Procuraduría de CDMX incumple recomendación de la CDHDF y (todavía) viola derechos de policías
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Procuraduría de CDMX incumple recomendación de la CDHDF y (todavía) viola derechos de policías

La Procuraduría de Justicia capitalina ni siquiera realizó el diagnóstico sobre la situación laboral que enfrentan los policías de investigación, luego de que la CDHDF documentó violaciones a derechos laborales de los agentes.
Especial
Por Nayeli Roldán
3 de agosto, 2017
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La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México incumplió con el compromiso de mejorar las condiciones de trabajo de los policías de investigación, pese a que la Comisión de Derechos Humanos local documentó que la dependencia viola sus derechos laborales.

La CDHDF emitió la recomendación 16/2016 en diciembre del año pasado, en la cual establece diversas acciones para que la Procuraduría capitalina cesara la violación a los derechos de sus empleados, que, entre otras cosas, tienen jornadas de 24 horas continuas de trabajo, hostigamiento, falta de insumos, instalaciones insalubres y discriminación.

Aunque la Procuraduría, actualmente a cargo de Edmundo Garrido Osorio, aceptó la recomendación y, por tanto, se comprometió a cumplir con las observaciones, no lo ha hecho. Ni siquiera realizó el diagnóstico sobre la situación de los policías, para lo cual tenía un plazo de 120 días, que se agotó el 13 de junio pasado.

La Comisión de Derechos Humanos local confirmó a Animal Político que hasta ayer, 2 de agosto, la Procuraduría no había entregado el diagnóstico, que sería el punto de partida para avanzar en las siguientes acciones.

Además, el 30 de junio pasado, Gonzalo Gallardo, visitador adjunto de apoyo y seguimiento de la CDHDF, emitió un oficio en el que confirma que la Procuraduría había entregado pruebas de cumplimientos de dos de los puntos recomendados, “susceptibles a ser verificados” y del resto no había nada.

En tanto, policías consultados aseguraron que ninguna autoridad de la Procuraduría se ha acercado para recabar la información sobre su situación laboral.

Este medio solicitó entrevista con autoridades de la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México para saber la razón del incumplimiento, pero el área de Comunicación Social informó que el funcionario encargado se encontraba de comisión.

Pese al incumplimiento, aún hay canales legales para que la Procuraduría actúe. La titular de la CDHDF, Perla Gómez, puede hacer exhortos públicos y por escrito a la dependencia. Además, la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México está facultada para llamar a comparecer al procurador para que explique los motivos del incumplimiento.

Sin cambios en la situación laboral

Los policías de investigación capitalinos iniciaron la batalla por sus derechos en mayo de 2014 y, parecía, que la recomendación de la CDHDF era una primera victoria. Sin embargo, sólo se ha quedado en el papel.

Los policías aún trabajan hasta 24 horas continuas y sin certeza sobre su horario laboral con el argumento que se trata de “necesidades específicas de servicio” o “servicios extraordinarios”, aunque esto no esté previsto en alguna normatividad interna.

Heriberto Vital, uno de los policías que interpuso la queja, afirma que “todo sigue igual o peor”. La mayor exigencia, dice, es por horarios justos de trabajo, pues eso impacta directamente en su salud y productividad.

La Procuraduría de Justicia capitalina mantiene un modelo de trabajo para sus policías que consiste en “guardia” (24 horas), “franca o de descanso” (24 horas) e “imaginaria” (12 horas de labores por 12 horas de descanso).  Esto significa 96 horas laborales a la semana. En contraste, los mandos superiores trabajan 68 horas.

Además, los mandos pueden decidir ampliar los periodos de trabajo sin ninguna razón normativa de por medio. Son decisiones discrecionales que funcionan como esquema de castigos, sobre todo para aquellos que se inconforman por las condiciones de trabajo.

La CDHDF también detectó que el número de policías de investigación es insuficiente para cumplir con sus funciones, pero también es un problema originado por las propias autoridades.

Por ejemplo, en la Fiscalía Desconcentrada de Investigación en IZC-2, supuestamente están contratados 30 policías de investigación; sin embargo, al interior de la agencia sólo laboran cuatro agentes por turno de guardia porque “el resto se encuentran comisionados” realizando “actividades de escolta, administrativas, o bien se encuentran ausentes por licencia médica, de tal forma que el estado de fuerza se ve reducido significativamente”, indica la Comisión.

Debido a que la Procuraduría ignoró la recomendación de la CDHDF, los policías acudieron a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) el 24 de julio pasado para que intervenga en el caso.

Los compromisos de la Procuraduría

La Comisión documentó que, por ejemplo, ni siquiera hay certidumbre de la participación de policías en operativos de seguridad pública. La orden sólo la reciben de manera verbal, pero no existe un documento que justifique su presencia en dichas acciones.

También existe una diferenciación salarial entre las personas, toda vez que, aunque realicen las mismas funciones, no todos ganan igual, según detectó la Comisión. Esto, dicen los policías, se debe al tráfico de influencias y a redes de complicidad entre los mandos y los elementos.

Ni siquiera los insumos son suficientes para realizar los trabajos. Los policías deben pagar las reparaciones de sus patrullas y hasta la gasolina porque “nunca hay recursos”, dicen los elementos consultados.

En cuanto a la infraestructura, los lugares de trabajo “no tienen suficiente aseo, iluminación y ventilación; los sanitarios son de uso común para mujeres y hombres; incluso, en algunos casos, los sanitarios no se encuentran en funcionamiento y se utilizan como bodegas. Tampoco tienen lugares higiénicos para el consumo de alimentos y el mobiliario de oficina es insuficiente y se encuentra en condiciones de desgaste y poco funcionales”, advierte la Comisión local.

Todo esto se traduce en un trabajo poco eficiente hacia la ciudadanía, dice el policía Heriberto Vital. Por eso, insiste, si esta ciudad cuenta con policías con mejores condiciones laborales y los insumos necesarios para investigar, la impunidad disminuiría.

Un policía, por ejemplo, recibe seis carpetas de investigación en promedio por día. Esto significa que en una semana tiene 30 casos. En una sola agencia del ministerio público acumula 2 mil 600 carpetas en 2016, pero sólo hay 30 policías dedicados a esclarecer los casos.

Aunque la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió la recomendación, no es vinculante, es decir, si la Procuraduría incumple no puede ser sancionada. En todo caso, sólo sería una sanción moral por ignorar la recomendación del organismo de defensa de derechos humanos local.

Esto debería hacer la Procuraduría para mejorar la situación de sus policías:

  1. Elaborar un diagnóstico que identifique las condiciones laborales y de seguridad como: adscripción, puesto, antigüedad, actividad laboral que desempeñan, turnos, salario, acceso a capacitación, insumos con los que cuenta y condición de la infraestructura en los centros de trabajo. (El plazo era de 120 días naturales, que se agotó el 13 de junio pasado).
  2. En un plazo no mayor a 180 días, a partir de la elaboración del diagnóstico, atender las problemáticas y necesidades detectadas, haciendo uso del presupuesto con el que se cuente y del que se solicite en el Programa Operativo Anual de 2018.
  3. En un plazo no mayor a 180 días a partir del diagnóstico, se armonicen los instrumentos que regulan la actuación de la Policía de Investigación con base en estándares nacionales e internacionales en materia de derechos humanos laborales.
  4. En un plazo no mayor a 30 días naturales a partir de la aceptación de la presente Recomendación, la Procuraduría la Oficialía Mayor y la Secretaría de Finanzas de la Ciudad de México deben solicitar la suficiencia presupuestal para la homologación de los salarios, prestaciones y estímulos, de los policías y para tener los recursos materiales, financieros y tecnológicos necesarios para atender las problemáticas.
  5. Programa de tratamiento psicológico para prevenir el estrés laboral; crear un mecanismo para prevenir, investigar y erradicar la violencia laboral y diseñar un programa de capacitación para los elementos.
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Cómo eran las relaciones sexuales de los neandertales

Te contamos lo que los científicos han descubierto hasta ahora sobre el momento de la historia de la humanidad en el que los humanos modernos primitivos y los neandertales tuvieron sus primeros encuentros.
6 de abril, 2021
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Recreación de una mujer neandertal.

Getty Images
El sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Sus ojos se encontraron a través del accidentado paisaje montañoso de la Rumania prehistórica.

Era un neandertal y estaba casi al desnudo. Tenía buena postura y piel pálida, quizás ligeramente enrojecida por las quemaduras solares. Alrededor de uno de sus gruesos y musculosos bíceps llevaba un brazalete de garras de águila.

Ella era una humana modernaprimitiva, vestida con un abrigo de piel de animal con un ribete de piel de lobo. Tenía la piel oscura, piernas largas y su cabello estaba recogido en trenzas.

Él se aclaró la garganta, la miró de arriba abajo y, con una voz nasal absurdamente aguda, hizo su mejor presentación. Ella le devolvió la mirada sin comprender. Por suerte para él, no hablaban el mismo idioma. Se rieron incómodamente y, bueno, todos podemos adivinar lo que pasó después.

Por supuesto, eso podría haber sido mucho menos parecido a una escena de una apasionante novela romántica. Quizás la mujer era en realidad neandertal y el hombre pertenecía a nuestra propia especie. Tal vez su relación era de tipo informal y pragmática, porque simplemente no había mucha gente alrededor en ese momento. Incluso se ha sugerido, también, que tales conexiones no fueron consensuadas.

Si bien nunca sabremos qué sucedió realmente en este encuentro, o en otros similares, de lo que podemos estar seguros es que se dio la unión de esa pareja.

Aproximadamente entre 37.000 y 42.000 años después, en febrero de 2002, dos exploradores hicieron un descubrimiento extraordinario en un sistema de cuevas subterráneas en las montañas del suroeste de los Cárpatos, cerca de la ciudad rumana de Anina.

Dentro de la Peştera cu Oase, o “Cueva con huesos”, encontraron miles de huesos de mamíferos. Entre ellos había una mandíbula humana, cuya datación por radiocarbono reveló que era de uno de los humanos modernos primitivos más antiguos conocidos en Europa.

Se cree que los restos permanecieron intactos desde entonces. En ese momento, los científicos notaron que, si bien la mandíbula era inconfundiblemente moderna en su apariencia, también contenía algunas características inusuales similares a las de los neandertales.

Años más tarde, esta corazonada se confirmó.

Los científicos descubrieron que el individuo era un hombre y que probablemente era un 6-9% de neandertal. Esta es la concentración más alta jamás encontrada en un ser humano moderno primitivo, y alrededor de tres veces la cantidad encontrada en los europeos y asiáticos actuales, cuya composición genética es aproximadamente del 1-3% neandertal.

Debido a que el genoma contenía grandes extensiones de secuencias neandertales ininterrumpidas, los expertos calcularon que es probable que el dueño de la mandíbula haya tenido un ancestro neandertal tan solo cuatro o seis generaciones antes. Determinaron que el enlace probablemente ocurrió menos de 200 años antes de la época en que vivió.

Paisaje de los Cárpatos en Rumania.

Getty Images
Un encuentro amoroso entre nuestros ancestros humanos modernos y los neandertales pudo haber tenido lugar en las montañas de los Cárpatos.

Además de la mandíbula, el equipo encontró fragmentos de cráneo de otro individuo en Peştera cu Oase, que poseía una mezcla similar de características. Los científicos aún no han podido extraer ADN de estos restos, pero al igual que la mandíbula, se cree que pueden haber pertenecido a alguien que tenía ascendencia neandertal cercana.

Desde entonces, se ha ido acumulando la evidencia de que el sexo entre los humanos modernos primitivos y los neandertales no era un evento raro.

Escondidos en los genomas de las poblaciones actuales, hay indicios reveladores de que sucedió en muchas ocasiones distintas y en una amplia zona geográfica.

De hecho, el ADN neandertal se puede encontrar en todas las personas que viven hoy en día, incluidas las de ascendencia africana, cuyos antepasados no se cree que hayan entrado en contacto directamente con este grupo.

Y la transferencia también ocurrió al revés. En 2016, los científicos descubrieron que los neandertales de las montañas de Altai en Siberia pueden haber compartido del 1 al 7% de su genética con los antepasados de los humanos modernos, que vivieron hace aproximadamente 100.000 años.

Los besos

En 2017, Laura Weyrich, antropóloga de la Universidad Estatal de Pensilvania, descubrió la marca fantasmal de un parásito microscópico de 48.000 años aferrado a un diente prehistórico.

“Veo a los microbios antiguos como una forma de aprender más sobre el pasado, y el sarro es realmente la única forma confiable de reconstruir los microorganismos que vivían dentro de los humanos antiguos”, dice Weyrich.

Estaba particularmente interesada en lo que comían los neandertales y cómo interactuaban con su entorno. Para averiguarlo, secuenció el ADN de la placa dental en dientes hallados en tres cuevas diferentes.

Dos de las muestras se tomaron de 13 neandertales encontrados en El Sidrón, en el noroeste de España. Para sorpresa de Weyrich, uno de los dientes contenía la firma genética de un microorganismo parecido a una bacteria, Methanobrevibacter oralis, que todavía se encuentra en nuestra boca hoy en día.

Cráneo de un neandertal.

Getty Images
Los neandertales tenían rasgos faciales distintivos, pero se han encontrado algunos cráneos con una mezcla de rasgos.

“Para mí, lo que es fascinante es que este es también uno de los primeros períodos en los que describimos el mestizaje entre humanos y neandertales”, dice Weyrich. “Así que es maravilloso ver una especie de microbio envuelto en esa interacción”.

Weyrich explica que una posible ruta para la transferencia son los besos: “Cuando besas a alguien, los microbios orales van y vienen entre las bocas”, dice.

“Pudo haber sucedido una vez, pero luego de alguna manera se propagó mágicamente, si el grupo de personas infectadas tuvo éxito. Pero también podría ser algo que ocurriera con más regularidad”.

Otra forma de transferir sus microbios orales es compartiendo alimentos. Y aunque no hay evidencia directa de que un neandertal esté preparando una comida para un humano moderno primitivo, una comida romántica podría haber sido una fuente alternativa de M. oralis.

Para Weyrich, el descubrimiento es emocionante porque sugiere que nuestras interacciones con otros tipos de humanos hace mucho tiempo han dado forma a las comunidades de microorganismos que tenemos hoy.

Neandertales masculinos o femeninos

Es imposible decir con certeza si fueron en su mayoría mujeres neandertales las que se acostaron con los hombres humanos modernos primitivos, o al revés, pero hay algunas pistas.

En 2008, los arqueólogos descubrieron un hueso de un dedo roto y un solo diente molar en la cueva Denisova, en las montañas de Altai en Rusia, a partir de la cual se reveló una nueva subespecie de humanos.

Durante años, los “denisovanos” se conocían solo por el puñado de muestras desenterradas en este sitio, junto con su ADN, del cual los científicos descubrieron que su legado continúa hasta el día de hoy en los genomas de personas de ascendencia melanesia y de Asia oriental.

Los denisovanos estaban mucho más relacionados con los neandertales que los humanos actuales; las dos subespecies pueden haber tenido rangos que se superpusieron en Asia durante cientos de miles de años.

Reconstrucción de un denisovano

Maayan Harel
Los denisovanos tienen rasgos comunes con los humanos modernos y los neandertales.

Esto se hizo particularmente evidente en 2018, con el descubrimiento de un fragmento de hueso que pertenecía a una niña, apodada Denny, que tenía una madre neandertal y un padre denisovano.

En consecuencia, tendría sentido si los cromosomas sexuales masculinos de los neandertales fueran similares a los de los denisovanos. Pero cuando los científicos secuenciaron el ADN de tres neandertales, que vivieron hace 38.000 a 53.000 años, se sorprendieron al descubrir que sus cromosomas Y tenían más en común con los de los humanos actuales.

Los investigadores dicen que esto es evidencia de un “fuerte flujo de genes” entre los neandertales y los primeros humanos modernos: se cruzaban mucho.

Otra investigación ha demostrado que casi exactamente el mismo destino tuvieron las mitocondrias neandertales: la maquinaria celular que ayuda a convertir los azúcares en energía aprovechable.

Estos se transmiten exclusivamente de madres a hijos, por lo que cuando se encontraron las primeras mitocondrias humanas modernas en restos de neandertales en 2017, insinuó que nuestros antepasados también estaban teniendo relaciones sexuales con neandertales masculinos.

Enfermedades de transmisión sexual

Hace unos años, Ville Pimenoff estaba estudiando la infección de transmisión sexual por el virus del papiloma humano (VPH) cuando notó algo extraño.

Existe una clara división a nivel mundial entre dónde se encuentran ciertas variantes de este virus. En la mayor parte del planeta, lo más probable es que encuentre el tipo A, mientras que en el África subsahariana la mayoría de las personas están infectadas con los tipos B y C.

Curiosamente, el patrón coincide exactamente con la distribución del ADN neandertal en todo el mundo, pues las personas en África subsahariana no solo portan cepas inusuales del VPH, sino que tienen relativamente poco material genético neandertal.

Para averiguar qué estaba pasando, Pimenoff utilizó la diversidad genética entre el tipo A actual para determinar que surgió por primera vez hace 60.000-120.000 años aproximadamente. Esto lo hace mucho más anterior que los otros tipos de VPH-16 y, lo que es más importante, ocurre en la época en que los primeros humanos modernos emergieron de África y entraron en contacto con los neandertales.

Aunque es difícil de probar definitivamente, Pimenoff cree que inmediatamente comenzaron a intercambiar enfermedades de transmisión sexual, y que la división en las variantes del VPH-16 refleja el hecho de que adquirimos el tipo A de sus antecesores.

“Lo probé miles de veces usando técnicas computacionales, y el resultado siempre fue el mismo: que este es el escenario más plausible”, dice Pimenoff.

Curiosamente, Pimenoff también cree que la adquisición del tipo A de los neandertales explica por qué es tan canceroso en los seres humanos: debido a que lo encontramos por primera vez hace relativamente poco, nuestro sistema inmunológico aún no ha evolucionado para poder eliminar la infección.

Neandertal

Lambert/Ullstein Bild/Getty Images
Tanto hombres como mujeres neandertales se cruzaron con nuestra propia especie, según registros genéticos.

De hecho, el sexo con neandertales podría habernos dejado otros virus, incluido un antiguo pariente del VIH. Pero no hay necesidad de sentirse resentido con nuestros parientes, porque también hay evidencia de que les contagiamos ETS, incluido el herpes.

Los órganos sexuales

Aunque pueda parecer burdo preguntarse cómo eran los penes y las vaginas de los neandertales, los genitales de diferentes organismos han sido objeto de un vasto cuerpo de investigación científica.

Resulta que los órganos sexuales de un animal pueden revelar una cantidad sorprendente de información sobre su estilo de vida, estrategias de apareamiento e historia evolutiva, por lo que hacer preguntas sobre ellos es solo otra ruta para comprenderlos.

El reino animal contiene una variedad caleidoscópica de diseños. Estos incluyen el pulpo argonauta y su pene desmontable con forma de gusano, que puede nadar solo para aparearse con las hembras, o las vaginas triples de canguros, que hacen posible que las hembras estén embarazadas perpetuamente.

Una de las formas en las que los penes humanos son inusuales es que son lisos.

Nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés comunes y los bonobos, con quienes compartimos alrededor del 99% de nuestro ADN, tienen “espinas del pene”.

Se cree que estas pequeñas púas, que están hechas de la misma sustancia que la piel y el cabello (queratina), evolucionaron para eliminar los espermatozoides de los machos competidores o para irritar ligeramente la vagina de la hembra y hacer que deje de tener relaciones sexuales por un tiempo.

En 2013, los científicos descubrieron que el código genético de las espinas del pene no existe en los genomas neandertal y denisovano, al igual que en los humanos modernos, lo que sugiere que desapareció de nuestros antepasados comunes hace al menos 800.000 años.

Esto es significativo, porque se cree que las espinas del pene son más útiles en especies promiscuas, donde pueden ayudar a los machos a competir con otros y maximizar las posibilidades de reproducción.

Esto ha llevado a la especulación de que, como nosotros, los neandertales y los denisovanos eran en su mayoría monógamos.

Evolución

Getty Images
Hace 100.000 años convivieron diferentes grupos de humanos.

Más promiscuos

Sin embargo, hay alguna evidencia que sugiere que los neandertales tenían más sexo que los humanos modernos.

Los estudios en fetos han demostrado que la presencia de andrógenos como la testosterona en el útero puede afectar la “proporción de los dígitos” de una persona en la edad adulta, una medida de cómo se comparan las longitudes de los dedos índice y anular, calculada dividiendo el primero por el segundo.

En un entorno con niveles altos de testosterona, las personas tienden a terminar con proporciones más bajas. Esto es así independientemente del sexo biológico.

Desde este descubrimiento, se han encontrado vínculos entre la proporción de dígitos y el atractivo facial, la orientación sexual, la asunción de riesgos, el rendimiento académico, cuán empáticas son las mujeres, cuán dominantes parecen los hombres e incluso el tamaño de sus testículos, aunque algunos estudios en esta área son controvertidos.

En 2010, un equipo de científicos también notó un patrón entre los parientes más cercanos de los humanos. Resulta que los chimpancés, gorilas y orangutanes, que generalmente son más promiscuos, tienen proporciones de dígitos más bajas en promedio, mientras que un humano moderno primitivo encontrado en una cueva israelí y los humanos actuales tenían proporciones más altas (0,935 y 0,957, respectivamente).

Los humanos son ampliamente monógamos, por lo que los investigadores sugirieron que podría haber un vínculo entre la proporción de dígitos de una especie y la estrategia sexual.

Si tienen razón, los neandertales, que tenían proporciones entre los dos grupos (0,928), eran un poco menos monógamos que los humanos modernos y actuales.

En familia

Una vez que una pareja de humanos neandertales-modernos-primitivos se encontraban, es posible que se establecieran cerca de donde vivía el hombre, y cada generación seguía el mismo patrón.

La evidencia genética de los neandertales sugiere que los hogares estaban compuestos por hombres, sus parejas e hijos. Las mujeres parecían abandonar el hogar familiar cuando encontraban pareja.

Otra idea de su unión para siempre proviene de un estudio de los genes que dejaron en los islandeses de la actualidad.

El año pasado, un análisis de los genomas de 27.566 de estos individuos reveló las edades en las que los neandertales tendían a tener hijos: mientras que las mujeres eran generalmente mayores que sus homólogas humanas modernas, los hombres generalmente eran padres jóvenes.

Garra de un águila.

STR/AFP/Getty Images
Hace cerca de 130.000 años, un neandertal en lo que hoy es Croacia cortó la garra de un águila posiblemente para hacer joyas.

Si la pareja del principio de este artículo hubiera tenido un un bebé, tal vez, como otros neandertales, la madre lo habría amamantado durante unos nueve meses y destetado por completo alrededor de los 14 meses, que es antes que los humanos en las sociedades modernas no industriales.

La curiosidad sobre estas interacciones antiguas está revelando nueva información sobre cómo vivían los neandertales en general y por qué desaparecieron.

Se cree que estas uniones han contribuido a una variedad de rasgos que los humanos modernos llevamos hoy, desde el tono de piel, el color del cabello y la altura hasta nuestros patrones de sueño, estado de ánimo y sistema inmunológico.

Aprender sobre ellos ya está llevando a posibles tratamientos para enfermedades modernas, como los medicamentos que se dirigen a un gen neandertal que se cree que contribuye a los casos graves de covid-19 .

Ahora se cree que la extinción de los neandertales hace aproximadamente 40.000 años puede haber sido impulsada en parte por nuestra atracción mutua, así como por factores como el cambio climático repentino y la endogamia.

Una teoría emergente es que las enfermedades transmitidas por las dos subespecies, como el VPH y el herpes, inicialmente formaron una barrera invisible, que impedía expandir su territorio y potencialmente entrar en contacto.

En las pocas áreas en las que se superpusieron, se cruzaron y los primeros humanos modernos adquirieron genes de inmunidad útiles que de repente hicieron posible aventurarse más lejos.

Pero los neandertales no tuvieron tanta suerte: el modelo sugiere que si tuvieran una mayor carga de enfermedades, es posible que hayan permanecido vulnerables a estas nuevas cepas exóticas durante más tiempo, independientemente del mestizaje, y esto significa que estaban estancados.

Finalmente, los antepasados de los humanos actuales llegaron a sus territorios y los aniquilaron.

Otra idea es que absorbimos gradualmente su población relativamente pequeña en la de los primeros humanos modernos. Después de todo, ya habían adoptado en gran medida nuestros cromosomas Y así como las mitocondrias, y al menos el 20% de su ADN todavía existe en personas vivas en la actualidad.

Quizás la pareja que se unió en la Rumania prehistórica sobreviva en alguien que lee este artículo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en BBC Future.


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