¿Cuántos eran, en qué condiciones, hay más desaparecidos? Las dudas de la textilera colapsada
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Francisco Sandoval

¿Cuántos eran, en qué condiciones, hay más desaparecidos? Las dudas de la textilera colapsada

Autoridades y rescatistas pararon este viernes 22 de septiembre las labores de rescate en el edificio de Chimalpopoca; se presume que entre las víctimas se encontraban obreras indocumentadas
Francisco Sandoval
Por Francisco Sandoval Alarcón y Nayeli Roldán
23 de septiembre, 2017
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Justo a las 2:30 horas de la tarde del viernes 22 de septiembre, autoridades y brigadistas voluntarios pararon las labores de rescate en el edificio que se derrumbó en las calles de Bolívar, esquina con Chimalpopoca, en la colonia Obrera, delegación Cuauhtémoc.

Las labores se detuvieron sin que hasta el momento las autoridades de la Ciudad de México tengan la certeza de cuantas personas y empresas trabajaban en el edificio, y si todos los empleados extranjeros que allí laboraban contaban con los papeles en regla para trabajar legalmente.

El embajador de Guatemala en México, Arturo Duarte Ortiz, reconoció que las autoridades consulares de su país tuvieron conocimiento de versiones, no confirmadas, de que entre las víctimas del derrumbe se encontraban obreras textileras provenientes de Centroamérica, contratadas de manera ilegal.

Ante las versiones que circularon en las redes sociales, el embajador ordenó a su personal corroborar la información con las autoridades, rescatistas y representantes de las empresas que cohabitaban el edificio, por lo que una comitiva encabezada por diplomáticos de Guatemala, Honduras y El Salvador acudió hasta el lugar del siniestro.

De acuerdo con el embajador, la comitiva fue recibida por los representantes de las empresas y autoridades quienes respondieron a las preguntas planteadas, entre éstas las relacionadas con la identidad y nacionalidad de las víctimas.

La información que les proporcionó el Forense es que entre las víctimas se encontraban los cadáveres de mujeres de nacionalidad taiwanesa y el de un hombre de nacionalidad surcoreana. Ninguna de las victimas era centroamericana.

Además, en la reunión las autoridades les informaron que existía la firme sospecha de que en estas empresas laboraban obreras asiáticas de manera ilegal.

Hasta el viernes 22, sin embargo, las autoridades encargadas del operativo de rescate desconocían el número total de empleadas, esto porque los representantes de las compañías no habían entregado la relación de sus trabajadoras.

La información forense

En un comunicado, el Instituto de Ciencias Forenses (Incifo) del Tribunal de Justicia de la Ciudad de México informó que hasta la tarde del viernes se habían entregado ocho cadáveres de personas extranjeras que perdieron la vida a consecuencia de los derrumbes provocados por el sismo del pasado martes.

“Se trata de cuatro cuerpos femeninos de personas de nacionalidad taiwanesa; otro femenino panameña. Asimismo, tres masculinos: uno de nacionalidad coreana (del Sur), otro de española, y uno más de argentina”, sin especificar el lugar de los fallecimientos. No sólo eso, la institución dijo que el número de cuerpos plenamente identificados entregados a familiares pasó de 60 a 64.

“A este corte, solo permanece en el Incifo un cadáver (femenino) en calidad de desconocido, el cual fue trasladado desde un inmueble colapsado en la calle de Huichapan, colonia Condesa”.

“Todo fue muy rápido”

Ricardo Contreras Santana fue uno de los trabajadores del edificio de Bolivar 168, esquina con  Chimalpopoca, que se salvó de quedar atrapado en los escombros del inmueble.

Era chofer de la empresa SEO Young Internacional, dedicada a fabricar bisutería para vestidos. Entrevistado por Animal Político, reconoció que la empresa se encontraba en el tercer piso del edificio.

De acuerdo con la versión de Ricardo, la empresa estaba compuesta por 9 trabajadores, 4 hombres y 5 mujeres. Su jefe era el ciudadano coreano (del sur), Esteban Choo. El martes 19 sólo laboraban 7 personas, entre ellos él y su jefe.

Ricardo fue el único sobreviviente. Todos sus compañeros y su jefe (cuyos cuerpos fueron rescatados), quedaron atrapados entre los escombros. Un video que circula en redes sociales, tomado por una persona que se encontraba en el estacionamiento público contiguo al edificio, muestra como en 2 segundos la estructura del inmueble se derrumbó.

“Minutos antes del sismo yo estaba en el tercer piso con mis compañeros, cuando mi patrón me mandó a recoger su comida. Diariamente él mandaba por su comida. Éramos 3 choferes y cada día uno iba por la comida y ese día me tocó a mí. Al salir de la puerta del edificio, a los 5 metros, comenzó a temblar y yo vi cómo se cayó. Todo fue muy rápido”.

De acuerdo con Ricardo, en las cuatro plantas del edificio de Bolívar, cuya fachada no contaba con letreros o aparadores, sino que tenía ventanales que no permitían ver nada en su interior, cohabitaban diferentes empresas.

El cuarto piso estaba dividido en dos partes. En una mitad operaba “una compañía de refacciones para autos” y en la otra una empresa dedicada a la venta de vestidos; en el tercero piso estaba SEO Young; en el segundo, una importadora de juguetes y en el primer piso una maquiladora de vestidos para mujer.

Los cálculos de Ricardo refieren que había alrededor de 50 personas en el edificio el día del sismo, versión que contrasta con la declaración de una obrera (Beatriz Ballinas) que sobrevivió al derrumbe y que en entrevista con la BBC habló de 100 obreras.

De las 50 personas que calculó Ricardo, 21 murieron, 2 más fueron rescatadas y el resto alcanzó a salir del inmueble. El primer piso, dijo, era el más numeroso. Alrededor de 30 obreras; el resto de los trabajadores se encontraban distribuidos en el resto de los pisos.

El giro de las empresas

Aunque oficialmente no se han dado a conocer los nombres de las empresas que laboraban en el colapsado edificio de Bolívar 168, una búsqueda de Animal Político a bases de datos como el Sistema de Información Empresarial Mexicano (SIEM), Registro Público del Comercio (RPC) de la Secretaría de Economía, diferentes páginas de negocios en internet, y la información de sobrevivientes, amigos y familiares de víctimas, arrojó que por lo menos cuatro empresas cohabitaban este inmueble.

En el cuarto piso se encontraba la empresa Dashcam System México S.A. de C.V, cuya página de internet refiere que es una “empresa joven y dinámica que se compromete a dar el mejor servicio a nuestros clientes, siempre enfocándonos en satisfacer las necesidades de todas aquellas personas que busquen productos de seguridad vial… especializados en productos de video cámaras para vehículos”.

En el tercer piso se encontraba la empresa SEO Young Internacional, dedicada a fabricar bisutería para vestidos.

La compañía Asia Jenny Importaciones, dedicada a la importación de juguetes chinos, es otra de las empresas que según los testimonios recabados operaba en este inmueble. Esta empresa aparece en el Padrón de Importadores del SAT. Se presume que es la empresa perteneciente a la familia de la joven de 23 años, Amy Yu Huang, cuyo cuerpo sin vida fue rescatado de entre los escombros el jueves 21 de septiembre.

Una cuarta empresa es New Fashion, dedicada a la fabricación de ropa para mujeres. El dueño era Jaime Azquenazi, integrante de la comunidad judía en la CDMX, quien de acuerdo con su yerno, abordado por la BBC el día del sismo, quedó atrapado entre los escombros (oficialmente no se ha dado a conocer si se encuentra entre las víctimas rescatadas con vida o fallecidas).

Sin ofrecer mayores detalles, dijo que la empresa de su suegro compartía el edificio con otras dos compañías, una de ellas de origen chino.

La historia de Amy

Cuando Amy Huang llegó a México tenía 10 años. Su familia abandonó Taiwán, su país de origen, para probar suerte y les fue tan bien que en los 13 años siguientes éste ha sido su único hogar.

Junto a sus dos hermanos menores aprendieron a hablar español rápidamente, gracias a que sus compañeros del Instituto Mexicano de Primaria y Secundaria les ensañaban hasta dichos populares. “Al principio se oían muy graciosos, porque tenían acento”, cuenta Armando Hernández, amigo de la familia quien era considerado como otro integrante más.

Amy estudió finanzas en la Escuela Bancaria y Comercial en la Ciudad de México, pero al mismo tiempo se encargaba de la administración contable de la empresa familiar: una importadora de productos chinos que comercializaba juguetes, tazas y vasos.

El martes 19 de septiembre fue a trabajar a la empresa que estaba en el segundo piso del edificio de Bolívar número 168, casi esquina con Chimalpopoca, en la colonia Obrera. A la 1:14 comenzó el sismo de 7.1 grados que hizo trizas el edificio. Ella no logró salir.

Este viernes 22, su familia identificó su cuerpo en el servicio forense. Fue encontrada entre los escombros del edificio en donde se encontraban las escaleras. Los compañeros de escuela de Amy participaron en las labores de rescate, hablaron a hospitales, con la esperanza de rescatarla con vida, pero la noticia los quebró a todos.

“He visto el video (en el que se registra el derrumbe), pero nunca me pasó por la cabeza que esa fuera la fábrica, hasta que me lo confirmaron. Desde ahí no pude volver a ver el video”, narra Armando.

Apenas tenía 23 años y su primera meta de vida adulta era poner una empresa de organización de eventos. Ya estaba planeándolo y esperaba comenzar pronto, dice Armando, quien abraza un oso polar de peluche, que era de la joven. También lleva una flor de peluche que Armando le regaló hace años. Dice que la representa porque está sonriendo, igual que Amy lo hacía siempre.

La última imagen que Armando conserva de Amy  fue verla bajar de su carro. Junto a los hermanos de Amy solían divertirse aunque “no éramos parranderos, sino conservadores. Jugábamos cartas, salíamos a Cuernavaca, por un café”, recuerda el joven.

Amy y otra mujer de origen asiático fueron las dos últimas víctimas rescatadas de entre los escombros del edificio de Chimalpopoca, cuyas labores de rescate se detuvieron este viernes. Tras el cese de los trabajos, ahora sólo queda esperar el informe de las autoridades en donde expliquen las interrogantes que han salido a relucir por el sismo, como las condiciones de seguridad en que operaba el inmueble que se colapsó literalmente en 2 segundos, el número real de empleadas, y la situación legal y laboral en las que se encontraban trabajando en el edificio.

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Martes 13 y otras situaciones, objetos y animales que ¿traen mala suerte?

Según las creencias, el 13 es mala suerte porque es el número de quienes participaron en la última cena de Jesús antes de ser crucificado.
13 de septiembre, 2022
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En martes, ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes.

El dicho popular recomienda no hacer nada arriesgado el martes, por considerarse un día de mala suerte.

Se trata de un famoso refrán del idioma español que tiene su base en la superstición.

Según detalla la página web del Instituto Cervantes, esto se debe a que este día de la semana estaba consagrado a Marte, el dios de la guerra en la mitología latina, por lo que se consideraba un día de mal agüero para emprender algo importante.

También aclara que en la antigüedad tenía la misma connotación para los egipcios y los turcos y que algunos historiadores españoles relacionaban la superstición porque “los martes se produjeron algunas importantes derrotas de los moros a las tropas cristianas”.

La complicación del 13

Pero parece que, además de martes, el problema se agudiza cuando es 13.

Los países anglosajones tienen su versión también del día de mala suerte: el viernes 13.

Según las creencias, el 13 es mala suerte porque es el número de quienes participaron en la última cena de Jesús antes de ser crucificado.

También es el capítulo del Apocalipsis o Revelación de la Biblia y en el que habla de una bestia, la causa de todo mal.

Y hasta existe la fobia al número 13: la triscaidecafobia.

Número 13

Lo concreto es que no hay una bibliografía que respalde cada una de estas creencias populares que muchas de ellas se remontan a tiempos inmemoriales.

Pero la mala suerte no solo está representada en el número 13 (para muchos), sino que también se aparece en animales, acciones y determinadas situaciones, etc.

Pero, ¿por qué y cuáles son? En BBC Mundo hicimos un listado.

La sal derramada

sal

Durante siglos y siglos, la sal tuvo un rol importante en las culturas.

Desde utilizarla para condimentar y conservar los alimentos hasta utilizarla como una forma de moneda de intercambio que luego dio origen a la palabra salario.

Por eso, derramar sal es signo de mal presagio para muchos.

También existe la superstición de que no se debe pasar el salero de mano en mano, sino que se apoya en la mesa, por la misma razón anterior: por miedo a que se derrame.

¿Qué culpa tendrá el gato?

Gato negro

Muchas personas consideran que es mala suerte que un gato negro se cruce por delante.

Para el cristianismo, los gatos de color negro eran símbolos del mal y estaban asociados a las brujas.

Sin embargo, para la cultura egipcia eran animales de adoración.

La escalera

Mujer camina debajo de escalera

El origen de por qué pasar debajo de una escalera es de mala suerte también es variado.

Una escalera apoyada en una pared forma un triángulo, forma que el cristianismo representa la santísima trinidad, por lo que atravesarlo, era señal de desafiar lo sagrado.

Otra creencia sostiene que está relacionada a las ejecuciones por ahorcamiento, ya que el verdugo debía subir a una escalera para colocar la soga y luego para retirar el cuerpo.

Abrir paraguas bajo el techo

Este es otro caso de superstición que no tendría un origen común.

El paraguas es un antiguo invento chino que fue pasando de cultura a cultura para distintas funciones hasta la actualidad.

Pero en un principio el paraguas era utilizado por reyes como sombrilla para bloquear los rayos del sol, por eso abrirlo en un lugar con sombra era un sacrilegio.

Hombre sostiene un paraguas

Otra creencia sostiene que si una persona abre un paraguas bajo techo, se trata de una doble protección, por lo que trae mala suerte.

Y tal vez, el más racional de todos, es que si abres un paraguas dentro de tu casa, puedes causar un accidente.

Romper un espejo

Espejo roto

La creencia dice que si rompes un espejo tendrás 7 años de maldición.

Todo surge de la catoptromancia, que es la adivinación por medio del espejo.

El espejo era un elemento que se utilizaba para la magia por lo que si se rompía, el futuro sería aterrador.

La mala fama del pie izquierdo

Sin duda esta no aplicaría a los grandes jugadores de fútbol zurdos, pero es una creencia popular que la gente que se levanta por las mañanas de mal humor, es porque lo hicieron con el pie izquierdo.

Además, durante la historia, siempre se dio preponderancia a todo lo que sucedía a la derecha, por el movimiento de la tierra, la mayoría de las personas son diestras, los santos están a la derecha de Dios, etc.

Y, entre tantos otros motivos sobre lo malo del lado izquierdo, la mala suerte también estaría relacionada con que los pescadores no subían a una embarcación por babor, es decir por la izquierda.

Tijeras

Tijeras

La creencia popular sostiene que dejar las tijeras abiertas mientras no se usen son sinónimo de atraer mala suerte.

Otra sostiene que regalar tijeras equivale a desear el mal.

Si bien se desconoce su origen, en la mitología griega la Moira Átropos (una de las tres que decidían el destino) cortaba con tijeras el hilo de la vida.

Y hay más…

Si bien existen innumerables tradiciones que atraen la mala suerte, también existen muchas otras para evitarla y otras tantas que atraen la buena suerte.

Cruzar los dedos

Cruzar los dedos

Además de cruzar los dedos para protegerse de la mala suerte, también muchos lo hacen para pedir que un favor se cumpla, o cuando se quiere incumplir lo que se jura.

Aparentemente, en la antigüedad, existía la costumbre de que dos personas enlazaran sus dedos índices formando una cruz para expresar un deseo.

Tocar madera

Se cree que la madera es un elemento de protección, por eso cuando algo sucede muchos tocan madera para librarse de ese mal.

Su origen provine de los pueblos celtas en Europa que solían adorar a los árboles porque a través de ellos una persona se librara de una dolencia y la enviaba a la tierra.

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