Prefiero los pesares de esta isla, a lo que pasa en mi país: venezolanos se refugian en Trinidad
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Milena Hidalgo Castro

Prefiero los pesares de esta isla, a lo que pasa en mi país: venezolanos se refugian en Trinidad

Inmigrantes que huyen de la crisis en Venezuela llegan a Trinidad y Tobago con la expectativa de tener paz, pero también enfrentan dificultades.
Milena Hidalgo Castro
Por Milena Hidalgo Castro, en Puerto España
21 de agosto, 2017
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Christian Espinel, de 19 años, dejó Venezuela para buscar una vida mejor en Trinidad y Tobago. Allí no encontró otro trabajo más que el de albañil. Un día se hirió en una pierna y le llevaron al hospital más cercano. Los médicos descubrieron que tenía leucemia. Indocumentado y sin dinero, no le ofrecieron opción más que la calle. Con la ayuda de amigos y personal del hospital consiguió un boleto para regresar a su país. No llegó siquiera a pisar el avión. Tuvo un derrame durante el traslado y murió poco después. Volvió a su tierra, pero en una caja.

Espinel fue uno de los cientos de venezolanos que llegan a Trinidad y Tobago cada mes. En 2015, 25,000 venezolanos entraron al país con una visa de turista. Cinco veces más de los que llegaron entre 2013 y 2014: unos 6,000, según datos del gobierno trinitario.

Una venezolana de 22 años, Marisol*, supo de Christian por unos conocidos en común. Colgó mensajes en el muro de uno de los grupos de Facebook de la comunidad venezolana en Trinidad, donde pidió apoyo para el joven cuando todavía estaba vivo. Ella decidió ayudarle aun cuando nunca lo conoció. “Me tocó mucho que no tuviera derechos por no tener papeles”, comenta.

Marisol, que está en proceso de obtener el estatus de refugiada en Trinidad y Tobago, cuenta que un taxista amenazó con matarla si no le daba sexo oral. Consiguió escapar porque le pegó con un paraguas. Las autoridades le negaron ayuda y solo le preguntaron: “¿cómo estabas vestida?”.

Venezuela, que tiene las reservas probadas de petróleo más abundantes del mundo según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), era un país al que llegan los inmigrantes, no al revés.

Más de dos millones de venezolanos han dejado el país desde 1999, el año en que inició el gobierno del fallecido Hugo Chávez. Venezuela tiene la inflación más grande del planeta, según el Banco Mundial. Los pronósticos indican que para fines de 2017 se situará en un 680%. La tasa de asesinatos, 58.1 por cada 100,000 personas, es la segunda más alta del mundo de acuerdo con la ONU. Más de 80 manifestantes han muerto en las protestas contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro en lo que va de este año.

“Venezuela vive una de las peores crisis de derechos humanos de todo el continente”, afirmó la directora de Amnistía Internacional para América Latina, Érika Guevara Rosas, cuando visitó el país en junio para reunirse con representantes de la oposición.

Los principales destinos de la emigración venezolana son Colombia, Estados Unidos y España. Esta isla, a 100 kilómetros de su costa noreste, se ha convertido en un refugio más. El viaje lleva tres horas, y los pequeños barcos cargan entre 12 y 16 pasajeros.

“Aquí llegan los que no tienen otro sitio a dónde ir”, comenta Rochelle Nakhid, trabajadora del Living Water Community, un centro de atención para inmigrantes en Puerto España. Añade que es imposible calcular cuántos venezolanos están llegando al país. “Nadie tiene ese número”, dice.

Trinidad y Tobago no tiene leyes para proteger a los inmigrantes. El gobierno trinitario sostiene que su país, de 1.3 millones de habitantes, es demasiado pequeño para poder recibirlos.

“Los venezolanos se enfrentan a una situación difícil cuando llegan a Trinidad”, dice Farid Scoon, un abogado trinitario que se especializa en temas de migración.

“Nuestro gobierno y el gobierno venezolano tienen varios acuerdos económicos así que los derechos de los inmigrantes no son exactamente su prioridad”.

Trinidad y Tobago se abstuvo de votar en la asamblea extraordinaria que la OEA convocó el mes pasado, para analizar la situación en Venezuela. Ninguna de las dos declaraciones conjuntas sobre la crisis del país consiguió reunir los 23 votos necesarios.

Los dos países tienen varios acuerdos de cooperación energética, incluso acordaron en marzo la construcción de un gasoducto.  Trinidad y Tobago tiene las reservas de petróleo y gas más abundantes del Caribe. Las instalaciones para procesarlo son unas de las más grandes del hemisferio occidental.

Las embarcaciones que viajan de Venezuela a Trinidad y Tobago transportan entre 12 y 16 personas. Llegan al menos dos veces a la semana al puerto de entrada de mayor afluencia, Los Cedros. El viaje dura unas tres horas, de acuerdo con el relato de quienes han hecho la travesía.

Para obtener la residencia es necesario casarse con un ciudadano o ganar un permiso de estudiante. Si son descubiertos sin papeles, son multados hasta por  US $2,000 dólares, encarcelados por tiempo indefinido bajo duras condiciones y finalmente deportados.

Una de las voluntarias del centro es una abogada venezolana. No quiere dar su nombre. Llegó al país con su marido, trinitario. Al mirar a la gente que está en el centro reconoce: “Es muy probable que la mayoría de quienes están aquí nunca obtengan papeles”.

Las comunidades venezolanas en la isla se mantienen en contacto a través de grupos de Facebook. Hay quien ofrece una pequeña lata de galletas marca Pirulín, barquillos de chocolates 100% venezolanos, por el alto precio de unos 50 dólares de Trinidad y Tobago, unos 7.4 dólares estadounidenses. “Quiero una lata, ¿dónde paso por ella?”, escribe  una venezolana. “Ya las vendí todas”, responde el vendedor.

Marisol dice que prefiere los pesares de esta isla a lo que pasa en Venezuela.

La escasez de alimentos, la inflación más alta del mundo, la violencia callejera y la persecución política le hacen preferir, aun con sus defectos, a Trinidad y Tobago.

La mayoría consigue alimentar a su familia, pero sin conseguir la paz que buscaron al irse de su terruño.

Se despide y toma de la mano a su hija de tres años. “Acá un día sientes que te puedes comer a Trinidad y al siguiente que Trinidad te está comiendo. Trinidad y Tobago no es un país para inmigrantes”.

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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