Cómo un científico ocultó un laboratorio y un telescopio gigante en un monumento de Londres
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Cómo un científico ocultó un laboratorio y un telescopio gigante en un monumento de Londres

El monumento en a ciudad británica de Londres, de 61 metros de alto y decorado con dragones, fue un "laboratorio de altura".
BBC Mundo
Por Zaria Gorvett / BBC Mundo
27 de agosto, 2017
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“Ya voy a abrir la escotilla”, dice Richard Smith, encorvado en la taquilla de “The Monument” (El Monumento), uno de tantos sitios históricos que constituyen atracciones turísticas de la capital británica.

Pero esta columna de piedra de 61 metros de alto, decorada con dragones y coronada por una urna resplandeciente con forma de fuego que recuerda el Gran Incendio de Londres de 1666, esconde secretos insospechados para turistas y locales por igual.

Smith examina el suelo de tablas de roble como si escondiera una cámara secreta, como si estuviéramos en una película de Indiana Jones.

Encima de él, hay un escritorio lleno de diplomas que dicen “Este documento certifica que ________ ha subido los 311 escalones del Monumento”.

Pero en realidad son 345.

En el interior, una impresionante escalera de caracol se extiende hasta la parte superior y se retuerce como la cáscara de una naranja cortada en una cinta única y continua.

Durante años, una placa agrietada pegada a la base explicó que había sido diseñada por Sir Christopher Wren, quien diseñó grandes edificaciones británicas, como la catedral de San Pablo.

Este dato tampoco es enteramente veraz.

Tiene mucho sentido pensar que uno de los monumentos más apreciados de la capital británica haya sido realizado por el arquitecto más famoso de Reino Unido.

Una ilustración del Bethlem Royal HospitalALAMY
El Bethlem Royal Hospital estaba plagado de problemas de diseño. Pero al menos se veía bien.

De hecho, Wren estuvo ampliamente involucrado en la reconstrucción de Londres después del Gran Incendio.

Pero en realidad, el Monumento fue diseñado por su amigo íntimo: un científico.

El verdadero arquitecto

Su nombre fue Robert Hooke, un hombre de muchas pasiones que aplicó su mente inquisitiva a temas tan diversos como la química y las creencias populares sobre los sapos.

En su época, era tan famoso que fue llamado el “Leonardo de Inglaterra” y “el más grande inventor del mundo“.

Hoy en día su nombre ha sido en gran medida olvidado, pero algunas de sus contribuciones han perdurado.

Fue él quien acuñó la palabra “célula” para describir la unidad básica de la vida.

Ideó también la ley de elasticidad de Hooke -útil, pero poco interesante- y otros mecanismos que todavía se utilizan en relojes y cámaras.

La escalera de caracol en The MonumentALAMY
La escalera de caracol en el Monument tiene uno segundo uso secreto.

Tras el incendio, Hooke probó también el campo de la arquitectura y diseñó hospitales, edificios civiles e iglesias por toda la ciudad.

No tuvo mucha fama en este ámbito. En parte, porque la mayoría de sus obras fueron firmadas al final por Wren y erróneamente atribuidas a él y, en parte, porque algunos proyectos fueron realmente malos.

Uno de ellos bue el hospital siquiátrico Bethlem Royal.

En tiempos en que estaba de moda donar dinero para obras de caridad, el hospital fue diseñado más para los visitantes que los pacientes. El foco en la estética era tan extremo, que se convirtió en blanco de la bromas populares, que lo tildaron de “palacio para lunáticos”.

Entre otros, contaba con una fachada tan adornada que agrietó el edificio con su peso. Y el jardín estaba rodeado por unas columnas increíblemente bajas. Es posible que los pacientes se hallan escapado, pero al menos no oscurecieron el esplendor del edificio…

Al día de hoy, se lo tiene por sinónimo de caos.

Fue en esta época cuando diseñó el Monumento.

Inicialmente, se suponía que era sería un homenaje a las víctimas del incendio, pero “en realidad lo que Hooke quería era construir un telescopio muy grande“, asegura Maria Zack, una matemática de la Universidad Nazarena de California.

Al final, decidió que su proyecto combinaría las dos ideas.

La construcción

Tras el incendio, el inventor decidió que la estructura del Monumento debería ser de piedra, para protegerlo de cualquier incendio futuro.

Una estatua de Robert HookeSCIENCE PHOTO LIBRARY
No existe ningún retrato de Robert Hooke. Se cree que fueron quemados por su rival, Isaac Newton.

Para eso, pidió 798 metros cúbico de la piedra más fina de Portland, con un peso equivalente a unas 14 ballenas azules.

La construcción tomó seis años y Hooke se enfrentó a más de un obstáculo.

El rey emitió una proclama que prohibía transportar rocas desde la isla de Portland y, poco después, a alguien se le ocurrió que la cúpula del Monumento debería tener una estatua del monarca.

La idea del telescopio pareció entonces irse al suelo…

Por suerte, el rey rechazó la idea de colocar una estatua suya allí. No por humildad, sino por temor a que pudiera ser interpretado en el futuro como que él fue el responsable del incendio.

Hooke se salió con la suya y el Monumento fue terminado en 1677.

Visita al Monumento

Mi guía para la visita es un londinense con un acento peculiar y un entusiasmo contagioso por esta enigmática columna.

Levanta finalmente la escotilla -que se puede identificar malamente por un par de bisagras de hierro forjado- y desaparece bajo tierra.

La escotilla lleva a más escaleras.

Una imagen en sepia de uno de los puentes de LondresGETTY IMAGES
En el siglo XVII, la calle detrás del Monument era la más concurrida de Londres.

Finalmente nos encontramos en una habitación con techo abovedado.

Las antiguas paredes de ladrillo están desnudas y se caen a pedazos. Huele a húmedo.

Esta es una parte donde los visitantes tienen prohibido el paso.

La sala está vacía. Solo hay un enrutador inalámbrico y algunos sensores.

“Cuando construyeron el edificio de al lado hace un par de años, tuvieron que asegurarse de no golpear accidentalmente esta estructura que era hace unos siglos un laboratorio de física de vanguardia“, afirma Smith.

Luego me lleva al centro de la habitación y mira hacia arriba: a través de una reja de metal, hay una visión clara de todo el interior del Monumento, desde la escalera de caracol, hasta el punto más alto del edificio.

Justo en la parte superior, se aprecia la urna dorada que, cuando se abre, permite ver el cielo nocturno.

Hooke dispuso dos lentes gigantescas en cada extremo del “tubo” del monumento y así quedó listo uno de los telescopios más grandes vistos hasta entonces en Londres.

Fue desde aquí que el inventor diseñó un novedoso experimento para comprobar que la Tierra giraba alrededor del Sol siguiendo el movimiento de los astros.

Pero el Monumento estaba en la calle de Fish Street Hill, que era la principal ruta en esa época hacia el puente de Londres, uno de los caminos más transitados de la capital británica.

Muy pronto, las vibraciones del tráfico arruinaron todolas lentes se corrían y el telescopio dejó de ser funcional.

Pero Hooke no se dio por vencido.

Otras “novedosas” invenciones

En aquella época no había muchos edificios altos. Tan era así, que Hooke se vio forzado a trepar los campanarios de la Abadía de Westminster o la Catedral de San Pablo para llevar a cabo ciertos experimentos.

Un dibujo del barómetro de rueda de HookeSCIENCE PHOTO LIBRARY
El barómetro de rueda de Hooke se basaba en el principio según el cual una presión decreciente causa la expansión de líquidos como el mercurio.

Ahora tenía en el Monumento su propio “laboratorio de altura”, particularmente para estudiar los efectos en la presión atmosférica.

Había planeado el Monumento con mucho cuidado: cada escalón tenía exactamente seis pulgadas de alto para poder seguir detalladamente los cambios con el uso de un barómetro.

Entre la parte superior y la inferior de las escaleras, notó que el nivel de mercurio disminuyó en un tercio de pulgada.

Confirmó así que la presión del aire disminuye con la altitud.

Fue, finalmente, el primer y único experimento exitoso realizado en el Monumento.

¿Quién va a ser el aguafiestas que recuerde que ya eso se había comprobado tres décadas antes, con un experimento tan fácil como subir una montaña?

Lee la historia original en inglés en BBC Future

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Cuartoscuro

“Queríamos pedir asilo pero no nos dejaron hablar”: Así operan los vuelos de EU para expulsar centroamericanos por Chiapas

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“Nosotros cruzamos y luego nos entregamos con nuestros niños. Ellos nos agarraron y no nos preguntaron absolutamente nada. Queríamos pedir asilo pero no nos dejaron hablar”. Dary Honelia de León es guatemalteca, ronda los 30 años y carga con un bebé en sus brazos. Son las 20:00 horas, nos encontramos entre las fronteras de Talismán (Chiapas, México) y El Carmen (departamento de San Marcos, Guatemala). La mujer acaba de ser expulsada en avión desde Estados Unidos y, posteriormente, trasladada hasta la frontera con Guatemala en un autobús del Instituto Nacional de Migración (INM).

Ahora no sabe cómo regresar a su casa en el departamento del Petén, a más de 700 kilómetros. “¿Se puede imaginar cómo me siento? Tenemos una deuda de 50 mil quetzales (casi 130 mil pesos) y ahora tenemos que transportarnos con nuestros propios medios, con nuestros niños”.

Lee: Cambian vuelos de retorno de migrantes desde frontera de México hacia Honduras y Guatemala

De León llora de rabia e impotencia y mira a su alrededor con extrañeza, como si se sintiera extranjera en su propio país. A su lado hay un hombre menudo, delgado y arrugado que se aferra a otro bebé mientras solloza. No tiene fuerzas para emitir una sola palabra. A su alrededor llegan cambistas o personas que insisten en acompañarlos para buscar una habitación de hotel en la que pasar la noche. El hombre los ignora y solo sigue a su grupo, llorando, abrazado al niño. 

La historia de Dery Honelia De León y el resto de sus acompañantes inicia el lunes 29 de agosto. Aquel día, un grupo de unas 10 personas, entre las que había 5 niños, trataron de cruzar el Río Bravo a la altura de Piedras Negras, Coahuila. Nada más poner un pie en suelo estadounidense llegó la Border Patrol y todos se entregaron. La idea era pedir asilo, pero no les dieron la oportunidad.

“No nos dejaron hablar, no nos preguntaron nada”, explica. Tras el arresto, pasaron dos días encerrados hasta que les informaron que serían expulsados. Nadie les dijo a dónde. Simplemente los trasladaron a McAllen, Texas, los montaron en un avión repleto de guatemaltecos y hondureños y los enviaron a Tapachula. Allí aterrizó el vuelo N529AU, operado por SwiftAir, y a pie de pista los esperaban los oficiales del INM que los trasladaron a la frontera, ubicada a 35 kilómetros del aeropuerto. Una vez en la aduana, los bajaron de los autobuses y les dijeron que siguieran caminando.

Solos, sin dinero, sin apoyo de ningún tipo, los expulsados llegan a la tierra de nadie entre ambos pasos y deben ingeniárselas para encontrar el camino de vuelta a sus municipios de origen. La mujer dice que regresa a su casa pero solo para descansar unos días. El contrato con el pollero (que es como se conoce a los guías que ayudan a cruzar a Estados Unidos) incluye hasta tres intentos. Ella asegura que no va a rendirse. Que volverá a intentarlo. No tiene nada que perder. 

Lee:  INM y Guardia Nacional intentan bloquear migrantes en Chiapas: ¿cómo surge esta nueva caravana?

El INM negó los vuelos

Cada día desde principios de agosto, esta escena se repite en las fronteras de Talismán, en Chiapas, y de El Ceibo, en Tabasco. Todas las tardes, decenas de centroamericanos son expulsados desde EU en aviones como el que transportó a Dery Honelia de León. Ahí, agentes del INM los reciben, los montan en autobuses y los llevan hasta Guatemala.

Estas son deportaciones basadas en el Título 42, la orden implementada por el expresidente Donald Trump y que permite dar la vuelta a todos los mexicanos y centroamericanos que sean detenidos en la frontera sin dar opción a pedir asilo o entrar en el sistema migratorio.

Su sucesor en la Casa Blanca, Joe Biden, dio una vuelta de tuerca más: en lugar de devolver a los migrantes a la frontera norte de México, a Matamoros, Tamaulipas; Ciudad Juárez, Chihuahua; o Tijuana, Baja California, los lleva en avión hasta el sur de México. Ahí, son funcionarios del gobierno mexicano los que se encargan de completar la devolución. No les ofrecen la posibilidad de tener protección ni tampoco los registran como deportados. Oficialmente no existen. 

Animal Político quiso conocer la base legal para estas expulsiones y preguntó al INM, pero al cierre de la edición no había recibido respuesta. Tanto EU como Guatemala han reconocido la existencia de estas prácticas. México, sin embargo, fue capaz de negarlo a pesar de que cada día se documenta fotográficamente la llegada de los aviones y autobuses.

El comisionado del INM, Francisco Garduño, llegó a asegurar que los vuelos no existían. La decisión de México de no dar explicaciones llega hasta el punto que es Guatemala la que está informando tanto del contexto de la frontera como de las negociaciones desarrolladas entre ambos países para que las expulsiones se adapten a sus infraestructuras.

No hay cifras oficiales sobre cuántas personas han sido devueltas mediante este mecanismo. Guatemala comenzó a contabilizar las expulsiones a partir del 22 de agosto, aunque únicamente los que llegan desde El Ceibo, Tabasco.

Según el Instituto de Migración del país centroamericano, desde ese día hasta el 6 de septiembre fueron retornados 4 mil 243 personas en 125 autobuses del INM. De ellos, más de mil eran niños, niñas y adolescentes, aunque la gran mayoría llegaron acompañados de un familiar. Aunque la mayoría son centroamericanos, se registró la expulsión de venezolanos, cubanos e incluso un senegalés.

Para contextualizar bien la dimensión de estas cifras, basta con compararlas con las deportaciones regulares que México realiza en un mes. En julio, por ejemplo, deportó a 6 mil 294 centroamericanos. Es decir, que si se mantiene la tendencia de El Ceibo, llegaremos al punto en el que el gobierno de López Obrador expulsará de forma irregular a más centroamericanos en un punto fronterizo que todas las deportaciones juntas. 

En esta cifra no se contabilizan solo las personas que llegan desde EU, sino que también hay migrantes a los que México trasladó en avión desde ciudades fronterizas del norte para ser expulsados en el sur e incluso personas arrestadas por el INM en el sur que luego fueron obligadas a desplazarse a Guatemala. Fuentes oficiales que hablaron bajo condición de anonimato explicaron que la cifra de expulsados desde EU podrían rondar los 3 mil 500 (unos 2 mil en El Ceibo y otros 1 mil 500 en Talismán). Las expulsiones, unidas a los trámites eternos y a los operativos lanzados por el INM son algunas de las razones que explican las recientes caravanas que, hasta ahora sin éxito, trataron de abandonar Tapachula en la última semana. 

Lee: Detención y deportación de migrantes es para cuidarlos, justifica AMLO

“Quiero trabajar”

Para Cindy Ramos, de 23 años, el viaje también terminó de forma abrupta al atravesar Río Bravo. Con su hijo de 4 años de la mano, cuenta que viajó desde Nuevo Alemán, una comunidad del municipio de San Pablo, en el departamento de San Marcos, para buscar oportunidades económicas. Aunque tiene tres hijos, dos de ellos quedaron con su papá y ella viajó con el más pequeño. “Quiero trabajar”, explicó, escueta, mientras esperaba a un familiar que le recogiera. 

En los últimos meses se ha extendido la idea de que los menores de edad, especialmente aquellos que no llegan a los cinco años, facilita que las autoridades mexicanas permitan a los migrantes quedarse en EU. La Ley del Migrante en México, que en teoría prohíbe encerrar a niños, niñas y adolescentes en centros de detención, y una supuesta actitud más humanitaria del nuevo gobierno estadounidense alentó esta idea. Casos como el de Ramos lo desmienten. El miércoles, ella y su hijo de 4 años regresaban a Guatemala tras poner apenas un pie al norte del Río Bravo.

En su caso el regreso es sencillo. Podía tomar un autobús o esperar a que un familiar la reciba. Sin embargo, Animal Político documentó que en ese mismo vuelo venían personas procedentes de lugares más lejanos, como Ciudad de Guatemala (ubicada a casi 300 kilómetros, lo que supone un viaje de casi 6 horas) o de Honduras, cuyo paso fronterizo más cercano es el de Corinto, situado a 600 kilómetros. 

Este sistema comenzó de forma desordenada a principios de agosto. En realidad, EU y México aplicaron la política de hechos consumados. Comenzaron a devolver a los centroamericanos en horarios en los que la frontera estaba cerrada, por lo que estos quedaban abandonados en Guatemala sin que ninguna autoridad se hiciese cargo.

Posteriormente, el gobierno guatemalteco y algunas ONG enviaron apoyo a El Ceibo, ya que toda la carga de las deportaciones la soportaba la Casa del Migrante, con capacidad únicamente para 50 personas y que fue completamente rebasada. En Talismán, por el contrario, nunca llegó ninguna institución para ofrecer ayuda. El albergue más cercano es la Casa del Migrante de Tecún Umán, situada a 40 kilómetros. De hecho, Guatemala lleva semanas solicitando al gobierno mexicano que en lugar de expulsar a los centroamericanos por los pasos más remotos, los concentre en este último municipio, donde se está construyendo un centro de recepción.

Entérate: Detenciones, enfrentamientos y redadas: la caza de migrantes que ocurre en Chiapas

La idea es que hondureños y salvadoreños lleguen a El Ceibo, donde serían devueltos a sus países, mientras que los guatemaltecos regresarían a través de Tecún Umán o, directamente, en avión a la capital.

Aunque el miércoles se anunció que había un acuerdo y que se iba a establecer un protocolo para regular estas expulsiones, el canciller guatemalteco, Pedro Brolo, tuvo que reconocer que las nuevas rutas se demorarían un mes. Es decir, que México seguirá recibiendo aviones con expulsados desde EU y entregándolos a Guatemala sin ningún control. De nada sirvieron las quejas de las agencias de la ONU como Acnur y OIM, que denunciaron que estos vuelos eran una “vulneración” del derecho internacional. 

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