Las áreas de conservación de la Ciudad de México son invadidas por asentamientos irregulares
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Foto: Mayela Sánchez, GPJ Mexico

Las áreas de conservación de la Ciudad de México son invadidas por asentamientos irregulares

El crecimiento de la Ciudad de México ha dejado a varios fuera de la posibilidad de adquirir una vivienda, más de la mitad de su suelo son áreas de conservación; pero ya hay más de 800 asentamientos ilegales en estas zonas.
Foto: Mayela Sánchez, GPJ Mexico
Por Mayela Sánchez/ Global Press Journal
1 de agosto, 2017
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Hace 14 años, el área de Tempiluli en la delegación Tláhuac, al sur de la ciudad, no estaba habitada ni invadida de asentamientos irregulares.

“No había nada, era puro polvo. Haz de cuenta que pisabas talco, aquí había puro talco”, dice Flor Bibriesca Esquivel, de 52 años. “Había puras milpas”.

La familia de Bibriesca Esquivel se mudó aquí de todas maneras y otros los siguieron.

Poco a poco, el área se transformó en un pueblo polvoriento de calles sin pavimentar y chozas hechas de láminas metálicas y tablas de madera, o bloques de hormigón.

La casa de Bibriesca Esquivel está hecha de láminas de asbesto y tablas de madera. El piso está hecho de bloques de concreto, que ella y su esposo encontraron en un basurero.

Bibriesca Esquivel no puede comprar mejores materiales. Incluso si pudiera, probablemente no los usaría. Sabe que puede ser desalojada en cualquier momento. Ya le ha pasado tres veces, dice.

“Nomás llegaron de repente en la noche a tirar. Entraron los camiones, los granaderos. Nomás entraron a tirar. Tiraron todas las casas, todo”, dice. “Nosotros volvimos a levantar”.

El barrio de Bibriesca Esquivel está en una zona de conservación ecológica. Es ilegal construir viviendas aquí.

Leer también: El INAH olvida conservar las zonas arqueológicas del país: Auditoría 

Ciudad de México: cada vez más grande y con menos viviendas

La expansión de la Ciudad de México es legendaria y se ha alimentado de tasas impresionantes de inmigración del campo a la ciudad, de precios de vivienda por las nubes y de normas de zonificación inofensivas.

La ciudad y sus alrededores forman una de las áreas urbanas más pobladas del mundo. Se estima que allí viven 21 millones de personas, un 17.6 por ciento de la población nacional de 119 millones. En 1950, la ciudad tenía 3.1 millones de habitantes.

Más de la mitad (el 59 por ciento) de las 148.178 hectáreas de la ciudad están designadas como suelo de conservación. Hay más de 800 asentamientos ilegales en esas áreas de conservación, los cuales ocupan una superficie de 2,819 hectáreas. El suelo de conservación es designado como tal para proteger la flora y la fauna, o para rellenar el acuífero que provee entre el 60 y el 70% del agua consumida en la ciudad.

La mayoría de los asentamientos ilegales se ubican hacia el sur del de la ciudad. Buena parte de la tierra aquí (se estima que el 71%) es de propiedad comunitaria. Cerca de un cuarto de la tierra (el 23%) es de propiedad privada, según datos del GCDMX. Tan solo el 6% es propiedad del gobierno. En particular, los propietarios independientes, la mayoría de ellos agricultores o descendientes de agricultores que viven de lo que cultivan, han encontrado dificultades para evitar que se invada el área.

En Laderas de Sayula, un asentamiento ilegal en la delegación de La Magdalena Contreras

En Laderas de Sayula, un asentamiento ilegal en la delegación de La Magdalena Contreras

El problema se ha vuelto tan severo que una comisión legislativa fue creada en marzo para evaluar los asentamientos. La Comisión de Evaluación de Asentamientos Humanos Irregulares definirá guías para la conservación del suelo y el manejo de los asentamientos ilegales, dice Miguel Ángel Cancino, el titular de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial de la ciudad. Estas guías han sido manejadas hasta ahora por cada una de las 16 delegaciones en Ciudad de México, lo que ha resultado en prácticas muy diversas.

La comisión también recomendará cambios legislativos para regular estos asentamientos.

Los legisladores de Ciudad de México necesitan crear nuevas leyes que reconozcan tanto la importancia de las áreas de conservación como el hecho de que los asentamientos ilegales no van a desaparecer, dice Cancino. Pero regular estos asentamientos es impopular políticamente, explica, mientras que reubicarlos a otras áreas sería costoso.

La reubicación es crítica, en particular para aquellos asentamientos en zonas de alto riesgo, como áreas en las que hay barrancos o pendientes, dice, pero las autoridades locales deben aprobar el dinero que se necesita para hacerlo.

“Es un tema muy complicado”, reitera Cancino. “Yo creo que primero necesitas una política pública de atención completa, que implica revisión de los propios instrumentos de regulación del uso de suelo. Y dos: voluntad política y recursos, por supuesto”.

Las zonas de conservación fueron establecidas en la década de 1980, cuando la ciudad comenzó a crecer y sus autoridades vieron la necesidad de proteger áreas naturales, dice Irma Escamilla Herrera, una investigadora del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que se especializa en desarrollo urbano.

Pero lo que esas autoridades urbanas no tuvieron en cuenta fue el hecho de que más gente necesitaría un lugar para vivir. Sin áreas legales disponibles donde se pudiera construir, la gente comenzó a irse hacia zonas de conservación, dice Escamilla Herrera.

En algunos casos, los habitantes son engañados y compran tierra sobre la que no saben que no se puede construir.

La falta de vivienda segura y económica es un asunto de derechos básicos, dice Enrique Cano Bustamante, el director social de TECHO, una organización internacional que trabaja con habitantes de asentamientos ilegales para ayudarles a mejorar sus condiciones de vida. TECHO trabaja en 18 asentamientos ilegales en y alrededor de Ciudad de México.

Las personas que viven en estas zonas de conservación no están buscando causar daños ambientales, dice.

“La gente está ahí por necesidad, porque están siendo violentados sus derechos más fundamentales”, dice.

El costo promedio de una casa en Ciudad de México aumentó en un 95% entre 2005 y 2015, de 1 millón 913 mil 984 pesos a 3 millones 722 mil 708 pesos, según estadísticas publicadas por la Sociedad Hipotecaria Federal, una institución de desarrollo bancario mexicana que se enfoca en crédito de vivienda.

En Ciudad de México hay aproximadamente 179 mil casas con hacinamiento o que fueron construidas con materiales baratos o deteriorados como láminas de metal, asbesto, madera, tejas o baldosas.

El crecimiento de la ciudad debió haber sido controlado desde hace mucho, dice Escamilla Herrera.

“Si se hubiera actuado no tendríamos este grave crecimiento que ahora vemos, entendiendo (que) implica una problemática social complicada, porque no tengo dónde estas personas vivan”, dice.

Algunas de las personas que construyeron sus casas en zonas de conservación no sabían en ese entonces que lo que estaban haciendo era ilegal.

Como muchos otros habitantes de las zonas de conservación, Bibriesca Esquivel se apresuró a firmar lo que pensó que era un gran trato en una tierra sobre la que se podía construir. Dice que pagó 135 mil pesos por un lote de 120 metros cuadrados. La persona que se lo vendió no dijo nada sobre las restricciones de construcción, dice Bibriesca Esquivel.

Tras su primer desalojo, buscó al hombre al que le había pagado la tierra. Lo encontró y él le aseguró que le devolvería el dinero, pero después desapareció. Ahí fue cuando decidió quedarse en el lote y defenderse.

“Yo la verdad que no tenía a dónde ir, (entonces) yo sí luché por mi terreno”, dice.

Pablo Medina Uribe, GPJ, adaptó esta historia de su versión en inglés.

Esta historia fue publicada originalmente en Global Press Journal

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Los inesperados 'efectos colaterales' positivos de la vacuna contra COVID

Los estudios experimentales ya han comprobado la eficacia de las vacunas. Pero la experiencia práctica muestra que los beneficios de la vacunación van mucho más allá de lo esperado.
Getty Images
18 de marzo, 2021
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¿Las vacunas contra el covid-19 protegen contra la infección o previenen los casos graves de la enfermedad?

Esta pregunta ha suscitado numerosos debates entre la comunidad científica en las últimas semanas.

Por lo que se sabe hasta ahora, las vacunas ya aprobadas en varios países tienen una buena efectividad en la prevención de cuadros de covid-19 con síntomas (recuerde bien la palabra síntomas).

Pero eso no quiere decir que sus beneficios se limiten a esto: la experiencia en el mundo real, en las campañas de inmunización más avanzadas en algunos países, indica que las dosis que se utilizan actualmente traen otros beneficios en la lucha contra la pandemia.

Los datos de Israel, donde la vacunación está más avanzada, sugieren resultados mejores que los esperados, como una caída dramática en los casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19.

También hay evidencia de que las vacunas ayudan a combatir los síntomas leves que, aunque tenues, igual mandaban a los pacientes al hospital.

Misma estrategia, varios desenlaces

Para entender cómo los científicos llegaron a estas conclusiones, es necesario remontarse al 9 de abril de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un documento que definiría las reglas del juego.

En las directrices, la entidad estableció los requisitos mínimos para que se apruebe una vacuna contra el “nuevo” coronavirus.

Entre una serie de criterios técnicos y especificaciones, una regla se destacó como la más importante: la vacuna contra la covid-19 debía tener una tasa mínima de efectividad del 50% frente a una de estas tres circunstancias: la infección en sí, la enfermedad sintomática o las formas graves de la enfermedad.

Tales requisitos no son novedad: existen vacunas que se usan contra otras enfermedades infecciosas que son excelentes para evitar que el virus invada el cuerpo de un individuo y comience a replicarse en su interior.

Este es el caso, por ejemplo, de las dosis contra el sarampión y la fiebre amarilla. Quien los toma está bien protegido de los virus que causan estas enfermedades.

Un niño recibiendo una vacuna

Getty Images
La vacuna contra el sarampión evita la infección de esta enfermedad.

Otros productos no son capaces de detener la infección en sí, pero evitan que evolucione y afecte demasiado al organismo, lo que requeriría hospitalización y atención médica especializada.

La vacuna contra la gripe encaja perfectamente en esta categoría: quien recibe la inyección a principios de otoño corre un riesgo considerable de contraer el virus durante los próximos meses. Pero, si ocurre, los síntomas de la enfermedad serán mucho más leves y no requerirán estadías prolongadas en salas y unidades de cuidados intensivos.

Esto es bueno para el individuo, que no siente que su salud se vea afectada, y para el sistema de salud en su conjunto, que no colapsa con la llegada de varios pacientes al mismo tiempo, especialmente en invierno, cuando la circulación de los virus que afectan al sistema respiratorio crece mucho.

¿Qué hicieron con la covid-19?

La pandemia, por supuesto, trajo algunos desafíos adicionales a la carrera científica: la humanidad necesitaba una solución rápida. No era factible esperar años para el desarrollo de una vacuna.

Para acelerar el proceso, todas las farmacéuticas y centros de investigación diseñaron las pruebas clínicas de sus candidatas a vacunas para ver si serían efectivas contra la enfermedad con síntomas, el segundo resultado establecido por la OMS.

Línea de producción de una vacuna.

Getty Images
Probada a gran escala en Brasil, la tasa de eficacia de CoronaVac fue de 50%. Pero en la vida real, sus efectos podrían tener mayor alcance.

En la coyuntura actual, no sería factible medir si las vacunas previenen la infección (el primer resultado), por dos razones principales.

Primero, porque una parte considerable de los infectados por el coronavirus no presenta ningún síntoma. Y, en segundo lugar, tal estrategia requeriría un aparato y una inversión financiera absolutamente gigantescos.

“Cada estudio involucró a decenas de miles de voluntarios y, para saber si cada uno de estos participantes no contrajo el virus, sería necesario realizar pruebas diagnósticas a todos ellos durante varias semanas seguidas. ¿Te imaginas el costo de eso?”, pregunta la microbióloga Natalia Pasternak, presidenta del Instituto Questão de Ciencia, de Brasil.

La otra opción sería evaluar el poder de las vacunas frente a las condiciones más graves, que requieren hospitalización y suponen mayor riesgo de muerte.

La dificultad estaría en el tiempo de observación necesario: en EE.UU. se estima que, de cada 200 personas infectadas por el coronavirus, una muere.

Los investigadores tardarían varios meses en lograr un número mínimo de muertes suficiente para realizar los cálculos estadísticos que determinan la tasa de efectividad y, como vimos anteriormente, el plazo para crear una solución nunca ha sido tan ajustado.

En vista de las limitaciones, todos los competidores terminaron siguiendo el camino intermedio: las pruebas clínicas de la fase 3 se diseñaron para establecer cuánto protegen las candidatas a vacunas contra el covid-19 sintomático, como se explicó en los párrafos anteriores.

Así es como muchas candidatas a vacunas avanzaron en los ensayos clínicos, fueron aprobadas o están siendo analizadas actualmente por agencias reguladoras.

Punto de inflexión

Pero aquí aparece una controversia importante en esta historia: ¿cómo se define un síntoma de covid-19?

Cada farmacéutica y cada centro de investigación estableció sus propios criterios para enmarcar lo que sería una sospecha de infección por coronavirus.

“En las pruebas de CoronaVac, Sinovac y el Instituto Butantan, por ejemplo, se instruyó a los voluntarios para que informaran de cualquier malestar que sintieran, por leve que fuera”, describe Pasternak.

Posteriormente, estos participantes se sometieron a la prueba molecular (hisopado nasofaríngeo) para saber si tenían la enfermedad o no.

Una mujer recibe la vacuna en Francia.

Reuters
La vacunación busca la protección comunitaria, por lo que el éxito del proceso no debe evaluarse a partir de resultados individuales.

“Moderna, en cambio, estableció que, para realizar tal examen, el individuo debía tener al menos dos síntomas o un signo muy claro de covid-19, como falta de aire”, agrega la especialista.

Esta diferencia, por supuesto, tuvo un impacto en los resultados de los análisis preliminares. No es exagerado especular que un número considerable de participantes que recibieron la vacuna de Moderna desarrollaron condiciones leves y moderadas de la enfermedad. Sin embargo, como no fueron sometidos a los métodos de diagnóstico, no supieron que tenían la infección.

Esta es una de las razones por las que los científicos no centran tanto su análisis en las tasas de eficacia: en el mundo real, puede ser que el 50,4% de CoronaVac se vuelva un poco más alto, mientras que el 94% de Moderna termine ligeramente reducido, y no hay problema con eso.

“Debemos entender que la vacuna no es como un medicamento con el que tratamos a una persona. La vacuna es algo que protege a la comunidad. No se puede analizar desde un punto de vista individual, sino de cómo se protege a toda una población”, explica la epidemióloga Denise Garrett, vicepresidenta del Instituto Sabin, una organización internacional sin fines de lucro que promueve la inmunización en todo el mundo.

Observaciones paralelas

Para demostrar su seguridad y eficacia, cada nueva vacuna se somete a un verdadero rito científico, que implica una serie de pasos.

“Todo comienza con experimentos en cultivos de células animales, donde vemos si las moléculas tienen potencial para funcionar en humanos”, explica el doctor Jorge Kalil, profesor de inmunología clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo.

Vacuna de moderna

Reuters
Todas las vacunas autorizadas fueron sometidas a rigurosas pruebas.

Si los resultados son buenos, el producto se prueba en humanos, en tres fases.

“Comenzamos con un número limitado de voluntarios en la fase uno y, a medida que avanza el conocimiento, evolucionamos a decenas de miles de participantes en la fase tres”, resume Kalil, quien también es director del Laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (InCor), en Sao Paulo.

Las vacunas contra la covid-19 han atravesado (y siguen atravesando) esta maratón.

La tasa de eficacia sobre la covid-19 sintomática se establece precisamente en esta etapa de tres ensayos clínicos.

Pero eso no es lo único que miden los científicos: aprovechan toda la estructura para hacer estudios y mediciones “paralelas”, que se conocen como resultados secundarios.

No son el objetivo principal de ese trabajo, pero son conocimientos que también ayudan a comprender el poder de ese candidato para la inmunización.

“Además de saber que CoronaVac tenía una tasa de eficacia general del 50% contra la enfermedad sintomática, la investigación mostró una protección del 78% contra los síntomas leves que también necesitaban asistencia médica. Este fue un resultado secundario observado”, ejemplifica Kalil.

Por lo tanto, aunque se han diseñado estudios clínicos para evaluar la capacidad de las vacunas para prevenir el covid-19 sintomático, muchas de las pruebas ya indicaron que los beneficios podrían ser más prometedores.

Y esa evidencia ahora se está confirmando, con los primeros resultados de la vida real de las campañas de inmunización contra el coronavirus.

El ejemplo de Israel

Con aproximadamente 8,8 millones de habitantes, Israel fue el primer país del mundo en iniciar y expandir rápidamente una campaña de vacunación contra la covid-19.

“El país se ha convertido en un caso de estudio perfecto, ya que está utilizando la misma vacuna en toda la población y aplicando las dosis a un ritmo muy rápido”, señala Pasternak.

Puntos ce vacunación en Israel.

Getty Images
Israel tiene la campaña de inmunización contra la covid-19 más avanzada del mundo.

Los datos publicados la semana pasada por el Ministerio de Salud de Israel y las farmacéuticas responsables de la vacuna revelan resultados que superan las expectativas, como la caída dramática de casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19.

“Los últimos análisis revelan que los individuos no vacunados tienen 44 veces más riesgo de desarrollar una infección sintomática y 28 veces más probabilidades de morir por la enfermedad”, dijeron las entidades, en un comunicado difundido a la prensa.

Nota: las pruebas de fase tres de inmunización de Pfizer y BioNTech se crearon para observar y medir la eficacia contra la covid-19 sintomática. Pero, en la experiencia de la vida real, todo indica que las dosis también son capaces de prevenir la infección (el primer elemento mencionado por la OMS) y las condiciones muy graves (el tercer elemento).

Además de Pfizer/BioNTech, las vacunas de Moderna y AstraZeneca/Oxford ya muestran efectos similares en lugares donde se aplican a gran escala.

“Esto significa que las vacunas pueden tener un impacto en la transmisión viral y, cuantas más personas estén protegidas, más difícil será para el virus encontrar a alguien vulnerable”, argumenta Garrett.

Pie en el acelerador

Hay un ingrediente adicional que exige campañas de inmunización aún más rápidas: el descubrimiento de nuevas variantes del coronavirus.

https://www.youtube.com/watch?v=lGUuIKrNxbE

Ya se sabe que estas versiones del agente infeccioso se propagan con mayor facilidad y que incluso pueden afectar a personas que ya tuvieron la enfermedad en los meses anteriores.

Otro temor es que estas mutaciones en el código genético viral hagan que las vacunas sean menos efectivas o que incluso las dejen completamente desactualizadas.

Precisamente por eso hay que acelerar la vacunación. “Las variantes son preocupantes. Las vacunas que tenemos en este momento dan cuenta de los tipos de coronavirus que se han descrito hasta ahora. Por lo tanto, no podemos dejar margen y tiempo para que aparezcan otras versiones y se escapen de la solución que tenemos”, advierte Pasternak.

La microbióloga apunta que, además de poner un pie en el acelerador de la vacunación, es necesario invertir más en secuenciación genética y vigilancia genómica para identificar estas nuevas amenazas desde su origen, antes de que se extiendan a otros rincones.


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