Con competencia simulada, exsecretario de Salud de Sinaloa dio a su socio contratos millonarios
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Foto: Archivo Noroeste

Con competencia simulada, exsecretario de Salud de Sinaloa dio a su socio contratos millonarios

Ernesto Echeverría Aispuro firmó 25 contratos de obra pública a favor de una red de empresas de su socio Javier Salido, quien lo impulsó al cargo de Secretario de Salud en Sinaloa.
Foto: Archivo Noroeste
Por Gabriela Soto/Heriberto Giusti (Periódico Noroeste)
4 de julio, 2017
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Los fondos federales presupuestados para invertir en infraestructura y servicios de salud en Sinaloa, quedaron en los bolsillos del socio del exsecretario de Salud estatal, Ernesto Echeverría Aispuro, a través de competencias simuladas en las contrataciones.

El exsecretario de salud regresó a Luis Javier Salido Artola, empresario de los ramos de la construcción y bienes raíces, salud, educación, medios de comunicación y publicidad, el favor que le hizo en 2011: llevarlo al poder como un cargo en el Gabinete, que integró el ex Gobernador Mario López Valdez.

Leer también: Exsecretario de Salud dio contratos por 87.2 mdp a su propia red empresarial

El médico asignó 25 contratos de obra pública soportados con los recursos de los Servicios de Salud de Sinaloa a una red de empresas que poseen su socio Luis Javier y la familia Salido Artola.

Las diferentes contrataciones sumaron 46 millones 225 mil 807 pesos a favor de cinco sociedades mercantiles: Santa Justa; Prefabricados Santa Justa; Advanti; Construcciones y Arquitectura Kasta y Constructora Mansanart.

Las tres últimas, más Grupo Sanart del Pacífico, son empresas fachada relacionadas entre sí, cuyos domicilios fiscales no figuran en las contrataciones ni en algún sitio web. Solamente se consignan las direcciones de los representantes legales.

Estas sociedades mercantiles simularon competir entre ellas en ocho concursos de obra pública, 6 por invitación a tres personas y 2 licitaciones públicas, que convocaron los Servicios de Salud.

Y se quedaron con los ocho contratos que sumaron 29 millones 258 mil 762 pesos.

Noroeste accedió a los contratos por medio de solicitudes de información a través de la Plataforma Nacional de Transparencia.

Se obtuvieron además las escrituras públicas 22146, 14129, 25990, 12183, 5334 y 5855, relacionadas con las empresas mencionadas, en consultas en el Registro Público de la Propiedad y el Archivo General de Notarías.

También se obtuvieron los fallos de los concursos en el sitio oficial de la Función Pública, Compranet.

Se intentó localizar a Echeverría Aispuro por medio de distintos números telefónicos, pero no se tuvo éxito. También se insistió con una solicitud de entrevista al actual Secretario de Salud, Alfredo Román Mesina, pero rechazó todas las peticiones.

La simulación

Para participar en los concursos de contratación de obra de los Servicios de Salud, Salido Artola simuló que sus empresas competían con las de otros empresarios para obtener los contratos.

En seis de ocho concursos que Noroeste documentó, Luis Javier Salido eligió dos o tres empresas suyas o vinculadas con él, para que compitieran en los procesos de contratación, de principio a fin: desde la convocatoria, las juntas de aclaraciones, la entrega de propuesta económica, así como en la apertura y el fallo, como pudo acreditarse en el sitio oficial de Compranet.

La operación

Cada una de las empresas presentó una propuesta económica distinta, con el propósito de ganar el contrato. Y luego, la Subdirección de Obras, entonces a cargo de Jesús Ricardo Solórzano Barrón, eligió la que presentó el precio más bajo: en todos los casos era una empresa relacionada con Salido Artola.

Días después, Echeverría Aispuro firmó los contratos con los representantes legales de las empresas vinculadas con Salido Artola, quien fue su socio en los negocios del rubro de salud, como Mi Salud y Herramientas Médicas, a la que otorgó dos contratos sin licitar y una ampliación de contrato por 41 millones de pesos en la última parte de su gestión como Secretario de Salud y director de Servicios de Salud de Sinaloa.

En los otros dos procesos de contratación restantes, Javier Salido compitió con dos empresas suyas o ligadas a él, mientras que el resto de los concursantes lo hicieron solo con una. Al final se quedó con los dos contratos.

Los ocho contratos se repartieron así: uno fue entregado a Santa Justa; cuatro a Prefabricados Santa Justa; uno a Constructora y Arquitectura Kasta; uno a Advanti y otro más a Constructora Mansanart.

De las cinco empresas constructoras que compitieron entre sí, el porcentaje de accionistas y representantes legales que comparten es elevado.

Son 11 personas que fungen como socios, pero cinco repiten en dos o más sociedades mercantiles de la red, lo que representa el 46 por ciento del total.

Además, de las 25 personas que son representantes legales, 12 de ellas aparecen en dos o más empresas. Lo que equivale al 48 por ciento del total.

Empresas fachada

En este esquema de competencia simulada, el dueño de El Debate utilizó empresas fachada para obtener contratos de obra pública.

Reactivó una empresa constructora que poseía: Advanti, que fue creada en 1997. Otra más ligada a él también recobró operaciones: Construcciones y Arquitectura Kasta fundada en 2009.

Luego de colocar a Echeverría Aispuro como su cuota en el Gabinete, Javier Salido Artola, junto con su padre Ildefonso, su madre María del Pilar Artola Sada y su hermana María Pilar Salido Artola, fundaron Prefabricados Santa Justa el 6 de abril de 2011, secuela de Santa Justa creada en 2004, la constructora de esta red más conocida en Sinaloa.

Pero estas constructoras no fueron suficientes. En la recta final del Gobierno de Mario López Valdez se fundaron dos más que buscaron conseguir contratos del sistema de salud.

El 26 de enero de 2015 se instituyó la Constructora Mansanart y, más tarde, el 22 de abril de 2016, se registró Grupo Sanart del Pacífico.

El socio y representante legal de estas dos sociedades mercantiles es su primo Manuel Sánchez Artola, quien es hijo de su tía Guadalupe Artola Sada y de Benito Sánchez Ruido, quien también aparece como socio.

Tiempo antes, el 5 de agosto de 2014, el primo del dueño de El Debate, de 27 años, asumió la representación de Construcciones y Arquitectura Kasta.

Aparte Mansanart recibió ocho contratos por adjudicación directa, mientras que Kasta obtuvo dos más.

En total sumaron 3 millones 647 mil 530 pesos, con IVA incluido.

Los domicilios de estas empresas son desconocidos, pues no aparecen en las actas constitutivas obtenidas en el Registro Público de la Propiedad, ni en los contratos concedidos por los Servicios de Salud de Sinaloa.

En los contratos, Sánchez Artola solo reporta un domicilio particular en la Colonia Chapultepec.

Dora Elia Rivas Chávez, quien aparece como representante legal de Advanti, pero tambien lo es de Santa Justa; Prefabricados Santa Justa y Constructora Mansanart, tiene como domicilio fiscal Álvaro Obregón 55 oriente, en el Centro de Los Mochis, en donde se ubican las oficinas de El Debate, empresa de la que actualmente también es representante legal.

Rivas Chávez aparece como representante legal de siete empresas de la familia Salido Artola: Constructora Mansanart, Advanti, Santa Justa, Prefabricados Santa Justa, Sistema Mi Salud, Herramientas Médicas e Intermediaria Médica.

En las empresas de salud que posee la familia Salido Artola, Herramientas Médicas e Intermediaria Médica, Echeverría Aispuro y Rivas Chávez fueron representantes legales en 2008.

Y en 2015 y 2016 firmaron contratos juntos.

En tanto, Ramón Armando Zepeda López, representante legal de Construcciones y Arquitectura Kasta, ofreció el domicilio particular de la calle Código Agrario 469 poniente, en la Colonia Jiquilpan, en Los Mochis, en donde se localiza una casa habitación, pero a quien sus vecinos no conocen.

 

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WhatsApp, Signal y Telegram: en qué se diferencian y cuál ofrece más privacidad

A simple vista pueden parecer muy similares, pero tienen algunas diferencias importantes. Las aplicaciones recopilan diferentes cantidades de datos de sus usuarios y tienen distintos métodos para proteger los mensajes.
14 de enero, 2021
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Mientras Signal y Telegram registran cifras récord de usuarios nuevos, WhatsApp se encuentra en el centro de la crítica por el cambio de sus términos de uso y privacidad.

La aplicación de mensajería anunció la semana pasada que compartirá diferentes datos de sus usuarios con su empresa matriz Facebook, y que esta podrá hacer lo propio con sus plataformas Instagram y Messenger.

En medio de los cuestionamientos, WhatsApp sostiene que sus nuevas condiciones, que deberán ser aceptadas por los que la usan hasta el 8 de febrero, fueron malinterpretadas.

“Queremos aclarar que la actualización de la política no afecta de ninguna manera la privacidad de los mensajes que los usuarios comparten con sus amigos y familiares”, señaló la plataforma en un comunicado emitido el lunes.

Añade que algunos de los cuestionamientos realizados son “rumores”.

Pese a esos argumentos, el largo debate respecto a qué servicio de mensajería instantánea es más seguro, se reavivó desde el cambio en WhatsApp.

Y aunque pueden parecer similares a simple vista, las tres aplicaciones tienen algunas diferencias importantes que analizamos acá.

Los datos recopilados

Lo primero que hay que saber es que, entre las tres plataformas de mensajería de las que más se habla en los últimos días, existen niveles distintos de datos que son recopilados.

Y es un asunto central porque esa es la información que WhatsApp puede compartir con Facebook y las otras aplicaciones que esa compañía posee.

WhatsApp y Facebook

Getty Images
La controversia comenzó cuando WhatsApp anunció que compartiría sus datos con Facebook.

“WhatsApp posee muchos metadatos, que es la información que se obtiene de cualquier mensaje que enviamos, como la marca del teléfono, la hora del mensaje, tu ubicación y otros. Con ello puede saber mucho de sus usuarios”, explica Cristian León, responsable del programa de innovación de la organización civil Asuntos del Sur, con sede en Argentina.

El experto en derechos digitales le indica a BBC Mundo que esta aplicación de mensajería, que es la más popular en el mundo, tiene un código de programación cerrado y por ello tiene poca transparencia sobre lo que recopila.

En la página web de WhatsApp están detallados los datos que obtiene y la información que una persona le brinda al aceptar sus términos de uso. Además del nombre, número de teléfono y contactos, están detalles del uso de la plataforma (tiempo o rendimiento, por ejemplo), transacciones desde la aplicación, marca y modelo del dispositivo o tipo de conexión, entre otros.

Telegram y Signal, explican León, recopilan mucho menos datos.

La primera requiere de sus usuarios el número de teléfono, el nombre y la lista de contactos.

Por su parte Signal se limita a pedir el número de teléfono y añadir el nombre es opcional.

Las dos tienen códigos de programación abiertos, por lo que es posible escudriñar cuáles datos son obtenidos y qué se hace con ellos.

La gran preocupación: los mensajes

Desde que comenzó la expansión de las aplicaciones de mensajería móvil en todo el mundo, la gran pregunta fue y es por la seguridad de los mensajes que son intercambiados.

Candado

Getty Images
El cifrado de extremo a extremo es una especie de candado por el que solo el emisor y receptor del mensaje pueden acceder a él.

Las plataformas fueron evolucionando al respecto y desde hace unos años que Signal y WhatsApp establecieron el cifrado de extremo a extremo como función predeterminada para todas las conversaciones de sus usuarios.

Se trata de una especie de candado que solo el emisor y el receptor del mensaje pueden abrir.

En teoría, ni siquiera las aplicaciones en las que se realizó el intercambio pueden acceder a los contenidos de las charlas.

Ni WhatsApp ni Facebook pueden leer tus mensajes ni escuchar las llamadas que haces con tus amigos, familiares o compañeros en WhatsApp. Todo lo que compartan quedará entre ustedes”, aseguró la plataforma en su comunicado del lunes.

Telegram parece tener una desventaja en este aspecto dado que el cifrado de extremo a extremo solo se activa cuando se usa el modo “chat secreto”, pero las conversaciones regulares no cuentan con esa función.

Las tres ofrecen también una modalidad cada vez más utilizada conocida como “mensajes temporales” en la que texto, fotografías, ubicaciones o documentos compartidos en una conversación se autodestruyen después de un cierto tiempo.

La diferencia es que en WhatsApp los mensajes desaparecen en los siguientes siete días, mientras que en Signal y Telegram se puede configurar el tiempo para que no quede rastro de las interacciones a los pocos segundos.

Otra diferencia es que la aplicación que es propiedad de Facebook no posee la opción de bloqueo de capturas de pantalla para las conversaciones, mientras que sus competidoras sí la incluyen.

Los usos

Si bien es lógico que la mayoría se limita a usar estas aplicaciones para mantener contacto con sus conocidos, diferentes polémicas se han producido en los últimos años.

Por ejemplo, se descubrió que Telegram era utilizado como medio de difusión de propaganda de Estado Islámico.

Telegram con propaganda

Getty Images
Se descubrió que Telegram es usado por grupos de derecha en diferentes partes del mundo para difundir su propaganda.

El grupo extremista captaba reclutas desde allí y aprovechaba los chats grupales encriptados para mantener comunicaciones y difundir videos de sus acciones.

Y desde el año pasado se conoce que es una de las plataformas que los grupos de derecha estadounidenses utilizan para divulgar sus mensajes, aunque la mayoría de ellas usan otras aplicaciones que permiten interacciones anónimas para convocar a sus actividades o divulgar teorías de conspiración.

WhatsApp también tuvo problemas y en 2019 decidió eliminar cientos de miles de cuentas sospechosas de usar su servicio para difundir pornografía infantil.

La compañía mantiene una política de tolerancia cero a la explotación sexual de menores.

La aplicación, según diferentes análisis, fue señalada de ser, junto a Facebook, uno de los mayores canales de difusión de noticias falsas en tiempos electorales en países como Bolivia, Colombia o Estados Unidos.

Signal, que tiene menos usuarios que las dos anteriores, por ahora no fue señalada de ser usado como un canal para captar reclutas o difundir información mentirosa.

Sin embargo, sí se vio en medio de algunas controversias políticas como cuando se denunció que era la aplicación que el expresidente del gobierno regional de Cataluña, Carles Puigdemont, usaba para comunicarse con uno de sus aliados durante su intento de declarar la independencia de esa región.


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