y encontré estas cinco diapositivas, y pensé: ‘¿Por qué no vuelvo a esa estación y veo si puedo hacer algo con eso?'”.

El fotógrafo regresó a Shimo-Kitazawa cada año entre 2010 y 2013. “Fui allí cuatro años seguidos, durante cuatro semanas cada año, y cada vez volvía con imágenes más intensas“, recuerda.

pasajero en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption “Hay una discusión que he tenido muchas veces: ¿cómo creo que se siente la gente de ser fotografiada? Obviamente, no puedo obtener permiso, hay un cristal que nos separa, así que o lo hago (los fotografío) o no”, explica Wolf (Tokyo Compression #1, 2010).

“Iba todas las mañanas desde las 7.45 hasta las 8.50, que es la hora punta, y cada 80 segundos entra un tren. Tenía 30 segundos para tomar fotos antes de que el tren se moviera de nuevo”.

El proyecto transmite una sensación de claustrofobia. “Una de las cosas que siempre me gustó hacer fue que el espectador sintiera que no puede escapar de la imagen”, le dijo Wolf a la BBC en 2014.

Esa intensidad le ha valido premios. En 2010, Wolf ganó un premio World Press Photo en la categoría Vida Cotidiana, por una de las imágenes, y la serie “Compresión en Tokio” fue preseleccionada para el Premio Pictet 2017.

pasajera en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption Wolf quiere transmitir a los espectadores la sensación de que no pueden escapar de la imagen (Tokyo Compression #66, 2010).
pasajera en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption Las fotos de Wolf se vuelven virales constantemente. “Un blog las recoge, (escriben algo como) “La pesadilla del transporte en Tokio” y otras 20 páginas las difunden. Pasa un mes y mueren, y luego de un año se descubren de nuevo”, cuenta Wolf (Tokyo Compression #55, 2010).

Además, sus imágenes han sido ampliamente compartidas. “‘Compresión en Tokio’ se vuelve viral cada año”, afirma Wolf.

“Si ves las fotos, inmediatamente sabes de qué se tratan, y sientes empatía por las personas que están sufriendo esto, te conectas inmediatamente con ellas, no importa quién seas”, añade.

Pasajeros en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption Un ensayo en el último libro de Wolf explora ese sentimiento de proximidad extrema: “En ninguna parte nos acercamos, involuntariamente, tanto a nuestro vecino más que en el metro”, escribe el autor alemán Christian Schüle (la foto es una de las que Wolf tomó en 1995).
pasajera en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption Los retratos contrastan completamente con las imágenes que Wolf toma de los rascacielos de Hong Kong, donde el fotógrafo vive desde 1994. Sin embargo, ambos proyectos transmiten una sensación de claustrofobia (Tokyo Compression #84, 2011).

Los retratos de Wolf no parecen burlarse de los pasajeros, sino que más bien irradian intimidad.

La condensación de agua en las ventanas del metro -producto de la respiración y sudor de los pasajeros- es un recuerdo visible de la “compresión”.

“Alguien debe recogerla y destilarla, y hacer un perfume: Big City Scent (Esencia de la Gran Ciudad)”, se ríe Wolf. “Damien Hirst lo haría, y lo vendría por un millón de dólares: el sudor concentrado de un millón de viajeros, en un pequeño frasco”.

pasajero en el metro de TokioDerechos de autor de la imagen MICHAEL WOLF/CORTESÍA FLOWERS GALLERY
Image caption El agua condensada en las ventanas del metro agregan un lado oscuro a la “compresión” de Tokio. “Tengo fotos de manos que han borrado la condensación y que parecen escribir un mensaje en la ventana, en caligrafía japonesa: ‘Ayúdame, estoy atrapado, llama a la policía'”, cuenta Wolf (Tokyo Compression #162, 2009).

Esta es una adaptación de una historia original de BBC Culture.

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Cuartoscuro

Lozoya no pisa el reclusorio ni para firmar su libertad; se agota plazo para definir su caso

El requisito de acudir ante la autoridad para firmar cada 15 días lo ha cumplido a distancia o de formas alternas a la mayoría de los procesados. FGR aún no logra consolidar procesos con su denuncia.
Cuartoscuro
5 de enero, 2021
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Desde que fue extraditado a México tras haberse dado a la fuga, Emilio Lozoya Austin no ha pisado la cárcel en ningún momento. Pese a seguir legalmente procesado por los casos Odebrecht y Agronitrogenados y a que se le ha imputado su probable responsabilidad en cuatro delitos, no ha tenido que acudir a un reclusorio ni siquiera para firmar cada 15 días su libertad condicional.

Lo anterior gracias a las facilidades que autoridades federales y judiciales le han dado al exdirector de Pemex combinado con las medidas especiales que se han tomado por la pandemia sanitaria. Como resultado, Lozoya ha gozado de plena libertad de movimiento en el Valle de México, mientras que su firma la ha presentado a distancia o con modalidades alternas a la de la mayoría de los procesados.

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Mientras tanto, el plazo original de seis meses que un juez dictó para definir su situación legal está a tres semanas de agotarse, sin que la Fiscalía General de la República (FGR) logre aún construir un proceso penal u obtener una orden de aprehensión en contra de alguno de los exfuncionarios de mayor jerarquía que Lozoya denunció para intentar ser perdonado.

Autoridades federales con pleno conocimiento del caso confirmaron a Animal Político que Lozoya ha recibido un trato de testigo colaborador desde agosto (permitiéndole presentar denuncias y rendir declaraciones), aunque la confirmación de si se le otorga o no un criterio de oportunidad, que de por concluidos los procesos en su contra, aún no ocurre y el plazo sigue corriendo.

Desde septiembre de 2020, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) anunció que preparaba una nueva denuncia penal en contra de Lozoya por una amplia red de lavado de dinero de Odebrecht que involucra a más de 50 empresas irregulares y fantasma en México. Pero hasta ahora dicha denuncia no se ha presentado.

En contra de Lozoya se giraron inicialmente dos órdenes de aprehensión por dos cargos de lavado de dinero, uno de asociación delictuosa y otro de cohecho. El exfuncionario nunca se entregó por lo que tuvo que ser perseguido internacionalmente hasta que, en febrero de 2020, la Interpol lo detuvo en España.

Meses después de ser capturado, Lozoya ofreció a las autoridades no combatir legalmente su extradición y aceptar ser trasladado en calidad de detenido en México, a cambio de entregar información para denunciar una gran red de corrupción en la que estaban implicados incluso expresidentes.

Pero esto no eximía al exfuncionario de ser presentado ante un juez del Reclusorio Norte al menos para una audiencia inicial, sin embargo, debido a problemas de salud que se le diagnosticaron al bajar del avión se decidió enviarlo al Hospital Ángeles del Pedregal en lugar de a ese centro penitenciario.

Desde la cama de su habitación en dicho hospital, Lozoya compareció por videoconferencia ante el juez el 28 y 29 de julio, para ser vinculado a proceso por ambos casos… y salir libre.

Las firmas virtuales

En las audiencias realizadas en el hospital, a cuya grabación íntegra tuvo acceso Animal Político gracias a una solicitud de transparencia, los fiscales de FGR expusieron ante el juez que Lozoya se había dado a la fuga. Argumentaron que tenía recursos económicos, propiedades en el extranjero y familiares que podrían ayudar a volver a escapar y esconderse, por lo que era necesario restringir sus movimientos.

Sin embargo, y para sorpresa del propio juez, la Fiscalía no pidió como medida cautelar que fuera encarcelado de manera preventiva, sino solo que se le colocara un brazalete electrónico y que se le recogiera su pasaporte. 

“Me parece que la motivación iba encaminada a una solicitud de prisión preventiva justificada”, dijo extrañado el juez Artemio Zúñiga Mendoza.

El juzgador añadió que no estaba en sus manos aplicar una medida cautelar más severa que la que la FGR pidió, pero sí le impuso a Lozoya un requisito extra: que cada 15 días se presentara a firmar una constancia en la que acredite que está localizable en Ciudad de México.

El firmar cada 15 días es una de las medidas cautelares más comunes para delitos no graves. Hasta principios de 2020 implicaba que el procesado se presentara ante el juzgado ubicado en algún reclusorio para firmar una hoja de control. Con Lozoya nada de eso ha ocurrido.

De inicio, al exdirector de Pemex se le autorizó que sus primeras firmas las presentara virtualmente y a distancia debido a una política adoptada para evitar aglomeraciones en las unidades de medidas cautelares.

Luego, debido a la publicación de un decreto que trasladó a las unidades de medidas cautelares a la Guardia Nacional, se estableció que la firma de todos los procesados sujetos a esta medida en el Valle de México se haría en un único lugar: el Museo de la Policía Federal ubicado en la calle Belem de las Flores, a unos pasos de Constituyentes.

No obstante, ninguna de las personas que rutinariamente acuden a firmar a dicho sitio –incluidos exfuncionarios vinculados a proceso de hechos de corrupción– refieren haber visto a Lozoya presentarse en ese sitio. Animal Político acudió el martes 17 de noviembre a dicha instalación para presenciar la jornada completa de firmas (el lunes 16 fue festivo) sin que se apreciara al exfuncionario entre la fila de los firmantes.

También se solicitó formalmente a la defensa de Lozoya conocer como estaba firmando su cliente. Pero desde diciembre no se ha proporcionado respuesta.

También se solicitó al Consejo de la Judicatura Federal un posicionamiento sobre este hecho. La respuesta es que el juez tenía constancia de que el exdirector de Pemex ha cumplido con su firma cada quince días como corresponde, aunque no quiso detallar a través de qué modalidad se está realizando

Sobre este tema, el abogado experto en temas penales Gabriel Regino explicó que existen disposiciones legales como la Ley Federal para la Protección de Personas que Intervienen en el Proceso Penal que habilitan la adopción de mecanismos alternos para ciertas personas que podrían estar en riesgo.

El perfil de Lozoya, añadió Regino, es el de un potencial testigo colaborador que está denunciando hechos graves de corrupción, lo que haría plausible –de ser el caso– que se le habilitaran mecanismos alternos para firmar, sin que ello represente una violación al proceso o algo ilegal.

Lo que viene: ¿perdón? y nueva denuncia

El 30 de julio de 2020 comenzó a correr el plazo de seis meses que los jueces federales del caso Odebrecht y Agronitrogenados dieron a la FGR para que culmine su investigación, y defina si acusa formalmente o no a Lozoya. Ese mismo plazo, que vence el 30 de enero, es el mismo con el que cuenta la defensa para obtener el criterio de oportunidad y que la Fiscalía se desista de su acusación.

Lo anterior significa, explica Regino, que en caso de que no se conceda de manera sustentada el criterio de oportunidad, la obligación de la Fiscalía es presentar la acusación por escrito y pedir al juez que convoque a la audiencia intermedia antes de que concluya el referido plazo.

No obstante, el penalista dijo que existe la opción de que el plazo referido se alargue hasta por un máximo de otros seis meses, ya sea por una petición fundada de la defensa o por situaciones extraordinarias como las restricciones que se han venido implementando por la pandemia sanitaria.

De forma paralela la UIF continúa integrando una denuncia que presentará ante la FGR por lo que considera es una amplia red de lavado de dinero con la participación de medio centenar de empresas fachada, que habrían permitido a Lozoya y otros funcionarios ocultar el dinero de sobornos provenientes de empresas como Odebrecht.

El anuncio de esta denuncia se hizo desde septiembre de 2020 aunque hasta ahora no se ha formalizado. Autoridades federales atribuyen dicha situación a que se trata de un caso complejo, en el que constantemente se han detectado nuevas conexiones, por lo que se está preparando un expediente robusto.

Mientras tanto, Lozoya –a través de sus abogados– ha continuado con una estrategia de presentación de amparos para impedir el aseguramiento de propiedades que, según la Fiscalía, fueron adquiridas con diversos sobornos.

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