Ezequiel, el recluso que entrenó siete años para correr el Medio Maratón de la CDMX
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Fotos: Victoria Coutts

Ezequiel, el recluso que entrenó siete años para correr el Medio Maratón de la CDMX

Ezequiel Gracida corrió esta mañana los 21 kilómetros de la carrera, a solo 12 días de haber salido de la cárcel. Adentro corría para olvidarse del encierro, ahora lo hace para sentirse libre.
Fotos: Victoria Coutts
Por Victoria Coutts
30 de julio, 2017
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“¿Estaré soñando? Pellízcame, porque parece que estoy soñando”, dice Ezequiel Gracida, de 34 años de edad, cuando por fin tiene en sus manos la bolsa amarilla con un lugar para correr el domingo 30 de julio el Medio Maratón de la CDMX. Dentro de la bolsa hay una playera, folletos, el número 13122 con el que competirá, una bebida energética, consejos para hidratarse, entre otros. Su meta es alta: quiere quedar entre las 10 primeras posiciones.

Después de casi 16 años en la cárcel, la noche del martes 18 de julio, Gracida salió del Reclusorio Varonil Oriente. Mientras esperaba sentado en una banqueta que lo fueran a buscar, justo afuera del lugar donde pasó gran parte de su vida, se encontró con una mujer. Para su fortuna, se trataba de Paola Zavala, la Directora del Instituto de Reinserción Social de la CDMX.

Lo bueno es que salí a tiempole dice Gracida a Zavala, mientras platican afuera del reclusorio.

¿A tiempo de qué?le pregunta ella.

De correr el Medio Maratón de la Ciudad de Méxicole respondió él.

Sin embargo, los puestos para el Medio Maratón del domingo se habían acabado hace meses, pero a él no le importaba, correría igual sin un número, aunque obtuviera uno de los primeros lugares y nadie se enterara, él solo quería correr esa carrera.

Después de conocer su historia, Zavala, le dijo a Gracida que fuera al Instituto, porque intentarán ayudarlo a conseguir un número para correr.

Medio Maratón de la CDMX

Ezequiel conoció a Luis del Rey, el hombre que quiso entregarle su puesto para que pudiera correr hoy.

El verdadero 13122

El viernes 28 de julio, a solo dos días de la carrera, en la Sala de Armas de la Magdalena Mixhuca conoció a Luis del Rey, el hombre que quiso entregarle su puesto para que pudiera correr hoy. No paró de agradecerle, conversaron, analizaron el recorrido de la carrera y se sacaron fotos para recordar ese momento.

Durante siete años, Gracida entrenó de lunes a sábado, porque los domingos eran para descansar. Dice que trataba de ir rompiendo sus propios récords y que tenía un plan de entrenamiento definido que le había dejado uno de sus compañeros.

Ezequiel, el recluso que entrenó siete años para correr el Medio Maratón de la CDMX

Ezequiel conoció a Luis del Rey, el hombre que quiso entregarle su puesto para que pudiera correr hoy.

“Cuando corría se me olvidaba que estaba encerrado”, asegura. Llegaba a entrenar casi tres horas diarias, con otros cuatro compañeros, en la cancha de tierra del reclusorio que tenía cerca de 250 metros. No importaba el clima, con lluvia, calor o frío, los entrenamientos se hacían igual.

“Siete años preparándome para esto y ahora sí que voy a dar con todo, voy a correr de todo corazón”, dice Gracida con una sonrisa que no puede disimular.

El gran día

A las cinco de la mañana sonó el despertador de Gracida, el día que tanto esperaba había llegado. Dos horas después, sobre la calle Reforma, estaba él, con una sudadera, shorts negros y las mismas zapatillas Nike que usaba dentro de la cárcel, listo para la comenzar la carrera.

“Estoy muy contento, muy agradecido. Voy a demostrar de qué estoy hecho”, dijo antes de comenzar.

Ezequiel, el recluso que entrenó siete años para correr el Medio Maratón de la CDMX

Ezequiel Gracida corrió este 30 de julio el Medio Maratón de la CDMX.

Ezequiel terminó la carrera luego de correr por 1 hora, 29 minutos y 56 segundos. Llegó a la meta sonriente y con los pulgares hacia arriba, satisfecho por haber logrado su objetivo. Dice que la subida que había en el recorrido se le hizo pesada, porque siempre había entrenado en una superficie plana y de tierra.

El Medio Maratón de la CDMX fue un impulso para todo lo que se le viene. Ya recibió el apoyo del equipo de Entrena México, que quiere prepararlo para que siga haciendo lo que le apasiona , y mantendrá el contacto con el Instituto de Reinserción Social, para poder formar su propio negocio.

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Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
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Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


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