Exdirectivos de Odebrecht aseguran que Emilio Lozoya recibió 10 mdd en sobornos; él lo niega
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Exdirectivos de Odebrecht aseguran que Emilio Lozoya recibió 10 mdd en sobornos; él lo niega

Tres altos altos exejecutivos de Odebrecht declararon que Lozoya, exdirector de Pemex, recibió 10 mdd en "propinas", a cambio de ayuda para obtener contratos, indicó Quinto Elemento Lab.
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Por Redacción Animal Político
13 de agosto, 2017
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Tres altos exejecutivos de la empresa Odebrecht, en declaraciones juramentadas ante la justicia brasileña, aseguraron que Emilio Lozoya, exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), recibió sobornos por al menos 10 millones de dólares, a cambio de su apoyo como funcionario público en México para obtener contratos de obra pública, indicó este domingo Quinto Elemento Lab.

La investigación, difundida en los medios Proceso y Aristegui Noticias, señala que los exdirectivos de Odebrecht, Luis Alberto de Meneses, Luiz Mameri e Hilberto da Silva, dieron  fechas, nombres, cantidades y cuentas bancarias, respecto a los sobornos pagados en México.

Las declaraciones de los inculpados por la justicia brasileña están contenidas en el proceso penal 6655, radicado en el Supremo Tribunal de Brasil,de acuerdo con Quinto Elemento Lab, que forma parte de la Red de Investigaciones Periodísticas Estructuradas.

“No recibió un solo peso”

En respuesta, Lozoya publicó un comunicado en Twitter, negando “categóricamente” haber recibido los 10 millones de dólares.

“Niego categóricamente las imputaciones y la información que hace referencia a supuestos actos de solicitud y/o recepción de sobornos directa o indirectamente”, indicó.

En el sitio Aristegui Noticias, en una nota firmada por Ignacio Rodríguez Reyna y Alejandra Xanic, se cita al abogado Javier Coello Trejo, como defensor de Lozoya, señalando que este último no recibió dinero de Odebrecht. “Yo lo único que les digo es que mi cliente y mi amigo no recibió un solo peso. Él me lo ha dicho, me lo ha jurado y me lo ha probado”, dijo Coello Trejo.

El caso, hasta sus últimas consecuencias: PGR

Sin mencionar a Lozoya directamente, en un comunicado, la PGR señaló este domingo que ha estado en constante comunicación con las autoridades de Brasil, para recabar los datos que éstas poseen respecto de la empresa Odebrecht, sin embargo,  la “Fiscalía brasileña ha ido variando la fecha de entrega de la información correspondiente y no ha ofrecido una nueva fecha a México. Ha argumentado que el caso se está desahogando ante el Tribunal Superior de Brasil”.

Dentro de la carpeta de investigación FED/SEIDF/CGI-CDMX/0000117/2017, agregó PGR,“constan ya las declaraciones de 10 servidores públicos y 9 ex funcionarios de PEMEX que intervinieron en la adjudicación de tres contratos de obra pública asignados al conglomerado brasileño. También se han tomado declaraciones a 3 directivos de la empresa, incluido a Marcelo Bahía Odebrecht”, expresidente de Odebrecht.

“Representantes de las empresas brasileñas ofrecieron un acuerdo reparatorio, mismo que no fue aceptado y que bajo ningún supuesto inhibirá el sancionar administrativa y penalmente a los ex funcionarios y/o funcionarios públicos involucrados”, apuntó la Procuraduría.

A pesar de no contar con la información de la fiscalía brasileña, aseguró la la PGR, “dado la asistencia internacional con otros países y en particular las diligencias que se están llevando a cabo con funcionarios de PEMEX y con los más altos directivos de la empresa brasileña, este caso será llevado hasta sus últimas consecuencias y directamente contra el o los responsables”.

“Propinas” a cambio de contratos

De acuerdo con los documentos y testimonios, Lozoya habría solicitado y recibido primero 4 millones 100 mil dólares, entre abril y noviembre de 2012, anticipando que tendría un papel clave en el gobierno de Enrique Peña Nieto, al ser una figura “prominente” en su equipo de campaña para ganar la presidencia.

En marzo de 2012, presuntamente Lozoya se reunió con Luis Alberto de Meneses, el director superintendente de Odebrecht en México. En ese encuentro, Lozoya le habría proporcionado el nombre de una empresa offshore, registrada en las Islas Vírgenes Británicas: Latin American Asia Capital Holding.

Ya que Lozoya llegó a la dirección general de Petróleos Mexicanos, según apunta Quinto Elemento Lab, Odebrecht le pidió ayuda para ganar contratos, y la respuesta fue positiva. La empresa presuntamente acordó hacerle otros pagos, por seis millones de dólares: “dos millones de dólares sin condición alguna, garantizados plenamente; y cuatro millones adicionales si llegaban a ganar el contrato de uno de los proyectos de remodelación de la refinería Miguel Hidalgo, en Tula”.

Leer: Detectan corrupción de Odebrecht en refinería de Tula

Después de que Odebrecht obtuvo ese contrato, continuaron las transferencias a empresas offshore, proporcionadas por Lozoya, durante 2013 y 2014, según señala la investigación, y los documentos y testimonios a los que obtuvo acceso.

Tras formar parte del equipo de campaña de Enrique Peña Nieto, y de su equipo de transición, Lozoya fue designado director de Petróleos Mexicanos, en 2012, cargó que ocupó hasta febrero de 2016.

El caso de Odebrecht es uno de los más grandes en cuanto a corrupción en América Latina; la compañía brasileña aceptó haber entregado sobornos por 450 millones de dólares, a funcionarios de 11 países.

El pasado 27 de julio, el diario El País publicó una entrevista con Rodrigo Tacla, quien trabajó en el Departamento de Operaciones Estructuradas de Odebrecht. En esa entrevista, cuestionado sobre México, Tacla dijo que “Odebrecht creía que el presidente de México iba a ser el exdirector general de la petrolera estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), Emilio Lozoya Austin. Y le gustaba esa idea. La constructora tenía mucho interés en Lozoya”.

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Por qué acumular grasa corporal nos hace más vulnerables al COVID

El exceso de grasa en el cuerpo provoca problemas de suministro, de distribución y de entrada de aire que nos hacen más propensos a sufrir todo tipo de infecciones respiratorias, entre ellas la covid-19.
19 de enero, 2022
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Seguro que conoces la historia contada en “La ilíada” de Homero. Relata cómo los griegos, después de varios años intentando conquistar Troya, lograron su propósito gracias a un enorme caballo de madera en cuyo interior se ocultaron sus soldados.

Aprovechando la oscuridad de la noche, asaltaron la ciudad desde dentro.

Pues bien, parece que nuestro enemigo el SARS-CoV-2 ha encontrado un caballo de Troya inesperado en nuestro interior que le ayuda en su lucha: nuestra grasa corporal.

Un caballo de Troya para la infección por coronavirus

El SARS-CoV-2 entra en las células del organismo cuando una proteína de su envoltura, la llamada spike o proteína S viral, se une con la enzima convertidora de angiotensina tipo 2, molécula de la membrana de varios tipos de células humanas.

En el fenotipo obeso, la expresión de estas moléculas de membrana en el tejido adiposo aumenta.

Y eso convierte a la grasa en reservorio ideal del virus tras su entrada en el organismo, permaneciendo en el cuerpo de los pacientes con obesidad durante más tiempo.

Por si fuera poco, en modelos animales de obesidad se ha observado que la enzima convertidora de angiotensina tipo 2 también aumenta en las células pulmonares.

Eso implica un mayor número de sitios de unión para el virus y favorece la entrada de partículas virales en el epitelio pulmonar.

La intensidad de la infección aumenta, como también la respuesta local en los pulmones, principal lugar en el que se libra la batalla para evitar el desarrollo de la covid-19.

A esto hay que añadirle que las personas con obesidad presentan un estado inflamatorio crónico de bajo grado que activa una respuesta inmune local caracterizada por la movilización de células inmunes productoras de sustancias proinflamatorias.

Esto da lugar a una respuesta inmune deficiente que aumenta la susceptibilidad a las infecciones, entre ellas la producida por el SARS-CoV-2.

Este déficit inmune, junto con la situación previa de inflamación, puede ampliar la conocida tormenta de citoquinas desencadenada tras la infección viral, produciendo un empeoramiento de los síntomas.

Por otro lado, el exceso de grasa abdominal de las personas con obesidad impide el correcto desplazamiento del diafragma durante la respiración, reduciendo la capacidad pulmonar y generando dificultades que predisponen al desarrollo de infecciones respiratorias.

Obesidad

Getty Images

De hecho, no es la primera vez que la obesidad se define como factor de riesgo en las infecciones causadas por virus respiratorios.

En 2009, durante la pandemia causada por el virus influenza H1N1, la obesidad se asoció con un incremento en el riesgo de hospitalización e ingreso en la UCI tras la infección vírica.

Atascos y problemas de abastecimiento

Imaginemos el cuerpo de una persona con obesidad como una ciudad amurallada.

La alta cantidad de tejido adiposo disregulado que contiene hace que, en condiciones normales, la ciudad sufra una obstrucción en las vías de suministro (por hipertensión, aterosclerosis o patologías cardiovasculares).

Pero también dificultades con el suministro y la gestión de los alimentos (resistencia a la insulina y diabetes) y con la entrada de aire (por dificultades respiratorias).

El acceso esta ciudad, ya de por sí debilitada y enferma, sería relativamente fácil para un invasor como el causante de la covid-19, puesto que el tejido adiposo se comportaría como un caballo de Troya.

Es decir, serviría de refugio al nuevo enemigo. Quien, dicho sea de paso, se encontraría con más puertas de entrada en la zona verdes de suministro de aire de la ciudad (el pulmón, en nuestro cuerpo).

El desastre sería absoluto. Sobre todo porque cuando los soldados del ejercito inmune de la ciudad tratasen de expulsar al enemigo, su respuesta deficitaria provocaría aún más daños “urbanos” como consecuencia de la tormenta de citoquinas.

Además, al atacar al caballo de Troya (nuestro tejido adiposo), invadido por el virus, se produciría muerte adipocitaria.

Y las calles de la ciudad se llenarían de residuos (gotas de grasa), que las taponarían y nos predispondrían a desarrollar el síndrome del embolismo graso. Un síndrome que dispara la probabilidad de sufrir un evento trombótico.

Esto generaría aún mayores problemas de circulación de mercancías y distribución de alimentos.

En resumen, el exceso de grasa corporal no hace si no empeorar los síntomas de la infección por SARS-CoV-2 e incrementar el riesgo de hospitalización y muerte.

Ilustración de coronavirus

Getty Images
El coronavirus puede permanecer más tiempo en el cuerpo de los pacientes con obesidad.

Las “ciudades” viejas y de sexo femenino sufren más

Cuando la ciudad afectada por obesidad es de sexo masculino, la distribución del tejido adiposo a nivel visceral es mayor.

Eso provoca un incremento de citoquinas proinflamatorias que conduce a una mayor activación de las células inmunes, lo que hace a los hombres presentar un mayor riesgo de desencadenamiento de la famosa tormenta de citoquinas responsable del empeoramiento y agravamiento de los síntomas de la COVID-19.

Con todo y con eso, parece que el efecto devastador de la enfermedad en el largo plazo es mayor cuando esa ciudad pertenece al sexo femenino.

Ahora que ha pasado tiempo suficiente para ver las secuelas de la enfermedad, se ha podido comprobar que, dentro de los factores de riesgo de síndrome post-covid-19 , tener obesidad y ser mujer predispone a presentar covid persistente.

Siguiendo con el símil, desde el inicio de la pandemia se ha observado que ciudades más envejecidas (mayores de 55 años) tendrían más riesgo de ser totalmente destruidas por la invasión (mayor mortalidad).

Incluso en caso de personas con normopeso. Sin embargo, ya desde el principio de la pandemia observamos que la “ciudad obesa” joven sufría igual los efectos que “ciudades normopeso” de mayor edad.

Todo ello explica la mayor propensión de las personas con obesidad a desarrollar la infección por SARS-CoV-2 con síntomas más graves y necesitar hospitalización, ventilación mecánica y cuidados intensivos.

También explica por qué las personas con obesidad suelen requerir una hospitalización prolongada y tratamientos más intensos: tardan más tiempo en eliminar la presencia del virus.

Más a largo plazo, la presencia de obesidad aumenta el riesgo de desarrollar secuelas crónicas de covid-19.

Visto lo visto, deberíamos reflexionar sobre la necesidad de realizar importantes esfuerzos, tanto a nivel personal como desde todos los estamentos implicados, para implementar todas las medidas que ayuden a paliar la actual epidemia de obesidad.

*Marta Domínguez Álvaro es investigadora postdoctoral en enfermedades crónicas, de la Universidad Camilo José Cela y Silvia Salado Font es directora de la OTRI, Universidad Camilo José Cela. Este artículo se publicó en The Covnersation. Puedes leer la versión original aquí.


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