Liberan a mujer víctima de tortura sexual; estuvo presa 5 años por un delito que no cometió
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Liberan a mujer víctima de tortura sexual; estuvo presa 5 años por un delito que no cometió

Un tribunal ordenó liberar a María del Sol Vázquez Reyes, quien estuvo en prisión 5 años, acusada de delitos cuya confesión le fue extraída bajo tortura por agentes de la extinta Agencia Veracruzana de Investigación.
CentroProDH
Por Paris Martínez
23 de agosto, 2017
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Tras pasar cinco años en prisión, acusada de delitos cuya confesión le fue extraída bajo tortura por policías de Veracruz, el pasado 21 de agosto fue liberada María del Sol Vázquez Reyes, luego de ser declarada inocente de todos los cargos que las autoridades le imputaron.

El 26 de octubre de 2012, alrededor de las 9:30 horas, María del Sol ingresaba a su trabajo, en las oficinas de la Secretaría de Hacienda del Gobierno de Veracruz en Córdoba, cuando seis agentes de la extinta Agencia Veracruzana de Investigación la privaron de la libertad, sin presentarle ninguna orden de aprehensión.

De acuerdo con la recomendación 16/2017 de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz, María del Sol fue conducida por los agentes a las oficinas de la Agencia Veracruzana de Investigaciones, y fue torturada por ellos, para que se declarara como integrante de una banda de secuestradores.

Según establece la recomendación de Derechos Humanos, “los agentes de la AVI golpearon a María del Sol, le quitaron su ropa, le vendaron los ojos y la esposaron. En estas condiciones, los agentes golpearon reiteradamente su espalda, cabeza, abdomen, estómago y brazos; le dieron choques eléctricos en las piernas, pelvis y abdomen; manosearon y amenazaron que sería violada por todos los agentes y que la matarían por no confesar”.

El documento agrega que a María del Sol le fue introducido un trapo en la boca, y luego le cubrieron la cabeza con una bolsa, para causarle asfixia mientras era golpeada y electrocutada.

Asimismo, su cabeza fue estrellada en distintas ocasiones contra una pared.

María del Sol pasó aproximadamente 14 horas en las instalaciones de la AVI, incomunicada y bajo tortura, y sólo fue extraída en una ocasión, para acompañar un allanamiento domiciliar, donde fue obligada a incriminar a uno de los moradores, y para posar para la prensa del estado.

Después, de vuelta en las instalaciones de la policía, fue obligada a firmar un documento, cuyo contenido no le permitieron conocer.

Según consta en la recomendación, alrededor de la medianoche del 26 de octubre de 2012, los policías de Veracruz trasladaron a María del Sol al penal de La Loma, en Córdoba, donde enfrentó tres años de juicio, al final de los cuales, en 2015, fue sentenciada a 24 años de cárcel, en donde permaneció hasta el pasado 21 de agosto, no sólo defendiendo su inocencia, sino denunciando los abusos de los que fue víctima, por parte de las autoridades estatales.

Violaciones, asfixia y descargas: las prácticas de tortura de las fuerzas policiales en México.

Aunque la familia de María del Sol denunció inmediatamente los hechos ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz, este organismo tardó cinco años en investigar los hechos, y finalmente, en mayo pasado presentó, su recomendación, en la cual determinó que María del Sol fue víctima de detención y retención ilegal, tortura física y violencia sexual, por parte de agentes del estado, además de que el Juzgado Primero de Primera Instancia de Córdoba también violó su derecho a que sus denuncias de tortura fueran investigadas.

Así, luego de cinco años en prisión y tras comprobar que las pruebas en contra de María del Sol habían sido fabricadas y extraídas mediante tortura, el lunes 21 de agosto pasado, la Tercera Sala Penal de Veracruz revocó la sentencia en su contra, la absolvió de todas las acusaciones y ordenó su inmediata liberación.

Al salir, María del Sol declaró: “Ahora pienso estar con mi hija y vivir para ella, acompañarla, hacer una vida normal, llevarla a la escuela, a pasear”, pero, “una parte de mi se sigue sintiendo en el lugar en el que estaba”.

La tortura, una constante

El de María del Sol es uno de los casos emblema de la campaña “Rompiendo el silencio: todas juntas contra la tortura sexual, emprendida por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, que ha documentado al menos 20 casos de tortura sexual en contra de mujeres inocentes, para someterlas e incriminarlas, por parte de autoridades estatales y federales, en al menos siete entidades del país: Baja California, Coahuila, Ciudad de México, Estado de México, Guerrero, Sinaloa y Veracruz.

No obstante, esos no son los únicos puntos del país en donde el uso de la tortura es recurrente, por parte de autoridades, tal como concluyó el relator de la Organizaciones Unidas para Tortura, que en mayo pasado refrendó lo que ya había informado desde 2014: que en México “la tortura y los malos tratos son generalizados”.

En México, denunció el relator de la ONU, la tortura “es comúnmente usada para la obtención de confesiones o como método de castigo”, y “entre los métodos de tortura se aplican asfixia, violencia sexual, descargas eléctricas, amenazas de muerte, palizas y tortura psicológica”.

En su informe sobre la situación de la tortura en México, el relator señala que, a pesar de que la ONU solicitó reformas en la materia, en México siguen aceptándose como válidas pruebas obtenidas mediante tortura; además de que sigue sin definirse cuál es la responsabilidad de los superiores jerárquicos de quienes la cometen.

Asimismo, la ONU denunció que en México sigue utilizándose la figura del “arraigo” para privar de la libertad a personas contra las que no hay acusaciones formales, y que sirve de pretexto para “violar el derecho a la libertad personal, el debido proceso, el principio de presunción de inocencia (además de que) expone al detenido a posibles torturas y malos tratos”.

La ONU, finalmente, también condenó que, en México, el ámbito militar siga resolviendo casos de violaciones a derechos humanos, tanto en el proceso de investigación como de juicio, cuando la víctima y el agresor sean militares, en vez de que estos casos sean revisados por la justicia civil.

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WhatsApp, Signal y Telegram: en qué se diferencian y cuál ofrece más privacidad

A simple vista pueden parecer muy similares, pero tienen algunas diferencias importantes. Las aplicaciones recopilan diferentes cantidades de datos de sus usuarios y tienen distintos métodos para proteger los mensajes.
14 de enero, 2021
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Mientras Signal y Telegram registran cifras récord de usuarios nuevos, WhatsApp se encuentra en el centro de la crítica por el cambio de sus términos de uso y privacidad.

La aplicación de mensajería anunció la semana pasada que compartirá diferentes datos de sus usuarios con su empresa matriz Facebook, y que esta podrá hacer lo propio con sus plataformas Instagram y Messenger.

En medio de los cuestionamientos, WhatsApp sostiene que sus nuevas condiciones, que deberán ser aceptadas por los que la usan hasta el 8 de febrero, fueron malinterpretadas.

“Queremos aclarar que la actualización de la política no afecta de ninguna manera la privacidad de los mensajes que los usuarios comparten con sus amigos y familiares”, señaló la plataforma en un comunicado emitido el lunes.

Añade que algunos de los cuestionamientos realizados son “rumores”.

Pese a esos argumentos, el largo debate respecto a qué servicio de mensajería instantánea es más seguro, se reavivó desde el cambio en WhatsApp.

Y aunque pueden parecer similares a simple vista, las tres aplicaciones tienen algunas diferencias importantes que analizamos acá.

Los datos recopilados

Lo primero que hay que saber es que, entre las tres plataformas de mensajería de las que más se habla en los últimos días, existen niveles distintos de datos que son recopilados.

Y es un asunto central porque esa es la información que WhatsApp puede compartir con Facebook y las otras aplicaciones que esa compañía posee.

WhatsApp y Facebook

Getty Images
La controversia comenzó cuando WhatsApp anunció que compartiría sus datos con Facebook.

“WhatsApp posee muchos metadatos, que es la información que se obtiene de cualquier mensaje que enviamos, como la marca del teléfono, la hora del mensaje, tu ubicación y otros. Con ello puede saber mucho de sus usuarios”, explica Cristian León, responsable del programa de innovación de la organización civil Asuntos del Sur, con sede en Argentina.

El experto en derechos digitales le indica a BBC Mundo que esta aplicación de mensajería, que es la más popular en el mundo, tiene un código de programación cerrado y por ello tiene poca transparencia sobre lo que recopila.

En la página web de WhatsApp están detallados los datos que obtiene y la información que una persona le brinda al aceptar sus términos de uso. Además del nombre, número de teléfono y contactos, están detalles del uso de la plataforma (tiempo o rendimiento, por ejemplo), transacciones desde la aplicación, marca y modelo del dispositivo o tipo de conexión, entre otros.

Telegram y Signal, explican León, recopilan mucho menos datos.

La primera requiere de sus usuarios el número de teléfono, el nombre y la lista de contactos.

Por su parte Signal se limita a pedir el número de teléfono y añadir el nombre es opcional.

Las dos tienen códigos de programación abiertos, por lo que es posible escudriñar cuáles datos son obtenidos y qué se hace con ellos.

La gran preocupación: los mensajes

Desde que comenzó la expansión de las aplicaciones de mensajería móvil en todo el mundo, la gran pregunta fue y es por la seguridad de los mensajes que son intercambiados.

Candado

Getty Images
El cifrado de extremo a extremo es una especie de candado por el que solo el emisor y receptor del mensaje pueden acceder a él.

Las plataformas fueron evolucionando al respecto y desde hace unos años que Signal y WhatsApp establecieron el cifrado de extremo a extremo como función predeterminada para todas las conversaciones de sus usuarios.

Se trata de una especie de candado que solo el emisor y el receptor del mensaje pueden abrir.

En teoría, ni siquiera las aplicaciones en las que se realizó el intercambio pueden acceder a los contenidos de las charlas.

Ni WhatsApp ni Facebook pueden leer tus mensajes ni escuchar las llamadas que haces con tus amigos, familiares o compañeros en WhatsApp. Todo lo que compartan quedará entre ustedes”, aseguró la plataforma en su comunicado del lunes.

Telegram parece tener una desventaja en este aspecto dado que el cifrado de extremo a extremo solo se activa cuando se usa el modo “chat secreto”, pero las conversaciones regulares no cuentan con esa función.

Las tres ofrecen también una modalidad cada vez más utilizada conocida como “mensajes temporales” en la que texto, fotografías, ubicaciones o documentos compartidos en una conversación se autodestruyen después de un cierto tiempo.

La diferencia es que en WhatsApp los mensajes desaparecen en los siguientes siete días, mientras que en Signal y Telegram se puede configurar el tiempo para que no quede rastro de las interacciones a los pocos segundos.

Otra diferencia es que la aplicación que es propiedad de Facebook no posee la opción de bloqueo de capturas de pantalla para las conversaciones, mientras que sus competidoras sí la incluyen.

Los usos

Si bien es lógico que la mayoría se limita a usar estas aplicaciones para mantener contacto con sus conocidos, diferentes polémicas se han producido en los últimos años.

Por ejemplo, se descubrió que Telegram era utilizado como medio de difusión de propaganda de Estado Islámico.

Telegram con propaganda

Getty Images
Se descubrió que Telegram es usado por grupos de derecha en diferentes partes del mundo para difundir su propaganda.

El grupo extremista captaba reclutas desde allí y aprovechaba los chats grupales encriptados para mantener comunicaciones y difundir videos de sus acciones.

Y desde el año pasado se conoce que es una de las plataformas que los grupos de derecha estadounidenses utilizan para divulgar sus mensajes, aunque la mayoría de ellas usan otras aplicaciones que permiten interacciones anónimas para convocar a sus actividades o divulgar teorías de conspiración.

WhatsApp también tuvo problemas y en 2019 decidió eliminar cientos de miles de cuentas sospechosas de usar su servicio para difundir pornografía infantil.

La compañía mantiene una política de tolerancia cero a la explotación sexual de menores.

La aplicación, según diferentes análisis, fue señalada de ser, junto a Facebook, uno de los mayores canales de difusión de noticias falsas en tiempos electorales en países como Bolivia, Colombia o Estados Unidos.

Signal, que tiene menos usuarios que las dos anteriores, por ahora no fue señalada de ser usado como un canal para captar reclutas o difundir información mentirosa.

Sin embargo, sí se vio en medio de algunas controversias políticas como cuando se denunció que era la aplicación que el expresidente del gobierno regional de Cataluña, Carles Puigdemont, usaba para comunicarse con uno de sus aliados durante su intento de declarar la independencia de esa región.


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